La obsesión de Bibiana II

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Mantuve mis labios apretados en la superficie para no dejarlo escapar, y comencé a mover mi cabeza de adelante hacia atrás rítmicamente, bombeando como una máquina de placer. Julio comenzó a mover sus caderas buscando más placer del que le estaba dando, y mientras yo tomé sus nalgas con mis manos él colocó las suyas en mi cabeza, metiendo sus dedos entre mis cabellos. Saqué el crecido pene de mi boca y lo sostuve con mis dientes, lo que causó una reacción inmediata en Julio.

Aquel viaje a Acapulco había sido mi primera experiencia en el sexo oral, probando el sabor de un miembro masculino, gracias a mi entrañable amigo Bernardo.

Antes de regresar de la convención de Acapulco tuve la oportunidad de atender oralmente a Bernardo los días que estuvimos allá. El último día, al terminar todas las actividades de coordinación de eventos, me dirigí a mi habitación y me di un baño, para después arreglarme. Faltaba todavía la última cena de la convención, pero antes quería probar nuevamente mi nueva habilidad, así que me puse mi vestido de noche, que por cierto era corto unos tres dedos arriba de la rodilla, de color rosa y con un escote que mostraba generosamente mi busto. Fui a la habitación de Bernardo, y toqué su puerta. Al abrirse ésta, yo estaba lista para decirle a mi amigo que si estaba listo para dejarme probar su semen una vez más, sin embargo casi me desmayo cuando me encontré con su esposa Leonor, a quien conozco también desde años, desde que eran novios, y con quien tengo una relación de mucha confianza.

-¡H-hola!… ¡cómo estás!…-acerté a decir, y le di un fuerte abrazo, para intentar disimular. Cabe mencionar que yo pensé que ella no había sospechado nada, porque su respuesta fue muy afectiva también. Me dijo que había alcanzado a Bernardo para darle una sorpresa, que había dejado a sus niños con su mamá para quedarse con él el fin de semana. Yo manejé todo con mucha naturalidad, aunque Bernardo que estaba al fondo de la habitación parecía nervioso, se mostró conforme con nuestro encuentro, así que los invité a bajar al restaurante del hotel para degustar de la cena. De hecho, mi pretexto fue que había pasado a ver si Bernardo ya estaba listo para bajar. Leonor se mostró muy tranquila, pero me indicó que se daría una ducha y al terminar se reunirían conmigo, por lo que decidí retirarme y bajar al restaurante.

Todavía con adrenalina corriendo por mis venas, ingresé al restaurante que estaba ambientado ya por un grupo musical excelente, que tocaba algo de jazz muy tranquilo. Me dirigí a la barra y pedí un vodka con clamato, lo cual me supo refrescante y a la vez me relajó un poco al beberlo haciendo solamente una pausa. Pedí la misma bebida al concluir mi copa, no me preocupaba, porque todo estaba incluido en la cuenta de la empresa. Además, yo era la persona responsable de eso, así que podía haber pedido diez copas más y ninguna me costaría, lo cual no dejaba de ser divertido.

Sin embargo, me puse un poco triste al pensar que no volvería a disfrutar de estar de rodillas ante Bernardo usando mi lengua y mis labios para darle placer. Me hubiera gustado saber que Leonor iría a Acapulco para tomar la sesión del día anterior como una “despedida”. Era mala suerte por un lado, pero también era buena pensando que ella no había llegado un día antes a la misma hora porque me hubiera encontrado comiéndome el sexo de su marido.

Estaba terminándome mi segunda copa cuando sentí unas manos que me tomaban de la cintura y una voz que me hablaba cerca del oído. Me di cuenta de que el vodka sí me había hecho efecto pues no había escuchado ningunos pasos además de que al voltear me sentí ligeramente mareada. Junto a mí estaba Julio, director de comercialización de la empresa, que había sido mi jefe cuando había sido director de mercadotecnia.

– Para tomarte dos clamatos sin respirar es que andas decepcionada o de plano tienes mucha sed. -dijo Julio. -Hola, ¿cómo estás? ¿Cuándo llegaste? -le respondí, evitando contestar su pregunta. -Esta mañana, pero estuve fuera del hotel con algunos clientes.

Debo mencionar que Julio era un tipo atractivo. Moreno claro, aunque todo el año estaba bronceado, de aproximadamente 1.80 m, de ojos color miel, y físico atlético, pues practicaba el squash los fines de semana.

-Veo que vienes sola, ¿te importaría cenar conmigo? -Muchas gracias -le dije, y dejé que él me tomara del brazo, para caminar con él hacia una mesa al fondo del salón.

Como era la última cena del evento, los asistentes llegarían durante la siguiente media hora, y en realidad la cena se ofrecía para que disfrutaran del baile y culminara todo con alegría. Fue entonces cuando se me vino a la mente una idea que cambiaría el curso de la noche: Si Bernardo ya estaba “ocupado”, ¿por qué no probar un nuevo miembro? Al parecer las dos copas me habían puesto algo más que audaz, pues yo misma me asombré de pensar en eso y de que no me importara por esa noche mi novio, al pensar en la posibilidad de estar entre las piernas de Julio.

Apenas Julio me estaba arrimando la silla para sentarme escuché la voz del mesero que nos preguntó qué deseábamos tomar. Julio pidió un ron, mientras que yo pedí un tequila con refresco de toronja. Comenzamos a platicar de diferentes cosas, y poco a poco fue llegando la gente hasta que se llenó el salón. En unos minutos más, nos sirvieron la cena. Para esto, ya estábamos acompañados por algunos clientes de la empresa, que acompañados por sus esposas compartían impresiones acerca del evento.

Alcancé a ver que llegaba Bernardo con Leonor, y a la distancia Bernardo buscó mi mirada, yo solamente le hice un guiño para decirle que lo había visto. Julio comenzó a notar que se me estaban subiendo las copas, debido a que en un momento por poco y tiro un vaso, por lo que manejó la situación con toda naturalidad hasta que en cierto punto él quiso tomar la iniciativa:

-Esta noche te ves muy linda. Me gustaría mucho que aceptaras bailar conmigo. -Si puedo levantarme y caminar derecha con todo gusto lo haría, pero creo que he tomado de más, Julio -le respondí y reímos los dos. A estas alturas además de mareada estaba muy excitada pensando en diferentes escenas en las que yo le daba sexo oral a mi ex-jefe. -¿Prefieres que salgamos a caminar a los jardines? La noche es preciosa. Creo que te haría bien un poco de fresco.

-Me gustaría mejor ir al área de la alberca y mamarte la verga – contesté, provocando que sus ojos se abrieran muchísimo. Sin mediar palabra, él se levantó de inmediato, y arrimó mi silla hacia atrás con toda caballerosidad para que yo me levantara. Debo hacer notar que la señora que estaba junto a mí se dio cuenta de mi respuesta, por lo que me fijé que al retirarme se me quedó viendo con ojos de incrédula y ya después susurró algo a su esposo. Pero en esos momentos ya nada me importada más que saber a qué sabía el esperma de Julio.

Caminamos hacia la alberca, un poco de prisa. No había nadie pues ya eran cerca de las doce de la noche. Noté que Julio estaba excitado pues se veía claramente su abultado miembro bajo su pantalón.

– Ven – le indiqué yo, tomando por completo el control de la situación, y dirigiendo de la mano a Julio hacia unas sillas playeras. -Perdón, Bibiana, pero creo que también a mí se me han subido las copas… no sé si te entendí lo último que me dijiste en la cena…

En silencio, me arrodillé frente a él, y bajé su cierre con toda seguridad. Remojé con mi lengua mis labios, mientras buscaba su trusa y al encontrarla jalé hacia abajo la tela para liberar el apretado miembro de Julio que buscaba desesperadamente ocupar un espacio mayor. Incluso el glande parecía buscar la luz para poder respirar.

-Ah… creo que sí te entendí -dijo Julio en tono confundido todavía pues no esperaba esta reacción de mi parte.

Con toda decisión, saqué completamente la verga de Julio y me percaté de que era mayor en volumen que la de Bernardo, lo cual aumentó mi excitación, y de una sola vez me metí la carne aquella en la boca, hasta que tocó mi garganta. Alcancé a escuchar un gemido de Julio, que a estas alturas parecía un niño pequeño e inexperto.

-Cuidado con tus dientes – dijo, y me di cuenta de que dominada por la emoción, tal vez había dejado que mis dientes rozaran su miembro.

Abrí mi mandíbula, pero mantuve mis labios apretados en la superficie para no dejarlo escapar, y comencé a mover mi cabeza de adelante hacia atrás rítmicamente, bombeando como una máquina de placer. Julio comenzó a mover sus caderas buscando más placer del que le estaba dando, y mientras yo tomé sus nalgas con mis manos él colocó las suyas en mi cabeza, metiendo sus dedos entre mis cabellos. Saqué el crecido pene de mi boca y lo sostuve con mis dientes, lo que causó una reacción inmediata en Julio:

-¡Ahhhh… ahhhh!… así, chiquita… así…

Sin dudarlo, comencé a sobar sus glúteos que eran firmes y redondos gracias al ejercicio, y empecé a darle lamidas esporádicas al glande, lo que era una especie de tortura para él, que ocasionaba que Julio buscara mi boca moviendo hacia adelante su cuerpo.

También daba pequeños besos a la piel de sus testículos cuando Julio se acercaba, y la mantenía un segundo atrapada con mis labios, cosa que hacía contorsionarse al que era mi hombre en esos momentos. Volví a apoderarme del miembro únicamente usando mi boca, y ya dentro comencé a darle masaje con mi lengua, por lo que en cuestión de segundos sentí que Julio comenzaba a bombearme y en unos instantes pude comenzar a sentir la descarga de esperma en el interior de mi boca. Sin abrir los labios, lentamente fui liberando su verga que aún se movía como con vida y mente propia.

Julio me tomó de los brazos y me jaló para levantarme, haciendo que me acercara, con la clara intención de de darme un beso, sin embargo cuál fue su sorpresa cuando al estar ya labio con labio abrí levemente mi boca para derramar sobre sus pronunciados labios una mezcla de semen y saliva, que se deslizó hacia el interior de su boca, lo que hizo que de inmediato se fundiera conmigo en un apasionado beso. Nuestras lenguas jugaron y se entrelazaron inundadas de semen, dando al beso un sabor muy especial. Sentí las manos de Julio buscando mis senos, sin embargo con mis manos tomé sus muñecas.

-¿Qué pasa? – me dijo. -No te emociones tanto que ya no vas a llegar más lejos…-le contesté. -¿Por qué? -Dije que quería mamarte la verga – agregué – no que quería acostarme contigo.

Con una sonrisa él pareció comprender mi preferencia, y dirigió su mano derecha a su húmedo miembro para comenzar a masturbarse enfrente de mí.

-Si así está bien para ti, también para mí… -me respondió, y tomó con su mano izquierda mi mano derecha, para llevarla hacia sus testículos, que comencé a acariciar con suavidad. -No te conocía esta faceta… – me dijo, mientras yo empezaba a darle masaje a su relajado pene, con el fin de provocar una nueva erección. -Conocías a Bibiana -le respondí – pero no a “Bibi mamadas”. Me encanta mamar vergas.

Me introduje nuevamente su exquisita verga que como se encontraba dormida me permitió introducirme incluso sus testículos. Esa noche junto a la alberca le di atención oral a Julio hasta las 3 de la mañana, dejándolo sin una gota de semen y tirado sobre el pasto. Parece mentira, pero aún así podría haber continuado comiéndome su sexo hasta el día siguiente. Al regresar a mi habitación me di un relajante baño de tina, mi cabello estaba revuelto y manchado de esperma, y mi vestido en el piso mostraba manchas blancas de la misma sustancia.

A mi regreso, mientras viajaba en avión pensé lo que había pasado en esa convención. Increíblemente había hecho realidad mi más grande fantasía y a la vez mi más insistente obsesión con dos hombres diferentes. Para haber pasado todo en unos cuantos días no estaba mal. A pesar de que me preguntaba lo que pasaría al volver al trabajo no me preocupaba mucho pues el tipo de relación sexual que había tenido con Bernardo y con Julio no me hacían sentir tan comprometida como si me hubiera acostado con ellos. Debo dejar en claro que aunque la relación con Bernardo no era como para hacer el amor con él sí se me antojaba compartir la cama con Julio, pero mis principios no me permitían llegar más allá de lo que había pasado.

La semana siguiente al viaje transcurrió con normalidad. De hecho no me encontré con ninguno de mis dos amigos, hasta el miércoles, cuando en el estacionamiento me encontré con Bernardo. El me saludó con normalidad, pero me comentó que Leonor sospechaba que había pasado algo entre nosotros, debido a que se le hacía bastante extraño que yo tuviera la confianza de irlo a buscar a su habitación, pero que sin embargo no había pasado de una sospecha y de un interrogatorio por parte de Leonor. Sin hacer muchos comentarios, nos despedimos sin comentar nada de lo sucedido nuevamente.

Para el viernes, yo ya estaba involucrada con la logística de una feria comercial, cuando recibí una llamada de Julio, que me pedía subir a su oficina, aparentemente para comentarme algo en relación a dicha feria, por lo que me dirigí al segundo edificio de la empresa, donde se encontraba su oficina. Antes de entrar, por mi mente pasó la idea de que esa llamada tenía que ver con la sesión oral que habíamos tenido en Acapulco, y de cierta forma deseaba volverme a encontrar con Julio, sin embargo al entrar a su oficina me desilusioné al encontrar a dos ejecutivos acompañándolo. Uno de ellos era mi jefe actual, el Licenciado Medina, de unos 50 años, y el otro era Juan Miguel, notable administrador de unos 35 años.

-Pásale, Bibiana… -dijo Julio, por lo que ingresé en la oficina, cerrando la puerta detrás de mí, y recibiendo saludos de mi jefe y de Juan Miguel. -Hola ¿cómo están?…-saludé yo con naturalidad, y predisponiéndome a tener una junta de marketing. -¿Ya conocen a Bibi mamadas? – dijo Julio, y yo sentí como si un chorro de agua fría me cayera por la espalda. Me quedé helada. No sabía las intenciones que tenía Julio, y debí ponerme pálida después de sonrojarme al quedar en evidencia ante los tres hombres.

-No te incomodes, Bibiana, ya les conté a Alejandro y a Juan Miguel que eres comedora compulsiva… de carne masculina.

Yo no pude abrir ni siquiera la boca para protestar pues me pondría en mayores aprietos, por lo que únicamente me quedé como petrificada.

-No saben la forma en la que Bibiana sabe mamar una verga. Bibiana, ¿sería mucho pedirte que les des una muestra de tus habilidades?

En los instantes que transcurrieron después tuve sentimientos encontrados. Por un lado, Julio me había traicionado en un pacto nunca dicho, había revelado mi afición por el sexo oral, y mi imagen estaba por los suelos, por el otro lado, comencé a sentirme emocionada por la posibilidad de probar el semen de los dos hombres que me miraban fijamente y cuyos pantalones se mostraban abultados por unos excitados miembros, además de que me sentía tranquila al no tener que ocultar mis emociones.

Me levanté en silencio, y me dirigí a mi jefe. Supuse que lo adecuado era darle prioridad por la edad, así que me arrodillé frente a él, como nunca antes lo había hecho, desabroché su pantalón, y me encontré con un pene más grande de lo que suponía que podría tener un hombre a los cincuenta años, y con un aroma a limpio y agradable.

No sentía pudor, vergüenza ni arrepentimiento. Una nueva faceta de mi vida acababa de nacer.

Autora: Susy

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Escrito por Marqueze

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