Doali

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La hice que se acostara en la cama, la coloqué boca abajo y sin pensarlo mucho metí dentro de ella mis 15 cm. de placer. Al principio un mete y saca algo lento y después, debido a la gran excitación, las embestidas eran más constantes.

Ella era casada, feliz y tenía dos hijos cuando la conocí. Mi esposa nos presentó cuando acudí a la cita para conseguir trabajo. Ella necesitaba un diseñador gráfico y yo necesitaba el puesto así que desde entonces trabajo para ella.

Su nombre: Doali, a la fecha 39 años de edad casi una “señora de las cuatro décadas” y “pisadas de fuego al andar” -como diría Ricardo Arjona- con una voz agradable, sensual, pausada y esos gestos que podrían derretir al más frío de los hombres, una mirada a veces serena, a veces alegre, pero otras, intensa y casi quemante como queriendo adivinar los pensamientos. Con un cuerpo –ciertamente no de colegiala, pero muy bien cuidado- bastante atractivo, con unas nalgas redondas, tanto como sus senos que de solo verlos por encima de su ropa, me excitaba y no pocas veces terminaba en el baño masturbándome a su salud o haciendo el amor con mi esposa pensando en ella.

Me gustaba como se vestía en general, siempre bien arreglada, pero a veces su vestimenta era un poco más atrevida: una falda un poco más corta y pegada, un pantalón más ajustado, un escote de ensueño… en fin. Desde el día que me contrató hasta hace sólo unas pocas semanas se había mostrado un tanto seria con sólo algunos contados destellos de picardía, lo que me hacía pensar que nunca se fijaría en mí más de lo que lo había hecho hasta entonces: como un simple empleado suyo. Me preguntaba si algún día yo podría ser algo más que su empleado, me conformaría con sólo un encuentro apasionado en el que pudiera “besarle hasta la sombra”. Imaginaba lo que sería rozar su piel, acariciar su espalda, besar su cuello, sus hombros, tocar sus senos, sentirlos; me veía besándolos, oliéndolos y hasta lograba notar lo excitado de sus pezones que al contacto con mis manos y mi boca se endurecían cada vez más.

Escuchaba su respiración que al igual que la mía aumentaba en ritmo y fuerza hasta convertirse en gemidos. Poco a poco la besaba toda, recorriéndola con mis labios y con mi lengua, haciéndola estremecer al llegar a su entrepierna donde encuentro su tesoro, el cual tenía un aroma exquisito y un sabor todavía mejor, como un mango dulce, jugoso. Me deleitaba lamiendo, chupando, saboreando ese manjar, oyendo sus gemidos y gritos apagados del placer que esto le provocaba. Le escuchaba pedirme que siguiera, que no me detuviera, que estaba en el paraíso, que quería sentirme dentro. Por supuesto que yo también deseaba abrir ese cofre y disfrutar del tesoro que aguardaba dentro; así que me dispuse a cumplir sus deseos y comenzaba a acomodar su cuerpo con el mío para poder traspasar el umbral del deseo… cuando llega una persona al mostrador y me pide un presupuesto.

Regresé a la normalidad. Ahí estaba yo como siempre resignado a no poder estar con ella a solas para hacer realidad mis fantasías teniendo que conformarme con su presencia de lunes a viernes de 10:30 a 14:30 si me iba bien. Hasta que hace algunas semanas la computadora de sus hijos sufrió un desperfecto y me pidió que la revisara. Yo acepté y acordamos que iría por la noche. Cuando llegué, ya por la noche, su esposo me abrió la puerta y me dirigió a la recámara de sus hijos donde se encontraba la computadora, entonces la pude ver caminar por el pasillo, se veía como siempre, bella, apetecible. Apenas pude resistir el impulso de tocarla, pensando que estaba su marido y en que tal vez ella me daría una “bofetada que me ‘dislocaría’ el amor”. Me marché cuando terminé de reparar la P.C., de camino a casa me resolví a no dejar pasar la primera oportunidad que se me presentara para decirle que me traía loco por ella y plantarle un beso de antología aunque eso significara el fin de la relación laboral.

No tuve que hacerlo, porque un día de esos que llevaba puesta una blusa pegadita al cuerpo y con un escote generoso, se dio cuenta que yo no dejaba de mirarla y que me ponía nervioso así que sin más ni más, me dijo: “¿qué tanto me ves?”  Yo, que de por sí estaba muy nervioso, me puse como tomate y sólo atiné a decirle “na, na nada” “¿cómo que nada? Si no me quitas los ojos de encima” “es que…” en eso recordé lo que me había prometido a mí mismo sobre no dejar pasar ninguna oportunidad y le dije: “es que no puedo dejar de verte, me tienes como idiotizado con ese escote tuyo, no soy de palo como para ignorarte”.

Entonces le cambió el semblante y dándose cuenta de lo que ocurría me dijo en un tono un tanto cuanto más descarado: “ah, con que estabas mirando mis tetas” y al tiempo que lo decía se tocaba los senos por encima de la blusa. Yo le dije que sí y que ella tenía la culpa por tener esos pechos y vestirse de esa forma tan provocativa.

Esbozó una sonrisa y me dijo que algún día me dejaría tocarla, pero eso ‘sería en otra ocasión porque los dos somos casados y no queremos que nuestras respectivas parejas se dieran cuenta de lo que sucedía’. Pasaron los días y ninguno de los dos tocábamos el tema hasta que me dijo que ‘nuevamente se había descompuesto la computadora de sus hijos y quería que la revisara porque la necesitaban mucho’.

Cuando llegué a su casa me llevé la sorpresa más grande de mi vida: no estaba su familia porque sus hijos habían ido a una fiesta y su marido había llamado para avisarle que saldría de la ciudad y llegaría tarde a su casa. Fue entonces que me di cuenta que era mentira que la computadora necesitara alguna reparación, ya que sólo había sido un pretexto para que yo estuviera con ella. De pronto, al estar revisando la máquina sentí sus manos sobre mis hombros, que acariciaban y daban masaje. Al instante reaccioné y comencé a excitarme tanto que tuve que voltearme y comenzar a besarla de la forma más apasionada que lo había hecho en mi vida, estaba ansioso por desnudarla, pero me tranquilicé y me decidí a disfrutar la ocasión.

Seguí besándola más pausadamente, lentamente, como lo había imaginado. Poco a poco fui quitándole el broche de su pelo, acariciando sus mejillas y besando sus orejas, mientras ella se estremecía y rodeaba mi cuello con sus brazos, no podía creerlo, estaba en las nubes. Comencé a desabotonar su blusa, tan blanca como estaba mi mente en ese momento, sus pechos quedaron casi al descubierto si no hubiera sido por ese sensual brassier de encaje que hizo volverme más loco de lo que estaba. Con cuidado se lo empecé a quitar al tiempo que ella me quitaba la playera. Nos seguimos besando, pero ahora yo acariciaba sus tetas tan cálidas y suaves como me lo imaginé y tan firmes como lo presentía, era una delicia acariciarlos y besarlos mientras que yo comenzaba a notar que se estaba excitando porque sus pezones se endurecían poco a poco, lo que me dio la pauta para deslizar el cierre de su falda, lo que permitió que quedaran al descubierto esos muslos tan bien torneados que ella usaba para aprisionarme y acariciarme a su modo.

Dejé que me quitara el pantalón, lo que hizo muy despacio, se tomó el tiempo para disfrutarme, me besó, y tomó mi pene con una de sus manos mientras que con la otra terminaba de quitarme el bóxer. Nuestra respiración se volvió tan fuerte que se nos hacía casi imposible el hablar, haciéndolo sólo para pedir más. Después de haber estado besando, algunas veces mamando sus tetas, la recosté en el escritorio y me dirigí a besar su entrepierna que para entonces estaba húmeda, lista para deleitarse con esas chupadas que le esperaban. Y así lo hice, chupaba, besaba, lamía y mordisqueaba su vulva y especialmente su clítoris. Estuve un buen rato haciéndolo cada vez más fuerte y más rápido hasta que logré que se retorciera de placer y escuchara sus gemidos que indicaban que había tenido un orgasmo. Fue grandioso y excitante escucharla, pero tan pronto se repuso continuó con lo que empezó volvió a agarrarme el pene y esta vez no lo soltó, al contrario, me masturbaba y me subía a las nubes. Yo solo cerraba mis ojos y cuando menos lo esperé, metió mi pene en su boca, estremeciéndome tanto que estuve a punto de eyacular en su boca.

Me retiré de ella para tranquilizarme un poco, pero de nuevo me atrajo hacia sí y siguió con la primer mamada de mi vida (mi esposa nunca lo quiso hacer), hasta que no pude más y me vine en su boca. Estaba fuera de este mundo, no podía creer que mi patrona y yo algún día estuviéramos en esta situación. Ella salió de la recámara para ir a enjuagarse, pero yo quería saber lo que era follármela así que apenas me repuse un poco, empecé de nuevo a besar su cuello mientras que se lavaba las manos y la boca, me dijo que había sido fantástico.

Seguí besando su cuello y su espalda a la vez que con mis manos le acariciaba su sonrisa vertical, lo que hacía que ella se pusiera a mil. Fue entonces que me decidí a atacar: la llevé hasta su recámara y la hice que se acostara en la cama, la coloqué boca abajo y sin pensarlo mucho metí dentro de ella mis 15 cm. de placer. Al principio un mete y saca algo lento y después, debido a la gran excitación, las embestidas eran más constantes, casi vuelvo a eyacular, pero antes quería darle por atrás así que aprovechando la humedad de su vagina, empecé a rondarle su culo tan apetitoso como su cortada.

Después de unos momentos de intentar meterle mi palo su orificio por fin cedió, tener mi verga dentro de su culo era impresionante. Ella por supuesto que se quejó al principio porque nunca había permitido que su esposo le diera por ahí y por eso le dolía un poco, pero conforme fueron transcurriendo los minutos se fue relajando hasta sentir un enorme placer. Pienso eso porque ahora ya no se quejaba sino que se movía adelante y atrás como pidiendo que se lo clavara hasta el fondo. Yo aproveché para acelerar mis embestidas y cada vez le daba más y más “rápido y furioso” y al cabo de unos 15 minutos dije: “tómala que es toda para ti” no aguante más la excitación y le arrojé toda mi leche en su interior.

Se pasó tan rápido el tiempo, que estuve como tres horas y se me hicieron tres minutos. Doali resultó ser fantástica para esto, que me encantaría repetirlo y a ella también, según me dijo. Pero tenemos que tomarlo con calma para no ser descubiertos por nuestras parejas. Si ocurre de nuevo, les contaré como fue, mientras tanto espero su opinión sobre este relato.

Autor: chikoganoso

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Escrito por Marqueze

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