Jugando con Elsa

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Comencé a besarle los pechos, mordía sus pezones mientras mis dedos jugaban con su vagina y con su culo. Bajé hasta su concha y comencé a comérmela. Era hermoso el olor que salía de ella. Estaba más que lubricada y con mi lengua recorrí sus labios, para luego meterla en su cavidad. Mi lengua comprobó el calor de su vagina, luego introduje un par de dedos, mientras otro jugaba con su culito.

Pensaba que el tema con mi ex esposa ya había quedado atrás y que había iniciado una nueva vida, hasta que me crucé con ella y con su nueva pareja en un centro comercial. Fue en dos ocasiones, la primera yo salía de una librería y ellos pasaban tomados de la mano y muy acaramelados por delante de mí. La segunda fue cuando me senté a tomar un café en la plaza de comidas y pude ver como se hacían arrumacos y se besaban. Ella me vio y con una sonrisa muy cínica lo besó de improviso como para demostrarme lo bien que la estaba pasando con otro al verme solo.

Al principio traté de no darle mayor importancia, pero no pude y al poco rato me encontraba caminando por el estacionamiento buscando mi auto y maldiciendo mi suerte. Salí y no pude irme para casa. Salí y recorrí un poco la ciudad en busca de tranquilizarme un poco. Para colmo de mi mala suerte llamé a Victoria, una de mis nuevas amistades, y no pude encontrarla. Necesitaba conversar con alguien y también por qué no, tener un buen rato de sexo.

Estaba visto que esa no iba a ser mi noche, así que decidí ir a comer algo para luego irme a casa a dormir. Fui a un bar cercano al centro de la ciudad al que solía ir seguido ya que se comía muy bien y tenían un ambiente muy acogedor. Me senté en una de las mesas del fondo del salón y cuando estaba ojeando la carta siento que alguien habla a mis espaldas.

– A este cliente atiéndalo bien. Miren que sino mañana en el trabajo se la agarra conmigo.

Me di vuelta para ver quien era, ya que la voz me resultaba familiar y me encontré con Elsa.

Elsa, es una compañera de trabajo, con la que trabajamos juntos, cuando yo recién empecé en la empresa. Nos habíamos hecho muy compañeros, ya que según ella, que es varios años mayor que yo, me había adoptado como un “hijo laboral”. He de decir que ella me enseñó mucho sobre el trabajo, lo que permitió que me asignaran otras tareas. Si bien hace ya un tiempo que no trabajamos en la misma sección, siempre que nos encontramos en alguno de los pasillos conversamos un poco y a veces se da una vuelta por el piso en el que trabajo y nos ponemos al día con nuestras cosas.

Ella hace ya varios años que se divorció y cuando yo pasé por lo mismo me habló mucho y me ayudó bastante. Me alegré mucho al verla ya que suponía tendría alguien con quien conversar un rato.

– ¿Qué está haciendo usted señora por aquí? – Estoy confirmando algo que cuando te lo cuente seguro que te caes de espalda. – ¿Ah sí? Dije yo. – Si. Así como me ves voy a ser la próxima expositora de pinturas de este prestigio local. Dijo riéndose.

Varias veces habíamos almorzado junto con otros compañeros de trabajo en este local y si bien no teníamos una amistad, conocíamos bastante a los dueños, con quienes teníamos mucha confianza. Lo de la exposición era porque Elsa en sus ratos libres tenía por hobby la pintura y siempre había dicho que en algún momento iba a exponer sus obras. Me contó un poco de qué se trataba todo y se excusó de acompañarme porque tenía unas cuantas cosas para hacer y quería irse temprano. De todas formas quedamos para el día siguiente a la hora del almuerzo. Tal cual lo previsto nos encontramos en la puerta del ascensor al día siguiente a la hora del almuerzo y por supuesto que fuimos a almorzar al bar donde se haría la exposición.

Durante el almuerzo conversamos de muchas cosas, por supuesto que el tema de la exposición fue el central de la charla y también salió el tema de que era lo que estaba haciendo la noche anterior en el bar. Le conté lo que había pasado y Elsa se sorprendió de que yo siguiera con mi ex en la cabeza.

– ¿Todavía seguís pensando en esa loca?

Si bien Elsa en más de una ocasión me había comentado que mi ex no le había caído nunca bien, era la primera vez que se refería a ella de esta forma.

– La verdad que lo que hizo es bien de perra. Continuó diciendo Elsa. – No merece que pienses más en ella. Ella sabe lo mal que pasaste vos con todo el tema del divorcio y te hace esto todavía. La verdad es que no la entiendo. – Mirá me hubiera gustado ir y putearla delante de todo el mundo, pero no tiene sentido. Después pensé en ver la forma de devolverle lo que me hizo. Pero tampoco vale la pena. – Mala idea no es. Es el golpe más grande que le podés dar. Que vea que la pasás bien sin ella. Pero tiene que ser bien hecho, que no parezca que lo hacés a propósito. – ¿No te estás volando demasiado? Dije, para tratar de frenarla un poco. – ¡No! ¡Para nada! Lo que hay que ver es cómo y cuando. Pero no te preocupes que algo se me va a ocurrir. Déjalo en mis manos.

En realidad no sé bien el momento en el cual me convenció o me dejé convencer. Lo cierto es que de regreso al trabajo me dijo que cuando lo tuviera armado me llamaba. Pasaron dos días antes de que me llamara. Fue casi a la hora de salir, me dijo que me esperaba en la puerta para contarme. Aprovechamos el viaje de regreso para que Elsa expusiera su plan.

– Es sencillo. Dijo. Se me ocurrió que el lugar ideal es el día de la inauguración de mi exposición. Yo le hago llegar una invitación al cóctel que seguro viene. No te olvides que a pesar de todo conmigo siempre tuvo buena onda. Lo que vos tenés que hacer, es ir con una amiga y cuando yo te diga te vas para el fondo a jugar un ratito y yo me encargo de llevarla con alguna excusa y me aseguro de que los vea. Por supuesto que después me encargo de decirle lo mucho que siento que haya visto lo que vio.

Ambos nos pusimos a reír con la idea. Elsa me hizo reconocer que era genial y me dijo que se encargaría de todo. Yo sólo tenía que encargarme de llevar a una amiga que se prestara al juego. Teníamos dos semanas por delante así que tenía tiempo de sobra para arreglar todo con Victoria, que además con el morbo que tiene no iba a dudar en aceptar. Me imaginaba yo montando una escena tipo película porno junto a Victoria y a la vista de la mal nacida de mi ex.

El día anterior Elsa se encargó de llamarla para confirmar su presencia y tal cual lo previsto le dijo que allí estaría. El plan marchaba sobre ruedas hasta que un par de horas antes del evento recibo una llamada de Victoria en la que me avisa que llegaron de improviso sus padres y que no iba a poder ir. Me pidió disculpas de mil maneras y me dijo que me prometía que en la próxima se prendía si o si.

Al principio pensé en reemplazarla por una profesional, pero llegué a la conclusión de que no valía la pena. La di por perdida, pero igual decidí ir al cóctel para cumplir con mi amiga. Me mentalicé para soportar alguna humillación de parte de mi ex junto con su nuevo novio y salí bastante tranquilo hacia allá. Ni bien entré me dispuse a buscar a Elsa para decirle lo que había pasado. La encontré y fui a saludar. Mientras le besaba la mejilla le dije que teníamos que hablar. Ella se apartó un poco y le conté lo sucedido. Ella se lamentó, pero me dijo que me quede tranquilo que algo se le iba a ocurrir. Un rato más tarde se acercó a mí nos volvimos a apartar y me dijo:

– Haceme caso. Cuando te diga, andá para la parte de atrás que está todo pronto. – ¿Y quién se va a prestar al juego? – Yo. Me dijo. – ¿Qué? – Vos tranquilo que va a salir todo bien. Acaso no es creíble que alguien se fije en mí. Dijo y salió caminando hacia el centro del salón a encontrarse con otros invitados.

A decir verdad, si bien Elsa es una linda mujer, nunca me había fijado en ella como amante. Luego de pensarlo un rato, me dije que ya que estaba en el juego, tenía que jugar, Fue entonces cuando me puse a ver bien a Elsa. Para sus 46 años está más que bien. Es alta, delgada, piel cobriza, ojos oscuros, un lindo pelo que siempre lleva muy arreglado y muy enrulado. Lindos pechos, más bien pequeños, pero buena forma y parecían bastante duros. Y una cola que más de una veinteañera quisiera tener.

Además ese día estaba más arreglada y elegante que de costumbre. Tenía una blusa negra muy sencilla, pero muy elegante a la vez, una minifalda negra que hacía lucir muy bien a sus piernas y completaba el conjunto con unos zapatos de taco alto muy elegantes también. No estaba provocativa, pero si muy interesante. Estoy seguro de que a más de uno le hubiera gustado terminar la jornada entre las sábanas junto a ella. Así que al final pensé que no era mala opción y que de paso sería divertido.

Un rato después uno de los dueños del local pidió la palabra y habló sobre su clienta pintora y entre varias bromas contó lo contento que estaba con la exposición. Luego habló Elsa quien agradeció a todos los que la acompañaban ese día y dijo que quería agradecer especialmente a un gran amigo que siempre estuvo junto a ella y que quería homenajear en ese momento. Por supuesto que ese amigo era yo, que terminé en medio de todos junto a Elsa. Ella primero me dio un abrazo y un beso y luego me tomó de la mano mientras terminaba de hablar.

La verdad que me gustó que me tomara de la mano y ahí la cabeza se me disparó pensando en lo que vendría. También pensaba en que no podía pasarme de la raya ya que no quería tener ningún problema con Elsa. Pasó un rato largo hasta que Elsa se acercó a mí y me dijo que fuera para el fondo que ella enseguida iba. No dudé ni un segundo en hacerle caso. Salí a la parte de atrás del bar. Allí había una especie de jardín que quedaba en la pasada a los depósitos. Me paré bajo una luz que allí había y esperé a que Elsa viniera. La noche estaba linda ya que no hacía frío y apenas corría una suave brisa que refrescaba la noche.

Elsa no se hizo esperar mucho. Se acercó a mí y nos reímos como dos adolescentes que iban a hacer la travesura de sus vidas.

– Ya está. Me dijo Me acerqué hasta donde estaba y como estaba con Laura aproveché para decirles que me gustaría hablar con ellas en cuanto tuviera un minuto, Que iba a ver de escaparme un poco. Picaron enseguida y estoy segura que ya vienen para acá.

Nos corrimos un poco de la luz, pero nos mantuvimos en un lugar donde seguro nos verían. Nos tomamos de la mano y nos volvimos a sonreír por lo que íbamos a hacer.

– ¿Estás listo? Preguntó Elsa. – Si. Contesté.

En realidad estaba listo desde hacía ya un buen rato… Ya estaba deseando que pasara algo. Tenía la curiosidad de ver como besaba Elsa y de saber como se sentía su cuerpo de cerca. Me acerqué a ella y le di un suave beso en los labios.

Ella sonrió y dijo: “bueno empecemos que ya vienen”. Comenzamos a besarnos primero suavemente. Su boca se sentía muy bien. Era sumamente caliente. Luego de romper el hielo inicial, nos fuimos abrazando más fuerte y besando más apasionadamente. Nuestras lenguas empezaron a jugar en nuestras bocas. Su lengua me recorrió la boca como nunca. Nuestras manos empezaron a recorrer nuestras espaldas. A esa altura mi verga ya reventaba y ni me acordaba de que era para dar espectáculo. Bajé una de mis manos hasta sus piernas, ella recogió una para facilitarme la tarea, al tiempo que sus manos recorrían mis nalgas.

No dudé más y metí mi mano por debajo de su falda y comencé a acariciar su lindo culo. Llegué hasta el borde de su tanga y metí mis dedos debajo de ella para recorrer toda la línea de su culo. Me llamó la atención que usara ese tipo de ropa interior, pero a la vez me excitó más. Mi boca abandonó la suya para recorrer su cuello. Con la otra mano traté de desabrochar su blusa. Como no podía ella me ayudó y en pocos segundos estaba tocando y besando sus hermosos pechos.

Pude sentir como decía entre suspiros: “sí, si no pares”.  Empecé a sentir como su mano buscaba mi verga. Primero me la agarró fuerte y me la acarició por encima del pantalón. Luego entre los dos la sacamos para que ella comenzara a masturbarme.

Mis dedos buscaron su concha y enseguida de llegar a ella se perdieron en su interior. Jugué con mis dedos dentro de ella y busqué su clítoris. Cuando lo encontré comencé a acariciarlo. Fueron pocos segundos hasta que sentí entre mis dedos una verdadera catarata de jugos. Su cuerpo se arqueó y quedó tenso por unos instantes, para luego aflojarse hasta casi dejarse caer en mis brazos. En cuanto se repuso comenzó nuevamente con la paja que me estaba haciendo al tiempo que me decía gracias, gracias. Estaba casi a punto de acabar cuando ella paró y me dijo:

– Esperá que ya se fueron. – ¿Me vas a dejar así? – No. Ahora me quiero comer ese paquete entero. Mejor nos vamos para casa. Esperá que me acomodo, salgo estoy con los invitados un rato y después vamos para casa. Para que nadie sospeche, salí vos primero y me esperás en el auto.

Solo dije si. Nos besamos nuevamente mientras nos acomodábamos la ropa. Ella volvió a la reunión mientras que yo permanecí afuera hasta que mi pija bajó lo suficiente como para no quedar pegado. Pasé entre todos. Me despedí de Elsa y salí a esperarla en el auto. Pasaron más de veinte minutos antes de que ella saliera. Subió al auto y arrancamos.

– Salió mejor de lo que lo planeamos. Dijo ella. – ¿Sí? – Si. Hablé con Laura cuando me fui a despedir y me dijo si me iba a ver a mi novio. Yo me hice la desentendida y le pregunté por qué decía eso. Entonces me dijo que no lo escondiera más que me habían visto contigo en el fondo. Yo me hice la asombrada y pregunté por tu ex y Laura me dijo que no le había caído nada bien lo que había visto y que se había ido para su casa. – Perfecto entonces. – Falta algo para que sea perfecto. Te tengo que comer todo.

Terminó de decir eso y se acomodó en el asiento para comenzar a chuparme la pija. Si mi lengua había sentido divino el calor de su boca, ni que decir con mi verga. Comenzó dándome besos y mordiscos, hasta que la volvió a poner dura. Entonces se la tragó de un bocado y comenzó a chuparme al mejor estilo de las películas porno. Se la metía toda en la boca, para sacarla lentamente y pasarle la lengua a la cabeza. Y se volvía a meter la cabeza y a chuparla como un caramelo, mientras que con sus manos me acariciaba en una suave paja.

No demoré mucho en venirme. Le avisé de que acababa, pero ella como si nada. Aceleró sus movimientos y pronto estaba eyaculando en su boca. Con su lengua recorrió mi pija hasta dejarla reluciente. Luego la guardó y me dijo:

– Espero que esa hermosura esté así de dura toda la noche, porque estoy que ardo después de la sobada que me diste. ¿Dónde aprendiste a hacer eso? – No sé.

Llegamos a su apartamento y casi sin decir nada estábamos en la cama desnudos. Recuerdo que fue un placer sacarle la tanga blanca que tenía. Cuando la vi desnuda no podía creer la hermosura de mujer que era. No tuve mucho tiempo para pensar porque casi enseguida estábamos enroscados en otro beso por demás sabroso. Esta vez las manos no esperaron y empezamos a tocarnos como dos desesperados.

Yo comencé a besarle los pechos nuevamente, mordía sus pezones con suavidad y con firmeza a la vez, mientras mis dedos jugaban con su vagina y con su culo. Bajé hasta su concha y comencé a comérmela. Era sencillamente hermoso el olor que salía de ella. Estaba más que lubricada y con mi lengua recorrí sus labios, para luego meterla en su cavidad. Mi lengua pudo comprobar el calor de su vagina, luego introduje un par de dedos, mientras otro jugaba con su culito. Jugué así un rato hasta que me dispuse a jugar con su clítoris. Comencé a comerlo como a sus tetas. Casi enseguida ella explotó nuevamente. Apretó mi cara contra su concha a la vez que acababa y me daba sus jugos… Seguí comiéndola un poco más, hasta que ella se repuso y se colocó sobre mí.

Empezamos un 69 divino. Ella volvía a comerse mi pija como un rato antes. Por mi parte además de jugar en su concha con mi lengua empecé a jugar con su culito. Ella suspiraba y gemía, pero no dejaba de chupar. De pronto paró, se acomodó sobre mí y se metió mi pija hasta el fondo. Comenzó a cabalgarme. No cabía duda de que sabía muy bien lo que hacía. Se movía de una forma que parecía que me iba a arrancar la pija. Yo chupaba sus tetas y las mordía. También seguía con mi dedo en su culito, esta vez ya lo metía descaradamente. En un momento quedó doblemente penetrada por mi verga delante y mi dedo detrás.

– Mirá que ese dedo me está haciendo calentar más todavía. Dijo.

Unos instantes después volvió a acabar. Apenas se detuvo un instante para seguir luego cabalgándome. Podía sentir el ruido de sus jugos. Volvió a detenerse, se bajó, se acomodó con el culo hacia arriba y me dijo:

– Dale metémela por el culito que parece que te gusta tanto.

Creo que no había terminado de decir esto cuando la cabeza de mi verga ya estaba forzando la entrada de su culo. Pensé que resultaría más fácil luego del masaje que le había dado, pero me costó bastante meterla. Cuando me acomodé dentro de ella, comencé a moverme, primero lentamente, luego aumenté el ritmo. Ella suspiraba fuertemente y pedía más. Decía que no parara. Estuve varios minutos bombeando en su culo, hasta que me acabé dentro. Nos dejamos caer sobre la cama, todavía con la verga dentro de su culo. Estuvimos un rato así hasta que la saqué. Nos abrazamos y nos besamos.

– No puedo creer que esto haya pasado. Dije. – Yo tampoco, pero me encantaría que volviera a pasar, dijo Elsa. – Cuando quieras.

Nos volvimos a besar, esta vez en forma más tierna y calmada. Pasamos toda la noche juntos y a la mañana antes de irme lo volvimos a hacer, esta vez en la ducha. A partir de ese día empezamos a vernos un par de veces por semana, pero ahora no eran visitas de amigos…

Autor: Sebas

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Escrito por Marqueze

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