El Chat y Mari Carmen

El chat y Mari Carmen.

Mari carmen es una mujer increíblemente caliente.

La conocí a través de Internet. Uno de esos días aburridos en los que te conectas con intención de pasar el rato, charlar con alguien, pero nunca con la esperanza de conocer a alguna mujer y menos de ligar con ella.

Es probable que por eso mismo me pasó esto, suerte que ella quiso hablar conmigo y además yo estaba relajado por no estar pensado en ligar.

Yo entre con un nick que decía mi edad Jaime31, y ella tenía uno que decía la suya Estrella49, o algo así. La diferencia era tangible, pero no importante. Al menos no para mi.

Siempre había querido estar con alguien mayor que yo, pero nunca lo hice, no se si por vergüenza o por que al aparentar mucha menos edad de la que tengo, me ven mas infantil de lo que soy en realidad. No sé.

El caso es que esta mujer, digamos que se llama Mari Carmen (No voy a poner aquí su nombre), y que vive en la comunidad de Madrid, digamos en Tres Cantos.

Bueno, empezamos a hablar y pronto le pregunté si tenía Messenger, cosa a la que me suelen contestar que no o simplemente me ignoran. Esta vez me lo dio sin vacilar. Así que empezamos a hablar por alli, intercambiamos algunas fotos.

No era la típica madurita que todo el mundo se imagina, desgraciadamente, porque nuestra imaginación puede ser muy caliente. Era una mujer normal, con un cuerpo normal para su edad, claro.

Las fotos que me envió tampoco mostraban mucho. Aunque a primera vista a mi me gustó.

Rubia, ni gorda ni delgada, y con un pecho generoso.

En seguida la conversación se empezó a poner caliente. Ella estaba separándose de su marido cosa en la que coincidimos al estar yo separándome de la que es ahora mi ex-novia. Aunque yo aún vivía con mi ex-pareja por problemas monetarios (maldita crisis).

Ella me hablaba de lo poco que la había cuidado su ex-marido en la cama (suena típico, lo sé, debe ser que es más típico de lo que pensamos), y yo le contaba las cosas que había hecho con mi ex-novia. Me decía que se estaba excitando y que si yo estaba excitado y la verdad era que si.

Empezamos a imaginar que haríamos si estuviéramos juntos en la misma habitación. Era una mujer muy caliente y estaba claro que quería probar cosas que no había hecho con su marido.

Me decía constantemente que se encontraba a gusto hablando conmigo. Así que di otro paso y la dije que si quería cogería el coche y me iría a tomar un café con ella a Tres Cantos, aunque pillaba un poco lejos de mi casa (soy de Alcalá). Ella me respondió que la encantaría, así que eso hice.

Conocerla fue aún mejor que hablar por el Messenger, congeniamos a la primera y nos caímos muy bien.

Bromeamos con la conversación que habíamos tenido por Internet. Era muy simpática y aunque no estaba muy buena (como decimos los tíos), la verdad es que tenía algo que me ponía a cien. No sé si sería la diferencia de edad o que se la veía caliente. Y como ya siempre he sido un defensor de que el físico no es lo más importante (si lo que quieres es una relación de una o dos noches), pues la propuse que nos podríamos ver la próxima vez en un hotel. A lo que me respondió:

“Si quieres hoy mismo podemos ir a mi casa”, me dijo con cierta vergüenza. “Mis hijos no están este fin de semana. Están con su padre”, prosiguió bajando un poco la vista.

“Claro, me encantará conocer tu casa Mari Carmen” , le contesté con media sonrisa.

Acabamos los cafés y pagamos la cuenta.

“Puedes dejar aquí el coche aparcado, no vivo lejos”, me aconsejo.

“Ok, como prefieras”, le contesté. Y los dos nos fuimos caminando a su casa. Por el camino, que no fue muy largo casi no hablamos. Al llegar al portal me di cuenta que era un bloque normal y corriente, me despedí de mis fantasías de hacerlo con una maruja ricachona en una gran chalet con piscina, etc…jeje. No lo pensé en serio. Iba a disfrutar del momento y no iba a dejar que una fantasía me arruinase la noche o lo que fuese.

Llegamos a su piso y bueno, como he dicho era una casa normal. En el salón había un gran sofá donde Mari Carmen me invitó a sentarme. Así lo hice. Estábamos los dos un poco nerviosos.

“¿Quieres tomar algo?” , Me preguntó.

“Si algo fuerte si tienes” le pedí cortésmente.

“Bueno, lo más fuerte que tengo me temo que es un poco de vino”, me dijo “Es que mi ex-marido bebía mucho y no tengo nada con alcohol, salvo el vino que me sobró de una cena”, me explico un poco por compromiso.

“El vino esta bien cielo” le contesté con una sonrisa y se sonrojó un poco por llamarla cielo.

Pasamos un rato hablando y bebiendo la botella de vino. Cuando servimos las última copas de la botella, el vino empezaba a hacer su efecto. Yo no hacía otra cosa que imaginármela en diferentes posturas.

Ella lo debió notar y también empezó a mirarme de diferente manera. Como dije estábamos disfrutando del momento.

Dejé la copa en la mesa y agarrando la suya, se la retiré de las manos con delicadeza y la puse junto a la mía. Lentamente entonces me acerqué hacia ella y le acaricié la cara. Ella respondió moviendo su cabeza hacia mi mano. Lo siguiente fue acercar mi cara hasta casi tocar sus labios con los mios. Ahí me quedé por un momento hasta que finalmente ella completó el recorrido y me besó.

El primer beso fue lento, dulce y cariñoso. Cuando se separó de mi ya no me miraba de la misma manera. Estaba sufriendo una transformación y yo aún no lo sabía. Me volvió a besar pero esta vez más apasionadamente. Se estaba calentando igual que yo.

Con el tercer beso nos empezamos a tocar. Las manos paseaban por todo nuestro cuerpo. Ella me acariciaba la espalda por debajo de la camiseta con una mano y con la otra me agarraba de la nuca para apretarme contra su boca. Nuestras bocas no se separaban. Y nuestras lenguas no paraban de jugar y enredarse la una con la otra. Pareció encantarle mi piercing de la lengua con el que jugaba constantemente.

No se separaba de mi. En su casa los dos solos y sin ningún sonido podía escuchar perfectamente su respiracion y algún que otro “mmmm”. Me estaba encantando. Ella gozaba y a mi me hacía disfrutar.

Yo por mi parte, le acariciaba las tetas por encima de la camisa blanca que vestía. Notaba el sujetador y a través de el sus pezones erectos.

Pronto que me quitó la camiseta. Acariciaba mi cuerpo como si nunca hubiese visto un cuerpo como el mio. Me cuido fisicamente, y eso de llevar casada con el mismo hombre toda su vida, sumado a que no la trataba bien, supongo que ayudo a sentirse, no sé, como afortunada de que un jovencito como yo quisiese estar con ella.

Se separaba a veces por unos segundos y me miraba de arriba a abajo soltando algún “uufffff” y volvía a besarme y tocarme. Al poco rato bajó su mano y empezó a palparme el paquete que por supuesto para ese entonces estaba a reventar. Soy un chico fácil de excitar, así que no tardé mucho en estar a punto para lo que fuese.

Mientras ella aún me besaba empecé a desabrochar su camisa. Poco a poco lo conseguí y salieron a la luz esas dos hermosas tetas sujetas aun por el sostén. La quitarle el “suje”, note como le caían un poco, cosa que no se porque me puso. Las agarré y las toqué. Para entonces ella ya no me besaba más sino que miraba lo que yo hacía con sus tetas mientras me acariciaba mir muslos pasando de vez en cuando su mano sobre mi paquete.

Desnudos ya de cintura para arriba, me dijo:

“¿Quieres que vayamos a mi cama?” , mirándome a los ojos.

“Donde tu estés mas cómoda”, le contesté mirando a sus ojos y acariciando sus tetas.

Entonces ella se levantó y sin dejar de mirarme me agarró de la mano y me llevo por un pasillo hasta la puerta del fondo donde apareció una cama de matrimonio de estilo un tanto clásico.

Nos acercamos a la cama y junto al borde nos empezamos a besar de nuevo. No dejé que pasase mucho tiempo (el vino también estaba haciendo de las suyas), y empecé a levantar la falda que llevaba puesta para llegar a tocar su sexo ya caliente y húmedo. Me sorprendió tocar un fino tanga. Supongo que me hice la idea equivocada de la mujer madura con braga….ya sabéis.

Nos sentamos mientras nos besábamos y seguí acariciándola su pubis. Nos tumbamos según caímos, pero ella pronto se levantó como sorprendida y se fue al baño muy deprisa con mala cara.

Yo un poco alucinado, salí de la habitación y me dirigí al baño tras ella. La puerta estaba cerrada y llamé.

“¿¿¡¡Mari Carmen!!?? A los pocos segundos abrió medio llorando.

“¿Que te ocurre Mari Carmen? ¿He hecho algo malo?”, le pregunte más intrigado que preocupado.

“No”, me dijo sollozando, “Es sólo que me he acordado de mi marido y no quiero recordar a ese cabrón”, me explicó.

La abracé y guarde silencio a ver que me decía.

“No puedo hacerlo en esa cama, no aún”, me dijo abrazándome.

“En la cama no, pero ¿En otro sitio si?”, le pregunte con miedo.

“Si, es la maldita cama”, me respondió.

Y entonces la retiré para ver que le caían dos lagrimas una por cada ojo. Sin pensarlo la besé. Ella me correspondió. Seguimos besándonos por un momento y luego me dijo:

“Podemos ir al salón si quieres”.

“Si, quiero”, la contesté y riéndose por mi respuesta, hizo lo mismo que antes, me agarró de la mano y me llevó al salón.

Allí sin besarle me agaché cuando aún estábamos los dos de pie y le desabroché la falda negra que se ajustaba un poco a su culito de casi cincuentona. Se la baje despacio disfrutando de la vista. Cuando se la hube quitado empecé a acariciar su culo y su pubis. Los muslos y gemelos, incluso los tobillos. Ella respondía a dichas caricias con leves gemidos. Poco a poco le fui escurriendo el tanga negro por sus piernas lo que dejó al descubierto un coño bien negro y velludo.

“que selvita tienes aquí abajo cariño”, le dije susurrando

“¿No te gusta?”, me preguntó mirando hacia abajo.

“Si me encanta, pero me gustan mas cuando están afeitados”, le dije “No es ni mejor ni peor, son manías, gustos”. Le explique, mientras besaba sus muslos.

“Luego si quieres me lo puedes afeitar, cielo”, me propuso y eso me excitó mucho.

“¿De veras? Me encantaría”, le respondí “Pero ahora no, ahora te lo voy a comer”, sentencié.

Su cara cambió repentinamente.

“¿Está todo bien?”, pregunté.

“Si, es sólo que no me lo comen desde hace años”, respondió vergonzosamente.

“Pues hoy te lo van a comer y bien comido, así que disfruta”. Le dije mirandola a los ojos mientras continuaba besando sus muslos.

Entonces poniéndole una pierna sobre el brazo del sofá de modo que su raja quedase bien abierta empecé a mordisquear sus muslos por el interior. Ella se tocaba un pecho y con la otra mano sujetaba mi cabeza contra sus muslos. Empecé pasando mi lengua por la parte externa de sus labios, a lo cual ya respondía con gemidos. Estuve así un rato para hacerle desearlo aún más. Se me escapaba algún lengüetazo el el clítoris lo cual la dejaba sin aliento. Mientras hacía todo esto, con las manos le acariciaba el culo y abría sus cachetes. Se estaba poniendo a mil así que sin vacilar más le propine una buena mamada de clítoris lo que hizo que gritase. Eran unos gritos de puro placer y liberación.

En tanto, empecé a acariciar su ano con mi dedo corazón. Notaba como mi rabo me iba a estallar, pero antes de empezar a follar quería que ella tuviera un orgasmo al menos.

Mis lengua no paraba de jugar con su clítoris. Todo allí abajo rezumaba jugos. A la vez que le daba placer en su vagina con mi mano derecha seguía masajeando el ano el cual se había relajado un poco y en cuanto pude empecé cariñosamente a meter mi dedo corazón, ahora lubricado con sus propios fluidos. Ella lo noto y contuvo el aliento por un momento hasta que con los ojos cerrados empujaba la mano que tenía en su culo para que metiese más el dedo. Ahora usaba las dos manos para que no me separase de ella.

Ese oragasmo que yo esperaba no tardó en llegar. Sus gemidos se hicieron más intensos y de repente dejó de gemir para apretar mi cara contra su sexo ya empapado. En seguida empezó a convulsionar. Pequeñas convulsiones y cuando me quise dar cuenta me empujó, y se sentó en el sofá.

“Me han fallado las piernas, perdona”, me dijo “No pierdas el tiempo y métemela. Quiero sentirme llena de ti”, la cara le cambió cuando me dijo esto. La transformación se había completado.

Entonces me quité los pantalones allí sentado en el suelo por el empujón, y poniéndome de rodillas pude rebozar mi glande en sus jugos que ahora bañaban su coño y parte del sofá.

Pasé mi glande a lo largo de su sexo varias veces haciendo las delicias de aquella mujer. Cuando creí que era el momento se la metí sin vacilación. Ella grito y me detuvo.

“Creo que acabo de tener otro orgasmo”, exhaló.

“¿Como?”, pregunté con mi polla dentro y sin moverme.

“Si, ahora cuando me la has metido, creo que he tenido otro orgasmo”, “Sigue, por favor. Fóllame. Hazme tuya.”, me pidió e intente complacerla.

Empece despacio a empujar. Un bombeo lento pero continuo, concentrado en lo que hacía. Aquella mujer no dejaba de gemir.

“mmmm…ahhhhh…uffff”, decía.

Yo por mi parte estaba centrado en no correrme, por que con aquel coño tan caliente y lleno de fluidos y Mari Carmen que no dejaba de gemir y me decia aquellas cosas.

“Dame cielo, fóllame como nadie”, me decía mientras miraba hacia abajo para ver como mi miembro entraba y salía.

“Me voy a correr otra vez”, grito “Fóllame. Métela hasta dentro cariño”.

Y así lo hice. Empujaba mi rabo, que no es nada pequeño con sus 21 cm, hasta que su grito cambiaba a grito de dolor, pero no dejaba que parara.

“AAAHHHHH ME CORROOO”, grito con los ojos ya cerrados, ” aaahhhh, ¡¡¡madre mía!!!”

Yo la follaba con todas mis ganas, sin parar y ella convulsionaba y sudaba. Sus tetas no dejaban de ir de arriba a abajo con mis embestidas.

“Mari Carmen, cielo tengo que parar o me corro”, dije jadeando.

“Pues correte cielo. Hazlo dentro”, me dijo.

“Pero no tengo puesto un condón”, le avisé

“No te preocupes, no voy a quedarme embarazada. Menopausia”, me dijo riéndose.

Seguí entonces mi bombeo intensificandolo mientras ella no dejaba de gemir.

“Siii, follame cielo. Follate a este coñito”, decía con los ojos cerrados. “¿Correte dentro!”.

Estaba ya a punto, y aceleré.

“Me corro Mari Carmen”, “¡Me corro dentro!”, y me corrí como hacía mucho no lo había hecho.

“¡¡¡aaahhhhh!!!”, grite ” ¡Me encanta!”.

La saqué de aquel coño que parecía un infierno de lo caliente que estaba. Chorreaba fluidos tanto suyos como míos. Su coño tambien estaba chorreando. Los fluidos salían como la mermelada de un frasco tumbado.

“¿Me la limpias Mari Carmen?”, “Por favor…”

“Si cielo”, me respondió y sentada aún en el sofá, conmigo de pie enfrente de ella, sin dudarlo empezó a lamerme la polla de abajo a arriba. Luego se la metió en la boca. Con delicadeza, pero con placer. Le encantaba lo que hacía. Y así estuvimos unos minutos. Hasta que ella se levantó.

“Me voy a la ducha, ¿vienes conmigo Jaime?”, y me encantó que me llamase por mi nombre.

Se que no es nada espacial, se que no hicimos nada del otro mundo, pero he de admitir que me ponen mucho las mujeres corrientes, y más las maduras.

No es el único encuentro que tuvimos. Espero que os haya gustado mi experiencia. La verdad es que Internet me ha provisto de dos historias que ya os he contado en relatos y sinceramente, espero poder contaros más.

[email protected] (luis)

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