Por ser un buen perrito

Relato erótico dominación femenina
Relato erótico dominación femenina

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Algunas veces, en la madrugada, tengo la costumbre de citar a alguno de mis perritos. Me gusta saber que siempre están ahí dispuestos…

Esa noche ya se había hecho muy tarde y realmente me había levantado con ganas ese día. No lo dudé cogí el teléfono y marqué los 7 dígitos de mi putito preferido, el teléfono sonó varias veces hasta que al otro lado de la línea se oyó un voz apagada – ¿Aló? Me sonreí y le ordené: Esa no es la forma de contestarle a tu condesa, puto de mierda. Te espero en 20 minutos en esta dirección (Este es un parque que acostumbro visitar) – Oí la vacilación de su voz, pero sabía que obedecería y colgué.

El parque por supuesto absolutamente solo y allí estaba él, esperándome, habían pasado ya más de 20 minutos, me buscaba con su mirada, veía en su cara la duda de mi llegada. Yo iba con una falda, unas sandalias de tacos altos y una pequeña camisa que deja ver mis atributos. Cuando me vio se levantó presto a ir a mi encuentro, con un gesto lo detuve y le hice bajar la mirada, le ordené sígueme. Estaba sudando cuando comenzamos a bajar las escaleras del edificio, nos dirigíamos al estacionamiento. (Me encantan los sitios públicos), conté los carros, ya todos estaban en su casa durmiendo, sin saber las maldades que haría yo sobre sus autos, este pensamiento me hizo estremecer y sentí como se mojaba mi concha.

Lo hice detenerse en mitad de los carros, el cemento y la suciedad de la atmósfera y le ordené: Arrodíllate y besa mis pies. Sentí como sus labios tocaban mis dedos, comenzó a recorrerlos y se comenzó a emocionar, ya no los besaba, los lamía, su lengua recorría por entre mis dedos, por mi empeine, por mi tobillo.

Me gustaba, así que le dije: Acaso te permití lamerme, perro, es acaso lo que quieres ser hoy.-Se detuvo- Bien perrito, al parecer hoy quieres portarte bien, pero nunca he visto un perro vestido, así que desnúdate – se quitó toda su ropa, yo me alejé y lo observé, no se porque estaba sudando así que le dije: Qué estás nervioso, me extraña, tú sabes muy bien que se cuidar de mi perrito preferido, ven aquí- El se arrastró en cuatro patas hasta que estuvo cerca de mí, yo ya me había dirigido a un cuarto útil del que tengo llaves y había sacado un par de juguetes.

Bueno perrito,-le dije arrodillándome a su lado, mientras le colocaba una cadena a su cuello- Hoy aprenderás un par de trucos- en mi otra mano llevaba un cable de teléfono que gritaba ya por su piel, pude ver como sus ojos se abrían mientras lo azotaba, primero suavemente para poner la carne ligeramente rosada, mientras le decía – Tú, perro, te haz portado muy mal esta semana, te he visto hasta muy tarde en el Chat y no me has pedido permiso, acaso crees que puedes hacer lo que se te venga en gana- de vez en cuando le lanzaba un azote duro que rasgar un poco su dulce carne, él solo se estremecía y mantenía su mirada baja- ¿Qué tienes para decir?- iba a comenzar a hablar, pero lo detuve con un azote fuerte sobre su blanca nalga- No sabía que los perros hablaran… aúlla como perro que eres, que no te oigo -comenzó a gemir y aullar en modo suplicante.

Sentí como mi concha estaba totalmente húmeda y caliente, mi clítoris estaba duro debajo de mis bragas, no podía aguantar más, él seguía gimiendo y lamiendo mis piernas blancas, me recosté contra uno de los autos y subí mi falda, hice a un lado mi pequeña tanga y dejé a su vista mi húmedo coño- Chupa perro , chupa-le dije, sentí su aliento acercándose contra mi concha y su húmeda lengua sobre mi clítoris, comenzó a chupar como loco, con pequeños círculos su lengua limpiaba las gotas de fluido que habían rodado por mi concha, como una serpiente era su lengua, yo gemía de placer, y podía ver como él lo disfrutaba, su pene comenzaba a erectarse, pero mis juegos de dominación total todavía no habían comenzado.

¡Detente!, mi voz sonó fuerte y clara, en aquel lugar, se detuvo, podía ver la confusión en sus ojos. Acaso te di permiso de disfrutarlo, levántate párate junto a la columna. Cogí unas cuerdas que ya tenía listas y comencé a amarrarlo a la columna, aún no me había bajado la falda y mi coño todavía estaba al aire, así que mientras lo amarraba le acercaba mi concha a su cuerpo lo más posible, para que así no perdiera su erección, en los últimos nudos le respiraba junto a su cuello, quería que me sintiera… Él me miró y yo acerqué mis labios a los suyo.

-¿Quieres probar mi boca? -Si, mi condesa -¿Crees que te lo mereces? -No mi condesa – Entonces Mi mano zumbó en el aire y fue a dar contra su cara.

-Como pretendes ganártelo, puto de mierda, eso es lo que eres un puto que solo desea lo inalcanzable, sabes que nunca me tendrás, si yo no lo deseo, que no eres lo suficientemente bueno para mí. No tienes ni derecho a pensar en mí, yo se que lo has hecho, ¿verdad? Mientras decía esto le pellizcaba los pezones con mi uñas. Su verga estaba grande contra mis piernas podía sentir como se humedecía mientras entre gemidos me decía

– Si, no hago si no que pensarla mi condesa, soy malo perdóneme

– No mereces mi perdón, cosa insignificante, gusano

Mi mano otra vez contra su mejilla, me alejé de él, y me acomodé mi falda me senté contra el capot de uno de los carros, para quedar siempre frente a él. Él siempre, con la mirada baja, que buen putito tenía, pensaba.

-mírame, le grité, él levantó sus ojos y así estuvimos un rato hasta que no pudo más y los apartó.

Yo ya tenía otra cuerda en mi mano, esta era muy áspera, su erección ya había disminuido un poco, así que me acerqué a sus bolas y comencé a enredarle la cuerda a su alrededor, él sin poder moverse, miraba como mis manos iban lentamente cerrando sus bolas en una prisión la cual se iba haciendo mucho, pero mucho más pequeña, sus bolas comenzando a estrangularse por la presión de mis manos sobre la cuerda.

Él está conociendo ese placer que siempre acompaña al dolor, el placer que provoca la dominación saberse en manos de otros, su Ama, yo, en este caso. Podía ver el orgasmo en su cara, sus bolas eran pequeños círculos morados entre la cuerda, gemía, gritaba….pero no pedía que me detuviera y eso me molestó, así que paré, le desaté sus bolas, mientras lo maldecía, le decía lo malo e insignificante que era, dejé la cuerda a un lado y fui por mis tenazas y una pequeñas pinzas que puse en sus pezones mientras con mis tenazas comenzaba a mordisquearlo, solo hasta dejarle una pequeña marca, le desaté una sola mano y como premio a su buen comportamiento lo dejé tocarme, su mano temblorosa se apoderó de mi pecho, lo palpó, lo estrujó y pude ver como otra vez su pene se ponía erecto y dispuesto, le metí su mano por mi camiseta, sintió mi pezón duro y lo pellizcó… con mi mano libre le llevé su mano por debajo de mi falda, quería que tocara mi jugoso coño.

Mientras él me tocaba comencé a besarle y a decirle que había sido mi buen perrito que hoy lo premiaría como nunca lo había hecho, mis palabras a su oído, cumplieron su cometido y su pene comenzó a humedecerse de nuevo, mis manos lo desataron, solo para darle un poco de libertar mientras mi boca bajaba por su pecho y se topaba con su verga grande y dispuesta, comencé a mamarlo.

Me gustó el sabor de su lubricante, se lo mamaba y mordía y él solo sostenía mi cabeza con sus manos, podía sentir sus gemidos de placer, me gustaba tragar esa verga rica y dura, podía sentir que estaba a punto de venirse cuando me detuve, mis manos buscaron la navaja y corté sus cuerdas. Me levanté del todo mi falda, dejé mis tetas al descubierto y me recosté boca abajo sobre el capot y le ordené: Fóllame ahora. Se acercó a mí, sus manos, me tomaron por la cintura y comenzó a penetrarme. Duro, le grité, Hasta tus bolas, mételo todo, vente sobre mi culo.

Él me cogía como un animal podía sentir su sudor, su verga penetrándome Lady Bathory, no se cuantos orgasmos tuve, solo se que fueron muchos, me corría una y otra vez y él no paraba, hasta que le oí decir me vengo.

Su leche inundó mi nalga, se restregó con su verga en mi culo, pude sentir su calor. Se desplomó sobre mí. Al terminar le hice lamer su desastre, me vestí y le ordené hacerlo y salimos de allí, él cogió su camino y yo el mío.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

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