El baile de las mariposas

Javi era un tipo normal, ni guapo ni feo, ni alto ni bajo. A sus 40 años no se podía quejar de la vida que tenía. Su condición de directivo de una multinacional le permitía llevar una vida acomodada aunque sin excesos. Estaba casado con Marta. La conoció en un cumpleaños de una amiga común. Cuatro años de noviazgo, boda, y a los cinco años nació Laura, la pasión de su vida. Todo muy normal.

 

Se pasaba las semanas viajando por toda España. Eran viajes profesionales con la misión de visitar clientes especiales con los que había llegado a crear algo parecido a una amistad. Le gustaba su trabajo y se le daba bien, ya que su don de gentes y su actitud positiva y conciliadora era muy valorada tanto por la empresa como por los clientes.

Entró en un kiosco de prensa de un aeropuerto para comprar el periódico. Añoraba cuando en los aviones te ofrecían prensa, refresco “¡Coño, hasta se podía fumar! “Ese era uno de los temas que peor llevaba. De pronto, hojeando las portadas de las revistas, leyó un titular de contenido: “¿Eres feliz?” En ese momento no se dio cuenta pero acababa de entrar en su cerebro una bomba de relojería.

 

Ya sentado en el avión, con el señor dormido a su lado que de vez en cuando apoyaba la cabeza en su hombro (si se lee la letra pequeña ya viene incluido en el billete) y maldiciendo el que a nadie se le ocurriera poner en marcha una línea aérea para fumadores  “a alguien se le ocurre hacer una comida específica para gatos castrados pero a nadie se le ocurre hacer viajes para fumadores ¡manda huevos!”  empezó a hacer efecto  ese detonador retardado. “Anda, que me pregunten en este preciso momento si soy feliz”. Ya está, la picada había hecho efecto y el veneno se estaba esparciendo por su cuerpo. ¿Qué es ser feliz? ¿Vivir tranquilo? ¿Si Carlos viviera su vida sería feliz?

 

Carlos era su hermano. Dos años menos que él era soltero de profesión. Una noche empezó a contar los ligues que había tenido (los que conocía, claro) en lugar de contar ovejitas como método para conciliar el sueño. Al cabo de un par de horas se dio cuenta que no había llegado ni a la mitad y que recordar aquellos pedazos de hembra le había provocado tal erección que empezaba a notar mareos por la falta de riego sanguíneo en su cerebro. ¿Quién era más feliz de los dos?

Llevaba quince años de casado y había visto como el amor se estaba convirtiendo en cariño, como la pasión se estaba diluyendo como un terrón de azúcar. Quería a Marta, pero los años van modificando la definición del amor. Todo este combinado se acelera con el nacimiento de Laura. Un hijo es lo más maravilloso que te puede ocurrir, pero es el punto de inflexión en los lazos de pareja. Y no digo que sea malo, si no diferente. En el manual de padres que tendría que haber escrito el capullín que se inventó la comida para gatos castrados y no perder el tiempo en tonterías debería de estar incluida la indicación “ser padres os hará muy felices, pero follaréis menos”.

 

¡Mariposas! Eso es lo que le faltaba. Volver a sentir las mariposas en la barriga. Echaba en falta esa emoción. ¿Estarán muertas? ¿Dormidas? En eso que nota algo en su hombro. Es el pasajero que vuelve a apoyar la cabeza dormido. Ya no sabe si darle un codazo o acurrucarlo.

 

El resto de la mañana transcurrió con normalidad entre visitas. Al terminar la reunión de las 12 el cliente le invitó a tomar una caña. El bar estaba bastante lleno. Le explicó su cliente que ese bar era célebre por los pinchos que ofrecían, y la verdad que lo que se veía en el mostrador que había sobre la barra tenía un muy buen aspecto.

 

Cuando estaban a mitad de la caña entró una pareja. Se pararon, miraron buscando sitio y cuando el nombre vio a mi acompañante se dirigió hacia él estrechándole la mano. Seguidamente ella le dio dos besos y su cliente les presentó a Javi. Eran un matrimonio propietarios de la tienda de telefonía que estaba al lado del bar. En seguida su cliente sacó el tema de que quería cambiarse de móvil y empezó un largo diálogo entre él y el marido que después de 2 cañas estaba en su punto álgido. Javi y Malena (así se llamaba ella) eran espectadores silenciosos de una conversación que no les entusiasmaba. Él se fijó un poco más en ella. Tendría su misma edad, y era guapa. Más que guapa, femenina. Vestía una camisa blanca que por el escote dejaba entrever las puntillas de un elegante sujetador. Falda a las rodillas, medias camel con un bordado lateral y unos elegantes zapatos de tacón. Sutilmente maquillada y con una sonrisa simpática que hacía que su elegancia natural no se convirtiera en arrogancia.

 

En medio de la conversación Malena le pidió el encendedor a su marido. Quería salir a fumar un cigarrillo. Él le contestó que lo había dejado en el coche por lo que Javi le ofreció el suyo.

 

-¡Ah! ¿Tú fumas Javi?

 

-Sí, es uno de mis vicios

 

-¿Me acompañas?

 

Por mucho que Malena y Javi avisaron a sus acompañantes de que salían a fumar, éstos no desviaron sus miradas de la conversación ni las manos de su caña.

 

-¡Jo, parecemos leprosos! He intentado dejar de fumar pero soy incapaz. Lo dejé cuando me quedé embarazada pero hace 2 años volví a caer.

 

-Pues dejar de fumar es muy fácil, yo lo he hecho cientos de veces.

 

Y ahí explotó todo. Malena se rió de la ocurrencia de Javi y esa risa entró hasta lo más profundo de su médula.

 

-¿Eres de aquí Javi?

 

-No, soy de Barcelona y he venido a visitar clientes.

 

-¿Y viajas mucho? ¿Por toda España?

 

-Casi cada semana, especialmente a Madrid. Voy una semana al mes.

 

-¡Anda! Yo voy cada 15 días a Madrid. Hemos abierto una delegación allí y yo soy la responsable.

 

-Pues ya sabes, si un día estás por Madrid y no tienes mechero, me avisas.

 

-¿Por qué no? Pero no sé si debo. Los comerciales sois peligrosos. Un amor en cada puerto.

 

-Esos son los marineros.

 

En ese momento la vista de él iba de las puntillas del sujetador a su sonrisa, de su sonrisa a las puntillas,… “¡Joder, si se pusiera puntillas en la sonrisa sería más fácil!” Pero en uno de esos tránsitos se dio cuenta de que ella le había pillado mirando el escote. ¡Vaya pillada! Se puso rojo y le dio miedo la reacción que ella pudiera tener. De pronto ella sonrió coquetamente desviando los ojos de los suyos.

 

-Pues tú serás comercial, pero fijo que también eres marinero.

 

Malena apagó el cigarrillo y le preguntó si entraba. Javi le contestó que se fumaba otro, que enseguida se unía a ellos. Necesitaba que le diera el aire y que se borrara esa cara de capullo que se le había quedado. Vaya concepto se había llevado de él. No es que fuera un santurrón, pero tampoco un pichaloca. Desde que estaba con Marta había tenido 4 tropiezos y verdaderamente sin buscarlos. Si se hubiera dedicado en tiempo y alma podría haber aumentado sustancialmente su lista ya que era un tipo simpático, ingenioso y educado, pero no había estado por la labor.

 

Al entrar en el bar, su cliente y el marido estaban todavía discutiendo sobre teléfonos. Malena notó su presencia, se giró y le sonrió coqueta con un “hola marinero”. Una caña más y la conversación llegó a su fin. Entonces Malena le preguntó a Javi si no quería cambiarse el móvil.

 

-No, es de empresa, yo llevo el que me dan.

 

-Pues tendrías que tener uno privado Javi, vete a saber si los de tu empresa no controlan tus conversaciones. Julián, cariño, dale una tarjeta tuya a Javi por si se lo piensa mejor.

 

¿Una tarjeta del marido? Le desconcertó el tema a Javi, pero cortésmente la cogió y la leyó.  El logo de la empresa, Julián tal y tal, gerente, móvil, mail, dirección. Se quedó un poco decepcionado. Esperaba que estuviera la dirección de Madrid. Marta le miraba con atención y parecía leerle el pensamiento, le cogió la tarjeta le dio la vuelta, le miró a los ojos y se la devolvió. Por detrás ponía: “Nueva delegación en Madrid, C/…” levantó su vista sorprendido y se encontró…, sí, con una sonrisa coqueta.

Era primavera en Madrid.

 

Hacía ya más de un mes que había conocido a Malena y la verdad es que muchas veces se había acordado de ella. Cada vez que hablaba con una mujer y le sonreía le aparecía en su subconsciente la imagen de Malena. Pero en el fondo Javi era un tímido empedernido que a base de pundonor y de trato con la gente había conseguido conllevarlo y disimularlo. No se atrevía ir a verla, y cuantos más días pasaban más le costaba. Además ¿Había sido una invitación, un juego de coquetería o una simple cortesía?  Le daba miedo haber malinterpretado las intenciones de Malena. Se inventaba excusas para justificarse ante él mismo el no pasarla a ver.

 

En su siguiente visita a Madrid había ya casi decidido olvidarla, o al menos no irla a ver, porque olvidarla no podía. Frecuentemente le venía a su retina la imagen de esa mujer bella, elegante femenina. Al llegar al hotel, se puso a deshacer la maleta y se dio cuenta que se había dejado el cargador del móvil. “¡Mierda! Hace años que no tengo móvil propio y llevo gastada una fortuna en cargadores”. Y apareció de nuevo. Su imagen, su sonrisa, sus puntillas. Es una excusa perfecta para pasar a verla. Se encontró emocionado, parecía que su cerebro había pasado a modo turbo, las ideas se le agolpaban y le costaba asimilarlas. En la habitación había un espejo de cuerpo entero donde se vio reflejado y se le había puesto otra vez cara de gilipollas. “¿Qué te está pasando Javi?” Y se dio cuenta de golpe “¡No estaban muertas! ¡Las mariposas no estaban muertas, estaban dormidas!”

 

Se aseó, se cambió de camisa y se puso tanta colonia que si se entera la marca le hace socio honorífico. Cogió un taxi y le enseñó la tarjeta. A los pocos minutos estaba en la puerta de la tienda. Tenía dudas todavía si debía entrar o no, pero pensó que la excusa del cargador era estupenda. La verdad es que las mariposas no le permitían pensar racionalmente. Tenía muchas dudas y podía ser que esa semana no estuviera. “No pasa nada. Pregunto por ella, y si no está, compro el cargador y me voy”.  Entró y había una chica en el mostrador.

 

-Buenos días ¿Está Malena?

 

-Buenos días ¿De parte de quién?

 

-De Javi.

 

-Un momento.

 

La chica se fue detrás de una mampara separadora y escuchó como hablaban en voz baja.

 

-Malena, pregunta por ti un tal Javi.

 

-¿Javi? ¿Qué Javi?

 

Y apareció ella. Sólo necesitó un segundo para reconocerle y se le abrieron los ojos de golpe. Y brotó esa sonrisa que él tenía grabado a fuego en su memoria.

 

-¡Hola marinero! ¡Qué sorpresa!

 

-Hola Malena, espero no molestarte.

 

-Espera un segundo que cojo la chaqueta y me invitas a un café.

 

A los cinco minutos estaban sentados en una terracita con dos cafés por testigos.

 

-¿Qué? ¿Te has quedado sin fuego?

 

-No, no, que me he dejado el cargador en casa y he venido a comprar uno. Prefiero que hagan negocio conmigo mis amigos.

 

-No sé si es cierto, pero me encantaría que fuera una excusa (Dijo ella sonriendo).

 

Malena tenía la capacidad de noquearlo y automáticamente recuperarlo para seguir el combate.

 

-Pensaba que no vendrías a verme.

 

-Pues lo he intentado varias veces pero vengo siempre con la agenda muy apretada

 

-¿Tantas novias tienes en este puerto?

 

-No, no, hablo de trabajo

 

-Pero el día tiene muchas horas ¿No? ¿Trabajas a todas horas?

 

-No, claro

 

-¿Y qué haces fuera de horas de trabajo?

 

-Nada, me quedo en el hotel haciendo informes o viendo la tele

 

-Pues se me ocurren miles de cosas que se pueden hacer en Madrid

 

Estaba guapísima, más de cómo la recordaba. Incluso vistiendo un vaquero y un jersey de pico se la veía elegante.

 

-Javi, invítame a un cigarro que me he quedado sin.

 

-Claro ¿fumas mucho Malena?

 

-Bastante. Yo necesito un paquete al día.

 

¡Pum! ¡KO de nuevo! ¡Cómo jugaba con los mensajes entre líneas y las frases con doble sentido! Sabía utilizar el lenguaje corporal para expresar más que sus propias palabras. Cuando soltó la bomba del “paquete” estaba encendiendo el cigarrillo del mechero que él le ofrecía. Él se empalmó con la respuesta y ella, al bajar la cabeza se percató de ello. Cuando levantó los ojos le miró fijamente al tiempo que utilizaba esa arma de destrucción masiva que era una mezcla de sonrisa, sensualidad, coquetería e inocencia. Javi era un pelele en sus manos.

 

El combate, perdón, la conversación transcurrió por los derroteros que ella marcaba. Javi jamás se había sentido tan abrumado por una mujer. No sabía si era un exceso de mariposas o que había perdido práctica en los combates a corta distancia. Llevaban casi una hora hablando, cuando ella soltó:

 

-Javi, se me ocurre… ¿Qué haces esta noche?

 

-(Glups) Pues… creo que nada

 

-¿Crees que podrás cancelar las citas de tus novias por una noche y dedicarla a acompañar a una amiga?

 

-No tengo citas, y menos novias ¿Dónde quieres que te acompañe?

 

 -Un proveedor nos ha invitado a la presentación de un nuevo producto. Me da mucha pereza ir sola ya que siempre tengo que acabar parándole los pies a alguno ¿Me harías de guardaespaldas?

 

-Será un placer.

 

-Gracias, eres un cielo

 

Y Malena le dio un beso a Javi en señal de agradecimiento, pero fue un beso tan cerca de sus labios que la marca de pintalabios que le dejó parecía la continuación de su comisura. Ella tranquilamente cogió una servilleta y le limpió la marca no sin antes acariciarle un poco el labio inferior.

 

-No quiero que una de tus novias me coja celos.

 

-Que no tengo novias, pesada.

 

-Será porque tú no quieres.

 

-Malena, no sé si sabes, estoy casado.

 

-Todos lo estamos querido, todos. OK Javi, a las 8 me pasas a buscar por el Hotel de las Letras, en Gran Vía. La presentación es en el Gran Casino, que está a 2 minutos. Dices en recepción que me avisen.

 

-Allí estaré, a las 8, como un clavo.

 

Ella sonrió maliciosamente cuando escuchó esa respuesta.

 

-Me gustará que estés como un clavo. Por cierto: me encantará que me protejas tooooooda la espalda ¿Ya la has visto bien? Ahora cuando me levante y me vaya a la tienda observa lo que vas a cuidar esta noche, desde la nuca hasta los pies.

 

Malena se levantó, le lanzó un beso al aire, se giró y se puso a andar dirección a la tienda mientras se daba unas palmadas en el culo como si limpiara el pantalón. Javi tuvo que esperar un rato hasta que se le aflojara la erección que le había producido esa imagen. “Joder con las mariposas. Llevan años dormidas y vienen todas de golpe”.

 

El resto del día andó despistado. Se sorprendía en las visitas sonriendo mientras le explicaban problemas. Se preguntaba si estaba jugando en serio o sólo quería coquetear con él. La verdad es que varias veces se puso nervioso al notar que su otra cabeza estaba haciendo de las suyas.

 

Pasaba 1 sólo segundo de las 8 cuando entraba por la puerta del hotel. Claro que llevaba más de media hora haciendo tiempo por la calle. Había salido con mucha antelación porque no aguantaba más en su habitación. Se acercó a recepción y pidió que avisaran a Malena. El recepcionista buscó la habitación en el ordenador, llamó por teléfono, habló unos segundos y colgó. Cogió una tarjeta para abrir la puerta, la metió en un pequeño aparato y se la ofreció a Javier.

 

-La Srta. Malena ha dicho que suba a su habitación. La 233. Aquí está la copia de la llave.

 

Javi tardó en reaccionar unos segundos, o quizás fueron horas. “¿Qué suba a su habitación? A ver si hay suerte y no vamos ni a la presentación”. Cogió el ascensor, segunda planta, habitación 233, metió la llave, abrió un palmo la puerta, y dio unos golpes.

 

-Soy Javi ¿Puedo pasar?

 

Malena sacó sólo la cabeza por la puerta del baño mientras le decía con la mejor de sus sonrisas:

 

-Pasa marinero y siéntate. Perdona, pero me he retrasado. Prefiero que esperes aquí que no en la cafetería, no sea que te arrepientas y te marches corriendo ¿Qué haría yo sin guardaespaldas?

 

Malena volvió a esconder la cabeza y cerró la puerta. Bueno casi. Dejó unos 4 dedos para que se escucharan hablar. Javi pasó a la habitación y se sentó en un cómodo sillón.

 

-¿Qué tal el día? ¿Muchas visitas?

 

-Bueno, nada de especial.

 

-Perfecto, espero que no puedas decir lo mismo cuando te vayas a dormir”

 

No le vio la cara pero como si la viera. Seguro que esa sonrisa estaba ahí fija.

 

-2 minutos. Ya acabo.

 

En eso que Javi se fija bien y desde el reflejo del espejo de la puerta del armario se veía la abertura de la puerta del baño, pero no se veía nada. De pronto una imagen fugaz. No estaba seguro de haber visto algo. Y finalmente lo vio. Malena estaba en ropa interior. Se le veía un trozo de su cuerpo. Una  braguita negra que sin llegar a ser tanga no cubría demasiado. Le parecía blonda pero no estaba seguro. En la parte de arriba se veía un sujetador sin tirantes también negro.  Ella estaba de espaldas. Parecía que se estaba maquillando frente al espejo del baño. De pronto Malena se movió lateralmente y aparecieron sus ojos reflejados. Aguantó la mirada y le guiñó un ojo ¡Pum! ¡KO! Aguantando la mirada le dijo:

 

-Me visto y salgo.

 

Un par de minutos después apareció. Camiseta “palabra de honor” negra, falda negra ceñida hasta casi las rodillas, medias negras y zapatos de altísimo tacón azul turquesa que hacía juego con el ancho cinturón de Valentino. Javi  no entendía cómo podía tener la sensación biológicamente contradictoria de haberse quedado sin sangre y estar empalmado a la vez.

Malena se acercó a su neceser y sacó una pulsera de perlas naturales, se la colocó, sacó un collar a juego, se dio la vuelta y dijo:

 

-¿Me abrochas marinero?

 

Javi se levantó y rezó para que funcionara el ABS porque tenía miedo de no poder frenarse y llevársela directamente por delante. Cogió el collar y Malena se recogió el pelo de la nuca. Esa imagen sería otra de las que Malena tatuó en el disco duro de Javi en modo autoejecutable ya que meses después seguía apareciendo cuando menos lo esperaba. El apartó unos pocos cabellos que quedaban y al contacto vio como Malena encogía su cuello como reacción. Al abrocharle el collar Javi se entretuvo unos segundos más de lo necesario mientras Malena rotaba la cabeza.

 

-Necesito un masaje. Tengo las cervicales muy tensas.

 

-Pues yo soy bueno dando masajes.

 

Y cuando Javi empezó a apretar con los pulgares las cervicales de Malena esta se escabulló cual anguila dando un pequeño culetazo hacia atrás y notando la prominente erección de Javi. Cuando ella se giró vio que Javi se había quedado petrificado con los brazos extendidos y las palmas de las manos hacia dentro, los ojos como platos y un rictus inexpresivo. Le vino a la mente una escena de “El jovencito Frankenstein”  y le entró una risa incontrolable que despertó a Javi de su letargo.

 

Ya en el ascensor, Malena se acercó al oído de Javi y le dijo en un susurro:

 

“Marinero, he notado que te has traído el mástil del barco”

 

La cara de Javi pasó de blanco pálido a rojo semáforo encendido en milésimas de segundo. Es sorprendente como en estas situaciones la sangre puede movilizarse en masa del pene ala cara a la velocidad de la luz.

 

Ya en la presentación, Malena se movía como pez en el agua. Presentaba a Javi como un posible socio inversor de su negocio. Javi se consideraba un buen comercial pero en esos momentos vio que estaba a años luz de su acompañante que era capaz de vender hielo a los esquimales. Jugaba con su simpatía y feminidad con una elegancia que no daba lugar a equívocos. Eso no quita que sus contertulios perdieran el oremus ahogados en el escote de Malena, pero ella, con un cambio de tono de su voz los hacía volver a la realidad en cuanto le interesaba. Mano de hierro con guante de seda.

 

En algunos momentos las conversaciones paralelas les separaban en pequeños grupos. En uno de ellos, a Javi se le pegó como una lapa una señora que según su rostro y sus senos podría estar en los cuarentaitantos, pero sus manos y su escote delataban que perfectamente se podían sumar tres o cuatro lustros para acercarse a la fecha que indicaba su dni. Carolina, la portadora de esos senos que parecían haber sido tratados más por David Coperfield que por el Dr. Pitanguy, no le dejaba ni a sol ni a sombra. Cada vez que le quería decir algo se le acercaba a la oreja y le arrimaba un pecho al brazo. Malena estaba a escasos 3 metros de él hablando con uno de los organizadores pero como mujer estaba preparada para atender varios puntos a la vez. Se dio perfecta cuenta de cómo Carolina estaba coqueteando con Javi y le lanzaba miradas graciosas mientras Javi le suplicaba con los ojos que le rescatara.

 

Carolina no se cortaba, parecía de esas mujeres que pensaba que con dinero se podía comprar todo. Entre las joyas que llevaba encima, el Jaguar y el Aston Martin que enseguida le había dicho que tenía en su garaje y lo que se había gastado en operaciones de estética podía hacer frente con la deuda exterior de cualquier Grecia de turno. Una clara declaración de intenciones fue cuando al pasar un camarero ella se apartó y le metió mano directamente en el paquete mientras se mordía sutilmente el labio inferior y le mantenía la mirada a sus ojos.

 

La situación era kafkiana. El interlocutor de Malena con los ojos perdidos en su escote, ésta mirando divertida a Javi mientras él le devolvía la mirada con el mensaje “S.O.S” y Carolina mirándolo a él con cara de actriz porno. Malena se compadeció de Javi, se despidió de los organizadores, se acercó y le dijo al oído:

 

-¿Sigue en pie la oferta del masaje o prefieres acabar con Miss Potato?

 

-Claro que sigue en pie. Carolina, ha sido un auténtico placer.

 

Se alejaron hacia la puerta  mientras sentían la mirada de Carolina en modo laser quirúrgico atravesarles el cuello intentando decapitarlos.

 

 -Al final he tenido que hacerte yo de guardaespaldas.

 

-Gracias, lo necesitaba.

 

-Nada de gracias marinero, espero que seas mejor en los masajes que defendiéndote de acosadoras.

 

Parecía que ya las cartas estaban boca arriba. El corto trayecto hasta el hotel lo hicieron en silencio mientras Javi le pasaba la mano por la cintura y ella se acurrucaba a su costado. Al entrar en el ascensor se desató la lujuria. Sus labios se buscaron y dieron vía libre a sus lenguas. Fue un beso apasionado en el que las mariposas iban pasando de un cuerpo a otro mientras sus manos no dejaban de acariciar la espalda del otro. Sólo eran 2 pisos, fue corto. En cuanto se paró el ascensor se separaron unos centímetros y se miraron a los ojos. Los dos lucían una sonrisa que no daba lugar a dudas de lo que sentían.

Malena abrió la puerta de la habitación y Javi se abalanzó sobre ella, pero ella le frenó.

 

-Tranquilo marinero, este barco es tuyo esta noche, pero me gustan las travesías largas.

 

Se acercaron a la cama y vieron que habían hecho la cobertura. Estaba la cama abierta y sobre ella había un bombón, un albornoz, un antifaz negro y una tarjeta con el mensaje “Felices sueños”. Malena se fue hacia el baño y volvió con un frasco de aceite seco, se lo ofreció y él captó el mensaje. Javi se dio cuenta que al darle el frasco le estaba entregando el testigo, y lo aceptó con agrado. Era su momento.

 

Cogió el antifaz que estaba encima de la cama y se lo puso apartándole el pelo de los ojos. Al ver su iniciativa, Malena notó cómo se erizaba toda su piel y que en el justo momento que dejaba de ver todos sus sentidos se multiplicaban. La giró y empezó a acariciarle la nuca, a masajearle las cervicales de una manera suave. Empezó a quitarle la camiseta y ella instintivamente levantó los brazos. Después de despojarle la camiseta ella se quedó con los brazos apoyados sobre la cabeza y él le acarició los hombros. Le desabrochó el precioso sujetador y aparecieron un par de pechos preciosos. Claro que no estaban turgentes. La naturaleza sigue su curso si no se cruza con la cirugía, pero eso no quita que no fueran preciosos. Acercó sutilmente la yema de los dedos a los pezones casi sin llegar a tocarlos y salieron disparados como resortes. Eran enormes, casi como la falange de su dedo meñique. Separó sus dedos y sopló suavemente sobre uno de ellos y apareció el primer suave gemido de los muchos que oiría esa noche. La tumbó en la cama boca abajo, le quitó los zapatos, cogió el cinturón del albornoz y le ató las manos por encima de la cabeza. Hizo un nudo suave que ella podría haber desatado en cualquier momento, pero nada más lejos de sus intenciones. El sentirse atada y sin poder ver nada le producía un estado de excitación y morbo que no recordaba en años.

 

Se levantó y se quedó un rato viéndola. Estaba sólo vestida de cintura para abajo. La veía expectante y eso le gustaba. Tenía que hacerla sufrir un poco para aumentar la expectativa. Abrió el tarro del aceite, se puso en las manos y las frotó un poco para calentarlas. Se subió a la cama empezó a pasar el dedo pulgar a lo largo de toda su columna vertebral. Los gemidos se acentuaron y empezó a mover la espalda imitando al andar de una serpiente. Siguió con suaves caricias por detrás de las orejas, suave, con las yemas, justo detrás del lóbulo. De ahí fue pasando al cuello, la mandíbula, los labios. Al llegar a los labios ella le chupó un dedo como si fuera el tráiler de la película que venía después. Volvió a echarse aceite en las manos y siguió con los hombros, delicadamente, haciendo círculos. De vez en cuando apretaba un poco los pulgares para hacer presión. Pasó a la parte alta del cuello, ahí donde se junta con la cabeza. Ahí empezó ejerciendo un poco más presión ya que verdaderamente la notó un poco agarrotada. Ronroneos y gemidos, suspiros,… Esa era la banda sonora del momento.

 

Siguió bajando por la espalda dejando una estela brillante allá donde pasaba la yema de sus dedos. Parecía estar pintado un cuadro en el más suave de los lienzos. Pasó levemente por los lados de sus senos y vio como un escalofrío recorría su cuerpo. Llegó a su cintura alternando presiones y caricias. Las manos de Javi parecían estar moldeando en la arcilla de su espalda, y lo mejor es que lo estaban disfrutando los dos. Llegó a la cintura de la falda.

 

-Ya he acabado con la espalda ¿Quieres que siga?

 

-¿Quieres que te mate?

 

Ella estaba en una nube. La sensualidad y el morbo del momento la tenían emborrachada. Era tal su excitación que notaba los latidos de su corazón en el clítoris. Si no hubiera tenido atadas las manos seguro que ya lo habría acariciado. Se encontraba en lo más alto de la montaña rusa deseando que llegara a la cima para empezar la caída libre del orgasmo. Le desabrochó la falda y la sacó por los pies. Le costó un poco porque era muy entallada, pero el espectáculo que quedó ante sus ojos era sublime. Malena tumbada transversalmente en la cama, boca abajo, con las manos atadas sobre la cabeza, con la espalda desnuda y brillante por el aceite. Parte de los senos aparecían por los lados. Unas elegantes y sensuales braguitas negras tipo brasileña tapaban parte de su cintura y la división de los cachetes de su culo. Unos cachetes firmes, rotundos. Y para redondear el espectáculo, unas medias de seda negra al muslo. Si tuviera que dibujar su momento sensual preferido su imaginación no podría ni acercarse al que estaba viviendo.

 

Le acarició el culo durante un buen rato mientras ella gemía cada vez más fuerte y le pedía que no la hiciera sufrir más. Quería correrse ya. Él le separó las piernas y le acarició sutilmente la parte interna de los muslos, muy cerca de su sexo y notaba el calor y la humedad que desprendía. Con una mano fue bajando hasta el interior de las rodillas notando el suave tacto de la seda. Paró, y volvió a acariciar hacia arriba por el interior del muslo. Al llegar a la costura de la braguita saltó por encima y siguió justo donde terminaba la otra costura siguiendo por el otro muslo hacia abajo.

 

-¡Cabrón! Soltó ella con una voz melosa.

 

Javi sólo sonrió, sabía que la estaba llevando muy arriba y que era lo mejor para que la caída fuera estrepitosa. Con ambas manos en las rodillas fue subiéndolas hasta que llegó de nuevo a las braguitas, cogió las costuras, las levantó y se dio cuenta que tapaban un auténtico manantial de flujos. Separó los labios con las yemas de los dedos… y sopló.

 

Un grito desgarrador rompió el silencio. Se había prendido la mecha de un castillo de fuegos artificiales que nunca había sentido. Palmeras, tracas, truenos, todas las explosiones sincronizadas. Nunca había experimentado un orgasmo que saliera de tan adentro. Ni siquiera sabía que tenía un tan adentro. A pesar de tener el antifaz puesto notaba que se le había nublado la vista. Tenía ganas de llorar y reír ¿qué era eso que le estaba pasando? Y lo que más le sorprendió es que ¡ni siquiera le había tocado!

 

Fue largo, muy largo, muy intenso. Quedó rota. Sentía el propio peso de su cuerpo.

 

-¿Estás bien?

 

Y ella sólo contestó:

 

-Mmmmm, vuelvo a estar viva marinero.

 

Hasta aquí mi primer relato. Espero que os haya gustado. Continuaré con la historia según vea la aceptación entre vosotros. Agradecería vuestros comentarios y sugerencias al correo  [email protected]   Besos.

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