LA INICIACION IV – Nueva oportunidad

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Había pasado más de una semana, y Francesc decidió volver a disfrutar de su nueva esclava. Le constaba, pues se comunicaba casi a diario con Joan por mail, que ella no le había contado nada de lo ocurrido, aunque su amigo le comentó la sorpresa de encontrársela un día totalmente rasurada y que ella le dijo que como sabía que a él le gustaba había decidido afeitárselo, y además como venia el calor, mucho mejor para el verano y los bikinis.

No había vuelto a hablar con ella, pero aquella mañana decidió llamarla al móvil.

"Jeny?""Si…""Soy tu amo Francesc…" notó como a ella s le aceleraba la respiración, "esta tarde a las 5 pasará Rogelio a recogerte…" ella no dijo nada "algún problema?""Ninguno… "respondió ella con voz entrecortada.

Francesc colgó.

Eran las cinco y media de la tarde, cuando desde la ventana de su despacho, francés le vio entrar el coche en el patio exterior. Salió del despacho, y se dirigió hacia la puerta principal. Y se quedó de pie en el centro del vestíbulo, y espero a que Rogelio abriera la puerta. Rogelio la hizo pasar. Quizá su ayudante la había instruido, pero las la entrada con la cabeza gacha francés pensó que hoy tendría un buen día. El hombre se retiró, y ella quedó allí frente al francés. La mujer llevaba unos pantalones azules ajustados, una blusa de colores y una chaqueta, con unos zapatos normales. Francés se dirigió hacia ella, tomó su cara entre sus manos, y la besó largamente. Al principio ella se resistió, pero al cabo de unos segundos su boca y empezó a responder al beso de francés. Mientras se besaban, en la acarició todo su cuerpo, como su mano y la llevó lentamente al gabinete. Ella no había dicho palabra desde que entró por la puerta, pero francés quería escuchar su voz." así tenido un buen viaje " ella asintió con la cabeza," " quieres algo " ella negó con la cabeza," a partir de ese momento, todo lo que pregunte, lo contestadas diciendo si mi amo o no mi amo " ella le miró," de lo contrario, tendré que castigarte duro " La acarició la cara," y sabes que no es eso lo que quiero, quiero hacer de ti una esclava y dulce y obediente que sea capaz de satisfacer tanto a tu marido como a mí ". Le quitó la chaqueta, y fue desabrochándole la blusa. Después le hizo quitarse los pantalones. Apareció ante el, aquel cuerpo cubierto tan sólo por la ropa interior, una minúscula braga de encaje azul y un sujetador, con blondas del mismo color. La hizo ponerse de nuevo los zapatos, y entonces tomando un collar que había sobre una mesa, se lo puso. Luego enganchó al collar una cadena. Se colocó detrás de ella, y la sujetó ambas muñecas con unas esposas. Luego accionó un timbre que había en la pared. Al instante apareció Rogelio." llévala a la sala por favor ".. Rogelio tomó la cadena, y suavemente se llevó a Jeny. Francesc se dirigió a su despacho. Una vez allí observó a través de una pared transparente la sala donde se encontraba la mujer, era un pequeño recinto con paredes acolchadas, y descubrió la efectividad de su ayudante. Jennifer, se encontraba en el centro de la habitación, Rogelio había atado su collar a una cadena que pendía del techo, y sus muñecas esposadas a una cadena que las unía a sus tobillos. Aquella tarde Francesc se dedicaría a trabajar con sus pechos. Salió de su despacho, y tras un ligero rodeo, entró en la sala. La mujer se sobresaltó al oírle detrás de ella. Francés se acercó y de este atrás le cogió los pechos. Luego la rodeó observándola de arriba abajo y se colocó frente a ella." hoy pequeña " dijo acariciándole los pechos " nos vamos a dedicar a disfrutar de estas dos maravillas " y ante su pasividad, para hacerla reaccionar empezó a golpear ambos pechos con las manos abiertas. La mujer dio un salto hacia atrás, y un grito, pero al estar unida por cadenas tanto al techo como al suelo, se quedó balanceando en una difícil postura.

Francesc vio la oportunidad de iniciar su entrenamiento, con dos dedos, tomo cada uno de sus pezones y tir&oacute

; con fuerza hacia él, el grito de la mujer fue desgarrador pero volvió a colocarse en posición derecha. Francesc se dirigió a un extremo de la sala, y trajo un pequeño mueble de 1 m y medio de altura aproximadamente que colocó frente a ella. Abrió sus puertas y extrajo unas brazos metálicos terminados en una especie de dedos del mismo tipo y material que su centro tenía una especie de Ventosa. Colocó ambas ventosas sobre los pezones de ella y ajustó los dedos metálicos alrededor de sus pechos. Luego extrajo un cable que conectó a un enchufe situado en el suelo. Una serie de luces se encendieron en el panel y tres manipular algunos mandos Francesc apretó un botón verde. Las ventosas empezaron a masajear los pezones de Jeny, mientras los cuatro dedos metálicos iban oprimido sus pechos. Francesc miró el rostro de la mujer, con los ojos cerrados su cara era una mezcla de dolor y placer. Placer por el masaje sobre sus pezones , y dolor de aquellos dedos metálicos estrujando sus mamas.. Tenía que distraer su atención para que aquella mezcla de placer y dolor fuera haciéndose un hueco en su mente. Por ello tomó unas piezas metálicas conectadas al aparato, y las puso con sumo cuidado en los labios mayores de su sexo. Luego activo otra serie de botones, y una suave corriente eléctrica hizo convulsionarse suavemente a la mujer que la recibía directamente en su sexo. Pero debía acudir a un tercer punto de referencia. Cogió un látigo de nueve colas de la mesa, a colocándose tras ella, con un ágil y suave y movimiento de muñeca comenzó a azotarla primero suavemente y después con más fuerza en movimientos circulares la espalda y las nalgas… El espectáculo era magnífico, la coordinación estaba funcionando, los movimientos de pelvis hacia delante y hacia atrás, demostraban la recepción de la corriente eléctrica en su sexo. Los movimientos de la parte superior de su cuerpo de derecha a izquierda confirmaban las sensaciones de dolor y placer recibidas en sus pechos, y por último los movimientos hacia delante de todo el cuerpo demostraban la recepción de los latigazos que aplicaba en su espalda.. El ejercicio se extendió durante más de media hora en la que la mujer alcanzó más de un orgasmo. Lo interesante era saber si estos eran provocados por la corriente, el trabajo sobre sus pechos, o por los latigazos propinados en su espalda, pero seguro que tendría tiempo de averiguarlo.

Miró el reloj, aún le quedaban más de tres cuartos de hora, antes de devolver a aquella zorra, junto con su marido. Pulsó el timbre de la pared, y al momento apareció Rogelio. Le hizo un gesto y ambos se dirigieron hacia ella. La desataron los tobillos y también las muñecas pero seguía estando conectada a la máquina. Francesc volvió a poner en marcha la máquina, la mujer no hizo nada por despegarse de ella, lo que satisfizo a Francesc, pues se dio cuenta de que empezaba a sentirse verdaderamente sometida. Decidió subir un poco más el voltaje que llegaba hasta su coño. Jeny empezó a convulsionar suavemente su pelvis, subió también la presión y la velocidad de los garfios que apretaban y ahora giraban sus pechos. Y la respuesta fue inmediata, los hombros de la mujer comenzaron a desplazarse a derecha e izquierda.. Mientras tanto un poco más allá, Rogelio preparaba un nuevo artilugio, se trataba de dos barras paralelas que salían de ambas paredes y que formaban un plano inclinado de los 45 ° respecto al suelo. Cuando estuvieron bien afianzadas, Rogelio hizo un gesto a Francesc que inmediatamente fue progresivamente bajando el voltaje y la velocidad de la máquina que tenía conectada a ella. Una vez que la máquina se detuvo, se acercó y tras besarla largamente en la boca, la llevó hacia donde se encontraban las barras. La más alta de las dos barras estaba situada a 1 m y medio de altura aproximadamente, la otra unos 45 cm. del suelo. Muy despacio francés le quitó las esposas a la mujer, después le colocó unos grilletes metálicos que irán conectados a unas cortas cadenas terminadas en un mosquetón que enganchó separadas la barra alta a una distancia de 1 m, fijó unos topes a ambos lados y después colocó también unos nuevos grilletes en los tobillos de la mujer. Una vez hecho esto y mientras Rogelio sujetaban por el estómago y los pechos a Jeny, engancho las cadenas que de ellos pendían por el mismo sistema que en el caso de las mu

ñecas a la barra baja. Mientras Rogelio seguía sujetando aquel cuerpo, y aprovechaba para masajear sus enrojecidas y doloridas tetas y acariciar su chorreante sexo, Francesc fue poco a poco separando entre si las barras hasta que el cuerpo quedó totalmente tenso, e inclinado respecto al plano del suelo. Entonces se acercó a la mujer, y le colocó el ya conocido collar regido metálico, que la obligaba a mantener levantaba la cabeza. Luego le colocó una bola elástica de color rojo en la boca ante lo cual los ojos de la mujer miraron interrogantes a Francés " no te preocupes, es simplemente para que en caso de que te doliera mucho puedas morderla " ella siguió implorándole con los ojos pero el hombre ató con parsimonia las cintas que salían de dicha bola por detrás de la cabeza de la mujer.. Se colocó detrás de ella y comenzó a separar sus piernas hasta que creyó conveniente, luego sujetó sus ataduras de la barra baja, y colocándose frente a la mujer hizo la misma operación con las ataduras de la barra alta. La rodeó varias veces y se mostró satisfecho con la postura de ella. Los brazos abiertos al máximo, las piernas también, una perfecta y simétrica equis que componían aquel cuerpo tembloroso. De un frasco que había sobre la mesa, vertió un líquido azulado y aceitoso, sobre la espalda y las nalgas a la mujer y gran parte de sus muslos después lentamente lo fue extendiendo por toda la zona. Se acercó de nuevo a la mesa y tomó tres cadenas terminadas en sendas pinzas de borde dentado. Tras masajear los ya mas que sensibles y doloridos pezones, colocó una en cada uno, y la tercera tomando con suavidad los labios mayores los cerró con ella. Un ligero estremecimiento en cada una de las operaciones le demostró a Fancesc que las piezas estaban bien colocadas. Después tomó de la mesa unas micro pesas de esas de joyería, y buscando la arandela donde se unían las tres cadenas colocó dos de ellas, al momento un gemido de la mujer amortiguado por la mordaza le confirmo que hacían su función, los pezones se estiraron hacia abajo, y mientras los labios mayores se tensaban hacia arriba como buscando encontrarse. Francesc tomó entonces el látigo de nueve colas de la mesa y tras subirse a un cajón de unos 50 cm. de altura que había colocado Rogelio a los pies de la mujer se dispuso a comprobar la capacidad de aguante de aquel cuerpo y aquella piel al duro castigo de los azotes. Su mano se levantó empuñando el látigo y lo dejó descargar con no demasiada fuerza sobre aquella espalda, la contracción del cuerpo hizo de que las cadenas que unían pezones y coño se tensaran añadiendo un nuevo estímulo a que el cuerpo. A cada latigazo, separados entre sí entre cinco y 10 segundos, los gemidos de la mujer eran instantáneos…

Buscando aumentar el castigo Francesc iba variando los intervalos entre golpe y golpe buscando la sorpresa de la mujer.

Francesc observaba también el color púrpura que iban tomando la espalda las nalgas y los muslos de la mujer. Cuando esté fue ya muy próximo al bermellón, decidió dejar de azotarla. Después en la misma postura conecto una pinza eléctrica en el lugar donde habían estado las pequeñas pesas, y comenzó a pasar pequeñas dosis de corriente que hacían arquearse ligeramente en el cuerpo de la mujer. Durante ese corto espacio de tiempo, apenas un par de minutos, los gemidos de Jeny constataron que al menos había disfrutado de un par de orgasmos. Decidido poner punto final a la sesión. Mientras le indicaban a Rogelio que la desatara y tras quitarle las cadenas y las pinzas dio instrucciones a su ayudante para que la aseara y la duchara. Rogelio sabía que aquello significaba que podría darse un pequeño lote con la mujer. Eran pequeños detalles que su patrón tenía para con él, cuando llegaba alguna yegua nueva a la cuadra.

Francesc le hizo un guiño y se retiró a su despacho.

Rogelio le puso un collar al que ató una cadena, era algo que le encantaba hacer, y la llevó tirando de ella hasta el establo de la vez anterior.

Allí le quitó la cadena y todos los grilletes y la colocó bajo la cisterna de agua fría después de atarle las manos a la espalda y los tobillos entre sí. El sabía que aquellas pequeñas concesiones de su amo, le ayudaban en la doma de aquellas zorras, pues el verse manoseadas y tratadas por un supu

esto ayudante, las hacia sentirse mas humilladas y por lo tanto más fáciles de seguir siendo entrenadas.

Abrió el chorro del agua fría, helada, y el respingo que dio la mujer, le hizo reír. Aún no le había quitado la mordaza por lo que sus gemidos ininteligibles le animaron a aumentar el caudal de agua fría. Después tomo una manguera con boquilla a presión y comenzó a rociar a la mujer que trataba de protegerse inútilmente contorsionándose y encogiéndose. El chorro, esta vez de agua caliente, primero fue directamente sobre su sexo y después sobre sus tetas, cuando estuvo bien mojada, Rogelio se quitó la ropa y se acercó ante la aterrada mirada de ella, junto a ella.

Sin decir palabra cogió un frasco de gel y rociándola entera comenzó a frotarla con fuerza al principio pero luego ya con mas suavidad y dedicación primero sobre sus pechos y sus pezones hasta que estos se pusieron atractivamente duros, y luego sobre su ano y sexo, mientras la mujer trataba de zafarse de él, pero debido a sus ataduras tan sólo podía poner posturas un tanto extrañas a veces grotescas y otras enormemente eróticas, que excitaban aún más a Rogelio, cuyo importante miembro empezaba a tomar medidas sorprendentes. Por último se dedico a frotarle bien el coño aprovechando para meter un par de dedos en su interior. Una vez bien enjabonada, se retiró a un lado y tomando de nuevo la mangueara a presión volvió a rociar a aquella mujer sorprendida por el extraño baño a que estaba siendo sometida. Por último, le retiró la mordaza y haciéndola arrodillarse le metió su aparato en la boca. La mujer empezó a chuparlo con frenesí quizá deseando terminar aquella situación y volver a su casa. Ya apunto de correrse Rogelio sacó su polla de la boca de Jeny y se corrió generosamente sobre su cara y sus tetas…

"Ya te manchaste otra vez… guarra" dijo riéndose" tendré que volver a enjabonarte y aclararte" y mientras reía repitió la operación de manoseo con jabón, logrando esta vez arrancar de Jenny un orgasmo que a Rogelio le pareció maravilloso.

Francesc sabía que en ese momento su ayudante estaba dándose la paliza con Jeny. Le venía bien a su plan de entrenamiento pues esas situaciones las humillaban y doblegaban más. Rogelio sabía que tenía prohibido penetrarla, tan sólo podía pedirla que se la mamara, aunque no podía tampoco hacerla beber su semen, ya que era inevitable que con aquellos juegos el hombre no se empalmara.

Pasada una prudencial media hora efectivamente Rogelio apareció con la mujer totalmente vestida y arreglada.

"Antes de irte" dijo Francesc cogiéndola suavemente de la barbilla "durante unos días, tu marido no debe vete desnuda ni gozar de ti" sonrió "yo te avisaré cuando puedes estar otra vez disponible para él"

Francesc se acercó más a ella y tras darle un largo beso en la boca que ella no rechazó, le dio un par de sonoros azotes en las nalgas y dando media vuelta regresó a sus anotaciones sobre el libro de su nueva esclava, mientras Rogelio salía con ella, para devolverla a su casa.

(Continuará)

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Autor: Ángel alcior (arroba) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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