De fresa o de vainilla IV

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Se agachó por mi top y mis calcetas y nos fuimos a su habitación, y cerró la puerta, Cuando me tiró a la cama y vi la puerta, pensé que; nada existía fuera en ese momento, pero cuando regresara, el mundo se reconstruirá de manera diferente, nada seguiría igual, al no salir de ese cuarto en ese momento, elegí de alguna manera cambiar mi vida para siempre.

De cómo jugamos en su cama – Me seduce y me desnuda

Cuando llegué a casa me acosté muy cansada e inquieta, solo pensaba en lo de esa noche, solo con Ale, me di cuenta que nadie me quería como ella, cuando pude dormir  tuve un revelador sueño. Ale y yo, nos besamos en un parque mientras bailábamos, con una especie de vestido transparente, acariciaba mi cuerpo y yo el suyo, solo había una tenue luz, que no me dejaba ver todo su cuerpo apenas cubierto por una delgada tela traslucida, nuestros movimientos eran suaves y eróticos, ambas lo disfrutábamos mucho, pero de repente mi madre nos veía  de un balcón que nosotros no vimos, y me gritaba  “zorrita, traidora, lesbiana”. Y entonces las dos corríamos tomadas de la mano despavoridas, para alejarnos de ese balcón.

Cuando desperté el corazón me latía rápido, eran como las siete, y si me sentía húmeda de abajo, no pode dormir en un rato, el sueño me inquieto bastante. Que significaba eso?, ¿como sería bailar con ella a oscuras? después no sería muy distinto de un sueño, ¿si no me gustaba podía olvidarlo y nadie lo sabría solo ella y yo?,  ¿me haría daño vivir eso con alguien a la que quería y me quería tanto y le tenía tanta confianza? Esos pensamientos me pusieron nerviosa, realmente me dio curiosidad de darnos una chance de jugar, de hacer la peor travesura, disfrutar juntas de nuestra sexualidad por una noche como las otras dos.

Cuando la besaba en el carro, ya no era solo la travesura, comenzaba a sentir un deseo fuerte  por ella, pero no me atreví a decírselo.

Otra  húmeda mañana de ese verano, ya hacía una semana que había sido el baile. Me decidía a pararme, mi cama estaba muy calientita y tenía la sensación de haber tenido una noche maravillosa  y que había soñado bonito. Mi celular sonó, medio dormida leí en la pantalla

“1 mensaje de ale”… el mensaje decía textual: “buenos días nna! En 30 min paso por ti, te invito a desayunar, te quiero mucho”.

Así que me paré y me metí a bañar, había soñado otra vez algo con ella, pero nunca recordé que había vivido en ese sueño.

Como era habitual, llegó con 20 min de retraso, todo el camino escuchamos “accidentaly in love” que nos encantaba desde que vimos shrek 2, fuimos a desayunar a  un Starbucks que queda por el centro, desde que llegó por mi, se veía muy linda, no se maquillo ni nada, así era nuestro estilo, de hecho ni siquiera usaba alguna ropa especial,  llevaba puesta una playera polo blanca, una hoodie x,  unos pants Adidas y unos tenis, iba muy contenta, sus mejillas chapeadas, su cabello suelto, y sus manos adornadas por el anillo  en el pulgar  y sus uñas sin pintar se me antojaban lindas, además olía al perfume que le había regalado el mes pasado. Esa mañana me gustó mucho y me sentía muy bien a su lado, varios volteaban a mirarla, esa chava que les gustaba, era mi novia.

Pasamos toda la mañana juntas caminando por el centro, simulando ser amigas. A medio día fuimos a su casa a comer, su mamá ordenó pizzas para nosotros por que ella saldría, tomaría un café con sus amigas y volvería entrada la madrugada, tan pronto como llegaron las pizzas nos la subimos al cuarto de tv aprovechando que no estaba Karen (su mamá) y podíamos hacer lo que nos placiera, tirar migajas, subir los pies a los muebles, no tomar sopa y cosas así.

Nos quitamos los tenis y nos acomodamos en el sillón frente a la tv, encendimos el televisor pero como no encontramos nada,  ale encendió su Xbox y comimos mientras jugábamos voleibol,  después de darme una paliza y habernos hartado de pizza vegetariana, puso la peli Unfaithful, según ella para aprovechar que su mamá no estaba por que la semana pasada no le había permitido verla con ella, (tenía escenas bastante explícitas e incitadoras) que hizo termináramos juntas abrazadas y tomadas de la mano de vez en cundo ella me acariciaba la espalda y el cuello, si no mal recuerdo yo le di el primer beso ese día, con el pretexto de que tenía cátsup en los labios, ella me tenía abrazada casi por atrás, de vez en cuando yo volteaba para darnos un besito tierno, su aliento con olor a pizza que soplaba en mi nuca me erizaba la piel.

Recuerdo que de repente me tomó un pie, me sacó los calcetines olió mi pie y  bromeó que me olían mal, y se puso hacerme cosquillas en la planta y entre los dedos. Todo era un juego me acariciaba las piernas como lo hacían en la movie y nos reíamos y nos burlábamos de lo cursi que eran los diálogos y los repetíamos algo así como desde el “solo es por pasión, los errores no existen”, además hacíamos comentarios como ¡Ay nena! cuando la protagonista salía en poca ropa, ese tipo de jugueteos y bromas pusieron una atmosfera que me hacía sentir unos escalofrío, sudar las manos y se me entrecortara la respiración, dentro de mí latía un peligroso profundo deseo por mi “amiga” que tenía muy cerquita.

Mientras una escena para adultos se desarrollaba, nos miramos y empezamos a besarnos, y nos tiramos al sillón. Parecía un juego, quedé abajo de ella con una pierna en el sillón y la otra abajo para que ella quedara bien encima de mi y nos besamos así un rato, primero como siempre, pero después subió de tono, como aquel día en el almacén, era realmente excitante, la calentura se me subió a la cabeza y comenzamos hasta  a hacer ruiditos de prendidas, me tocó arriba y me puso peor. En ningún momento supe que hacer,  la situación se me fue de las manos desde hacía algún tiempo, ella lo sentía, y lo disfrutaba,  se veía decidida a hacerme todo y toda suya, le gustaba tener en su control, a mi, mi destino, y mi feminidad.

Me desabrochó el top por debajo de la playera y acarició mis senos muy suavemente, levantó mi playera hasta mis clavículas. Con su lengua dibujó el contorno de mis aureolas y con su boca coloreó mi pezón, con su saliva a besos delineó mi abdomen, desabrochó mi pantalón y bajó el cierre con una mano, he hizo aparecer para si, mi  pubis velado por una delgada tela azul cielo del calzón que llevaba puesto, que no parecía ofrecer obstáculo a su excitación que reflejaban sus delicadas facciones; y algunas otras cosas como sus dilatados pezones y su cuero tan erizado como el mío, la habilidad que demostraba, me asustaba pero a la vez me encendía y me hacía querer  llegar a mi limite y el suyo, aun que quizá  los habíamos dejado ya muy atrás, probablemente ni existían.

-Ven vamos!-  Me dijo tomándome la meno y acomodándose el cabello que tenía en la cara.

Se agachó por mi top y mis calcetas y nos fuimos a su habitación, y cerró la puerta, Cuando me tiró a la cama y vi la puerta, pensé que; nada existía fuera en ese momento, pero cuando regresara, el mundo se reconstruirá de manera diferente, nada seguiría igual, al no salir de ese cuarto en ese momento, elegí de alguna manera cambiar mi vida para siempre.

Pensamientos así de mal viajados me llegaron a la cabeza toda la noche creo producto de los nervios y la incertidumbre que sentí, mi corazón estaba muy confundido no estaba seguro de querer estar ahí pero quería sentirse querido y por eso latía durísimo,  mi futuro era incierto, me daban ataques de risa, las manos me sudaban, la cara la sentía caliente. Las ideas locas me asaltaban la cabeza, hacían a un lado los prejuicios y a soportar de alguna manera  el intenso miedo que estar parada ahí a solas y con el pasador de la puerta, me hacía sentir.

Antes de esto; aunque decíamos que éramos “novias”, y nos  besábamos,  y aun lo del almacén, y todo, siempre la ubiqué como una muy buena amiga, que simplemente había mucha confianza que nos permitía hacer algunas cosas locas, pero después, nunca supe que fue lo que fuimos.

Su recámara estaba helada por que llovía, el piso lo sentí muy frio en mis pies descalzos pero el calorcito que irradiaba su cuerpo junto al mío, pronto me quitó el frio, me abrazaba y con la otra mano me tomaba de la nuca para besarme, Me dejo sin playera, me besaba de vez en vez y me acariciaba los senos, algo me hacía sentir sexy, miraba abajo a Alejandra jugando con mis senos, que les juro en ese momento eran más grandes de lo normal, de pronto me dio un ataque de nervios y reí como loca, a Ale también le empezó a dar risa, si bien muchas cosa no estaban en mi cabeza, como la sensatez, si me di cuenta de lo que pasaba, estaba en playera pero sin top, con pantalones pero con el cierre abajo y con una chava que no era “stright”, ahí no pasaría nada.

Me preguntaba fingiendo demencia – ¿por que te ríes mensa? Esto no es chistoso. Me besó la boca de nuevo y ahora se deleitaba con mi trasero, tan rico también. Después deslizó su mano sobre mi pantalón en ya saben donde, se detuvo un rato y la apoyo suavemente contra mi,  luego la metió entre mi piel y mi ropa interior para  acariciar mis bellos, me acarició mi parte prohibida y hasta  las piernas me temblaron, luego lo hizo…  metió un dedo entre los pliegues que hace la vagina cuando una tiene las piernas casi cerradas, se torció un poco y sin permiso con uno de sus largos dedos se quedó con mi virginidad que me había pertenecido hasta ese momento.

No se si me empezó a besar bien padre o era su dedito que entraba y salía, realmente eran ambas cosas al mismo tiempo, lo que me hizo sentir tan amada, no hacía más que cerrar los ojos y apretar los dientes por ese ligero dolorcito que sentía mientras mi orifico se amoldaba al tamaño del dedito que tenía dentro, ¡y oye! Que rico es eso. Se separó de mis labios y con una sonrisita me preguntó…

– ¿Se siente bien rico verdad?

Apenas asentí con la cabeza, por que estaba perdida con esa sensación,  gemía solo para mi misma  por lo que  mi cuerpo experimentaba. ¡Sería tan embarazoso que me viera gritando de placer!

Deshizo el nudo del listón de sus pants,  y luego puso mí mano por entre sus bóxers y su pubis, se sentía ligeramente áspero, vacilando mucho deslicé mi mano por entre sus pliegues pero apenas si la tocaba, me tomó por la muñeca, se paró con las piernas un poco más abiertas, contrajo su abdomen como aguantando la respiración  y puso mi mano más abajo, cuando sentí su área calentita y húmeda, por instinto la saqué rápidamente de su pantalón.

Ale separó su boca de la mía y con una sonrisa más, me dijo:

– ¡Vamos! Te juro que no te muerde, no pasa nada, como te diga tu corazón, tú sabes como, sin pena.

También me salió una risita por su tontería pero calle súbitamente cuando metí mi mano dentro de sus bóxers, para buscarle su agujerito,  la deslicé muy despacio, como cuando buscas algo que no estás muy segura de querer encontrar, se lo hallé poquito antes de arrepentirme de nuevo,  le introduje mi dedo medio muy despacio, no quería  lastimarla. Si me preguntas por que le hacía lo mismo, supongo que para ponernos a mano y hacer un desquite, ella salía y entraba yo solo estaba dentro de ella,  era la primera vez que sentía otra vagina, se sentía muy mojada y tibia, se me figuraba más profunda, quizá por la posición de mi mano, que la tenía muy torcida, eso limitaba y cansaba, por eso, bajé mis jeans a mitad de los muslos, a continuación  bajo sus pantalones y sus bóxers a media cadera, tomó mi mano de nuevo y la dirigió a su cosita.

–Juntas pelase, es más rico así- me dijo besándome al oído.

Ahora ya no me podía separar de ella, me estremecía, ahora sentía una intensa atracción asía ella, la abrazaba con el brazo libre y acariciaba su cabello, apoyaba mi cabeza en su hombro, fuera  lo que fuere era la travesura  más deliciosa en la que había estado, y lo más rico que alguien me había hecho, elle jugaba con su dedo dentro de mi, me sentí como,  poseída y dominada. Por mucho que pensé si eso era correcto o no, no quedaba opción. Tal vez las hormonas se me pusieron hasta arriba, me sentía como mareada y abochornada.

De pronto paró, sacó su dedo travieso, me abrazó fuerte, como emocionada y me besó con dulzura. Así que yo también aparté mi dedo de su cosita, se sentía chistoso tan humedecido por ella, discretamente lo limpié en mi calzón que era lo único que me quedaba. Me puso las manos sobre la mejilla y me dijo: -No me la creo, nena, ¡que padre!, ¿te das cuenta estamos juntas?

Ni le conteste, no entendí muy bien a que se refería – se sentía bien pero no me emocionaba como a ella, además sentir su dedo húmedo en la cara no me hizo mucha gracia, pero tampoco le dije nada. Mis pantalones ya estaban en el suelo y ella seguía vestida así que le quite su playera, ella me ayudó levantando sus delgados brazos adornados por unos  dorados vellitos apenas perceptibles  que se veían a contra luz por la tenue iluminación que entraba por entre sus persianas. A continuación ella sola se quitó el bra.

Nos besamos de nuevo y frotamos nuestros torsos desnudos con ese ritmo que solo da una calentura como aquella que se sentía esa tarde en esa habitación.  Se hinco y mirándome a los ojos, tomó mi ropa interior de los lados y con cara de picara preguntó:

-¿Puedo señorita?

Sin esperar una respuesta los deslizó hacia abajo a lo largo de mis pierna y los dejó en los tobillos, le ayudé levantando una pierna y luego la otra, primero solo sacó los jeans y luego hizo lo mismo con mis calzones, los aventó por atrás de ella a la cama junto con nuestras playeras, se incorporó despacio muy cerca de mi, tan cerca que cuando se encontraba de regreso a la altura de mi cadera, sentí escalofríos y me doblé por reflejo hacia atrás, quedó parada de nuevo frente a mi, me dio un beso tronado en los labios.

Hacía algo de frío, hasta temblaba un poco,  por instinto me abrazaba yo solita e intentaba tapar mis senos con los brazos, y miraba descontrolada lo que ella hacía,  se encorvó para bajarse los pantalones y los dejó en el piso, luego apartó su ropa interior hasta sus rodillas y apoyándose en mi hombro, se los terminó de quitar con sus piernas y quedó parada encima como vino al mundo.  Me susurro al oído…

-Tranquila nena, ¡te quiero mucho! Yo voy a cuidar mucho de ti, o las dos coludas o las dos rabonas.

Si has estado en algo así me entenderás: es increíble lo que unas palabras como estas te hacen sentir en momentos como este, en el que solo sientes inseguridad, me empezaba a sentir mejor, hasta creo que dejé de temblar de miedo o de frío. Me puse en cuclillas y le quité sus calcetas, convencida de lo que me acababa de decir. Aunque ya la había visto sin ropa, esa vez, la vi distinta, su pelo negro en sus hombros, su mirada intensa en mi,  el agradable tono blanco de su piel,  su delgada silueta, sus bonitas piernas largas, esa tarde-noche me mostró los senos más hermosos y el pubis afeitado más tierno de este mundo.

Algo curioso es que ella también empezó a cubrir su pecho como yo, y fue posiblemente el único indicio de pena que vi en ella. Un cuerpo parecido al mío superando por mucho las diferencias por las similitudes, era un cuerpo de mujer  desnudo que había aparecido por mi,  la olla de hormonas que hervía dentro de mi, me provocaba a acercarme, a indagar en el,  sus diferentes texturas, a que olía y quizá también, que sabores escondía, quise descubrir cada una de las sorpresas que podía guardar aún este encuentro, la contemplé enfrente de mi por un momento, y  me pareció; que ese instante quedó suspendido en el tiempo inmune al irrefrenable curso de los minutos y permanecer estático por una pequeña eternidad.  Lo recuerdo tan nítido, que estará así, por siempre.

Después de explorarnos mutuamente con la mirada, nos dirigimos una mirada de complicidad y sonreímos, ya no me engañaría más, era ahí, de entre todos lo lugares del mundo en el que hubiera preferido estar, de  haber tenido oportunidad de escoger. Di un pequeño paso al frente y la abracé, tuve necesidad de ocultar por un momento mi desnudez a sus ojos que se me figuraban muy atentos a cualquier detalle en mi, y así oculté la desnudez su vista, ahora era su cuerpo el que percibía esa situación,  y  mi corazón  le confesó el desnudo emocional que sentí que era aun más despojado, con esos violentos golpes que daba dentro de mi pecho.

Es que en ese momento, no tenía nada, no sabía nada, sentí la mayor inseguridad de mi vida, ¿debería quedarme así abrazándola hasta que la noche cayera sobre nosotras? ¿Deberíamos seguir besándonos? ¿O acariciarle su torso totalmente desnudo? ¿o era ahí donde acababa la aventura?  Nos vestíamos e íbamos a la sala a jugar Xbox. Sus pies descalzos en el suelo cerca a los míos y el calor de su cuerpo pegado al mío también desnudo, me hizo sentir tranquilidad y confianza en ella.

No sé como consentí todo esto, de hecho muchas veces me he arrepentido de lo que pasó esa tarde con ella, me culpo por no haberla frenado a tiempo, pero si de consuelo me sirve,

Estar desnudas abrazadas  se tornó en algo muy pero muy  erótico, creo que ni siquiera ella supo que se suponía debía hacer, por eso nos besamos tiernamente  por un rato, nunca me había sentido tan cautivada, en su saliva había un sabor podría decirse “enviciarte”, no quería dejar de besarla, y quise que sucediera más,  me atreví a poner mi lengua en su boca para sentir la suya en la mía, me puso la piel áspera, los vellos de todo el cuerpo se me erizaron y poco a poco se empezó a ponerme húmedo ahí, y algo en el ambiente me hacía intuir que a Ale la pasaba lo mismo.

Autora: Sandra W

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Escrito por Marqueze

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