GABRIELA ME PENETRÓ.

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“Qué fin de semana tan aburrido” pensé. Lo único que había hecho en todo el día era cambiar canales en la tele, recostado en mi cama. Tomé el teléfono y casi inconscientemente llamé a mi amiga Gabriela.

-“Hola Gabi, ¿cómo estás?” -pregunté.

-“Bien y tú. ¿a qué te dedicas?”

-“No hago nada en especial…. ver la tele…” -le respondí muy aburrido.

-“¿Porqué no vienes a mi departamento? Tengo algo que quiero mostrarte…”

-“¿Qué cosa?” -le dije.

-“Ya verás…”

Sin pensarlo mucho -y con algo de curiosidad, no lo niego -apagué la tele, me puse unos pantalones, una camisa y me apresuré en llegar al departamento de Gabriela… quince minutos después, como a las 5 de la tarde, estaba allí. El departamento de Gabriela era pequeño, pero muy cómodo. La sala estaba a media luz… sólo la cortina entreabierta y un par de velas alumbraban los dos sillones y la pequeña mesa de centro.

-“¿Qué hay de nuevo?” -pregunté.

-“Mira el juguetico que conseguí…”

Gabriela sacó de entre una bolsa plástica un consolador de caucho, como de unos 20cms de largo, no muy grueso y pegado a una correita plástica negra.

-“Tú no cambias, ¿no?” -le pregunté, mirándola un poco irónicamente – “Siempre serás la misma enferma sexual de toda la vida… jajajaja”

-“Sí… es cierto… no lo puedo evitar” -respondió ella, un poco apenada, pero sonriendo.

-“¿Y ya lo usaste?”

-“No.” -me dijo Gabriela -“Estoy esperando una oportunidad para hacerlo. Una amiga iba a venir hoy… pero llamó a última hora para cancelar”.

Al tiempo que decía eso, Gabriela inclinó un poco su cabeza y me miró como queriendo preguntar algo. Ella sabía lo que yo disfrutaba del sexo anal y lo que había disfrutado hace un par de semanas cuando su amigo Andrés me penetró… fue una experiencia increíble… pero esa es otra historia (ver “Pasó lo que tenia que pasar…”).

-“¿Qué pretendes Gabi?” -le pregunté un poco desconcertado.

-“Yo sé que te excita la idea de meterte jugueticos en el culo” -dijo ella sonriendo.

Y la verdad es que desde que vi el consolador e imaginé lo que podía hacer en mi culo, mi verga se puso tiesa y sentía que estaba mojado. Gabriela se acercó a mí y sin decir nada tocó mi verga por encima del pantalón.

-“Estás excitado ¿no?” -preguntó ella.

-“Si… bastante…” -le respondí.

Mi corazón estaba latiendo con fuerza. Apresuradamente Gabriela se quitó la ropa. El ver su cuerpo desnudo, su piel suave y sus senos parados a la luz de las velas me hicieron excitar aún más. Yo no aguanté más y también me desnudé. Mi verga estaba muy parada, muy roja y muy mojada.

Nuevamente Gabriela se acercó, y mientras me miraba fijamente a los ojos, se agachó y comenzó a mamar mi verga. “Qué delicia…” pensé. Comencé a suspirar… entre cerré mis ojos y subí mi cabeza… estaba muy agitado, a punto de venirme. Gabriela lengüeteaba mi verga, la metía y la sacaba de su boca, la acariciaba con sus manos… le hacía de todo… “Hmmm…”

-“Date vuelta.” -me dijo en voz baja Gabriela.

Casi sin abrir los ojos me di la vuelta, dándole la espalda a Gabriela.

-“Abre tus piernas y apoya tus manos en el sofá. Ahora sí vas a ver lo que es bueno…”

Eso hice. Mi culo estaba a disposición de mi amiga. Por los sonidos que escuché supuse que ella se estaba amarrando las correas del consolador a su cintura. Esperé… Gabriela comenzó a masajear mi ano con sus dedos, untando gel o alguna crema lubricante. Yo estaba cada vez más excitado…

-“¿Cómo vas?” -preguntó ella.

-“Bien…” -murmuré jadeante y casi sin poder hablar. Mi corazón iba más rápido…

Sentir cómo frotaba sus dedos en mi ano y cómo los metía cada vez un poco más en mi culo, me tenía a mil. Primero fue un dedo, después dos y finalmente tres. Gabriela sabía lo que hacía… otra vez estaba a punto de estallar.

Hubo una pequeña pausa…. “Aquí va…” dijo Gabriela, y enseguida comencé a sentir cómo introducía la verga de caucho en mi culo. Mi cuerpo se estremeció… encogí un poco mis hombros, cerré mis ojos con fuerza y levanté la cabeza. Poco a poco ella empujó el consolador hasta que sentí sus caderas contra mis nalgas… “Uhhhhh…”

-“¡Uhyyy! ¡Qué delicia!” -gritó Gabriela, muy excitada -“¡Se ve muy bien ésta verga en tu hueco!”

Gabriela comenzó a moverse con ritmo, sacando y metiendo el consolador de mi culo, mientras me agarraba firmemente de las caderas. Subí una de mis piernas al sofá, como queriendo abrir aún más mi ano.

Perdí la noción de todo… tal era el placer que nada más importaba sino sentir a Gabriela meciéndose hacia adelante y hacia atrás, metiendo y sacando el consolador de mi culo. Cuando pensé que nada iba a superar lo que estaba sintiendo, Gabriela sacó suavemente el consolador de mi culo.

Suspiré…

-“Ahora recuéstate boca arriba sobre el sofá y abre las piernas… falta lo mejor” -dijo mi amiga.

Yo le hice caso, recostándome sobre el sofá y abriendo mis piernas. Gabriela las empujó fuertemente hacia mí tomándome de los pies. Ella ahora no sólo dominaba mi culo, sino mi verga. Muy suavemente comenzó a introducir el consolador en mi culo de nuevo, pero esta vez yo la podía ver… mis rodillas estaban casi al nivel de mi cabeza.

Una vez más Gabriela comenzó a moverse con ritmo, metiendo y sacando el consolador de mi culo. Yo podía ver mi verga, cada vez más parada. Volví a cerrar mis ojos y moví mi cabeza hacia atrás… “Ahhhh…”

-“¡Eso es…! ¡Disfrútalo Juanca! ¡Siente cómo te penetro!”

Mientras decía esto, Gabriela tomó mi verga con una de sus manos y comenzó a pajearme. Esto era increíble… al mismo tiempo que ella metía y sacaba el consolador de mi culo, me acariciaba la verga con su mano, con movimientos firmes y parejos, hacia arriba y hacia abajo… yo ya no podía más…. No sé cuanto tiempo duró esto… ¡Qué placer!

-“¡Dios! ¡Qué delicia! ¡No pares!” -le dije, aún sin abrir los ojos -“¡Más! ¡más…!”

Gabriela aumentaba su ritmo… el placer era mayor. Unos minutos después no pude más… mi semen saltó sobre mi abdomen y convulsioné, mientras mi amiga seguía acariciando mi verga y usando su consolador. Sentí cómo algunas gotas de sudor rodaron por mi cara… “Uhyyyyy…”

-“¡Qué rico! ¡Qué derramada tan buena!” -dijo Gabriela.

-“¡No…! ¡Increíble…!” -fue todo lo que pude decir.

Gabriela sacó lentamente el consolador de mi culo. Yo estuve unos segundos casi sin poder moverme. Cuando al fin pude incorporarme y recuperar mi aliento, la miré con la boca entre abierta….

-“¿Lo disfrutaste? -me preguntó con un tono algo irónico.

-“Estupendo….” -le dije, todavía respirando fuertemente.

-“Qué bueno, me alegra que te haya gustado”.

Gabriela sonrió. Eran ya las 9 de la noche. Después de un rato me fui para mi departamento. Me sentía bastante cansado. Esa noche dormí como un niño.

Si tienen comentarios, me gustaría escucharlos.

Autor: Juanca

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Escrito por Marqueze

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