Culito rico

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Después de varios relatos melosos, llegó uno sin tanto romanticismo. Espero les agrade.

Culito rico

Aquella semana había estado insoportable. De lunes a viernes la escuela por las mañanas y el trabajo por las tardes solían dejarme molido, y si a eso le sumabas las clases de inglés los sábados podías decir que mi semana solía ser muy cansada por lo general, pero ésta lo había sido con creces. En el trabajo hubo más trabajo de lo normal, en la escuela había tenido dos exámenes y en inglés tanto examen escrito como oral (y que buen oral le había hecho al maestro, pero eso será tema de otra ocasión). Cualquiera pensaría que después de todo aquello me merecía un poco de descanso para el domingo, pero no. Una compañera decidió que aquel día sería perfecto para una serie de entrevistas que teníamos que realizar. Y no tenía como negarme, ya que tenía las tardes siempre ocupadas.

Afortunadamente habíamos terminado relativamente temprano aquellas entrevistas. Ahora me urgía llegar a mi casa para poder descansar lo que me quedaba de la tarde del domingo antes que tener que pararme temprano al día siguiente. Abordaría el metro y me iría directamente a casa, a menos que algo se me atravesara por el camino. Es que para alguien caliente como yo, cualquier oportunidad es buena para practicar sexo. Sin embargo, no estaba seguro de que se pudiera dar algo. Sabía que en los territorios que solía frecuentar a aquellas horas de la tarde seguramente no habría nada, aunque no tenía la menor idea de como estuviera el movimiento en la línea que ahora me encontraba ya que nunca había estado por ahí.

Como fuera me dirigí hacia la parte trasera del andén, ya que si había movimiento lo más probable es que fuera en los vagones de hasta atrás como en cualquier otra línea del metro. Curiosamente el camino era bastante largo, ya que la entrada a esa estación estaba ubicada prácticamente en donde quedaban los vagones delanteros del tren. Un tren llegó mientras caminaba hacia atrás, pero lo dejé pasar. Lo que me llamó la atención fue que incluso en la distancia pude distinguir a un hombre de pants y playera negra que se encontraba en el fondo del andén, el cual no se subió al vagón.

El tren se fue, al igual que toda la gente que había bajado de él, mientras yo llegué al lugar donde se encontraba el otro tipo. No estaba guapo, ni mucho menos, aunque tampoco se pudiera decir que fuera feo. Era más bajo que yo (aunque mucha gente es más baja que yo con mi casi 1.80 de estatura) y moreno, con el cabello aparentemente corto escondido bajo una gorra. Su mirada inmediatamente me escaneó, con especial concentración en la entrepierna. No pude evitar sonreír ante el hecho. Después de la dura semana me llegaba mi recompensa sin ningún esfuerzo. Dejé que mi mano se deslizara por el contorno de mi pene de una manera casual, ya que cerca estaba una de las cámaras de seguridad del metro. Eso originó que el otro chico sonriera también.

Repasé mentalmente los lugares cercanos que había visto antes de entrar al tren. Nada apto para un encuentro, ningún hotel o sitio despejado. Quizás él conociera algún otro lugar, aunque su expresión no me daba a entender que quisiera salir del metro. Quizás, si el metro venía lo suficientemente vacío en la parte de hasta atrás se podría hacer algo.

Así que esperé el siguiente convoy. Volteaba a ver al tipo frecuentemente, y aunque esperaba encontrarme con su mirada lo cierto es que su mirada no se quitaba del gran bulto que se había formado bajo mi pantalón. Aproveché para acariciar ligeramente mi pene sobre el pantalón y acomodármelo un poco.

El tren si que se tardaba en pasar en aquella línea. Pero finalmente llegó, y me sentí bastante contento cuando me di cuenta que el vagón de hasta atrás venía prácticamente vacío. Y nadie venía hasta atrás, por lo que el tipito podría inclinarse y darme una mamada fenomenal dentro del vagón sin levantar sospechas de nadie. Y hablando del tipito…

Volteé a verlo mientras se abrían las puertas del vagón. Él me seguía viendo atentamente, pero no parecía que fuera a subir al tren, y con su mirada parecía indicarme que no lo hiciera. Yo me saqué algo de onda. ¿Por qué desperdiciar una oportunidad como la del vagón vacío? Y sin embargo, también la dejé pasar. Las puertas se cerraron sin que yo subiera, porque aunque había empezado a creer que quizás no se me hiciera con el tipo, no es que subirme en un vagón vacío fuera a darme más suerte a la hora de encontrar a alguien con quien bajarme las ganas que ya me había producido el tipo.

El tren arrancó, y yo me dirigí contra la pared del andén. El tipo me hizo una señal con su mirada y siguiéndola me di cuenta que me señalaba un hueco en la pared. Había una puerta por ahí que quien sabe si se utilizaría, porque se encontraba cerrada. Al meterme en aquel espacio de aproximadamente un metro de profundidad me di cuenta que desde ahí la cámara no podía registrar aquel rincón escondido, que tampoco podía ser visto desde la parte delantera del andén y en cuanto al andén en dirección contraria no se me notaría con facilidad por los arcos que recorrían el espacio entre las dos vías. Era un escondite perfecto que no se encontraba en otras estaciones.

Acababa de analizar todo aquello cuando me di cuenta que el tipo se había metido también en aquel lugar. Yo me encontraba contra la pared paralela a las vías, mientras que él se había puesto contra la que hacía ángulo recto con la pared principal del andén. No me dijo nada, simplemente estiró su mano para comenzar a acariciar mi pene erecto sobre el pantalón. No tardó mucho en desabrochármelo y sacar a mi amiguito al aire libre y acariciarlo con sus manos. Eran unas manos rugosas, propias de quien ha trabajado rudamente con ellas por algún tiempo. La sensación era bastante grata.

Sin embargo, aquello no se podía comparar con el placer que me proporcionó su boca. Después de haber dejado que sus mano se entretuviera libremente a lo largo de mi glande y de sopesar mis huevos, él se puso en cuclillas y estiró su lengua para pasarla con suavidad sobre mi glande, para luego enredarla con firmeza alrededor. Su lengua maestra recorrió todo mi tronco de arriba abajo. ¡Madre mía! Aquello era terriblemente excitante. Y más porque sabía que si alguien decidía caminar hasta la parte trasera del andén nos encontraría ahí, con mi pene de fuera y la boca del otro hombre pegada como si se tratara de un ternero hambriento. Yo me incliné un poco mientras él hacía lo mismo, quedando en un ángulo perfecto para que mi pene entrara en su boquita por completo. Me sorprendió ver aquella manera de tragarse un pene como el mío completamente y sin sufrir aparentemente náuseas, pero él lo logró. Su garganta se sentía tan calientita y la forma de mover la lengua era tan soberbia que me dio la impresión de que no tardaría demasiado en venirme.

Lamentablemente (o quizás afortunadamente) escuchamos que un nuevo tren se aproximaba a la estación, justo en la dirección que nos encontrábamos. Aquellas vías hacían demasiado ruido cuando las llantas corrían sobre ellas. El hombre se sacó mi pene de su boca y se puso rápidamente de pie mientras yo me dedicaba a regresar a mi amiguito a su lugar y abrochar mi pantalón. Le dediqué una mirada lasciva a mi acompañante mientras ambos tomábamos un poco de distancia justo cuando el tren entraba en la estación, mirada que él correspondió mientras se relamía los labios.

El tren se detuvo, abrió las puertas y dejó bajar a la gente. En aquella zona no bajó demasiada gente (era obvio que muchos sabían que la salida en aquella estación se encontraba hasta delante), aunque hubo un tipo que me hizo señas desde arriba del vagón para que me subiera. Si no hubiera sido porque quería terminar lo que había empezado probablemente si me habría subido en aquel vagón para ver qué podía suceder con aquel tipo.

Aquel tren partió, y volvimos a quedarnos solos en el andén mi acompañante y yo. Él ni tardo ni perezoso se volvió a acercar a mí y me desabrochó inmediatamente mi pene. Dejó que sus manos lo acariciaran un par de veces para que recuperara la dureza que había perdido en la estadía del tren. Pensé que se bajaría una vez más a chupármelo, pero en lugar de eso el tipo se acomodó dándome la espalda y se bajó la parte trasera del pants que llevaba puesto.

-Métemelo -me pidió él con bastante deseo.

Mirándolo desde arriba el wey tenía un buen culo. No era bastante grande, pero era carnosito y apetecible. Dejé que mis manos se deslizaran por sus posaderas mientras él con una de sus manos tomaba mi pene y lo orientaba a su hoyito. Sin embargo, yo no podía dejar pasar un culo así sin probarlo con mi boca. Así que antes de que pudiera enterrarse mi verga en su interior ahora fui yo él que me puse en cuclillas para quedar a la altura de aquel trasero. Desde aquel ángulo se veía incluso mejor. Mis manos se deleitaron masajeando aquellas carnes para luego darle paso a mis dientes para darles un par de mordidas. Sabía que no teníamos mucho tiempo, pero eso no me impidió que me lengua se deslizara por la raya que separaba aquellas dos nalgas sabrosas hasta dar con el pequeño agujero que se encontraba por ahí. Dejé que mi rostro se pegara totalmente a aquella zona. Olía y sabía delicioso. Como me encanta el rimming cuando al otra persona es aseada… es genial sentir como tus labios pueden acoplarse con casi naturalidad a las comisuras de aquel agujero. Y en ese caso fue sumamente especial porque su ano presentó muy poca resistencia a la entrada de mi lengua en su interior, por lo cual mi lengua pudo saborear las paredes inmediatas de su recto y disfrutar de su tacto.

El tiempo se me acababa, así que mientras mi lengua disfrutaba el beso negro saqué mi inseparable condonera para poder ponerme un condón. Protección ante todo, creo yo.

Una vez puesto el forro volví a ponerme de pie, acomodé mi verga dirigiéndosela a la entrada de su culito y de un solo empujón se la metí hasta el fondo. No era mi intención metérsela de golpe (siempre he opinado que es algo bastante feo), pero tal como con mi lengua su ano presentó nula resistencia ante la entrada de su nuevo inquilino. Es más, creo que le gustó, porque soltó un suspiro de satisfacción y él mismo empujo sus nalgas aún más contra mis caderas.

Jamás había probado un culito como aquel. A pesar de que no estaba apretadito el cuate apretaba su esfínter cada vez que mi pene entraba y salia produciéndome y produciéndose un placer excelso. ¿Sería eso lo que llamaban perrito? Quizás, porque no sé me ocurría algo mejor que eso. Yo solo tenía al wey agarrado de la cintura para enterrarle y volverle a enterrar mi polla una y otra vez. No aguantaría mucho tiempo, pero no me importó, sobre todo al escuchar como las vías volvían a hacer ruido. Lo tomé más fuerte de la cintura y lo empecé a clavar con más fuerza y más rápido. Sentí como él luchaba por desasirse al oír que el tren se acercaba, pero yo no iba a dejar que me arruinara el momento del orgasmo. Me valía madre si alguien que bajara del tren nos cachaba, solo me importaba gozar de aquel culito al máximo.

El tipo logró zafarse de mí justo un segundo antes de que el tren llegara a la estación. Mi orgasmo dio inicio y relajé los brazos mientras sentía las contracciones en mi pene que impulsaban mi semen hacia afuera. Su culito dejó mi pene libre justo cuando la primera descarga de semen se depositaba en el condón. Él se separó de mí tras acomodarse rápidamente el pants casi hasta llegar al borde del andén justo mientras el tren entraba en la estación. Yo por mi parte me di la vuelta mientras sostenía mi pene en mis manos y veía el condón inflarse con las descargas que salían de mi interior. Sentí el último espasmo justo cuando el tren se detuvo completamente. Quizás quien me viera en esa posición podría sospechar que me estaba masturbando o algo así, pero no podría asegurar nada.

Oí las puertas del tren abrirse, y unas cuantas personas que bajaban mientras me quitaba el condón y ordeñaba mi verga para asegurarme que todo quedara dentro del forro. Guardé a mi amiguito dentro de mi bóxer y mi pantalón y me medio di la vuelta. La gente iba caminando hacia la salida como si nada, no parecía que nadie hubiera reparado en mí. Vi a mi acompañante casual que seguía parado a unos metros de mí, observando la parte final del andén. Salí del rincón donde me hallaba y me di cuenta que lo que él veía era a otro tipo que se sobaba descaradamente la verga (claro, en aquel rincón tampoco podía ser captado por las cámaras de vigilancia, aunque si quedaba a la vista de la gente que se encontraba en la parte delantera del andén; aunque en esos momentos nadie volteaba hacia atrás porque o se habían subido al metro y iban camino a la salida).

Bien, yo ya había disfrutado y el wey del culito rico no se quedaría solo si yo me iba. Sonaron las alarmas del tren y yo me eché a correr para alcanzar a subir. Vi que el tipo que me había dado el culo parecía mirarme sorprendido, pero no le presté atención mientras subía al metro y las puertas se cerraban detrás de mí. El vagón no iba demasiado lleno, tomé asiento e intentando no llamar la atención saqué algo de papel de baño para envolver el condón que llevaba usado y lo guardé para tirarlo después mientras el tren arrancaba. No pude ver nuevamente a mi acompañante de un momento, pero sabía que podría disfrutar con el otro tipo que se había quedado en mi lugar. Sin embargo, quizás si me hubiera gustado pedirle su número telefónico o algo así para contactarlo cuando volviera a tener ganas de sexo, porque la verdad un culito así no te lo encontrabas todos los días.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por ErosLover

Por muchos años dejé de escribir, creo que es tiempo de retomarlo y compartir todas esas fantasías que rondan en mi cabeza ;)

4 Comentarios

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  1. Eso me pone a mil: “más que una perra en celo”, mmmmm. Dime en que vagón viajas? Experimentaremos ambos. Mis aprietes te harán endurecerte como el acero…
    Haremos realidad la historia y le añadiremos un par de capítulos más:
    “Jamás había probado un culito como aquel…() el cuate apretaba su esfínter cada vez que mi pene entraba y salía produciéndome y produciéndose un placer excelso. ¿Sería eso lo que llamaban perrito?” Y eso me hace ser perra en celo, jijijijiji

  2. Mauricio, tienes el culo ideal y que mas gusto da para follarlo. Que suerte el que te encuentre. Como bien dices, va a gozar al máximo y tu (si fuera yo, el que te cogiera) mas que una perra en celo.

  3. Ay, me dio tanto morbo que correría a ese vagón para dar de gozar mi culo. Lo entreno todos los días en apriete y suelte con distintos tamaños. Unas 100 veces con cada uno. Cuando ya esta dilatado lo hago apretando las nalgas.
    Siempre recibo halagos por esa forma de gozar -porque es muy rico para mí tb.- y hacer gozar…

  4. Que gusto. Como supiste follártelo bien rico. Aunque no esté apretadito, un culo que su dueño sabe manejarlo para dar placer, con unas buenas contracciones, te ponen a cien y te corres con una descarga impresionante. Yo también lo he hecho en trenes y andenes, siempre hay un “putito” para complacerte.

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