Con mi hermano Pablo

¡Comparte!

Me deslizaba sin tocar fondo alguno hasta que sentí las bolas duras de Pablo en mi entrada y entonces supe que mi vagina era tan profunda como el largo del pene de mi hermano. Estaba completamente tiesa envarada empalada con un tronco carnoso que encontraba cada vez más delicioso más aún cuando sentí que disparaba muy dentro de mí, en mi hueco infernal su leche diabólica.

Telma es mi hermana mayor tan solo por un año y desde siempre he seguido su huella vital como en una especie de sucesión casi inconsciente. Así fue en el colegio, luego en la universidad y después profesionalmente. Tanto es así que cuando ella se casó, hace cinco años, yo me apresuré a casarme al año siguiente porque no soportaba el hecho que ella tuviese una pareja estable y yo no. Así, a los tres años de eso, ambas tenemos dos hijos, nuestros maridos son muy amigos, trabajan ambos en la empresa de mi padre y somos lo que realmente se llama un clan familiar. Vivimos todos en el mismo hermoso condominio y veraneamos juntos todos los años. Esta felicidad familiar se deslizaba armónica y pacífica hasta el día en que el matrimonio de mi hermano, dos años menor que nosotras se quebró, nadie supo por qué, y ese hecho pasó a ser la noticia de actualidad en la familia.

Cuando Telma me dijo, muy en secreto, que ella sabía por qué se había roto el matrimonio de Pablo yo no le creí. Me contó que era su mujer quien lo había abandonado debido a algo, que ella, Telma, no se atrevía a contarme porque era demasiado íntimo. Que quizás yo no entendería. De inmediato pensé que nuestro hermano era gay y se lo dije, pero Telma conteniendo la risa me dijo: “Todo lo contrario idiota”… estallando en una sonora carcajada. ¿Qué es lo contrario de un gay? Bueno evidentemente es fácil, pero ¿entonces que era eso tan íntimo que ocasionó la ruptura?… pregunté… Telma se acercó bien a mí para no hablar en voz alta y me dijo: “Lo que sucede es que Pablo no es normal… Pablo lo tiene de un tamaño descomunal”… No pudimos seguir hablando en ese momento.

Lo que me había contado Telma ocasionó en mí y según me contó después Telma también en ella, una información conmovedora Desde ese momento todo cambió en las relaciones íntimas dentro de nuestros matrimonios nos volvimos frías con nuestros maridos y solo estábamos preocupadas de averiguar detalles sobre la anormalidad de nuestro hermano. Tan luego como pudimos nos juntamos en un apartado para hablar del tema y dándonos todo tipo de detalles sobre las formas, largo, grosor color y consistencia de los miembros de nuestros esposos llegamos a la conclusión que eran hombres comunes y corrientes.

Fue así como nos decidimos a averiguar cual era la realidad de nuestro hermano para lo cual acordamos que fuese yo quien intentara averiguarlo ya que siempre había tenido mayor confianza con Pablo. Fue dentro de este contexto que aprovechándome de que el día domingo todos se levantaban más tarde, llegué hasta el dormitorio de Pablo mientras el dormía para llevarle un suculento desayuno. Lo moví suavemente y le dije que quería hacerle esa atención como cuando éramos muchachos y él muy agradecido se manifestó muy bien dispuesto.

Acomodé la bandeja sobre la cama mientras Pablo se sentaba cubierto solamente por una suave sábana. Hacíamos recuerdos de la adolescencia cuando me di cuenta que Pablo miraba directamente mi escote por el cual se asomaba impúdica una de mis inmensas tetas morenas dejando claramente expuesto el pezón y viendo que eso podría ayudar a mi objetivo no hice nada por evitarlo, sino que incluso dándome cuenta que él no reparaba para nada en que yo fuese su hermana y parecía estimulado, me moví de tal modo que pronto mi otra teta también apareció por el escote de mi corto camisón de noche.

Fue en ese momento, que al retirar la bandeja, desde la falda de Pablo pude darme cuenta que la sábana estaba violentamente levantada allí justamente donde terminaban los muslos de mi hermano. El trató de alisar la sábana con una mano mientras mantenía la otra bajo el cobertor. Yo no tenía necesidad de imaginar donde estaba su otra mano pues era evidente que con ella se estaba masturbando ya que la sábana adoptaba un movimiento revelador.

Si era verdad que la protuberancia correspondía al tamaño real de su miembro sin duda que era descomunal, pero yo no podía en ese momento asegurar eso aunque ahora la sábana se movía con agitación y él no dejaba de mirarme las tetas. Fue entonces que me decidí y poniendo la bandeja sobre la mesa del velador e inclinándome sobre mi hermano tomé la sábana y la tiré hacia atrás diciéndole…

“Ya está bien, ahora levántate”

La visión fue matadora. Efectivamente Pablo tenía en su mano izquierda su miembro, pero era solamente una mínima parte de él. Desde su puño cerrado emergía un cilindro grueso de carne semi dura de no menos de unos 20 centímetros de largo que se agitaba al ritmo de su mano mientras con la otra ágilmente volvió a cubrirse con la sábana.

Entonces volví a sentarme en la cama a su lado. Con el movimiento mis tetas oscilaban ahora libremente. Pablo me las miraba y emitía una especie de quejido con una amplia sonrisa en sus labios mientras yo observaba como una descomunal mancha de humedad se dibujaba en la sábana expandiéndose a medida que mi hermano agitaba su miembro sin decir palabra extendiéndose en la cama. Un minuto después, mientras yo caminaba hacia la puerta, me di cuenta que mis jugos corrían desde mi interior y todo mi sexo me latía alocadamente. Quería hablar cuanto antes con Telma.

Mientras le narraba a mi hermana lo sucedido en el cuarto de Pablo, el rostro de Telma se había ido encendiendo paulatinamente hasta que unas gotas de sudor aparecían en su mejillas y sus labios se agitaban levemente mientras ella pasaba sus manos por sus pechos bajo la tenue y corta camisa que era lo único que la cubría a esa hora de la mañana. ¿Estás segura que es de ese tamaño? Me dijo susurrando y entonces yo separando una distancia apreciable las palmas de mis manos quise darle una idea de las dimensiones descomunales del pene de Pablo.

La mujer respiraba agitadamente y tomando mi mano la llevó entre sus muslos haciendo que la avanzará hasta la entrada de su sexo, drásticamente abierto, en el cual podía yo introducirla un buen trecho para sentirla latir y humedecerse como nunca había tenido yo la ocasión de experimentar.

Cuando le conté lo de la corrida de Pablo ella ya tenía su mano en mi sexo de modo que ambas pudimos disfrutar de ese orgasmo violento que nos ocasionamos al mismo tiempo tan solo de evocar las dimensiones del miembro de Pablo. El hecho que hubiésemos comprobado la realidad acerca del tamaño genital de nuestro hermano, así como la receptividad que el mostraba a nuestras audaces exploraciones eróticas, desató en nosotras una atmósfera de calentura novedosa e intensa.

Nos juntábamos para analizar lo que podría pasar, pero ninguna de las dos se atrevía a decir nada, porque seguramente nuestros pensamientos apuntaban a las ideas más disparatadas y promiscuas que mantenían nuestros cuerpos encendidos como brasas.

Nuestros maridos habían pasado a un definitivo segundo plano y ninguna de las dos había vuelto a tener sexo con ellos desde ese día. La rutina sexual de nuestros felices matrimonios había sido definitivamente rota por este campo que se habría ante nuestros ojos que con características libidinosas, promiscuas e incestuosas nos embargaba en un deseo creciente de cosas no imaginadas, prodigas de placeres sencillamente arrebatadores y novedosos. “Te vamos a ir a visitar”Le dijo Telma a Pablo esa noche después de cena, a lo que mi hermano respondió sonriendo con un murmullo que claramente decía”Las espero “.

Fue así que en medio del silencio después de la media noche, ambas mujeres desnudas nos desplazábamos desde nuestros dormitorios matrimoniales hacia el cuarto de Pablo en el cual entramos trémulas de deseo. Había una tenue luz y una temperatura de verano más que agradable. Al borde de la cama nos detuvimos y yo sentía sobre mi culo redondo y sensual el sexo de Telma humedecido por la calentura desencadenada ya desde temprano. Pablo nos esperaba tendido de espaldas en la cama con su miembro descomunal cubierto por el borde de la sábana.

Nos inclinamos casi al mismo tiempo y como en una ceremonia diabólica ambas retiramos la sábana. Allí estaba ahora ante nosotras, levemente curvado, porque aún no estaba totalmente erecto. Aún así era terrorífico. Yo sentí que mi tubo vaginal se contraía ocasionándome en un placer extraño y entonces nos acomodamos una a cada lado acariciándolo con nuestras mejillas. Era una suavidad infinita y sus gruesas venas eran obstáculos más que estimulantes.

Nuestras lenguas comenzaron a recorrerlo, nuestros paladares se turnaban para aprisionar su cabeza monumental y cuando nos encontrábamos en la punta nos besábamos para aumentar el placer. A medida que lo lamíamos y lo besábamos la erección fue manifestándose plenamente y entonces ambas apretándolo en nuestras manos jalamos la piel hacia abajo para ver emerger la cabeza maravillosa y brillante sobre la cual nuestras lenguas hacían maravillas.

Entonces Pablo con ternura cogió mi mano derecha y me la llevó hasta el sexo de Telma haciendo lo mismo con la de ella. Así era que mientras nosotros chupábamos su miembro caliente nuestras manos corrían dentro del sexo de la otra barriendo los jugos que hacían un sonido maravilloso.

Cuando sentimos que el pene de Pablo se agitaba en una convulsión profunda nos dimos cuenta que se correría y entonces justo con la primera explosión yo puse mi cara con los ojos cerrados y sentí el latigazo del semen ardiente sobre mi mejilla izquierda. Telma lo movió levemente para recibir el segundo impacto justo sobre su barbilla inundando de semen su cuello desnudo.

Luego nuestras bocas se hicieron receptáculo para los pequeños chorros que seguían saliendo y su sabor intenso y su textura viscosa nos calentaba, más aún, si ello era posible, llevándonos a besarnos para el intercambio. Nos empapamos las tetas que ahora se hacían resbalosas y con gusto nos lamíamos mutuamente el semen que había rodado por nuestros pezones, Era un placer inaudito. Un ruido en el pasillo nos hizo permanecer quietas un corto tiempo y nos fuimos poniendo de pie para marcharnos mientras el pene de Pablo se agitaba en forma espontánea y un grueso hilo de semen rodaba por su cabeza que nos apuntaba.

Desde ese momento se estableció entre Telma y yo una comunicación intensa y excitante. Lo que estábamos compartiendo alteraba completamente nuestra percepción de la realidad y lo erótico ocupó el centro de nuestras preocupaciones. Tratábamos de imaginarnos que habría sido lo que había pasado en el matrimonio de Pablo, e imágenes y explicaciones de lo sucedido con nuestra ex cuñada poblaban nuestra mente llevándonos a evocaciones cada vez más violentas y excitantes.

Así Telma pensaba que quizás nuestra cuñada había sido prácticamente desgarrada por el tamaño brutal del miembro de Pablo, quizás también lo intentaron por el ano y eso habría llevado a desastres peores sin que pudiéramos ni Telma ni yo imaginar cuales podrían haber sido las alternativas. Así poco a poco se nos entró en la mente el desafío de saber si era posible que un pene de tales dimensiones pudiera entrar en forma normal en alguna de nosotras. Este desafío que nos parecía peligroso y cruel al mismo tiempo, despertaba en ambas un deseo desatado que el temor nos hacia más aumentar. Habíamos llegado a examinarnos detalladamente para poder decidir cual de las dos lo intentaría.

La verdad era que mi vagina era visiblemente más grande que la de Telma, al menos en lo externo, sin embargo parecía ser que la suya era más profunda. En estas comparaciones que hacíamos muy en secreto, cuando lográbamos quedar solas, nos abríamos y nos tocábamos mutuamente, ejercicios con los cuales nos calentábamos tanto las dos que terminábamos desnudas abrazadas y masturbándonos con tal intensidad que unos orgasmos deliciosos nos invadían habiéndonos transformado en amantes lésbicas deliciosas.

La noche del viernes pasado fue la definitiva. Ya todo estaba decidido, yo sería la que correría el riego de ser destrozada por el espolón mortífero de Pablo, pero mi calentura era tan desmesurada que no tenía ni un poco de temor. Me había puesto un prendedor en el pelo y eso era todo lo que llevaba encima cuando cerca de las dos de la mañana entramos con Telma al cuarto de mi hermano. No hubo ningún tipo de preámbulos porque no eran necesarios los tres sabíamos las acciones que habríamos de consumar.

Pablo estaba de espaldas en su cama y Telma me sujetaba mientras yo trepaba para situarme frente a él con la piernas abiertas Me abría con ambas manos los labios mayores de mi sexo mientras Pablo me acomodaba la cabeza poderosa de su miembro entre ellos. Mis labios si eran capaces de cubrir la circunferencia de la cabeza mojada y caliente, pero era evidente que la entrada de mi tubo vaginal no la contenía. Entonces yo dejé que el peso de mi cuerpo actuara como empuje y sentí que mis paredes se dilataban y con un dolor inaudito percibí que ese miembro torturante comenzaba a entrar en mí.

Justo a tiempo Telma, que estaba detrás de mí, me tapó la boca para ahogar mi grito estridente que habría despertado a toda la casa. Ella me sujetaba sosteniéndome por debajo de mis brazos y de esa manera ella regulaba cuanto pene me iba entrando cuando yo le decía que podía hacerlo. Pablo tenía sus manos en mi culo y de ese modo podía controlar la dirección de la entrada. Todo funcionaba perfectamente.

Así me iba deslizando dolorosa y deliciosamente a través de ese mástil que no terminaba de entrar. De tanto en tanto yo me detenía y en ese momento sentía como las paredes de mi tubo de extendían al máximo y como latían sobre el pene tremendamente dilatado y caliente. Telma que observaba cada detalle de lo que está sucediendo se había calentado de tal manera que había acercado su vagina hasta mi cabeza y la restregaba en mi cabellos sujetándola con ambas manos para restregarse mejor y se quejaba eróticamente al mismo tiempo que yo. Pablo tenía reflejada la felicidad en el rostro pues jamás pensó que una vagina podría contenerlo. Yo estaba tan caliente como sorprendida

Al cabo de unos minutos me deslizaba deliciosamente sin tocar fondo alguno hasta que sentí las bolas duras de Pablo en mi entrada y entonces supe que mi vagina era tan profunda como el largo del pene de mi hermano. Estaba completamente tiesa envarada empalada con un tronco carnoso que encontraba cada vez más delicioso más aún cuando sentí que disparaba muy dentro de mí, en mi hueco infernal su leche diabólica.

Entonces yo me quejaba de placer, ya no me importaba que me escucharan, estaba más allá de todo al igual que Telma que con su sexo en mi boca se corría deliciosamente llenado mi lengua de su jugos calientes cayendo luego en la cama a mi lado. Así las cosas debí alzarme lentamente y cuando por fin estuvo todo fuera de mí, sentí las dimensiones increíbles del hueco que me había dejado. Mis paredes no querían juntarse.

Caminé con dificultad hasta mi cuarto ayudada por Telma y en el momento que escribo estas líneas aún siento como mis paredes laten tratando de juntarse.

Ahora si creo que debo descansar.

Autora: Haydee

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.