CUANDO ADOLESCENTE

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Héctor durante su joven adolescencia, junto con algunos compañeros de clase, encontró un lugar en los almacenes propiedad de su padre, que les servía de refugio, para los momentos en que no deseaban ser vistos por otras personas. Ya entre los dieciséis y diecisiete años, tres de sus amigos conocían el lugar, donde se reunían los cuatro, más que todo para ver revistas pornos, y eventualmente comenzar a masturbarse, mientras ojeaban dichas revistas. Eso era algo que prácticamente, realizaban a diario. Sin que se diera ningún otro tipo de situación, entre ellos cuatro.

Al poco tiempo se unió al grupo Pedro Juan, deportista consumado. Jugador de fútbol, nadador y ciclista. Pero al igual que sus otros cuatro amigos, se entretenía de cuando en cuando masturbándose, viendo las pocas revistas pornos, que llegaban a sus manos. Por lo que al enterarse del escondite de Héctor y los otros tres, se sintió muy contento de que lo invitasen a ese sitio, del cual no sabía nada hasta el momento en que los cuatro amigos lo llevaron. A diferencia de los cuatro, Pedro Juan es de cuerpo bastante atlético, alto, moreno, con facciones bastante duras. Mientras que Héctor y Julio, eran de baja estatura, y delgados. Juan y Eusebio aunque eran un poco más altos que Héctor, se encontraban bastante obesos para su edad. La primera vez que ya los cinco se reunieron para ojear las revistas que eran del grupo original, y las aportadas por Pedro Juan, al poco rato aunque de manera algo discreta. Eusebio y Héctor fueron los primeros, como de costumbre en ponerse ha sobar sus miembros al aire libre, mientras aún continuaban viendo las arrugadas revistas. Al poco rato los tres restantes muchachos, comenzaron a masturbarse. Hasta que uno a uno, iban llegando a su clímax. Desde esos momentos, Pedro Juan se incorporó al grupo.

A los pocos días, en una tarde sumamente lluviosa, él único que se presentó fue Pedro Juan, aunque era el que vivía más retirado de la casa de su amigo. Héctor al verlo se alegró, ya que Pedro Juan se había comprometido en traer nuevas revistas, lo que en efecto hizo. Apenas los dos jovencitos llegaron a su escondite, sin perder mucho tiempo, Héctor de inmediato se puso a ver una de las revistas. Mientras que Pedro Juan, se quedó parado a su lado observándolo. A medida que Héctor miraba extasiado, las nuevas fotos de mujeres desnudas, en la que la mayoría de ellas se introducían algún objeto dentro de sus vaginas. El joven comenzó a sacar su miembro, del encierro de su pantalón. A medida que observaba las foto sorpresa el que su amigo le estuviera masturbando. Pero más aún se sorprendió, cuando el propio Pedro Juan sin aviso alguno acercó su boca a la cabeza de la verga de Héctor, y sin decir palabra alguna se puso a mamar. De cuando en cuando la mirada de los dos chicos se cruzaba, pero en esos momentos poco le importaba a Héctor las ideas o costumbres de Pedro Juan, sencillamente deseaba seguir disfrutando de esa buena mamada, la primera que le daban en su vida, y la verdad era que no le importaba tan poco que quien se la diera fuera su amigo. A los pocos minutos, de estar sintiendo como Pedro Juan le mamaba la verga, Héctor comenzó ha sentir esa rica sensación, que sentía al momento de venirse. Pero en esa ocasión a diferencia de cuando se masturbaba, el placer como que era mucho mayor. Por su parte Pedro Juan no dejó de chuparle el miembro de su amigo hasta que finalmente extrajo todo la leche que pudo. Cuando Pedro Juan retiró su boca de la verga de Héctor, este se quedó como paralizado, como cayendo en cuenta de lo que terminaba de suceder. Pensó que su amigo a la vez le pediría o exigiría que le devolviese el favor, cosa con la que desde un principio no estaba de acuerdo. Pero temía que Pedro Juan lo quisiera obligar a la fuerza, en cuyo caso de seguro, llevaba las de perder. No por que Héctor no le fuera hacer frente, sino por que Pedro Juan aparte de ser más alto, también era mucho más corpulento que él. Fue cuando escuchó a Pedro Juan decirle. Casi sollozando, por lo que tú más quieras, no se lo digas a nadie. Esas palabras le sonaron más que una amenaza, sonaron como una suplica. H

éctor no terminaba de comprender lo que sucedía, cuando nuevamente Pedro Juan ya en un tono lastimero, le dijo. Por favor no se lo digas a nadie, no le vayas a decir a los chicos, lo que he hecho. Perdóname, no se lo digas a nadie, la verdad es que no se que me pasó. Es más soy capaz de hacer todo lo que tú me pidas si guardas el secreto. Pedro Juan se escuchaba nervioso, y hasta algo asustado por lo que Héctor le llegase a responder.

Mientras tanto Héctor apenas y comenzaba a entender lo sucedido, fue cuando le preguntó, de manera bien incrédula. ¿De verdad eres capaz de hacer lo que yo te pida? Y sin pensarlo dos veces, Pedro Juan respondió que si. Héctor en esos instantes se sintió poderoso, nunca antes había tenido la oportunidad de hacer que alguien le obedeciera. Ni tan siquiera su hermanita menor. Pero el ofrecimiento, que en esos momentos le había hecho Pedro Juan, a cambio de guardar silencio, lo llenó de alegría. Pero aún algo desconfiado, Héctor le volvió ha preguntar a su amigo ¿si te mando que me lo vuelvas a mamar, me lo mamarías? Pedro Juan se quedó en silencio por unos segundos, pero después de eso respondió afirmativamente moviendo su cabeza. Por lo que Héctor a manera de prueba le dijo, bueno comienza de nuevo. El muchacho alto y fornido, se arrodilló, frente al bajo y delgado, y sin mucho protocolo, tomó, la mustia verga de Héctor y se la llevó hasta su boca. Nuevamente Pedro Juan comenzó a mamar, a los pocos segundos, ya el miembro de Héctor se encontraba en forma, duro y erecto. Mientras observaba como su verga entraba y salía de la boca de su amigo. Dos mamadas una misma tarde, era algo que Héctor jamás había ni tan siquiera pensado en ello. Pedro Juan dio lo mejor de sí, chupando casi hasta la raíz la verga de Héctor. Al rato nuevamente Héctor sintió esa divina y rica sensación de acabar. Como aún después de que se vino dentro de la boca de su amigo, este seguía chupándole la verga, una rica sensación llegó. De inmediato Pedro Juan se disculpó diciendo que tuvo que esperar que sus padres salieran, para poder escaparse. Héctor tomó asiento y nuevamente se puso a ojear una de las revistas porno, hasta que sintió que su miembro volvía a ponerse erecto. Se lo sacó, y le dijo a Pedro Juan, masturbarme. Lo que el otro chico, comenzó a realizar sin oponer resistencia alguna, más bien daba la impresión que era algo de su total agrado. Así que mientras Héctor miraba una de las revistas que su amigo había traído, ese lo masturbaba suavemente. Al principio Héctor no le puso mucha atención realmente a las fotos, hasta que comenzó a detallarlas. Eran fotos de mujeres a las que claramente les estaban dando por el culo. A esa altura de las circunstancias, ya por iniciativa propia Pedro Juan se encontraba nuevamente metiéndose la verga de Héctor en la boca. Con suavidad, pero de manera firme, Pedro Juan se dedicaba a mamar, fue cuando Héctor comentó, al estar viendo esas fotos. Como me gustaría darle por el culo. Refiriéndose claramente a una de las mujeres de la foto. Pero en esos instantes Pedro Juan sacándose la verga de Héctor de su boca preguntó. ¿Y qué pasa si no te doy el culo? Para Héctor la pregunta lo sorprendió, ya que en esos instantes no pensaba en el culo de Pedro Juan, sino en el de una de las mujeres de la foto. Pedro Juan actuando como si estuviera molesto, siguió hablando. Ya se si no te lo doy le vas con el cuento a los muchachos. Y actuando de manera resignada, se comenzó a bajar los pantalones.

Héctor pensó que su amigo había mal entendido su comentario, pero al ver las apretadas nalgas de Pedro Juan, su cabeza se llenó de una sola idea, la de darle por el culo a su amigo, al fin y al cabo se lo estaba poniendo en bandeja de plata. Pedro Juan se recostó boca abajo sobre un montón de telas, y el mismo separó sus nalgas dejando el hueco de su culo a la entera disposición de Héctor. Quien agarrando su verga y tras ponerle algo de su propia saliva, en la cabeza. Comenzó por pasarla por sobre el colorado y oscuro esfínter de su amigo. A los pocos segundos, dirigiéndola con su mano, comenzó a penetrar el apretado culo de Pedro Juan. Quien en un principio comenzó a quejarse, pero a medida que la verga de Héctor se hundía más y más entre sus carnes. Dejó de quejarse y comenzó a gemir en un tono que delatab

a el disfrute que sentía. Héctor lo tomó por las caderas y finalmente pegó su cuerpo al de Pedro Juan, ya en esos instantes, el chico se encontraba plenamente penetrado por su amigo. Pedro Juan movía sus nalgas de manera única, mientras que Héctor disfrutaba de meter y sacar la verga del culo de su amigo. Así permanecieron los dos chicos un buen rato, hasta que Pedro Juan le propuso que cambiasen de posición. Héctor la idea de principio no le agradó, hasta pensó que su amigo deseaba comerle el culo a él también, cosa con la que Héctor definitivamente no estaba de acuerdo. Pero cuando Pedro Juan le dijo que así se lo podía meter mejor. Héctor aceptó de inmediato. Pedro Juan se acostó boca arriba, y con sus piernas bien abiertas, le sugirió a Héctor que lo tomase por los tobillos, lo demás ya fue pan comido para Héctor. En esos momentos podía ver con toda claridad como su verga era tragada una y otra vez por el delicioso culo de su amigo.

Pedro Juan continuaba moviendo con fuerzas sus caderas, en su rostro se reflejaba que disfrutaba tanto o más, que el mismo Héctor de lo que estaba pasando, de cuando en cuando dejaba escapar un suave gemido de placer, y le decía escucharlo el resto de los chicos, comenzaron a vacilarlo, diciendo que le estaba comiendo el culo a su amigo. Al principio lo negó con fuerza, pero al poco rato Julio dijo, bueno la verdad es que yo también le he comido el culo al maricón ese, pero él me pidió que no les dijera nada a ustedes tres. De inmediato tanto Juan y Héctor aceptaron que también le habían comido el culo a Pedro Juan y que además este los masturbaba y mamaba divinamente, pero siempre con la misma cantaleta. No se lo digas a nadie. Cuando Pedro Juan regresó de sus vacaciones, los cuatro decidieron darle una lección, por lo que le hicieron una encerrona.

Esa tarde cuando Pedro Juan se encontró con Héctor, este le ordenó sencillamente que se quitase toda la ropa, lo que con mucho gusto hizo Pedro Juan. Una vez todo desnudo, Héctor le ordenó que le mamase la verga por un rato para después darle por el culo. Lo que a Pedro Juan no incomodó para nada. Cuando llegó el momento en que Héctor lo penetraba llegaron los restantes tres amigos, encontrando al alto y corpulento Pedro Juan dejándose dar sabrosamente por el culo por el pequeño Héctor. Cuando Pedro Juan vio a los otros tres muchachos, se sonrió ligeramente y dijo. Si gustan mientras tanto se los puedo ir mamando. Desde ese día les dio el culo y mamó verga sin vergüenza alguna a sus cuatro amigos.

Autor: Marte Hijo de Júpiter narrador ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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