El operador de la grúa

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Miriam movía sus caderas de manera única, mientras que yo disfrutaba cada embestida que daba contra su coño. Sus gemidos no sé si eran fingidos o no, pero el solo escucharla me excitaba mucho más aun. Al punto que tomándola, por los tobillos saqué mi verga de su coño y de inmediato se la enterré por el culo.

Sí eso soy exactamente, un operador de grúa o de remolque, como le quieran llamar, me gano la vida remolcando vehículos accidentados desde las carreteras a los talleres o casa de las personas que accidentan sus autos. En ocasiones hay quien no me puede pagar de inmediato, por lo que llegamos a un arreglo para que posteriormente me paguen, pero hay ocasiones en que me ha sucedido cada cosa que pienso que son dignas de que las cuente.

Como cuando conocí a Miriam, estacionada en medio de una calle, su auto parecía estar sobre calentado, a duras penas el resto de los vehículos apenas y podían pasar, produciendo un gran atascamiento, hasta que al llegar yo convencí a dos o tres tipos más que me dieran una mano para hacerlo a un lado y dejar que el resto de los autos pasaran. Cuando se alivió un poco el transito, le ofrecí mis servicios a la mujer que conducía el Toyota, quien justo antes de decidirme a pegar la cadena, me dijo que en esos momentos no tenía nada de dinero para pagarme, en esos momentos sin pensar en otra cosa, le dije que no importaba que luego, cuando ella me lo dijera pasaría a cobrar por su casa.

Como de costumbre, no pude dejar de ver el cuerpo de mi nueva cliente, aunque su rostro era algo seco, me di cuenta fácilmente de que la tipa tenía muy buen cuerpo, aunque bien discreta en su manera de vestir y educada por su forma de tratarme en todo momento. Después de bajar su auto, simplemente se limitó a llenar la factura y firmarla, para luego decirme que pasara al día siguiente a cobrarle. Como ya les dije es algo muy usual en mi trabajo, pero al retirarme, su manera de quedárseme viendo, me dejó embobado por unos segundos.

Al día siguiente, como a eso de las diez de la mañana, cuando pasé a cobrar y toqué a la puerta de la casa, salió ella vistiendo una fina y escotada camisa de color negro, que me permitía ver sin mucho esfuerzo gran parte de sus hermosos y parados senos, cosa que la hacía lucir mucho más atractiva y seductora que el día anterior en que la conocí. Al yo decirle que había pasado a cobrarle, su rostro lo noté apesadumbrado, y finalmente algo avergonzada, me dijo que su esposo no había querido dejarle el dinero para pagarme.

Lo cierto es que no es la primera vez y de seguro que no será la última que me pase eso, por lo que le dije de la manera más cortes que pude, que le pasaría la factura a mi compadre que es abogado, y que al final tendrían que pagar los gastos de la grúa, más el tiempo mío perdido, y los honorarios de mi compadre. Sin contar el tiempo, que ella o su esposo perderían en la corte. Ya estaba dirigiéndome a mi grúa, cuando Miriam que es como ella se llama, me detuvo preguntándome de una manera bien seductoramente especial, diciéndome. Pero si gusta, le puedo pagar de otra manera.

Sus palabras me hicieron detenerme en seco y volver mi mirada hacia ella, noté inmediatamente que su pierna derecha se asomaba completamente mostrando gran parte de sus muslos y caderas, tras la oscura bata, dejándome ver que bajo ella no estaba usando más nada. Sin pensarlo mucho, lo único que se me ocurrió preguntarle fue. Y de qué manera lo podía hacer. Su respuesta me hizo sentir algo confundido, al escucharla decir. De la manera más antigua del mundo. Pero acto seguido me tomó de la mano, y conduciéndome dentro de su casa, me llevó hasta su habitación finamente decorada, con fotos de ella y me supongo que de su marido y hasta de una parejita de niños, que deben ser sus hijos.

En ese instante la escuché de manera bien determinada decirme, una cuenta paga la otra, a lo que a mí se me ocurrió responderle, si pero con derecho a todo. En su rostro noté algo de duda por unos instantes, pero de inmediato respondió, sí con derecho a todo, aunque en su rostro noté que no tenía muy clara la idea, de que se trataba eso de con derecho a todo.

Miriam de manera sensual dejó caer su bata, quedando desnuda ante mis ojos, los que pienso que estaba a punto de salirse de mis órbitas, de lo buena que está. Yo algo apresurado, sin pensar en que quizás su marido pudiera llegar, o que se tratase de alguna encerrona, rápidamente comencé a desnudarme, completamente. Pero ante mi impaciencia, Miriam tranquilamente me volvió a tomar de la mano y me dijo, antes de que hagamos algo, deja que te lo lave.

Su manera tan determinada de actuar como si fuera toda una profesional y llevarme hasta su baño, no me quedó nada más que seguirla. Con toda su calma y sin ningún tipo de sonrojo en su rostro, Miriam tomó mi semierecta verga entre sus dedos, y con calma acercando mi cuerpo al lavamanos, comenzó a frotar mi miembro suavemente con agua y jabón, el sentir sus dedos sobre la piel de mi verga, se sentía riquísimo, su manera de echar para atrás toda la piel de mi miembro, y casi de inmediato hacía adelante pero sin prisa, una y otra vez, fue toda una experiencia única y especial.

El ver todo su hermoso cuerpo sin nada de ropa, bien pegado junto al mío, hizo que se me pusiera bien caliente y dura como nunca la había sentido, casi estuviera a punto de venirme entre sus dedos. Pero ella misma, mientras me miraba a los ojos, de manera traviesa en un momento tomó mis testículos y les dio un suave pero firme jalón. Haciendo que gran parte de mi erección desapareciera, mientras se dedicaba a secarlo con una toalla de mano.

Aún estaba bastante impresionado por su bello y hermoso cuerpo, al grado que ni cuenta me di cuando llevó hasta su cama. En la que antes de que se acostase le recordé que era con derecho a todo, fijándome en sus rojos labios y de inmediato poniéndome a ver mi verga. Miriam sin pestañar, y dejándome ver su traviesa sonrisa, volvió a agarrar mi verga entre sus finos dedos, y agachando su bello cuerpo ante mí, abrió su boca y de manera traviesa comenzó a pasar su lengua sobre mi colorado glande, de inmediato toda mi verga se volvió a poner a millón, y de manera sin igual la vi como se fue introduciendo todo mi miembro dentro de su húmeda boca, en esos instantes sentí como que todo el mundo estuviera a mis pies.

El placer que me proporcionaba Miriam, con su boca era algo sin igual, únicamente el solo deseo de penetrarla, evitaba que yo me viniese de inmediato. Por lo que después de un buen rato de estar mamándome la verga, mi deseo de penetrarla, me llevó a indicarle que sacase mi verga de su jugosa boca. Lo que Miriam hizo casi de inmediato, pero dejándome con las ganas de que continuase mamando mi verga, hasta venirme.

Sin pensarlo más Miriam se acostó sobre su cama, y seductoramente abrió por completo sus hermosas piernas mostrándome sin vergüenza alguna su llamativo coño, al que sin perder tiempo dirigí mi verga.

En esos instantes el placer que sentía al penetrarla era algo sin igual, mi verga se deslizó dentro de ella con tal facilidad que de no ser porque yo tenía mis ojos clavados en su coño, mientras mi miembro entraba no lo hubiera creído.

Miriam movía sus caderas de manera única, mientras que yo disfrutaba cada embestida que daba contra su coño. Sus gemidos no sé si eran fingidos o no, pero el solo escucharla me excitaba mucho más aun. Al punto que tomándola, por los tobillos saqué mi verga de su coño y de inmediato se la enterré por el culo.

El grito que dio en ese instante, me excitó a tal grado que continuaba arremetiendo contra su pequeño pero sabroso hueco, una y otra vez. Mis dedos se clavaron sobre su clítoris y ella continuaba moviendo sus nalgas sin detenerse, movía su culo de lado a lado, hasta que finalmente me hizo venir.

Justo al momento en que terminaba de limpiar mi verga, sonó mi teléfono, era un cliente solicitando mis servicios. A Miriam la he vuelto a ver, y ahora en lugar de ser ella mi cliente lo soy yo de ella. Por lo que me ha comentado ocasionalmente, su esposo nunca más le ha preguntado como resolvió la deuda de la grúa.

Autor: Narrador

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Escrito por Marqueze

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Un comentario

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  1. Estupenda narracion de algo que espero fuera real, para tu disfrute, quizas deberias haber ralentizado el acto sexual, recreandote mas en ella, pero ha estado muy bien, lo que espero es que si esa miriam existe, nos digas donde está por si acepta mas clientes, jejejeje, mas si es en España. Saludos desde Sevilla

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