De toda la vida

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Nos conocíamos desde hace bastantes años. Ella se había casado muy joven, enamorada de su marido, pero forzada por un embarazo no deseado, yo en cambio había vivido mucho más la vida, habiéndome casado mucho más tarde, después de haber disfrutado de una larga juventud, que derivaba en viajes, juergas, amistades y numerosas mujeres.

Cuando me casé, ella llevaba ya diez años de casada y mantenía un matrimonio llevadero, sin broncas, ni malos rollos, pero para una persona como yo, que tantos años me había negado a dar ese paso, y una vez decidido a hacerlo me parecía increíble que siendo todavía tan jóvenes se sintiera ya esa monotonía.

Unan noche de copas, entre parejas, sentí mientras descansaba en el sofá de una discoteca, su mano en mi pierna. Llevaba bastante alcohol y se notaba que su libido estaba alto. Yo disimulé dado que no pretendía enturbiar una relación, por un calentón espontáneo que a mí me  parecía normal dada la monotonía de ese matrimonio. Al cabo de unos años cuando el mío era similar, me acordé muchas veces de esa situación. Y quise hacer lo mismo que me había pasado a mí.

Estuve varios días pensando como atacar a mi amiga. Cuando me enteré que cierto día tenía una cena de amigas del trabajo, yo hice todo lo posible por tener otra cena similar con mis compañeros de trabajo. Así fue. Al acabar de cenar intenté por todos los medios llevar a mis colegas de profesión a la discoteca en la que estaba mi amiga. Una vez allí, la vi, estaba disfrutando de una noche entre amigas, bailando, bebiendo y siempre con la sonrisa en la boca.

Yo al principio no estaba seguro de hacer lo que tenía pensado desde hace varios días. Me pedí una copa con mis amigos y me acerqué a una de sus amigas. Era una chica de unos 28 años, guapa y con un cuerpazo que relucía, más dada la minifalda que llevaba. Mi amiga se metió en la conversación y noté como los celos invadían su mirada.

En ese momento supe que pensaba lo mismo que yo y que todo era más fácil de como lo había pensado. Ella era una chica gordita, entradita en bastante kilos, pero conservando una gran belleza en su rostro, cabello, ojos, y con unos pechos espectaculares.

Me tomé la copa con ella hablando de anécdotas antiguas que el alcohol hizo que nos riéramos bastante y cuando manteníamos ya nuestras manos cruzadas, hablamos de ir a tomar algo fuera de la discoteca. Una vez en la calle le propuse pasar la noche conmigo en un hotel. Ella se lo pensó, haciéndose la interesante, pero al final accedió.

Subimos a la habitación 202 de un hotel cercano. Los dos estábamos nerviosos, tensos, no teníamos la conciencia tranquila, sin embargo nuestro cuerpo pedía sexo.

Le pedí que se desnudara y se metiera dentro de la cama mientras yo me duchaba. Cuando salí de la ducha y entré en la habitación, la excitación fue muy superior al ver sus bragas y sujetador tendidos en el suelo. Me desnudé ya con mi polla completamente grande y noté como su mirada se clavaba en ella observándola con cara de viciosa.

Eso me excitó más todavía, iba a echar el mejor polvo de toda mi vida. Me metí en la cama y empezamos a besarnos. Fueron unos morreos grandes comiéndonos las lenguas como dos salidos ninfómanos. Mientras yo tocaba esas enormes tetas, que mantenían unos pezones completamente erguidos. Ella tímidamente llegó con su mano hasta mi polla y empezó a acariciarla, ya empezando los dos a gemir de placer. Le empecé a tocar el coño, estaba ya todo húmedo y olía toda la habitación a coño mojado. Eso me excitó todavía más, y metí mi boca entre sus piernas.

Comencé a comer ese rico coño metiendo la lengua hasta donde llegaba mientras acariciaba el clítoris. Mi amiga se retorcía en la cama de placer mientras con su mano buscaba mi polla que no encontraba, dada mi postura tomada para comerle el coño lo mejor que podía. La abrí de piernas todo lo que podía y empecé por meterle dos dedos mientras le comía el clítoris.

Después un dedo más, otro, otro y al final la mano entera dentro de su coño. No le era suficiente pues parecía quería algo más dado que había hueco para más. Entonces opté por meter mi excitada polla dentro, y al penetrarla empezó a correrse echando un jugo vaginal que empapó mi barriga y que hizo que tuviera la mejor corrida de mi vida.

Después de este polvo, lógicamente vinieron bastantes más.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

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