DE VUELTA EN NUESTRA ISLA – 2 (MARCOS Y DIANA)

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Al día siguiente yo fui el único que bajó a desayunar. Ella se despertó ya casi a la hora de comer. Se duchó y se volvió a dar el bálsamo en su sexo y en alguna de las marcas rojas. Fuimos a comer a un restaurante un poco alejado del apartamento. Diana no se había recuperado del todo. Estuvimos comentando alguno de los momentos entre risas y me estuvo contando algunas cosas que no había podido oír, aunque estaba preocupada con el hecho de que Manuel y Tomás volviesen y montasen una escenita. También estaba preocupada (aunque muchísimo menos) por haberse follado a un chaval que tenía menos edad que nuestros propios hijos, pero estaba claro que no nos íbamos volver a nuestra casa sin volver a tirárselo.

Decidimos que pasaríamos los tres días descansando y al cuarto iríamos a ver a la chica de la playa, de esa forma nos quitaríamos del medio. La llamó y reservamos los billetes para el avión.

Ese día y los dos siguientes los pasamos de relax total y recuperación. En nuestro noveno día volamos a ver a nuestra amiga. Susana fue a recibirnos con unos vaqueros flexibles que le marcaban un culo redondito, pero menos respingón y grande que el de mi chica, tanga y unos taconazos tremendos. Una blusa ceñida y un sujetador negro, lo que me desconcertó, porque Di me había comentado que las tenía operadas y esperaba que viniese sin sujetador. No era nada guapa de cara. Nos dimos dos besos y nos fuimos a su casa. Después de acomodarnos fuimos a la sala y nos sirvió una bebida. Se notaba un ambiente un poco tenso, así que decidí hacer como si fuese al baño para dejarlas a solas. Me quedé escuchando, preparado por si podía echar un vistazo. Diana se levantó y fue hacia la librería.

  • Tienes una buena colección de libros antiguos.

Susana se acercó por su espalda, dijo tres o cuatro frases estúpidas y alargó su mano derecha, tocando desde atrás el lateral del pecho de mi mujer, haciendo que sus pezones reaccionasen,

  • Ya era hora, creía que no te ibas a decidir nunca – le dijo Di sin volverse.
  • Joder, ¿cómo quieres que me comporte? Tu marido está delante.
  • ¿Crees que no sabe a lo que hemos venido? – se volvió quedando de frente las dos.

Se besaron apasionadamente. Susana agarró los pechos de Diana, admirándolos. Mi mujer se abrió toda la camisa para facilitarle las caricias y los besos.

Diana abrió la camisa de Susana y la bajó las dos copas del sujetador, sus pechos bronceados lucían areolas negras y pezones pequeños. Yo aparecí en el salón cuando Di estaba chupando uno de los pezones, Susy intentó taparse, pero mi mujercita no la dejó,

  • ¡Mira qué pedazo de tetas! Yo quiero ponerme unas como estas – me dijo Diana mientras las sostenía desde abajo.
  • Ya te he dicho que me gustan las tuyas amor – la verdad es que no me entusiasman las de silicona.
  • ¿Se las dejas tocar?
  • Sí, cómo no.

Se quitó la camisa y el sujetador, dejando los pechos al aire, que no caían ni lo más mínimo pese a su volumen. Los toqué con ganas, quería comprobar el tacto, además al fin y al cabo ella se iba a follar a mi mujer. No estaban mal, con un tacto bastante natural, pero yo no quería cambiar las de mi mujer por nada. Ese día lo pasamos en su casa y dando una vuelta por los alrededores. Se dieron algún besito y alguna caricia en las nalgas, pero nada de sexo.

Al día siguiente teníamos previsto coger una pequeña barca e ir a una cala a la que sólo se puede acceder por el mar. Cargamos comida y bebida para todo el día y nos fuimos para allá. La playa estaba desierta, era de rocas, así que hicimos bien en llevar colchonetas. Las dos se quedaron sólo con la parte de abajo del tanga y corrieron a meterse en el agua, que no estaba precisamente caliente. Se empezaron a salpicar y a jugar como dos niñas. Susana abrazó a Diana y las dos se sumergieron. Emergieron dándose un beso con lengua. Se quitaron las braguitas y me las arrojaron riendo. Las dos estaban preciosas, desnudas, con el cuerpo bronceado, sus sexos depilados, enredadas besándose ya sin pudor por mi presencia. Susana era mucho más alta que mi mujer, que parecía su hermana pequeña. Susy puso sus manos en las nalgas de mi mujer y la levantó, mi mujer enredó las piernas en su cintura. Por los movimientos de la pelvis de Di, seguro que los largos dedos de nuestra amiga habían alcanzado su vulva. Tardó muy poco en correrse echando la cabeza hacia atrás. Bajó y llevó su mano derecha sin pudor al sexo de Susy, mientras mordía sus pezones. Yo estaba desnudo también y con una erección tremenda viendo a mis dos sirenas agitarse en el agua. Se corrió gimiendo bastante alto, al mirarme se puso roja, las dos se rieron y se volvieron a meter al agua.

El resto del día lo pasamos comiendo y bebiendo bastante alcohol, sobre todo mi mujer, toqueteándose entre ellas y Diana a mí.

Volvimos bastante tarde, cenamos en el puerto, Diana y Susy siguieron bebiendo, así que me tocó llevar el coche a mí. Di iba delante conmigo y empezó a meterme mano, yo intentaba hacer lo posible por atender a la conducción. Sacó mi polla del bañador y me la empezó a chupar, Susy se acercaba para mirar y se reía con la escenita. Yo llevaba un calentón tremendo de la tarde, así que no tardé demasiado en correrme en la boca y en la cara de mi mujer. Susy se partía de risa viendo la cara llena de semen de Di.

  • ¡Ja, ja! ¡Ay, me estoy meando! ¡Para, para, que no me aguanto!

Paré el coche como pude y Susy salió corriendo detrás de unos matorrales, Di también bajó, después de unos minutos regresaron y se subieron las dos atrás. Todo el camino hasta su casa se estuvieron comiendo los labios y tocándose. Al llegar a casa ellas se fueron a duchar juntas mientras yo usaba otro de los baños, cuando terminé oí ruidos en el dormitorio de Susy. Estaban en un sofá grande, besándose, las dos completamente desnudas, las toallas de baño tiradas en el suelo. Di extendió el brazo hacia mí para que fuese a sentarme con ellas, así lo hice. Diana me miró a los ojos,

  • Te quiero y quiero regalarte esto – me besó y se volvió hacia Susy.

Se empezaron a besar, Susy intentó abrazarla, pero Diana le apartó los brazos, la empujó para que se reclinara en el sofá. Se puso sobre ella y empezó a besarle los pechos, que se mantenían erguidos, mordió su pezón y Susy se crispó con un gemido. Empezó a bajar hacia su barriga, a mí se me hizo eterno y a Susana parecía que le encantaba la tortura por cómo se retorcía y gemía. Mi mujer besaba y lamía la zona entre el ombligo y el pubis, los muslos, evitando su sexo como había hecho otras veces con Sandra. Se miraron a los ojos y comenzó a lamer el sexo de Susy ante mi sorpresa, ella apretó la cabeza de mi mujer para que no se separase. Di inclinaba su cabeza para que yo pudiese ver todo. No me cabía duda de que el alcohol había influido para que, por primera vez, practicase sexo oral con una mujer.

Le metió un dedo en la boca de Susy y mirándola interrogativamente le introdujo otro más. Cuando estuvieron lubricados, los introdujo en el sexo de nuestra amiga, entraba un poco y los giraba a la vez que entraba y salía, luego otro poco más, cuando ya los tuvo enteros dentro empezó a masajear el punto G y con su pulgar y la lengua acariciaba el clítoris, en apenas dos minutos le sobrevino el orgasmo a Susy entre gritos, agarrándose a la tela del sillón. Susy se incorporó respirando fuerte, besó a Di y la tomó de la mano, condiciéndola a la cama. Yo me quité el bañador y comencé a masturbarme con la escena. Susy cogió dos vibradores de la mesilla, de los que se ponen en la mano para masajear sólo la zona externa de la vulva. Las dos se fundieron en un 69, Di estaba abajo. La espalda de Susy se curvaba y sus caderas se movían circularmente para aumentar el contacto con la lengua y los dedos de mi mujer. Se podía oír el zumbido de los vibradores, que se sincronizaba con sus gemidos. Después de unos minutos cambiaron de posición, enlazaron sus piernas, una en el interior de la otra hasta que sus vulvas se juntaron (tuvo que indicarle Susy para hacer la tijereta) y empezaron a frotarse, primero despacio, luego frenéticamente, sus gemidos inundaban toda la habitación, se corrieron entre espasmos, mientras yo eyaculaba abundantemente. Me fui al baño y luego a mi dormitorio, las dejé a solas para que se gozasen con libertad.

Al día siguiente desperté a eso de las diez, ellas ya habían preparado el desayuno y las cosas para volver a la playa del día pasado. Diana y Susy me besaron muy contentas, dejándome un poco sorprendido. Ya en la playa las dos se quedaron dormidas después de un refrescante baño. Poco después de comer parecía que empezaba lo bueno, totalmente desnudas se estaban enrollando en la colchoneta, cuando oímos un motor, nos vestimos rápidamente y aparecieron tres parejas en una barca, así que nos fastidiaron la fiesta, aunque ellos parecía que tenían ganas de juerga y que no les importaba demasiado nuestra presencia, porque empezaron a enrollarse, pero no nos apetecía tener espectadores, así que optamos por volver a casa. En el jardín estuvimos bebiendo todo lo que no habíamos bebido en la playa. Mi mujer llamó a Mario y estuvo apartada de nosotros un buen rato, cuando regresó tenía un brillo que conozco bien, la conversación la había dejado muy excitada,

  • ¡Vamos dentro putón! Que te voy a comer todo…- le dijo mi mujer a Susy, entrando en casa a la vez que se iba desnudando y dejando la ropa por el jardín.

Susana salió corriendo detrás de ella hasta alcanzarla en el salón, la aprisionó contra la pared mientras la besaba apasionadamente. Una de sus manos sostenían las muñecas de Di por encima de la cabeza y otra masajeaba su pecho. Las dos se tiraron en la alfombra y Susy introdujo sus dedos en el coñito ya húmedo de Di. Yo miraba toda la escena empalmado,

  • ¡Para, para! Necesito ir al baño si no quieres que me mee encima de ti.

Susy se quedó en la alfombra haciendo pucheros.

Al poco Di regresó con un gran vaso lleno de agua mezclada con hielos, un cinturón de un albornoz y unos pañuelos largos. Ató las muñecas de Susy, las subió por encima de la cabeza y se las ató a la pata de un sillón, hizo lo mismo con cada tobillo, uno en cada sillón, para mantenerla tumbada en la alfombra con las piernas abiertas

  • ¿Qué me vas a hacer? – decía nerviosa.
  • Sólo vamos a jugar un ratito…

Puso el último pañuelo en sus ojos, dejándola sin visión.

Comenzó a besar el cuerpo desnudo de Susy, era hermoso ver a esas dos ninfas devorarse sin ropa. Cogió uno de los hielos semi-deshechos y lo pasó alrededor de los labios carnosos de Susy, luego se lo introdujo en la boca y la besó durante un largo rato hasta que lo convirtieron en agua. Mi mujer me hizo una señal para que me acercase, cogí uno de los hielos y lo empecé a pasar por su cuello, por el exterior de sus enormes pechos, sus pezones estaban ya duros, agarré el cubito dándole calor con toda la mano para deshacerlo y dejé caer gotas heladas sobre sus pezones, su espalda se crispó y se mordió el labio,

  • ¡Qué frío! ¡Me estás torturando!
  • Pero te gusta la tortura, ¿verdad? -dijo Di desde mi espalda, para evitar que supiese que era yo el que estaba torturándola.

Por respuesta sólo gimió mimosa. Pasé el hielo haciendo círculos en sus pezones. Luego comencé a bajar, ella se retorcía intentando separarse de mí. Cogí otro hielo más grande y lo pasé alrededor del ombligo, volví a apretar el hielo haciendo caer agua helada sobre su sexo y sobre sus muslos, su espalda se curvó y su respiración se agitó más. Llevé el hielo a su pubis, lo pasé rozando por labios, el hielo se deshacía rápidamente con su calor. Di me hizo una seña, bajó a su sexo,

  • Abre este tesoro para mí – le dijo abarcando con su palma todo el sexo de Susy, que abrió las piernas todo lo que pudo.

Yo me situé entre las piernas, tenía unos labios menores bastante grandes, su clítoris sobresalía grande e hinchado.

Comencé a lamer los labios mayores y a pasar otro hielo, los gemidos y las respiraciones de Susy se elevaban cada vez más. Entonces le empecé a lamer el clítoris, al principio casi sin tocarlo y luego haciendo círculos,

  • ¡Ya, yaaaaa me vieneeeee! ¡Qué lengua tienes Dianaaaaaa! ¡Aaaaaahhh!

En el momento en que se corrió Mi mujer le retiró el pañuelo de los ojos, aunque Susy no parecía excesivamente sorprendida,

  • Eres una zorra, ya me imaginaba que tenías pensado algo retorcido. ¡Ja, ja!

Le quitó las ligaduras,

  • Pues ahora me toca a mí, porque estoy ardiendo – dijo Diana.

A Susy le tocó ocuparse del sexo de mi mujer, mientras yo introducía mi pene en la receptiva boca de mi mujercita. Cuando ya estaba empalmado, Di hizo tumbarse a Susy y empezó a lamerla puesta en cuatro. Su culo se me ofrecía elevado, grande, delicioso. Yo no esperé a que me invitase, cogí un cubito pequeño, lo metía en su interior y penetré su coñito caliente, notaba el frío del cubito en la punta. Mis empujones hacían que la boca de mi mujer se estrellase contra el sexo de Susy, al poco se corrieron ambas. Di se salió y se puso de rodillas junto a mí, invitando a Susy a que me masturbase, no era algo nuevo para ella, ya que había tenido relaciones con hombres, aunque prefería las mujeres. Yo tenía cuatro manos dedicadas a mi pene, intentaba aguantar lo que podía para prolongarlo, pero Di me conoce demasiado bien, acarició mis testículos hasta que exploté, mi mujer fue la encargada de lamerla hasta dejarla limpia. Los tres nos tumbamos y estuvieron bromeando sobre quién hacía mejor el sexo oral, Diana o yo, Susy prefería la lengua de mi mujer, pero yo estaba justo por detrás de Di en su clasificación, por delante de varias de sus novias. Esa noche estuvimos practicando sexo, pero en ningún momento se planteó dejarme penetrarla.

A día siguiente nos despedimos de Susy y volamos de vuelta al hotel con la promesa de que la siguiente ocasión estaríamos más días con Susy. Nada más llegar Di llamó a Mario,

  • ¿Entonces han estado buscándome? – preguntó Di.
  • Sí – Diana había puesto el altavoz del móvil.
  • Entonces no nos podemos ver, no sé si volver al hotel siquiera… – decía preocupada.
  • No te preocupes, alguien le ha contado a un par de novios cabreados que sus novias les habían puesto los cuernos y cómo localizarlos, creo que su furgoneta “se ha incendiado” y los están buscando como locos, así que no creo que se atrevan a salir de su escondite.
  • ¡Estás loco! Como se enteren de lo que has hecho…
  • No te preocupes, el plan ha sido de mi padre, lo ha hecho a través de un amigo.
  • ¡Joder, esto mejora a cada momento! ¿Cómo se te ocurre decírselo a tu padre?
  • Le dije que necesitaba verte antes de que te fueses…, además esos capullos necesitaban un buen susto.

Después de charlar un buen rato quedaron en que iría a las once de la mañana del día siguiente. Fuimos de vuelta al hotel, Di miraba hacia todos los lados pensando que aparecerían los chicos por allí. Ya en la seguridad de la habitación ella empezó a consultar el portátil durante bastante tiempo. Yo estaba muy intrigado, Di salió para alquilar un coche para el día siguiente, yo inmediatamente consulté el historial del ordenador y vi que había estado buscando playas nudistas, había consultado fotos y comentarios de varias de ellas, pero en particular se había centrado en una no muy lejana y con un acceso calificado como de dificultad media.

Al volver me estuvo contando que Mario se había pegado a Tomás y Manuel para ligar un poco y soltarse, ellos para reírse de él lo habían puesto a practicar sexo delante de ellos con una de sus guarrillas habituales y claro, entre comentarios, risas, etc pues al chico no se le había puesto dura, por eso decían que era marica. Diana quería aplicarle una “terapia de choque”. Me pidió que la dejase ese día a solas y también me dijo que le gustaría prescindir de los condones, que confiaba en el chico y en que nunca había follado con otra. Yo acepté, pero advirtiéndole del riesgo. Le pedí que grabase todo en mi ausencia. A mí me tocaría buscar un lugar para dormir al día siguiente.

Por la mañana me desperté a eso de las nueve y media, tenía que colocar las cámaras, pero me sobraría tiempo, podía jugar un poco con Di. Comencé a acariciar sus pechos con la punta de los dedos, luego bajé a su tanguita, ella se estaba empezando a desperezar. Entonces empezó a sonar el móvil de Diana,

  • ¿Sí?
  • Pero qué haces ya aquí, si quedamos a las once.
  • ¡Vale, vale, no te marches! Mi marido ya se ha ido a ver al cliente que tenía aquí, dame diez minutos y luego sube.

Fui a colocar la cámara del salón. Mientras Di corría a colocar la del baño. Cuando volví al dormitorio me encontré con mi mujer, llevaba puesta una camiseta semitransparente que le llega un poco por debajo de sus pechitos, unas coletas y un tanga con un dibujo de Piolín,

  • ¿Crees que conseguiré retenerle en la cocina con esto? – dijo moviendo su cadera.

Oímos llamar a la puerta,

  • Coloca el resto de cámaras y márchate mientras le entretengo en la cocina, te llamo esta noche amor – me dio un beso y se dirigió a la entrada.

Abrió la puerta, yo oía cómo hablaban, pero sin distinguir qué decían. Antes de cinco minutos ya podía oír los gemidos de Di, así que terminé de situar las cámaras que quedaban, dejé el mando cerca de su bolso y fui a gatas hasta la barra de la cocina. Me asomé, Di se apoyaba con las manos en la encimera de la cocina y él la penetraba desde atrás, yo veía el culo del chico moverse delante y atrás, el pobre Piolín estaba enrollado en el tobillo izquierdo de mi mujer. Fui hacia la puerta, la abrí ligeramente y la cerré despacio, pero el ruido se oyó claramente,

  • ¿Qué ha sido eso? – dijo él.
  • Nada, cuando el vecino cierra su puerta suena como si fuese la nuestra. Sigue, no me dejes. ¡Te he echado de menos!

Los gemidos se oyeron otra vez, así que yo volví sobre mis pasos y entré en el armario, no me quería perder toda su juerga… Encendí el ordenador, la escena de la cocina era la misma que acababa de ver, el chico seguía empujando duro. Al poco Di se corrió y le pidió al chico que se corriese en sus pechos, se quitó el condón (me extrañó que lo usase) y explotó en sus tetas, Di se extendió la leche con ayuda del pene. Vinieron hacia el dormitorio,

  • Espero que no te hayas tirado a ninguna guarrilla estos días.
  • Ya te dije que no, aunque me la he cascado una vez pensando en ti…
  • ¿Sólo una? – le preguntó mimosa.
  • Bueno, en realidad dos.

Los dos se rieron con ganas. Mi mujer cogió un botecito del cajón de la mesilla y se fue hacia la ducha, él quería entrar también, pero no le dejó. Cuando cerró el agua le dijo desde dentro,

  • Hoy quiero que vayamos a una playa.
  • ¿A la de aquí? – preguntó él extrañado.
  • No creo que me dejen entrar con esto…

Le dijo saliendo del baño con un tanga brasileño que apenas le cubría su vulva y sus aréolas (eso era lo que tenía el botecito), seguro que en cuanto se le mojase sería como ir totalmente desnuda, la boca del chaval se abrió de par en par. Mi mujer reía satisfecha,

  • Pues si te portas como debes vas a tener todo esto para ti solito hasta mañana y además alguna sorpresa más…

Le explicó que quería ir a una playa nudista, el chico no estaba nada convencido, así que ella insistió,

  • En primer lugar vas a poder tener esto.

Agarró su pene, depilado parecía aún más grande si cabe, y empezó a chupársela sin condón, lo empujó hacia atrás en la cama, ladeó la tira del tanga y lo metió entero en su coñito.

  • ¡Está ardiendo! – dijo él.
  • ¡Nada de condón! Y también te voy a dar otra cosa que no le doy a todo el mundo.

Ella no se movía, pero yo sabía lo que le estaba haciendo, estaba exprimiéndole la polla con los músculos de su vagina. A mí me lo hace cuando estoy a punto de correrme, ella me aprieta el pene con tanta fuerza que parece que me va a explotar y luego me libera y me vacío que parece que se me vacían los testículos. Por supuesto el chaval quería seguir, pero ella seguía con la idea de la playa, tuvo que irse a lavar con agua fría para poder bajar su erección y vestirse. Se fueron del apartamento. Yo salí, cogí unas cuantas cosas en una mochila para pasar el día y fui a alquilar un coche, compré unas gafas de sol lo más grandes y horteras que pude para que no me reconociesen.

Al llegar a la playa vi tres coches con el distintivo de que eran de alquiler, buena señal. Bajé hasta la playa y no conseguía localizarles y eso que había poca gente, después de un par de minutos los localicé, me situé para poderlos observar y coloqué mi toalla. Los dos estaban ya sin bañador, no había demasiada gente totalmente desnuda, yo también me desnudé. Sus cuerpos estaban brillantes, seguro que se habrían estado extendiendo aceite bronceador uno a otro para calentarse. Charlaban animadamente y se reían mucho, jugaban y se tocaban, Mario tenía la polla morcillona. Diana puso la mitad de su cuerpo sobre el de Mario y empezó a restregarse, no veía la polla del chico, pero seguro que le estaba creciendo. Di bajó su mano izquierda hasta la verga del chico y estuvo así un par de minutos. Después de esos juegos se levantaron para ir al mar, todas las mujeres se volvían a mirar la polla enorme, aunque todavía no erecta, de Mario, seguro que todas estarían diciendo que mi mujercita era una guarra por liarse con un crío, pero seguro que todas se cambiarían por ella sin dudar. Diana estaba preciosa, a pesar de estar en los cuarenta tenía el mejor cuerpo de las que estaban en la playa. Estuvieron jugando en el agua un buen rato, Mario le tocaba los pechos y bajaba las manos para tocar su culo y su sexo. Diana al final se puso por detrás de él y lo abrazó, bajó sus manos por debajo del agua…, no se veía lo que hacía, pero seguro que se la estaba cascando, luego se sumergió y después de un minuto salió por delante de él (seguro que se la habría chupado bajo el agua), se agarró de su cuello y el la subió, luego descendió y…, bueno tampoco había que imaginar mucho, se la había metido. No se movían mucho, pero estaban follando delante de todos. Di echó la cabeza hacia atrás, por sus gestos se había corrido, hablaron unos instantes y Di se bajó, no me parecía que el chaval hubiese llegado a correrse. Salieron del agua con sus cuerpos relucientes. Era grotesco ver al chaval con semejante pollón balancearse de un lado a otro mientras caminaban hacia la toalla, pero todas las mujeres de la playa no perdían detalle, incluso las que estaban con su pareja. Di se la tocó ligeramente un par de veces en el camino entre risitas. Se tendieron y yo aproveché para mirar a las demás mujeres de la playa, si podía encontrar alguna candidata para esa noche dormiría caliente y no tendría que buscar hotel. No había mucho donde elegir, sólo había un par de ellas que podrían estar a mi alcance, la que más me gustó era una pelirroja, parecía estar cerca de los cincuenta, estaba en topless, tenía un par de tetas muuuuy grandes, pecosas y con unas aréolas de más de diez centímetros de diámetro, llevaba un tanga negro, no de hilo, su culo había tenido mejores tiempos, pero era grande y todavía se mantenía bastante bien, me quedé mirando hacia ella fijamente y cruzamos miradas un par de veces.

Cuando volví a mirar a mi mujercita estaba usando al chaval como una almohada, tenía su cabeza apoyada en la barriga y charlaban, llevó su mano izquierda hacia arriba y agarró el pene, que había perdido su erección, comenzó a menearlo ligeramente, él se retorcía con los ojos cerrados. Di se cambió y apoyó su cabeza en los muslos del chaval, de costado, mirando hacia su cara, le hablaba, el chico sólo afirmaba con la cabeza. La polla del chico, semierecta, quedaba muy cerca de la boca de Diana. No sé lo que le diría, pero la cosa empezó a subir y, cuando la punta pasó junto a la boca de Diana, simplemente la abrió y se metió el capullo. Se la estaba mamando en plena playa, por supuesto la gente no les quitaba ojo y algún mirón se situaba cada vez más cerca. Yo estaba preocupado por si alguien lo grababa todo y lo colgaba, pero ella seguía a lo suyo. Diana se incorporó, se puso el pareo, se situó a horcajadas sobre el pene del chaval y se clavó, se lo estaba follando sobre la arena, menos mal que el pareo tapaba la escena. El culo de Diana no se movía mucho, pero conozco bien sus movimientos y seguro que Mario estaba disfrutando. Los mirones ya estaban a un par de metros de la pareja. Esta vez creo que sólo se corrió él, Diana se salió y se fueron a dar un baño para limpiarse mientras jugaban riendo, después de un rato salieron del agua, recogieron las cosas y se encaminaron hacia el coche. Yo tenía una erección tremenda, pensar en lo que acababa de suceder, lo que podía estar sucediendo de camino al apartamento y lo que seguro iba a suceder allí…, necesitaba descargar, así que me fui hacia el agua para masturbarme dentro. Sin darme cuenta caminé directamente hacia la pelirroja, que me miraba desde el agua sin perder detalle del bamboleo de mi pene, no era como el de Mario, pero llamé su atención. Normalmente no hubiese sido tan directo con una mujer, pero si se molestaba no la iba a ver en mi vida, así le dije,

  • ¡Ufff, quién pudiese probar un poco de eso! – mirando sus melones.

Ella se rió satisfecha,

  • ¿Eso lo he provocado yo? – me dijo sin cortarse, su acento era inglés.
  • A ti qué te parece – le dije en inglés, acercándome a ella.

Nos presentamos, fue un poco embarazoso ya que al darle dos besos, toqué con mi pene su tanga, ella comentó que qué pasaba hoy en la playa (imagino que por la escenita de mi mujer y el chaval). Estuvimos charlando muy animadamente, me pareció muy simpática, me resultaba un poco violento lo de estar en pelotas delante de una persona que acabas de conocer, pero tenía que bajar mi calentura como fuese, así que intentaría pasar la noche con ella. A la hora de comer se fue, quedé con ella para cenar. Yo me quedé en la playa a comer un bocadillo, dormí un poco y ya por la tarde me fui a comprar algo de ropa para la noche (y condones).

Ya de noche, llegué a la terraza del restaurante antes de la hora, estaba un poco harto de pasar el día fuera de casa, así que pedí una bebida y me senté a esperar. Sonó mi móvil, era Diana,

  • ¿Qué tal amor? – le pregunté.
  • Bien
  • ¿Sólo “bien”? – insistí.
  • Muy, muy, muuuuuuuy bieeeeen. ¡Ja, ja! Ya te daré las gracias por permitirme esto – se le notaba cansada, pero alegre.

Me estuvo contando un poco por encima cómo le estaba yendo, yo le dije que estaba esperando a un ligue, me deseó suerte y que no dejase de usar condones. Me dijo que Mario estaba duchándose, que iban a intentar sexo anal, no la veía nada convencida, pero él había insistido mucho,

  • Aquí viene, voy a tener que colgar…
  • ¡No! Deja el móvil encendido, quiero oírlo.
  • Vale cariño ¡Te quiero! – me dijo, dejando el móvil conectado.
  • Estaba hablando con mi marido, me ha confirmado que no viene hasta mañana. ¡Quieto, quieto impaciente! Primero déjame que te ponga a tono y luego te tocará a ti prepararme.

Seguro que se la iba a chupar,

  • Uh,hummmm, hum, hum.

Oía el ronroneo de Di cuando la chupa con ganas. La imaginaba con las coletitas a cada lado moviéndose, como si fuese una colegiala viciosa, mirándole a los ojos inocentemente, dejando caer saliva para lubricar su polla o quizá con una cola de caballo, dominadora, él de pie y ella sentada en la cama, obligándole a poner las manos a su espalda y que no la toque mientras ella no se lo diga, me estaba poniendo verdaderamente caliente.

Después de un rato se oían risitas y gemidos de Diana, era su turno.

  • Ponle mucho lubricante, por fuera y por dentro. ¡Así, así, despacio, un dedo sólo!

Estuvieron más de diez minutos con juegos, ya le había indicado que metiese dos dedos, así que ya estaría suficientemente caliente y abierta, al menos para mi talla,

  • ¡Cuidado, despacio!… ¡Depaciooo, despacio por favor! – gritó.

Se oían gruñidos y quejidos lastimeros de Diana y luego un grito de dolor, le pidió que no se moviese.

  • No puedo “mi niño”, me rompes. Sácala, por favor. No te preocupes, lo iré acostumbrando para la próxima vez y te lo daré como regalo. Déjame que me vaya a asear y ahora vengo.

Yo estaba con una erección tremenda, vi a la inglesa que venía hacia mí (menos mal, si no hubiese tenido que ir al baño a aliviarme), colgué el teléfono. Al levantarme notó que estaba empalmado.

  • ¡Bueno, bueno! ¿No puedes esperar a que terminemos de cenar? ¡Ja, ja! Nunca había provocado esta reacción, ni cuando era joven – me dijo divertida.

Nos sentamos a cenar. El vestido me decepcionó, esperaba un escotazo tremendo y llevaba un vestido anudado al cuello, sus pechos completamente tapados y su falda era extraña, más corta por detrás que por delante. Charlamos durante toda la cena y nos fuimos a tomar una copa, entre pensar qué estaría haciendo mi mujer y las ganas que tenía de sumergirme entre los pechos de mi inglesita, tenía un calentón de cuidado. La llevé hasta la puerta de sus apartamentos, no podía dejarla escapar, así que en un momento que nos acercamos la besé, ella no me rechazó, así que volvía a besarla y me pegué a ella, ronroneaba como una gatita caliente. Agarré su culo, ella me paró y me pidió que subiéramos a su apartamento. Entramos a su habitación y ella insistió en apagar la luz, hacía unas horas que la había visto casi desnuda y ella a mí totalmente desnudo y empalmado y ahora tenía vergüenza. Le quité el vestido y el sujetador, palpé con gusto sus pechos, un poco caídos por el peso y la edad, pero me gustaron mucho, estaban calientes y blandos, sus pequeños pezones duros, los mamé con ganas, provocando gemidos y expresiones en inglés. Me desnudé, pero ella no hacía nada, así que llevé una de sus manos a mi pene,

  • ¡Oh, Dios! – dijo ella.

Yo movía su mano adelante y atrás, hasta que ella comenzó a moverla sin mi ayuda, desde luego tenía mucho que aprender, yo intentaba agarrar sus pechos con mis dos manos, los chupaba y les daba mordiscos. La tumbé en la cama y le quité la braga, tenía el pelo de su sexo muy corto, pero no estaba depilada del todo, empecé a besar su pubis y sus muslos, ella se retorcía y gemía, lamí su sexo y ella respiró profundamente mientras empujaba mi cabeza contra su coñito. Cogía sus labios menores, los estiraba y los masajeaba con dos dedos. Después de un buen rato subí sus piernas y lamí su culito, lo que le sorprendió, pero desde luego no le desagradó, intenté meter un dedo, pero estaba apretado, con un poco de suerte se lo estrenaría yo… Introduje dos dedos en su coño y busqué su punto G, no tardó nada en correrse entre gritos. Seguí lamiendo los laterales y su clítoris para que no se enfriase, cada vez que hacía el vacío con mi boca sobre el clítoris ella se retorcía de gusto. Me puse de pie y la ayudé a incorporarse, quería que me la chupase, ella empezó a hacerlo sin ponerme condón. No es que fuese muy buena, pero yo estaba demasiado caliente como para protestar. Le cogí la cabeza y empecé a meter mi polla hasta donde era capaz de soportar, primero no era capaz de meterla entera, pero después de unos intentos la engulló hasta notar su nariz en mi pubis.

  • Muy bien, muy bien – la animé.

Una pena no poder ver su cara. Le indiqué que quería follar,

  • ¿Tienes condones? – me preguntó.
  • Por supuesto, pónmelo tú.

Me lo puso entre juegos, parecía que se iba soltando poco a poco. Me tumbé y la dejé a ella sobre mí, seguro que los vecinos oirían sus gemidos. Se la clavaba con ganas, hasta dentro. Se corrió en poco tiempo. La puse a cuatro, le di un par de azotes suaves mientras sobaba su culo, se la metí despacio, cuando ya estaba casi toda dentro se intentó escapar hacia delante, pero se lo impedí,

  • ¡Despacio, despacio! Hace mucho que no…

No pudo decir más, de un empujón se la clavé entera. Me quedé quieto y ella empezó a moverse adelante y atrás, yo comencé a moverme entrando desde un lado y luego desde el otro, de vez en cuando me agarraba a su cintura y le daba duro. Se la saqué, lamí su culito y escupí en él. Volví a meterme en su vulva y fui preparando su culito introduciendo un dedo,

  • ¡Este culo va a ser mío! – le dije.
  • ¡Oh Dios! Sí, pero cuidado.

Le respondí con un fuerte azote y enterrando totalmente mi dedo en su culo, se corrió como una perra, noté cómo líquido caliente mojaba mi polla. Saqué mi dedo y metí otro más, tan solo protestó ligeramente, pero más de gusto que de dolor.

  • Me encantaría ver tus pechos moviéndose.
  • ¡No, no enciendas! – qué pesada con que no la viese.

Me tumbé en la cama e hicimos un 69 sus líquidos empapaban todo el interior y el exterior de su sexo. Ya tragaba mi polla hasta dentro y también lamía mis huevos. Notaba que ella estaba cercana a correrse y yo también. Le indiqué que me cabalgase de espaldas. Introduje otra vez mis dos dedos en su culo, no tardamos nada en corrernos los dos. Nos tumbamos, cansados y contentos. Yo tocaba sus pechos y su sexo ligeramente, hacía mucho tiempo que no tocaba las tetazas de Sandrita y no podía dejar de tocar estas. Fuimos a la cocina a por algo de beber (sólo con la luz que se filtraba de la calle), la luz del frigorífico me permitió ver su coñito con poco pelo y sus pezones se endurecieron con el frío. Mientras ella preparaba la bebida yo la esperaba sentado en una silla. Me trajo la bebida y le pasé el vaso por los pechos, provocándole un escalofrío. La hice sentarse sobre mí, dándome la espalda y charlamos un poco. Empecé a tocar más sus pechos, a amasarlos y a retorcer sus pezones, ya empezaba a gemir de nuevo. Le obligué a abrir sus piernas abriendo yo las mías, llevé mi mano a su sexo, sus labios menores sobresalían mucho y estaban ya abiertos, comencé a describir una O por el exterior de los labios, sin meter los dedos, cada vez que pasaba por su clítoris se agitaba e intentaba incrementar el roce. Cogí su mano y la llevé a su sexo, pero ella no se masturbaba, enterré dos dedos en su chochito, con la otra mano le tocaba sus pechos.

  • Me quiero meter en tu culo.
  • Sí, sí, pero trátame con cariño, por favor.
  • Mi polla sí que necesita tu cariño.
  • Es verdad, soy una desconsiderada.

Se arrodilló entre mis piernas y me la chupó con ganas, lamía el tronco y luego la engullía hasta dentro mirándome a los ojos, apretando los testículos, no quería correrme demasiado pronto, así que la levanté y le dije que cogiese crema hidratante para lubricarla. Le lamí su chochito y el culo, metí un dedo y muy pronto fueron dos,

  • Ya tienes dos dedos dentro, mi polla te cabe perfectamente ahora.
  • ¡Métemela ya, me falta poco!

Coloqué mi polla en la entrada y empujé, entró con mucha facilidad,

  • ¡Oh Dios! ¡No me duele!

Ella misma empezó a culear de inmediato, notaba su esfínter apretado, pero no tanto como yo esperaba,

  • ¿Vas bien, preciosa? – le pregunté.
  • ¡Sí, siiiii! Me quema, me quema, pero me gusta.

Comencé a acariciar su coñito hasta que se corrió gritando. Se salió y me dijo que quería darme las gracias de una forma especial, me tendí en la cama y me la empezó a chupar y a masturbar con sus tetazas, no tardé demasiado en explotar entre sus pechos, ella se extendió mi leche con sus manos. Me pidió que durmiese allí, así que dormí agarrando una buena teta como solía hacer con Sandra.

A la mañana desperté muy tarde, mi inglesita estaba ya desayunando. Llevaba una bata sin nada debajo, me senté en una silla, la miraba cada vez que hacía algún movimiento para poder ver su cuerpo, provocando que se pusiese roja. Al final del desayuno fui hacia ella y le abrí la bata,

  • Te quiero así, me gusta verte desnuda, me gustan las mujeres que no tienen vergüenza.
  • Eres el segundo hombre a parte de mi ex marido que me ha visto desnuda y me ha hecho el amor. De hecho me has hecho cosas y yo he hecho cosas que no he hecho con mi marido en 20 años de matrimonio.
  • ¿Qué pasó? Si puedo preguntarte.
  • Que las secretarias de veinte años tienen el cuerpo más firme que yo.

Tiré de ella para que se sentase sobre mí, cara a cara. Yo ya tenía mi polla bastante dura, ella lo notó, me sonrió, bajó su mano a mi slip y me besó pegando sus pechos a mí,

  • Te quiero dentro.
  • Tengo algo preparado para ti… – le dije.

La besé y la llevé al baño, me metí en la bañera y le indiqué que se metiese conmigo, gradué el chorro de agua caliente y lo puse para que cayese sobre su clítoris,

  • ¡Dios qué bueno!

El golpeteo del agua era como un vibrador aplicado en su sexo, llevé mi mano a su pubis y comencé a masajearlo,

  • Quiero que te masturbes para mí – le dije al oído.

Ella bajó su manita y comenzó a acariciarse con movimientos circulares, de vez en cuando dejaba que el chorro le cayese de lleno, me parece que le había descubierto algo que le gustaba de verdad.

  • Mete un dedo dentro y luego vete metiendo más si te apetece y no olvides tu clítoris.

Metió un dedo y con la otra mano se frotaba el clítoris, enseguida otro y otro más, sus dedos se agitaban cada vez más hasta que se corrió apretando fuertemente su mano entre sus piernas y tirando bastante agua fuera de la bañera.

  • ¡Oh Dios mío! – dijo ella tapándose la cara con las manos.

Le retiré las manos con cuidado y le pregunté qué le pasaba,

  • Nunca me había masturbado y ahora lo he hecho delante de un desconocido.
  • Bueno, espero que no te sientas mal por ello.
  • Me siento sucia.
  • Disculpa por haberte insistido en que lo hicieses – le dije un poco arrepentido.
  • Me siento como una auténtica guarra, pero también me siento muy bien – me dijo agarrándomela.

Yo estaba muy satisfecho de mi inglesita y de que quisiese follar otra vez, pero quería guardar fuerzas para la tarde, ojalá tuviese el vigor y el badajo de Mario… Fuimos a comer a un restaurante cercano, esta vez sí que llevaba un escote generoso, más de una vez toqué la parte de sus pechos que sobresalía y el interior de sus muslos. Cuando estábamos a punto de terminar recibí llamada de Diana, me alejé un poco para poder hablar. Di me dijo que quería pasar la tarde con el chaval, le pregunté cuántos le había echado y me dijo que no me lo decía porque no lo creería. Luego volví a la mesa,

  • Disculpa, era una llamada importante…
  • No necesito explicaciones. Llevaba 3 años sin acostarme con nadie, no necesito una relación estable, sólo quiero pasarlo bien y si le eres infiel a otra persona… pues que se aguante, ya me tocó a mí antes muchas veces.

Miré el plato con mi helado casi deshecho y le dije:

  • Me encantaría echarte el helado en tus tetas y comérmelo.
  • Tengo helado en casa – me dijo mientras me besaba.

Lógicamente no tomamos café, en el ascensor le comí su chochito hasta que llegamos a su planta y luego follamos toda la tarde, se tragó mi semen sin pedírselo siquiera y por supuesto comí helado sobre sus tetas y en su coño. Nos despedimos con la promesa de que la llamaría en mi próximo viaje de negocios a Londres.

Quedé con Di en un restaurante un poco alejado del apartamento. Estaba preciosa, se notaba que estaba “bien follada”, le costó sentarse en la silla, seguro que habría acabado el tubo de bálsamo. Al día siguiente volvimos a nuestra casa, ella se quitó el tinte y volvimos a la rutina.

Como unos quince días después recibió la llamada de Mario y oímos en directo cómo se follaba a la novia del chulito, cómo chillaba y cómo le pedía más. Mi mujer ya está estudiando la posibilidad de irnos unos días antes de Navidades, pero lo tenemos difícil, quizá pueda venir Mario y encontrase en Madrid, pero ya os iré contando.

Bueno [email protected] yo ya he cumplido con Diana, ella me ha obligado a escribir el relato como condición para dejarme ver las imágenes de su aventura con Mario, espero que haya hecho la versión del director-actriz extendida… Muchos polvos para [email protected]

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

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