Cuento tras la navidad

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Lo primero saludar a todos aquellos que algún día puedan leer esto que cuento. Me llamo José, tengo 37 años y mi mujer, Luisa, tiene 35, tenemos dos hijos y una vida normal en todos los aspectos incluido el sexual, aunque las pasadas navidades ocurrió algo nuevo.

Como llevamos juntos 15 años, es lógico, que nuestras relaciones sexuales se hayan enfriado y más si cabe desde que tenemos hijos. Por eso quizás sea que tengo muchisimas fantasías sexuales entre las que están, como no, el intercambio de parejas y los tríos. A veces cuando estamos en los momentos más íntimos se lo digo a ella y a pesar de verla gustosa de aceptar mis fantasías, en frío y a la hora de la verdad, nada de nada.

Bien, como he dicho, con las vacaciones navideñas, los niños se fueron al pueblo con los abuelos (mis suegros) y Luisa y yo decidimos tomarnos el fin de semana para nosotros. El sábado después de una buena cena con abundante ingestión de alcohol por parte de los dos, pasamos por un pub del centro que solíamos frecuentar antes de tener hijos. No conocíamos a nadie y la verdad ya no nos motiva en exceso la marcha de hoy en día, decidimos irnos, pero Luisa me dijo que tenia que ir al baño.

Pasó un buen rato, así que decidí ir a buscarla, me la encontré en la entrada a los servicios hablando jovialmente con un hombre de mi edad mas o menos y bien parecido. Por sus gestos estaba claro que se conocían, pero a mi no me sonaba de nada. Cuando llegué, ella rápidamente hizo las presentaciones y así conocí a Alberto. Ellos me fueron explicando que Alberto y ella habían sido novios durante tres años, antes de conocerme a mí. Y que hacia la tira de años que no se habían vuelto a ver, pues según explicó Alberto, residía en otra ciudad y había aprovechado las navidades para venir a saludar a unos amigos. Nos pidió tomarse una copa con nosotros y ellos comenzaron a charlar y a ponerse al día en todo lo acontecido. Ella le dijo que no había cambiado casi nada y él le dijo a ella, que ella había ganado en cuerpo y que estaba estupenda. Era verdad, cuando la conocí era un saco de huesos, tipo modelo anoréxica de hoy en día, pero con el paso de los años y los dos partos, había ensanchado caderas y aumentado pecho.

No me cayó mal el tal Alberto, mientras ellos hablaban y reían, yo escudriñaba el rostro de ella y me parecía ver de vez en cuando un brillo en sus ojos… o quizás yo me lo imaginaba.

La música en el local no es que fuese muy relajada, pero empezaron a poner música tipo salsera y él agarrándola de la cintura se puso a bailar con ella. No se movía mal, para ser un hombre, y se estaba poniendo morado delante de mis narices a base de restregones con ella. Mentalmente comencé a repasar los recuerdos en busca de todo lo que ella me hubiese contado de él. No se había acostado con ninguno de sus anteriores novietes, ya que yo fui el primero, pero empecé a recordar que ella me contaba que este iba con unas ganas tremendas de llevársela a la cama pues era muy efusivo, pero nunca pasó de hacerle pajas, pero nada más, ni tan siquiera una chupadita, pues a ella le daba un poco de asco por aquella época el semen, según recuerdo, y ella decía que le salía mucha leche cuando se corría. Quizás según ella, ese fuese uno de los motivos por los que habían roto, él quería más de lo que ella le daba…Empecé a preguntarme hasta donde seria ella capaz de llegar, ¿por qué no? Decidí que era el momento de intentarlo. Cuando acabaron de bailar llegaron hasta mí riéndose los dos, a ella se la veía quizás un poco bebida. Era cerca de las dos de la madrugada, en breve el pub cerraría las puertas, por eso les propuse irnos a casa a tomar allí la ultima. Él dijo que de acuerdo pero que debía ir a despedirse de la gente con la que iba, nosotros salimos primero en espera de Alberto. Le pregunté a ella que tal iba, a lo que ella me respondió que esa noche era capaz de cualquier cosa. Llegamos los tres a casa y Luisa dijo que iba a quitarse las pesadas botas que llevaba, yo puse música suave y le serví un guisky a Alberto. Puse la tele y allí daban una peli porno, la dejé y los dos comentábamos lo que en la pantalla se ve&iacute

;a. Sin esperarlo él me dijo abiertamente que nunca se acostó con ella y que me envidiaba por mi suerte. Cogí al toro por los cuernos y le pregunté claramente si le apetecía intentarlo con ella esa noche. Tras darse cuenta de que iba en serio, me preguntó que pasaba conmigo a lo que yo le dije que lo haríamos los tres, si ella quería, en eso quedó la cosa, pues Luisa entró en ese momento en el salón, nos dejó a los dos embobados, llevaba puesto no sé si un pijama o un salto de cama o yo que sé lo que era, pero le quedaba de vicio, blusita semitransparente negra que dejaba poco a la imaginación, y pantaloncito a juego calado, que se le clareaba todo el coño. Nos preguntó que si nos gustaba, y que ya que se lo había comprado para este fin de semana. Había decidido usarlo, pero que si no nos gustaba que iría a quitarselo inmediatamente. Los dos a coro le dijimos que de eso nada, que estaba muy sexi.

No sabia como empezar, así que me puse en pié y cogiéndola de la cintura me puse a bailar con ella. La besé apasionadamente ante la atenta mirada de Alberto. Decidió pasar a la acción y levantándose se colocó por detrás de la espalda de ella, contoneándose a nuestro ritmo.

Metí mis manos por debajo de la blusa y le empecé a acariciar el nacimiento de las tetas. Ella suspiraba en silencio. Por detrás Alberto le decía algo en su oído que yo no podía entender, bajé mis manos hasta sus caderas, no podía tocarle el culo, por que Alberto estaba literalmente pegado a ella, y ella echaba el culo hacia atrás a la vez que gemía suavemente. No pude bajar mucho más pues tropecé con los brazos de él que la rodeaban, y al investigar comprobé que tenia una de sus manos debajo del pantaloncito y que le estaba tocando el coño, mientras que la otra mano apretaba una teta fuertemente. Como yo la seguí besando al poco tiempo a través de su boca sentí como tenia un fuerte orgasmo, que hizo que casi me mordiese la lengua. Aproveché el momento para separarme un poco y quitarle por completo la parte de arriba. Ante nuestra vista quedaron expuestas las magnificas tetas que tantas veces habían sido mías y que ahora estaba a punto de compartir con otra persona. Alberto le repitió lo buena que estaba y lo bien que le habían sentado los años. Le dije de ponernos más cómodos, por lo que en un santiamén nos desnudamos los dos. Nuestras pollas en total estado de erección, señalaban en dirección a ella. Nos las agarró a cada uno con una manó y se puso a masturbarnos, mientras seguíamos así de pie, nos las meneaba con verdadero furor, él le dijo que no fuese tan rápido, ella le preguntó si todavía le gustaba que se la mamasen, no hizo falta ni que respondiese pues ella se arrodilló lentamente, pasando por todo su cuerpo hasta quedar a la altura, y después de darle un par de besos sonoros en la punta se la metió en la boca y empezó a chupar. Ahora era Alberto el que gemía, estuvo unos minutos así hasta que lo dejó y me lo empezó a hacer a mí. El gusto que me daba era tremendo, menos mal que paró conmigo y volvió a seguir con él. Decidí hacer el papel de espectador y me senté en una silla a mirar. Alberto al verse con ella para el sólito, se entregó más al juego y cogiéndola con sus manos de la cabeza, la obligaba a hacérselo al ritmo que él quería. Al principio iba lentamente pero poco a poco la cabeza de ella iba cada vez mas rápido adelante y atrás, estaba claro que no aguantaría mucho así y efectivamente él le dejó la cabeza libre para decirle que ya no tardaría mucho si seguía de esa manera. Ella sacándosela de la boca y con voz picarona, le preguntó si es que no quería correrse en su boca, él le dijo que siguiera entonces y la volvió a agarrar de la cabeza, follandosela por la boca. Sus gemidos iban en aumento. Cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás, todos sus músculos se tensaron, y dando un par de fuertes culetazos, dejó de mover la cabeza de Luisa y supe que se estaba corriendo en su boca, porque de repente las cejas de ella se enarcaron fuertemente, así como los músculos de su cara, pues estaba recibiendo la descarga, de improviso un torrente de semen empezó a manar de su boca, a pesar de que ella tragaba como podía, puso la mano por debajo de su barbilla para que no manchara la alfombra, pero ni por esas. El semen se filtraba por su mano y resbalaba por su pecho hasta la alfombra manchándola. Cuando hubo terminado de correrse, ella se la sacó de la boca y terminó de limpiársela con sus labios, tragó los restos que aun le quedaban y se limpió los restos de sus labios y barbilla con el dorso de la mano.

Yo que ya no podía más, cogí a mi mujer y sentándola en el filo del sofá, bien abierta de piernas, me arrodillé entre ellas y se la metí hasta el fondo de un solo golpe, follandomela salvajemente, ahora ante la atenta mirada de Alberto, que se sentó junto a nosotros y le dio la polla a Luisa para que se la meneara, y mientras ella se lo hacia, él le tocaba las tetas. Ella gemía como una perra en celo del placer que estaba recibiendo. A pesar de mis ganas de correrme pude aguantarme hasta conseguir que ella tuviera un sonoro orgasmo, el instante que paré para que ella descansara lo aprovechó para zafarse de mí y apartarme a un lado. Se puso en pie y dándome la espalda se sentó a horcajadas sobre Alberto, agarrándole la polla con las dos manos y restregándosela por toda su raja. Pensé que Alberto no creía la suerte que tenia. Ella, era la que le preguntaba si deseaba que se la metiera y frases que solamente en las grandes ocasiones en las que ella estaba muy cachonda, decía. Flexionó un poco el cuerpo para introducirse la polla de Alberto poco a poco en el coño, los dos emitían gemidos de placer, finalmente quedó totalmente sentada sobre él con su polla metida hasta el fondo. A pesar de tener su boca con restos de semen, comenzó a besarlo apasionadamente, sin que a él pareciese que le importase esto ultimo. Con las manos de él por debajo de su culo, ayudándola en los movimientos, empezaron a follar delante mía. Su cuerpo subía y bajaba casi a plomo para caer de golpe sobre su polla, estuvieron así largo rato, hasta que ella con un prolongado gemido se quedó estática sentada sobre él, resoplando los dos como animales. Él no le dio tiempo a descansar y cogiéndola en peso, la levantó y la tumbó sobre la alfombra, tumbándose encima de ella y metiéndole la polla de nuevo, se la siguió follando con una agilidad espasmódica. Yo me masturbaba febrilmente, mientras observaba el culo de Alberto subir y bajar de entre las piernas de ella. Dado que sus movimientos eran cada vez mas descompasados y rápidos, entendí que estaba próximo a correrse, efectivamente de un golpe la sacó y ya empezaba a salir liquido cuando lo hizo, pero es que cuando se la apoyó sobre el pubis de ella, salieron disparados varios torrentes de semen que le llegaron hasta la barbilla a Luisa, los siguientes fueron aterrizando entre las tetas y su vientre, para finalmente allí sobre su ombligo quedar depositado un mar de semen. Terminó de limpiársela sobre su vello publico y tras darle un beso se separó de ella. Esta le increpó que por que no lo había hecho dentro, y él le dijo que no estaba seguro de que podía hacerlo mirándome a mí, pero yo no le presté mucha atención pues estaba a punto de correrme y acercando mi polla al cuerpo de ella, comencé a soltarle, con un tremendo placer, mi descarga sobre sus tetas. No solté ni una tercera parte de lo que él había hecho, pero lo suficiente para que ella acabara cubierta de semen por todos lados. Lo que me faltaba por ver, fue como cogía con sus dedos un grumoso pegote de esperma y se lo llevaba a su vagina masturbándose furiosamente hasta que con el gesto compungido tuvo un orgasmo delante nuestra. Como esto duró unos minutos, fue tiempo suficiente para que nuestras pollas, comenzaran a cobrar vida, pero cuando ella abrió los ojos y nos vio de esa manera, dijo que ya había sido bastante por hoy y que necesitaba una ducha, dejándonos a los dos bastante cortados.

Alberto esperó que saliera Luisa de la ducha para marcharse, pero cuando esta lo hizo, ella le dijo que si le apetecía quedarse a dormir con nosotros, en nuestra misma cama los tres. Me sorprendió un poco su propuesta, aunque pensando en que seguiríamos la juerga, yo también pujé para convencerlo. Pero a la hora de la verdad era solo eso, dormir. Uno a cada lado de la cama (totalmente desnudos los tres) y ella en el centro, se abrazó a mi torso como cada noche y se quedó dormida enseguida, no recuerdo más pues también caí dormido.

No sé que hora seria, pero entraba una rendija de luz por la ventana, el vaivén de la cama me despertó. Abrí los ojos y pude apreciar perfectamente, que a mi lado, bajo las sabanas Alberto y Luisa follaban en silencio. Ella recostada de lado, casi en posición fetal, con su cara vuelta hacia mí, y él desde atrás agarrado a su cuerpo se la follaba tranquilamente, no sé el tiempo que llevarían, pero se lo tomaban con calma. La miré, al principio pensé que estaba dormida, pero abrió los ojos y me miró, en su expresión pude ver el placer que estaba recibiendo, por eso no me molestó que lo estuvieran haciendo, todo lo contrario, me excitó y mi polla empezó a levantarse. Al darse cuenta de que yo me había despertado, iniciaron los movimientos con más energía, yo me limitaba a observar su cara y el movimiento de su cuerpo, imaginándome la polla de Alberto entrar y salir de su coño. Ella misma destapó la sabana para que los dos cuerpos enlazados aparecieran a la vista. Ella llegó a tener dos orgasmos antes de que Alberto con ahogados y prolongados gemidos, dejara de moverse, supe que se había corrido dentro de la vagina de mi mujer. Cuando ella notó que él había terminado, sencillamente, se dio la vuelta y se colocó en la misma postura que tenia antes, pero mirando ahora a Alberto. Yo que tenia mi polla como una piedra y al sentir el contacto de su culo contra mí, me la agarré con una mano y la dirigí al lugar donde tantas veces la había llevado antes, encontré rápidamente la entrada de su vagina y apreté. Mi polla entró sin resistencia alguna. No es que estuviese mojada, es que jamás antes había sentido tanta humedad en su vagina, pues la debía de tener llena del semen de Alberto. Estuve un tiempo saboreando esta nueva sensación y poco a poco era ella misma la que echaba su culo hacia atrás buscando mi contacto. Inicié los movimientos que a ella tanto le gustan, acariciandole todo el cuerpo a la vez, pues buscaba más su placer que el mío. Debió de excitarse mucho ya que jadeaba y gemía fuertemente, le agarró la polla a Alberto que la tenia flácida, y comenzó a masturbarlo suavemente. Su polla no tardó en reaccionar y a los pocos instantes ya estaba totalmente erecta. Alberto de dejaba hacer y yo veía como por encima de la mano de Luisa aparecía y desaparecía su capullo. Esto me excitó un poco más si cabe y le empecé a dar más rápido, aunque dado lo encharcado que tenia el coño, mi polla resbalaba mucho, lo que me atenuaba el placer, alargando mi eyaculación. El sonido del chapoteo de mi polla en su coño era muy audible. Ella muy próxima a tener otro orgasmo, acomodó un poco la postura y se metió la polla de Alberto en la boca, mientras con la mano seguía meneándola, muy rápido. Casi era Luisa la que me follaba a mí de los movimientos que pegaba, decidí darle lo que quería, le agarré una teta fuertemente pegando su cuerpo al mío, a la vez que arremetía con más fuerza, si no hubiese tenido la boca llena de polla sus gemidos se hubiesen oído a distancia, Estaba concentrándome pues notaba que no me quedaba mucho, cuando Alberto dio un fuerte resoplido y ella dejó de mover su mano, de su boca, empezó a derramar goterones de espeso semen, que fueron cayendo sobre la polla de él. Ella siguió con la polla en la boca, a la espera de su orgasmo, para sacársela y soltar un profundo quejido de placer al orgasmar con mi follada. Yo no pude aguantar más y viendo caer de sus labios las ultimas gotas de leche, empecé a soltarle la mía dentro de su co& Era temprano sobre las 9 de la mañana cuando él después de despedirnos e intercambiarnos nuestros teléfonos, se marchó. Ya tranquilamente ella me confesó lo bien que lo había pasado, que había sido como aprobar una asignatura pendiente, pero que por mucho que hubiera gozado, nunca mas volvería a tener relaciones sexuales ni con él ni con nadie más, aunque yo he disfrutado tanto que ya veremos…

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Escrito por Marqueze

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