Deseos de dos juegos de tres.

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Después de nuestra primera fantasía que hicimos realidad en aquel baile, en el que yo coquetee con otro hombre en tu presencia, provocándole con insinuaciones y roces que lo invitaban a conocerme como mujer y que acabaron con caricias y besos íntimos originando una excitación, no sólo la de él y la mía, sino también la tuya, consiguiendo que nuestra complicidad y vida sexual fuera mayor, decidimos llegar a más, correr los límites, poner en práctica esa otra fantasía que no era más que una ampliación de la primera.

Para ello, empezamos a buscar a una tercera persona que se adaptara a nuestros gustos, que fuera simpática, elegante, educada y que deseara lo mismo. Al cabo del tiempo la conseguimos y nos citamos con ella, mejor dicho, me cité con ella para tomar un café y hablar.

Recuerdo que fue en el bar del mismo hotel en el que nos alojamos; él me llamó por teléfono y quedé en bajar, pero, al hacerlo, no lo vi, estuve esperando sin que apareciera. Subí a la habitación y le llamé, me contestó que había entrado pero que observó que yo estaba con un hombre. Me había confundido con otra mujer y así se lo hice ver, y tuve que convencerlo de ello. Volvimos a quedar y, en esta ocasión pensé que sería divertido provocarlo, jugar con su hombría y comprobar su control, pero de una manera que no le hiciera perderme el respeto, ni parecer ordinaria, así que decidí prescindir de mi sujetador, ocasionando que mis senos se percibieran fácilmente a través de la blusa de gasa que además contaba con escote suficiente para que notara la tersura y forma de ellos. Al bajar nos encontramos, nos saludamos y nos sentamos a hablar. Me gustó su porte, su sonrisa fácil, pero me llamó la atención su timidez, su mirar hacia abajo. En días posteriores confesó que no era sólo timidez, sino que lo que miraba eran mis pechos, que asomaban en el escote y mis pezones que amenazaban con romper mi blusa, lo que le obsesionó y provocó ansiedad y deseo por volverme a ver.

Después de todo ello, tú y yo decidimos que era el hombre adecuado y, por ello, en nuestro siguiente viaje quedamos con él, de noche, para tomar una copa y ver qué sucedía.

Para el encuentro escogí un vestido que había comprado anteriormente pensando en ti, en tus gustos: rojo, con un top de seda que tenía un generoso escote y que dejaba parte de mi espalda al descubierto. Al llegar al local él ya estaba esperando; después de saludarnos dimos un paseo por el local, riéndonos de sus instalaciones y de todo aquello que veíamos. Luis (que así se llama) y nosotros, nos sentamos, pedimos de beber, charlamos y nos reímos, pero tú, pronto, te fuiste, dejándonos solos. Hicimos rápidamente buenas migas, nos reíamos en complicidad y al poco rato ya estábamos besándonos y acariciándonos. Su obsesión eran mis pechos y, por ello, no tardó en pedir permiso para acariciarlos, con delicadeza, concentrándose en su tacto, alabándolos mientras sus dedos de deslizaban sobre mi espalda y besaba con ansiedad mis labios. Pronto su mano se posó en mi muslo y, poco a poco, fui ascendiendo hacia mi sexo, tocándolo a través de mi tanguita; yo no pude evitar guiar mi mano hacia su cremallera, acariciándolo, notando su excitación. Sentí como el deseo subía por todo mi cuerpo y se acentuaba con su calor, tenía que parar, quería jugar con su ansiedad y con la tuya, porque me gusta ser mala y sé que os provocaba el juego. Así que te busqué con la vista, al encontrarte me levanté, me acerqué a ti y te arrinconé contra la pared, frotándome contra tu cuerpo, mientras mi boca se fundía en la tuya, hasta que noté la dureza de tu pene en mi muslo, lo que provocó un movimiento de vaivén, un apretarme más. Cuando ví que me deseabas, me aparté de ti y, abandonándote, volví con Luis.

Al volver me senté a su lado, dejando que mi seno asomara por el escote descaradamente, sin vergüenza, y mi mano se posó sobre su pecho, bajando despacio hasta el cinturón, deteniéndose, para proseguir su viaje hasta alcanzar la cremallera, quedándose ahí para comprobar con diversión de que s

u excitación seguía exactamente igual que cuando me fui, tanto que nuestras caricias se hicieron más apremiantes, por lo que decidimos irnos, gozar de nosotros en la intimidad, junto a ti.

Llegamos al hotel, tú y yo empezamos a besarnos, acariciarnos con deseo, suavidad y ternura, él se acercó por mi espalda, posando sus labios sobre ella. Cuando empezaste a desnudarme, poco a poco, cerré los ojos, sentí como me quitabas el top mientras no besábamos, levanté mis brazos y sentí como la seda subía por ellos, dejando mis pechos libres de tabús y ansiosos por ser besados y tocados; después mi falda se soltó de mi cintura deslizándose por mis caderas, envolviendo mis muslos y resbalando por mis piernas, hasta caer al suelo, provocando que mi desnudez sólo estuviera protegida por la diminuta tanguita negra. Yo no me quedé quieta, te desnudé a ti, poco a poco, hasta notar el calor de tu pecho contra el mío, tu sexo buscando su fin, fue magnífico sentir su calor y erección entrando y saliendo entre mis muslos cerrados, y las manos de nuestro acompañante pellizcando mis nalgas y su respiración en mi nuca.

Me giré, y su boca hambrienta se fundió en mis senos mientras yo lo despojaba de su camisa y pantalón; fue bajando con su lengua por mi estómago y vientre, quitándome las braguitas, me abrió las piernas y se sumergió como un pez en las profundidades de mi intimidad, provocándome oleadas espumosas de placer.

Qué delicia!! De pie, con él de rodillas saboreando mis jugos y jugando con mi clítoris; tú a mi espalda, soportando el peso de mi cuerpo que amenazaba con desvanecerse, por lo que, despacio y delicadamente, me recostasteis en la cama colocándoos tú a mi izquierda y él a mi derecha.

Cerré los ojos y me concentré en el placer de notar sobre mi cuerpo, al mismo tiempo, dos tipos de caricias, de besos… y yo acariciar a dos hombres, un extraño y otro conocido y adorado. Sentí una mano que hurgaba en mi sexo, acariciándolo, prosiguiendo aquella excitación que poco antes se había iniciado, sentía unos dedos jugar con mi pubis, mi vagina… Otras manos y boca acariciaban con dulzura mis pezones, a punto de explotar, otros labios me besaban y una lengua se fundía con la mía, dibujando entre las dos la palabra sensualidad. Mis manos acariciaban dos penes distintos, dándoles movimiento y tensión. No pude resistirlo, el orgasmo llegó a mí como una tormenta de verano, dejándome dolorida y relajada.

Poco tiempo me dejasteis descansar, vuestros besos y caricias continuaron, él bajó y abriendo mis piernas introdujo su cara entre ellas, húmedas aún del reciente placer. Tú te dedicaste a besarme, acariciarme, susurrarme palabras de amor y deseo, contemplando mis gestos, oyendo mi respiración agitada y gemidos de placer supremo. Notaba el calor y suavidad de su lengua, de sus labios, bebiendo mis flujos e inspeccionando mi interior con sus dedos largos y delicados. Su boca era cálida y excitante que junto con tus caricias y palabras, hicieron brotar de mí gritos de placer mientras el calor subía por todo mi cuerpo, invadiéndolo de nuevo. No quería que el orgasmo llegara pronto, quería que fuera lento, suave, era un momento sublime y único, dos hombres dándome placer, dos hombres gozando de mi cuerpo, pero fue inútil, otra vez me invadió la misma sensación, pero esta vez sentí como mi cuerpo se elevaba, mis músculos se tensaban, mi mente se llenaba de una luz que fue muy intensa cuando llegó la explosión en mi sexo e invadió todo mi ser.

Después de recuperarme, me volqué sobre él, era mi turno, tenía que conseguir que sintierais esa misma sensación, que llegarais a la cúspide del amor. Le besé suavemente, con sensualidad, dejando que mi lengua acariciara la suya, mientras mis manos jugaban con su sexo, lentamente, sin prisas, notando el deseo y el dolor que provoca la excitación. Tú no dudaste, te introdujiste por detrás, entre mis muslos, en mí, imprimiendo un movimiento sexual lento, mientras tu respiración se agitaba, se hacía cada vez más rápida; mi mano seguía en su miembro, arriba y abajo, que se hizo más rápido cuando nuestro orgasmo llegaba, nuestras voces se unieron para anunciar su llegada, que fue triunfal, nuestros líquidos se mezclaron dentro de mí, sellando nuestro amor , complicidad y felicidad, s&oa

cute;lo tú y yo podíamos alcanzarlo, nadie más, es nuestro, solo nuestro.

Pero él? lo iba a dejar así? No, quería sentir cómo era su final, y que fuera yo, en tu presencia quién lo consiguiera; él lo deseaba, lo necesitaba y yo también. Empecé acariciando con mis manos y boca todo su cuerpo, hasta llegar al punto dónde residía su excitación. Mi boca se abrió para dejar paso a su sexo que, ayudada por la mano, lo mordió, besó, lamió, muy suavemente, para que percibiera la calidez de mi saliva, la tersura de mis labios, la presión de mi mano. Rápidamente noté que llegaba, fue rápido y brotó como la lava de un volcán, con furia, acompañado con sus gemidos y la tensión de su cuerpo.

Nos quedamos los tres callados, quietos, juntos y entrelazados, satisfechos y repletos. Convencidos que en ese juego nadie pierde, todos somos ganadores, aunque confieso, que yo más, fui deseada y amada por dos hombres, y provoqué el deseo y la excitación a los dos.

Luis se fue, quedábamos tú y yo, cariño, solos, juntos y pensativos. Mis pensamientos sólo demostraban amor y agradecimientos hacia ti. Y, a pesar de mi cansancio, de los momentos anteriores de sexo y placer, me faltaba algo; sí, lo sabías, nuestra intimidad, ese acto que sólo puede ocurrir entre dos personas que se quieren. Nos miramos, y nuestras bocas se unieron, nuestras manos no pudieron evitar acariciar ese cuerpo conocido y deseado, y, de pronto, sellamos nuestra satisfacción y complicidad, uniéndonos de la manera más íntima y tradicional, tu cuerpo sobre el mío, tu cara enfrente a la mía, mis brazos y piernas rodeándote con propiedad, mientras te noto dentro de mí, bailando y explorándome. Nuestros caderas empezaron a moverse al compás de la música del deseo y la excitación, cada vez más rápido, mientras de nuestras bocas salían cánticos de placer avisando la llegada de un orgasmo único y compartido.

Pero no creas que me olvido de mencionar a Luis, creo que para él la experiencia ha sido buena y satisfactoria, divertida y sensual, dejándole un buen sabor de boca. Como mujer, me ha resultado un chico agradable, dulce y mi recuerdo hacia él será siempre con una sonrisa de complicidad.

En fin, después de lo vivido, notamos que nuestra unión había aumentado, ya no existían secretos entre nosotros, nuestra confianza y complicidad había llegado al límite, nos sentimos una única persona, con los mismos gustos y deseos. Todo fue tan satisfactorio que, con el tiempo, decidimos seguir buscando maneras y momentos para poner en práctica esas otras fantasías que rondaban nuestras cabezas, porque sabemos con certeza que ellas nos hacen querernos más, entendernos, ser felices juntos. ¿Cuál sería la próxima?. ¿Cómo será compartir todo esto con otra pareja? No ser yo la única que perciba las caricias de otro hombre, sino tú la de otra mujer, y saber que ellos también son cómplices, que piensan lo mismo que nosotros. Tiene que ser maravilloso y especial, se mezclarían el sexo, morbo, celos, complicidad, cariño…. Tantas cosas!!!. Así que esa será nuestra próxima experiencia, una nueva vivencia para contar.

Autor: Mar Azul

Mar_azul76 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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