El trío de Liverpool

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Mi cuñada se arqueó hacia atrás como hoja al viento, mientras gritaba un orgasmo bestial. Mis manos no se estaban quietas, me estaba masturbando de pie frente a David, mis dedos en mi concha, jugando entre el semen que minutos antes mi hermano me depositara ahí. Follaban con más y más energía, empapándose sus pieles en un sudor abundante. Me vine en un orgasmo delicioso.

Hola amigos, soy Judith, y en esta ocasión les relataré lo que sucedió con mis hermanos y mi cuñada, hace algún tiempo. El 15 de agosto fue mi cumpleaños. Y mis padres decidieron celebrarlo en grande. Mi hermano Isaías, a quien llamamos Ysh, y su novia iris, que ese diciembre se casarían, fueron los primeros en llegar. Acostumbro llevarme bien con mis cuñadas, con Iris y con las chicas de David, él vive con varias mujeres, sólo me faltaba conocer a Wanda.

Mamá se lució con los preparativos de la comida, papá estaba de un humor excelente, y estaba arriba, preparando los regalos. El tiene la costumbre de que cuando se celebra un cumpleaños, entrega regalos para todos por igual, así no hay celos. Mi aborrecible y odiado primo Enrique llegó como siempre, vestido de traje acompañado de su insípida novia. Secretamente yo estaba emocionada porque vendría David.

Esta emoción no parte del hecho de que ya he tenido encuentros sexuales con David, mi hermano, sino de que siempre nos hemos querido mucho. El e Isaías me amaron desde el día que naci, y fui creciendo en la sensación de que ellos me protegerían de todo mal. David enseñó a ysh a cuidar de mí desde pequeños, le enseñó que no debíamos discutir, así, creo que he sido la hermana más feliz del mundo, ellos dos fueron siempre mis súper héroes de la infancia.

Cuando tuve a mi hermano dentro de mí, conociéndolo por fin como hombre, sentí que se cerraba un círculo, se llenaba una vida entera de amarlo. Esto lo comenté con mis padres, para quienes no guardo secreto alguno, papá al primer momento puso cara de susto, mamá por el contrario me preguntó muchas cosas íntimas, pero al fin y al cabo, los dos terminaron aceptando esta situación, saben que ya somos grandes y comprenden que siempre nos hemos querido mucho. Isaías fue distinto. Por primera vez en la vida lo sentí celoso. Presiento que a él le hubiera gustado participar también, a él también lo amo, aunque es un amor diferente, no tengo hermano consentido, sino que lo que siento por ambos es distinto.

Sus celos terminaron tan pronto como empezaron, de cualquier modo, él también me ama. Yo daría mi vida por cualquiera de los dos indistintamente. Como a las cuatro de la tarde llegó David en medio de la algarabía y las risas de cuatro mujeres. Lorena, victoria, Shehira y Wanda. Me gustó mucho Wanda, con sus ojazos violetas estilo Liz Taylor. Papá e Isaías se aclararon las gargantas y se pusieron colorados a la hora de las presentaciones y los besos. Todas venían radiantes, frescas, bien arregladitas. David en cambio, como siempre, con su aspecto un tanto desaliñado, un bigote y barba estilo mosquetero, pelo largo y vestido de mezclilla un tanto desteñida. Así me encanta verlo, con sus anteojos y su aire sempiternamente intelectual. Los demás invitados llegaron, los compañeros del club de ajedrez de papá, que siempre miraban con un temor reverente a David, ya que es capaz de presentarse en una reunión de ellos y derrotar al mejor de todos cuantas veces quiera.

David me entregó su regalo, yo se que muchos pensarán que debería comprarme algo, Enrique lo criticó ácidamente por el regalo que me entregó, pero para mi fue maravilloso. Mi amado hermano escribió una poesía maravillosa, una poesía de amor, que podría interpretarse como el más bello amor de hermano, o bien como una poesía erótica, según el ángulo en que se mire, la escribió en un pergamino de piel de cabra, al mismísimo estilo de los antiguos rollos israelíes. Me encantó y lo agradezco. Mamá también estaba encantada con la presencia de David y su harem, sobre todo la vi prendada de Shehira.

La fiesta se animó, papá obligó a David a cantar y tocar el piano, Isaías estaba feliz junto a su máster y yo no encontraba el momento de quedarme a solas con David, solo deseaba un beso de amor de sus labios, solo eso. Nuestras miradas se encontraban mientras él cantaba y sus manos volaban sobre las teclas del piano, sus chicas estaban sentadas en corro y me hicieron señas para que fuese con ellas.

-Las envidio, de todas nosotras soy la que menos tiempo está con David- dije haciendo un mohín.
-no te aflijas- dijo Wanda con una sonrisa-si quieres esta noche te lo dejamos para ti sola. -pero aquí no se puede hacer nada, y no creo que en toda la noche podamos escaparnos-respondí entristecida.

Bueno, por lo menos podía estar cerca de él, y un beso si que podríamos robarnos al tiempo y la sociedad. Odio esa sociedad que impone cosas estúpidas. Se que no es correcto tener relaciones entre hermanos, por las temibles consecuencias de un embarazo no deseado, pero si una se previene, esto es difícil que ocurra. La sociedad, en sus términos de blanco y negro no comprende más que lo que conoce, y lo nuevo le es temible. No importa, cada quien es feliz haciendo lo que le gusta. David cantaba y seguía cantando, creo que ya estaba desesperado por zafarse del piano y venir conmigo, pues me miraba intensamente.

Enrique lo observaba y miraba hacia nosotras, se devoraba a las chicas de David con los ojos. Su novia Irma le decía no se que cosa al oído y se reía con sus dientes desiguales. David hizo señas a Isaías y este vino a liberarlo del piano, tomando su lugar. David se acercó a nosotras, y se sentó entre Wanda y yo.

-¡Felicidades hermanita, deseaba tanto estar contigo!-me dijo, casi gritando. -también yo he estado deseando estar contigo-le dije, bajito mientras besaba su mejilla derecha-¿me acompañas arriba? quiero enseñarte algo. -Vale-respondió poniéndose en pie y tomándome de la mano. Ascendimos la escalera, y ya en el hall del piso superior nos abrazamos.

Éramos dos amantes separados por las circunstancias durante un período de tiempo cronológicamente corto, sentimentalmente largo.

-Te amo Judith, me siento enamorado de ti- me dijo con esa voz que me estremecía. -también te amo David, estoy considerando la posibilidad de darme un año sabático e irme a vivir a tu casa. -¡Eso sería fenomenal!- me dijo, abrazándome.

No pudimos evitarlo, nuestras bocas se encontraron, nos besamos apasionadamente mientras sus manos recorrían desde mi espalda hasta mis muslos, posándose y recreándose en mis nalgas.

-Te deseo…te necesito…te adoro hermanita…eres la más bella hermana que podría desear… -¿vamos a mi cuarto?-pregunté yo, con un calentón de apoteosis entre mis piernas. Tiré de su mano y lo metí de inmediato a mi habitación. Mierda.

La sobrinita de Iris, una niña de tres años, estaba durmiendo en mi cama. Fuimos a la habitación de David, desesperados. Re mierda. Paco y Toñito, los hijos de una amiga de mi madre, de diez y doce años respectivamente, estaban en la cama viendo la televisión. No nos atrevimos a ir a la recámara de papá y mamá, la habitación de Isaías estaba cerrada con llave, pues no le gusta que las visitas entren ahí, y la habitación de Enrique era impensable, seguro que si nos quitábamos algo ahí, se nos subirían las alimañas que creo que duermen con él. Recordamos cuando éramos pequeños y nos escondíamos en el cuarto de planchado. Bajamos las escaleras nuevamente. Hacia allá nos fuimos, pasando por la cocina.

La puerta del cuarto de planchado no cierra bien, así que David me empujó al interior del armario, se coló tras de mí y cerró la puerta de madera estilo persiana, con ranuras, por donde se filtraban tiras de luz y se podía ver de adentro hacia fuera. Empezamos un morreo de época. Sus manos en mis nalgas, en mis pechos. Su boca en mi cuello, haciéndome vibrar, transmitiéndome descargas eléctricas de pura pasión. Le desabroché el cinturón y el pantalón, estábamos tan apretujados que no podíamos movernos mucho. A nosotros llegaban los ruidos de los invitados, de la fiesta, las risas, la voz de Isaías que cantaba yesterday, de Paul McCartney.

Saqué su verga. Esa verga que tantas emociones me había regalado, esa verga larga, gruesa, deseosa de mí. Como pude me agaché y me la metí en la boca, como había aprendido con David, succionaba, movía mi cabeza, me la sacaba de la boca y me daba golpecitos en la cara, me la pasaba por el pelo, la lamía y la volvía a succionar.

-¡Te deseo Judith…te deseo! -exclamó él.

Me incorporé y él me metió las manos debajo de la blusa, sobando mis pechos, yo sentía mis pezones que estallaban. Me puso de espaldas a él, y yo apoyé mis manos en la pared, me subió la falda con dificultad, ya que el ancho de mis caderas se lo impedía, luego bajó mis medias y mis bragas. Yo estaba inclinada, mi sexo recién retocado de los vellos (¡para él, para mi hermano!), y mis piernas separadas hasta donde me lo permitían las medias y bragas en mis tobillos. ¡Sentí su aliento en mi sexo! Su lengua me daba piconcitos, saboreando los jugos que ya se precipitaban de mis entrañas. Estuvo un rato, alternando lengua y dedos, pasión y deseos. Yo me mordía un puño, el placer que me estaba brindando mi hermano era brutal, casi no soportaba tenerme en pie.

-Más… ¡aaayyyy que rico Daviiid!-le decía yo por lo bajo, casi como un mantra.

El resoplaba en mi sexo, sus dedos recorrían mis labios y la raja del culo. Su lengua encontró mi clítoris y esa fue la locura para mí. Sentí que un orgasmo descendía desde las alturas de mi locura, y le dejé caer en la boca mis jugos más íntimos. Yo jadeaba, recargada en la pared, él se incorporó tras de mí y colocó su pene en mi entrada vaginal.

-Te lo haré sólo si lo deseas hermanita, si me deseas en tu interior. -cógeme, por favor. -¿me puedo venir en ti?-preguntó mientras recorría su boca por mi oreja. Yo estaba preparada, las inyecciones anticonceptivas no había dejado de ponérmelas, así que podía hacerlo libremente con mi hermano.
-Siiiiii… soy tuyaaaaaaaaaa. -¿Sólo mía hermanita? ¿Sólo mía?- Si David, cógeme, me muero de ganas- sentí que entraba, despacito, gozando su ingreso en mi cuerpo mientras yo gozaba cada milímetro de su carne.

El sabía que yo sería su esclava, había crecido amándolo, deseándolo y él lo sabía. Miles de noches, desde la pubertad había soñado con él en mi cama, en mi sexo, en mi vida. Lo deseaba y ese deseo me lo estaba volviendo a complacer.

-Seré tuyo siempre que quieras amada hermana, siempre, pase lo que pase- me susurró terminando de penetrarme hasta la matriz.

Iniciamos un ritmo lento, acompasado. Yo me agaché más y él me tomó de la cintura, mis manos en la pared. David me bombeaba con desesperación, abarcando mis tetas, ya libres de la blusa con una mano, la otra la colocó en mi vientre. Mi cabeza se movía de adelante hacia atrás y sentí como si mi sexo fuese una entidad aparte de mí, encargada de incendiarse. Mi vagina, devorando la carne de mi hermano. Isis y Osiris, fundidos en la copula incestuosa. Y mi sexo ascendía, sin que mi mente lo controlara. Ascendía en una cadena explosiva de orgasmos múltiples cuyas expresiones y gemidos apenas si podía reprimir. Isaías cantaba te amaré, de Miguel Bosé mientras David me bombeaba. Escuché pasos. Pasos en la cocina, a escasos metros de donde estábamos nosotros. Lejos de asustarse, mi sexo me brindó otra cadena de orgasmos desesperados, deliciosos.

Mi hermano me tenía bien sujeta, clavado en mí hasta la médula.

-¿dónde se habrán metido esos dos?-preguntó la voz de mi padre en la cocina. -No se, no están arriba-respondió mi madre. -¿saldrían a comprar algo?

Afortunadamente los invitados estaban haciendo mucho ruido, así se disimulaba el chop-chop de nuestros sexos encontrándose. Nuestros jadeos apurados, y más orgasmos en mi sexo. Una sucesión de orgasmos quemándome y David, apuñalándome el sexo con aquella barra de carne. ¡Mi misma carne, mi misma sangre! Y mis orgasmos que me estaban volviendo loca, David aceleró y eyaculó, dándome un nuevo placer, elevándome a la gloria en la cuarta cadena multiorgásmica de la tarde. Su semen en mi interior, llegando a lo más profundo de mi matriz, a lo más íntimo, lo más delicioso. Llenándome de su leche. Sus manos seguían sujetándome mientras lo sentía convulsionarse, y yo misma me removía como posesa.

-¿te imaginas lo que hará David con esas chicas en la intimidad?- preguntó mi padre. – preferiría no imaginármelo-respondió mi madre con voz seductora.

David seguía en mi interior, con el miembro tan duro como al principio. A nosotros llegaban las voces de nuestros padres, me volví para ver a David en la penumbra del armario, me hizo señas de que guardara silencio mientras tenía una mano en mi cintura y otra en mi teta izquierda.

-tu hijo es tan hombre como tú, amor- dijo mi madre. -ejem…bueno, heredó de ambos-respondió papá. -¿qué te parece si…?-preguntó mamá. -¿si aprovechamos que estamos solos aquí? Bien podríamos subir y estar más cómodos, pero pensándolo bien es más emocionante.

A través de una de las rendijas de la puerta del armario pude ver como mis padres entraban al cuarto de planchado. David también veía desde su posición, seguía clavado hasta la empuñadura en mi coñito, nuestros jugos combinados resbalaban por mis muslos, llegando a mojar mis bragas en los tobillos. Afuera mis padres se morrearon, luego arrastraron un cesto de ropa obstruyendo la puerta. Papá tomó a mamá de la cintura, sus manos le subieron la falda. La verga de David latía en mi interior, momentáneamente quieta, pero en guardia.

Mamá se despojó de las bragas, sus carnes africanas brillaban tersas aún, se puso de rodillas ante papá y le desabrochó el pantalón, sacando su verga. Fue la primera vez que yo veía la verga que me engendró. Mamá se metió aquel instrumento, tan parecido al de mi hermano en la boca. David reinició un bombeo en mis entrañas, él, al igual que yo estaba muy excitado. Se me escapaban jadeitos, mientras el volvía al ataque en mi sexo, mamá estaba demostrando ser una experta en sexo oral. Papá jadeaba, le enredaba los dedos entre los rizos negros, decía cosas en hebreo. David y yo follábamos cada vez más fuerte, el sexo rudo que nos unía tanto. Nuestros sexos, diseñados a medida, diseñados por las mismas personas que ante nuestros ojos copulaban.

Mamá se sacó la verga de papá de la boca y se colocó a cuatro patas, de modo que desde nuestra posición podíamos ver su cuerpo de perfil. Papá se colocó de rodillas tras ella, pasándole el pene por las enormes nalgas negras. Me vine en un orgasmo intenso, bravo, que me hizo gemir más duro, casi audiblemente. David me sacó la verga, colocándola en mi entrada anal. Papá tenía a mamá en cuatro ante nuestros ojos. David me tenía agachada a pocos metros de mis padres, a punto de sodomizarme. En el momento que papá inició su penetración vaginal a mamá, David empujó en mi ano. Me dolió, desde que lo habíamos hecho por ahí, no había recibido más nada, me dolió un poco, pero mi hermano es muy cuidadoso, así que poco a poco me penetró. Papá inició su ritmo y David se acompasó al mismo. Mamá y yo nos movíamos recibiendo las pollas al mismo tiempo, casi nos imitábamos los movimientos.

Los seres que más amábamos en la vida nos estaban haciéndonos suyas. David, completamente metido en mi recto, se movía de manera deliciosa, sus dedos escarbaban en mi encharcada vagina, jugando con mi clítoris. Papá y mamá jadeaban también, procurando no hacer ruido. Cuatro seres satisfaciendo sus ímpetus en el mismo espacio. Las pelotas de David chocaban contra mi coño, su miembro era una perforadora que me hacía más y más mujer a cada embestida. Mamá gozaba y la vi jadear, agachar la cabeza presa de un orgasmo. Pero papá no le daba tregua, seguía empeñado en la faena mientras David me rompía el ano a embestidas. Placer, placer… Me vine en un orgasmo terrible, tremendo, empapando los dedos de mi hermano en mi concha, su verga seguía la labor de sodomía. Papá embestía a mamá a toda máquina, parecía tan brioso como David.

-¿Te imaginas lo que hace David con sus chicas?-preguntaba papá a mamá. -si, dice tu hija que es muy buen amante- respondía mamá entre jadeos. -¿Qué crees que estén haciendo nuestros hijos en este momento? –preguntó papá en tono sardónico. -no… No lo se… -Yo si… seguramente están follando, imagínate a David con esa polla metida en nuestra hija… los dos en incesto total…-decía papá, sin dejar de follarse a mamá.

Ella pareció tener la imagen mental que él le decía, ya que se estremeció más fuerte, David también me la clavó más duro, más doloroso y placentero a la vez, sin rudeza, pero tampoco de modo piadoso. Me venía, me venía mientras mis padres seguían copulando. David también jadeaba, reprimía gritos y desesperadamente se aferraba a mis nalgas con sus manos. Papá sacudía la cabeza, cerrando los ojos, mamá era follada de un modo increíble, David aceleró aún más en mi recto y yo sentí el inicio… Los cuatro, casi al mismo tiempo comenzamos a venirnos en orgasmos, cada quien a su nivel e intensidad. Mamá levantaba la espalda, papá le aferraba las nalgas con las manos en un gesto parecido al que David hacía en mis nalgas mientras su semen me inundaba el ano y yo me venía de una manera salvaje. Papá se desacopló de mamá, ofreciéndole la verga para que se la chupara, yo pude ver como su herramienta estaba tan firme como al principio.

David hizo lo mismo, y yo mamé su pene, degustando todo lo que había embarrado en él.

-Quiero follarte de nuevo- dijo papá. -esta noche, alguien podría venir en estos momentos y nos descubrirían…- -tienes razón-respondió él.

Mamá se puso en pie, tomando una sábana del cesto, se limpió las enormes cantidades de semen que le chorreaban de la concha, ahí fue donde entendí que lo de la potencia de David también es de familia, no sólo sus ejercicios cuentan en este caso. Mi hermano y yo nos arreglamos la ropa, nos dimos otro beso en la boca y esperamos a que nuestros padres estuvieran integrados en la fiesta. Yo apreciaba el esperma de mi hermano hasta lo más profundo, sentía como me escurría cálido, desde la matriz a los labios, y en mi recto, me limpié lo más que pude con la misma sábana que había ocupado mamá.

-nunca los había visto follar-dijo David, encendiendo un cigarro. -yo lo que nunca me imaginé es que papá fuera tan… -¿potente? Claro hermanita, papá nos enseñó el programa de ejercicios a Isaías y a mí, Enrique también tuvo esa información, pero como siempre, le dio flojera y nunca lo practicó. Eso fue parte de nuestra educación sexual hermanita.- me encendió un cigarro y volvimos a la fiesta. Nos sentamos entre sus chicas que nos miraban con sonrisa pícara. -¿estuvieron cogiendo?- me preguntó Lorena directamente. -Lore, ya sabes que este cabronazo no perdona ni a su propia hermana- respondió Victoria entre risas.

Lorena me dio un beso en la mejilla, pasándome la lengua, muy cerca de la boca. Me enseñó la lengua, tenía una gotita blanquecina en la punta-

-Gracias por convidar- me dijo sonriente.

Una gota de semen de mi hermano, si ella supiera que tenía el coño repleto de la misma sustancia, me lo hubiera mamado en ese momento delante de todo el mundo, y créanme que yo me habría dejado hacer.

-¿Dónde se habían metido cuatro ojos?- preguntó Enrique acercándose con su novia. -estábamos muy ocupados idiota-respondí –como ves, mi hermano me estaba cogiendo y luego me la metió por el culo- su novia se rió como la insípida estúpida que es. De tal gilipollas, tal novia estúpida.

Enrique se alejó enfadado de mi contestación, y nosotros nos quedamos, riéndonos de su cara.
Wanda se acurrucó a un lado de David, y yo al otro lado.

-Dentro de tres días es mi cumpleaños- nos anunció. -felicidades anticipadas-respondí yo.
La fiesta continuó, el semen de mi hermano en mi interior me daba recuerdos deliciosos de los momentos anteriores en que fui suya, pusieron música, alguien retó a David a una partida de ajedrez que de sólo tres movimientos le hizo derrotar al mejor de los compañeros de papá. Papá se colocó en el piano, tocando viejas canciones españolas e israelíes, mamá se sentó junto a nosotros y se abrazó a David.

-¿Dónde te metiste hijo? Te he extrañado mucho y cuando vienes te ocultas. -Madre-dijo mi hermano sonriente- hay preguntas que no deberían hacerse, porque entonces yo podría preguntar también donde andabas. -ja, yo puedo hacer lo que quiera mi niño, eres tú el que tiene muchos compromisos, espero que puedas cumplir con todos. La sonrisa de mamá era pícara, y su dedo índice señalaba directamente a nosotras cinco. -cinco compromisos madre, y como más podría… de papá heredé eso precisamente, se cumplir con mis compromisos. -eso espero mi niño, que puedas siempre cumplir con tus compromisos como tu padre sabe cumplir con los suyos.

Por fin las amistades y familiares se fueron retirando, Isaías se fue a dejar a su novia, David y las chicas se instalaron en su habitación, papá se quedó en el hall de abajo, fumando uno de sus eternos habanos, Enrique y su insípida novia discutían afuera no se por qué. Cuando regresó Isaías, papá reunió a todos sus hijos en el hall, incluyendo a Enrique, ya que lo considera como tal, y nos dijo:

-muchachos, ha llegado la hora de los regalos.- abrió un portafolios sobre sus rodillas, sacando cuatro sobres de su interior. -he decidido que esta noche será especial, pues hoy repartiré entre mis hijos todas las propiedades, ¿para qué esperamos a que yo muera y se lea un testamento? Prefiero heredaros en vida lo que he construido durante años.- -padre, no nos asustes- dijo David.
-Relámpago, no pasa nada, solo he decidido que podéis disfrutar por anticipado de vuestras herencias sin el cargo de recibirlas debido a mi fallecimiento. -¿es en serio padre, no esta pasando nada?- preguntó Isaías.

Yo también estaba asustada, solo Enrique tenía en sus ojos el brillo de ambición que le he visto siempre. Hay que comprender que sus padres murieron cuando él era niño, y que eso le hizo mucho daño. Sobre todo porque al morir sus padres, las neuronas de Enrique se fundieron, según dice David. Así papá repartió los sobres. David heredaba una antigua construcción en Puebla, que era parte de un antiquísimo palacio colonial, la propiedad está casi en ruinas, pero vale millones por estar ubicada en el centro de dicha ciudad, heredó la biblioteca de papá, la cual podría transportar cuando lo deseara, los muebles de cedro de su despacho, el viejo mercedes benz y el ford mustang 1975 descapotable, además de una cantidad en metálico y la subvención a perpetuidad que papá venía entregándole desde hacía años.

Enrique recibió el apartamento de Cancún, el cabalier que usaba ya de por si, los muebles del comedor, la cristalería (muy cotizada), un paquete de acciones que papá tenía en cierta empresa naviera y el pago de su carrera (la carrera de administración de empresas, que él tomó porque estaba de moda, pero que sabemos que jamás terminara). Isaías recibió el pago del departamento en la calle de Liverpool, que desde hacía tiempo había adquirido a plazos, la propiedad de la casa que tenemos en Cuernavaca, el piano, los óleos de la casa y una cantidad en metálico. Y yo recibí la propiedad de la casa que habitábamos, la camioneta Pontiac aztec que papá compró a principios de año y la suma más grande de dinero, además de todos los muebles restantes.

Mis padres se estaban quedando con solo el departamento de la Colonia del Valle, que sería para mí en cuanto ellos fallecieran y una cantidad de dinero suficiente para que pudiesen vivir por varios años. La empresa de bienes raíces de papá pasaba a dominio de nosotros cuatro a partes iguales, salvo que alguno quisiera vender sus acciones, con un contrato de que tanto David como mamá recibirían una cantidad extra de los ingresos de la empresa, quedando Isaías al frente de todo. A mí la verdad me mareaba todo esto, yo me quedaría totalmente sola en esa casa, sola o con el odioso de Enrique que para el caso era peor. Enrique se mostró inconforme por el reparto, según él, le tocó menos que a todos, no se ponía a pensar que mientras él heredaba un departamento de lujo, que vale muchísimo por estar en Cancún, David heredaba una casa en ruinas.

Papá solo meneaba la cabeza, pero no dijo nada. Seguimos ahí, hablando de las cosas que haríamos, David me entregó su cheque, pidiéndome que lo invirtiera en lo que quisiera y luego haríamos cuentas, sólo le apartaría cierta cantidad para restaurar el palacete y poderse mudar ahí.
Enrique me ofreció su participación en la mobiliaria y decidí comprarla al momento, así me quedaba con la mitad de todo.  Papá se sirvió otro coñac y seguimos todos ahí, hasta que Wanda llamó a David desde arriba, diciéndole que ya era muy noche, nuestro hermano se despidió de todos y subió a su habitación, que habían acondicionado con colchonetas en el suelo para caber todos.

-¡que suerte tienen los que no se bañan!, me cae que a este paso el cabrón de David se queda con todas las viejas del mundo- dijo Enrique. Ya me extrañaba que no soltara un comentario de ese estilo. -¿y por qué no se lo dices de frente maricón? Además, David si se baña, yo jamás lo he visto rascarse el culo como tú lo haces a cada rato- le respondió Isaías. -no peleen hijos- dijo papá sonriente. -lo de David no es suerte pendejo-le dije yo- es que David se gana a las mujeres, se las gana de mil maneras que tú no entenderías nunca. Papá asintió pensativo. -bueno, como ya van a empezar a atacarme, me voy a dormir, que descanses Pa y oye, gracias por el depa de Cancún, creo que me voy unos días a asolearme por allá. Sólo se despidió de nuestro padre, a quien llamaba Pa. -cuando quieras te ayudo a hacer tu maleta con todas tus cosas para que te vayas un millón de años a Cancún y te rostices – le dijo Isaías, Enrique lo miró con reproche y se fue, subiendo las escaleras.

-Padre, hermana, necesito platicar con los dos.- dijo Isaías un tanto entristecido. -¿qué pasa hijo?
-se trata de Iris, mi novia. -¿sucede algo?- Pregunté yo. -si…bueno no se… se trata en parte de la suerte de David con las mujeres.- explícate.-ordenó papá.

Ysh se levantó, encendió un habano y se sirvió coñac, me ofreció a mí su cajetilla de cigarros y me sirvió una copa de amaretto, enronquecido nos dijo:

-verán, con Iris lo he pasado muy bien, ella es una buena chica y vamos a casarnos, pero hoy sintió una duda muy grande, lo bueno fue que me lo confesó. Ella al ver como se lleva David con sus chavas, se le antojó probar lo que sería hacer el amor con otro hombre que no sea yo. -¿cómo?- preguntó papá asombrado- en mis tiempos las cosas eran muy diferentes. Pero comprendo que el mundo cambie. -si, ella quiere probar con otro, y yo he pensado que de todos los otros que hay sólo tú, padre y David podrían ser ese otro, sin que me sintiera herido. -hijo. Yo no puedo, bueno, de poder puedo lo que sea, no debo hacer eso que me dices, estoy enamorado de vuestra madre, y le he jurado una fidelidad y un respeto que siempre he mantenido firmes. ¿Me creerán que desde hace treinta años no he tocado a más mujer que vuestra madre?  Yo le creía porque ya había visto que en la intimidad se tratan como adolescentes (padre y madre, si ambos leéis estas líneas, debéis saber que les amamos, les adoramos y admiramos vuestra determinación y unión a lo largo de los años).

-P, si no eres tú, entonces tendrá que ser David. -si, David podría, él puede con todo eso- dije yo- además sus compromisos no lo atan, sus amores son de una manera diferente a la de nuestros padres. -Me da no se que imaginármelo con ella- dijo Ysh –además si se lo propongo no va a querer. -hija- me dijo papá mirándome directamente a los ojos- tú conoces a David en la intimidad, tú sabes a qué me refiero, has tenido sexo con tu hermano, créeme que me sorprendí cuando me enteré, pero no me aterra, vosotros sabéis que os amo seas lo que seáis, trato de comprender que fue un acto de amor, quizás prolongación del amor de hermanos y la unión que siempre habéis tenido. Me dolería y avergonzaría verles destrozarse por los bienes materiales, hoy vi un ejemplo de lo que ese amor puede traer, David te dio su cheque, creo que ni siquiera miró bien la cantidad que le regalé, y luego haríais cuentas, como te ama, juraría que ese después tardará mucho en llegar, al mismo tiempo tú no abusarás de su dinero, ese es amor y eso me gusta ver, y si para ello necesitarais estar unidos en un lecho, lo aplaudo, ahora a lo que voy, ¿crees que David pueda con su cuñada?

-Padre- respondí emocionada- David puede con la mujer que sea, el problema es que quiera, no va a acceder a tener sexo con Iris sabiendo que es la chica de su hermano, él adora a Ysh, claro que se me ocurre tenderle una trampa y seguro lo hago caer.- así nos pusimos de acuerdo para engañar a David y meterlo en la cama con Iris.

Al otro día las chicas de David estaban preparándose para volver a Puebla, mis hermanos jugaban al póker con papá y aproveché para contarles el plan. Ellas de buena gana aceptaron el dejarme a mi hermanito una noche más, a condición de que no lo “deslecháramos” mucho. Terminada la partida de póker, David se encerró con las chicas, que le llamaron y convencieron de que ellas volverían a su casa y él se quedaría conmigo, a seguir celebrando. El aceptó, sólo por tratarse de mí, y así ellas partieron contentas. Al caer la noche subí a mi hermano a bordo del “Christine”, que es un viejo phimont del 55, que mis hermanos compraron cuando eran adolescentes y arreglaron hasta hacerlo idéntico al de la película de Stephen King. Como era entre semana la vida nocturna estaba un tanto apagada, le dije a David que pasaríamos por Iris, Isaías nos alcanzaría en la disco de la zona rosa que ya habíamos acordado.

Así fue como lo obligamos entre las dos a bailar, a beber y a hacer un poco el payaso, mi hermano mayor estaba alucinado. Yo repegaba mi cuerpo con el suyo cuando tocaba mi turno, nos decíamos cosas ardientes al oído y sus manos recorrían mis curvas en la semi penumbra. Cuando Iris deseaba bailar con él, me lo arrebataba y él se mostraba un tanto cortado. Rato después David dijo:

-Isaías no llega… ¿qué hacemos?- Isis ya estaba algo borracha, yo personalmente la había obligado a beber más de la cuenta, se le notaba mareada, ella dijo poniendo una mano en su muslo: -si quieren vámonos a mi departamento, no está lejos, le llamamos a tu hermano y que nos alcance allá. -¡gran idea! – exclamé yo, antes de que David dijera algo.

Mi hermano también estaba algo mareado, ya que lo obligué a tomar tequila, a sabiendas de que con eso lo desinhibiría rápido. Pagamos y nos fuimos al piso que Iris e Isaías compartirían cuando al fin contrajeran matrimonio. ¿Cómo describir mis emociones en esos momentos? David subía las escaleras en medio de las dos, Iris adelante, yo cerrando la marcha. Me sentía como si estuviese empujando a mi hermano a abrir una puerta nueva, en su vida de libertades. Llegamos al piso, Iris abrió y entramos en tromba. Nos sentamos en los sillones, y para aumentar la ingesta etílica, Iris sacó a relucir una botella de charanda. Aún recuerdo cuando David era muy joven y sus compañeros de secundaria lo emborracharon con charanda, que es lo más corriente y demoledor que el dios Baco haya creado. Iris puso música tranquila, y ambas bailamos con David. Nadie se acordó de llamar a Isaías, eso sólo era el gancho, lo que me sorprende es que Iris no sabia nada de la trampa, y no se acordara de su novio. Seguimos bebiendo, al ritmo de las hormonas que nos empezaban a cegar.

¿Cómo inició aquello? No lo se con exactitud, ya me sentía muy bebida. Sólo recuerdo que en una de tantas rondas de baile lento y abrasador, me encontré entre los brazos de Iris. David sentado en un sillón, bebiendo charanda. Mi cuñada y yo, estrechamente abrazadas, completamente borrachas. Mis manos se deslizaron por su trasero, y mi boca buscó sus labios. David observaba la escena. Un beso telúrico, emocionante, íntimamente lésbico. Iris, terminado el beso quiso zafarse de mis brazos, David la sujetó por detrás. Recorrí sus pechos, pequeños y firmes entre mis manos. Mi hermano deslizaba sus manos a través de las caderas de Iris, la emboscada estaba totalmente abierta, y yo era la única cazadora que cae en su propia trampa. Iris trató de resistirse, pero esa resistencia se desmoronó totalmente cuando mis manos desabrocharon los botones de su blusa.

Me incliné, comiéndome esos pechos pequeños, de aureolas rosadas. David nos movió, acostando a nuestra cuñada en el sillón, ella misma se retiró los zapatos y las medias. En un santiamén las hábiles manos de mi hermano me desnudaban y avariciaban delante de ella. Yo misma desnudé a Iris totalmente, su cuerpo de muñeca barbie me deslumbró, y clavé mi cabeza entre sus piernas, devorando con mi lengua los labios sexuales. Yo me encontraba arrodillada en la alfombra, Iris en el sillón, totalmente empapada del coño y abierta de muslos. David se colocó tras de mí, penetrándome con furia. La posición era deliciosa, yo gemía, las nubes etílicas en mi mente se despejaban y un furor delicioso recorría mi sexo, convertido en descargas eléctricas.

-Tla estás cogiendo… a tu hermana…-decía Iris asombrada.

Me acomodé y volví a la batalla en su coñito, totalmente depilado, ella se retorcía y me sujetaba la cabeza pidiendo más y más. David imponía el ritmo en mi coño, que estaba repleto de su poderosa e interminable hombría, mi cuerpo era un conductor de placer que, conectado al sexo de Iris proporcionaba deliciosas sensaciones en ella. Mi querida cuñada se venía en mi rostro, jadeando, gimiendo y pidiendo más. También mi sexo se venía, a enormes oleadas de lujuria, a golpes vergales incestuosos en nuestra mini orgia de cumpleaños. David aceleró sus movimientos en mi ser, haciéndome elevar gritos de victoria orgásmica mientras él eyaculaba violentamente. No nos dimos tiempo a reponernos, él se salió de mí, sentándose en el sillón, al lado de Iris, me abalancé sobre su tranca, que estaba barnizada de nuestros líquidos. Iris miraba como embobada como le comía la polla a mi hermano.

-Coño, si serás tonta, ayúdame a comerle la polla- le dije algo escamada, no me gusta que la gente no sepa lo que debe hacer.

Ella obediente se arrodilló a mi lado, y tomó la verga de su cuñado, con mano temblorosa, pero decidida. Yo le ayudé a introducirse aquellos centímetros de carne, en su menuda boquita mientras David gemía de gusto. Una vez insertado el pene, me coloqué tras ella, acariciándole las nalgas. Nuestra cuñada se movía mucho, su cabeza subía y bajaba a ritmo de aquella felación que me hacía llenar la boca de saliva. Saliva que utilicé para lubricar su recto, metiéndole luego un dedo, mientras otros dos exploraban su vagina estrecha y húmeda. David sujetaba sus cabellos, follándole la boca mientras ella cerraba los ojos, gimiendo ahogadamente del placer de mis caricias. Sentí que ella se venía entre mis dedos, estaba aprendiendo rápidamente donde tocarla para que explotara de placer, pero yo sabía que pronto necesitaría verga. La hice levantarse, ella no quería separarse del miembro de David, así que la coloqué sentada sobre los muslos de mi hermano, rostro con rostro a horcajadas. Se besaron apasionadamente, la verga de David era un monumento a la hombría, que golpeaba contra el vientre de su cuñada.

-Cógetela- le susurré al oído.

El sacudió su cabeza de lado a lado, despejándose. Le vi en la mirada una mueca de horror.

-No puedo… es Iris, la novia de nuestro hermano. -no te preocupes- volví a decirle al oído mientras ella recostaba la cabeza en su pecho, mareada y excitada a la vez. -Ysh está totalmente de acuerdo, él lo planeó…- le dije, él me miró a los ojos, algo debió ver en ellos que asintió decidido.

Entre nosotros las palabras sobraban. Tomó la estrecha cintura de su cuñada y la elevó, colocando su miembro a la altura de aquel sexo chorreante. Lo centré bien con mis manos, Iris apenas podía tenerse en pie. Con suavidad al principio y luego de un seco tirón, la penetró mientras ella gritaba:

-¡Aaaayyyy siiiii! Hazme tuyaaaa David… ¡Cógemeeeee!- iniciaron un lento vaivén, ella no podía pararse por el mareo, pero sus viajes de cadera eran alucinantes.

Para ser tan delgada, se movía de un modo muy sensual mientras ambos jadeaban en esa cópula maravillosa. Las manos de David recorrían aquellos pechos mientras se besaban apasionadamente. Mi cuñada dio un fuerte tirón de espalda, arqueándose hacia atrás como hoja al viento, mientras gritaba un orgasmo bestial. Mis manos no se estaban quietas, me estaba masturbando de pie frente a David, mis dedos en mi concha, jugando entre el semen que minutos antes mi hermano me depositara ahí. Follaban con más y más energía, empapándose sus pieles en un sudor abundante. Me vine en un orgasmo delicioso. Iris ardía, se venía y se venía con gritos emocionados, sintiendo en su matriz la verga prohibida de David mientras su piel ardía de pasión por los cuatro costados. David la sujetó de la cintura y se le incrustó entero gritando como poseso y eyaculando hasta el fondo.

Desacoplé a Iris de David, mi cuñada se caía de borracha y excitada, la dejé en el suelo, colocándola en cuatro.

-Aprovéchate ahora que está borracha- dije a mi hermano azotándole una fuerte nalgada a Iris.

David se colocó tras ella, comiéndole el ano mientras yo lo masturbaba. Me sentía orgullosa de ese hombre que es mi hermano, poseedor de aquella mega verga. Cuando la sintió lo suficientemente lubricada del ano, se colocó de rodillas tras ella. Puso su glande a la entrada anal de Iris, presionando un poco.

-Ay, por ahí no… Es nuevecito y me va a doler- dijo ella, yo me molesté.

Me enojó su mojigatería, le azoté una nalgada dolorosa y sonora. Ella se agitó, con los efectos del alcohol en su mente, tomé el pene de David, que no decía nada y lo coloqué en posición de sodomizarla.

-Rómpele el culo a esta pendeja hermanito, que se entere de lo que es follar- dije yo.

David introdujo el glande, Iris se agitaba, gemía y apretaba los puños, pero ya no protestó. David empujo más, invadiendo ese estrecho culito, yo me acerqué al rostro de mi cuñada, que estaba roja como tomate, unas lágrimas de dolor resbalaban por sus mejillas. David detuvo su avance breves minutos, e inició un rítmico mete-saca mientras Iris gemía y pujaba, acelerando su movimiento de cadera. Así me gustaba, que le agradara ser follada por detrás. Mi hermano me miraba extasiado mientras me masturbaba ante él, y él sentía la presión de ese culo en su verga monumental.

Iris agitaba la cadera y pedía más y más verga, a lo que se veía el placer había rebasado al dolor. David le perforaba el chico, yo me masturbaba con violencia y sentí un orgasmo tremendo. Ambos folladores se vinieron casi al mismo tiempo, me coloqué en cuatro patas al lado de Iris y David me la metió casi de golpe en el recto. Era delicioso, y a la vez doloroso sentir esa verga enorme, taladrándome el estrecho recinto mientras mis tetas rozaban la alfombra al ritmo de los movimientos de cadera de aquella penetración anal. Mi estrecho ano recibía con dificultad la carne de mi hermano, me llenaba totalmente, incluso sentía que se me partía. Me tembló todo al sentir el orgasmo, dejé caer mi cabeza sobre mis brazos doblados mientras gritaba de lujuria. Me eleve en una cadena explosiva de orgasmos mientras sentía a ese hermano follador en mis entrañas.

Explotaba casi a cada embestida, mientras David murmuraba cosas deliciosas, en la cumbre de tal locura, sentí sus poderosos chorros de esperma, golpeándome en los intestinos mientras me venía al ritmo de su eyaculación. Nos desacoplamos mientras David caía, quedando al acostado en la alfombra entre nosotras dos. Después de un respiro seguimos follando toda la noche, las dos chicas nos fundíamos en tremendos 69 mientras David lamía nuestras rajadas, nos metió dedos en todos lados, la polla hasta cansarse y muchas otras cosas más.

Autora: Judith

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Escrito por Marqueze

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