La piscina

Iría a casa de su jefe a instalarle un ordenador nuevo a su hija….

"Me había tocado a mí. De todos los compañeros de la oficina precisamente era a mí al que había elegido el jefe para que fuera a su casa a instalarle el ordenador nuevo. Y además precisamente cuando él se iba de vacaciones. Si al menos me hubiera dicho que fuera por la mañana, pero no, tuvo que preferir que fuera por la tarde después de currar." -En estos pensamientos estaba Luis con pocas ganas de tener que ir a casa de su jefe para un trabajito especial.

-Mañana te pasas por allí sobre las cuatro. Mi hija te abrirá la puerta y te dirá dónde debes colocar el ordenador. Aquí tienes la dirección -me pasó un papel con la dirección de su casa en una conocida zona residencial del norte de Madrid.

-Mi hija ya sabe que vas a ir. Procura ser puntual.

Encima con exigencias, y por si fuera poco tener que soportar a la niña de papá. En la oficina tuvo que aguantar el cachondeo todo el día. Incluso el gracioso de David le insinuó que podía aprovechar para el braguetazo recordándole lo buena que estaba. La había visto tan sólo un par de veces, y aunque recordaba su pelo moreno y sus ojos verdes como algo excepcionales, sólo podía recordar un comentario que hizo de él delante de su padre dejándole en ridículo y sembrando en él un odio que no tenía ningún motivo para eliminar.

El día siguiente pasó sin pena ni gloria. Le llamaron los colegas para ir a jugar al fútbol y no pudo quedar con ellos por la dichosa instalación del ordenador del jefe. Afortunadamente, por la mañana hubo poco jaleo, salió pronto, comió deprisa y se presentó antes de tiempo en casa del jefe con la intención de acabar cuanto antes con el encarguito.

Llamó al timbre. Esperó un rato. No se oía una mosca. Justo cuando iba a llamar de nuevo se abrió la puerta.

-Hola, Luis. Pasa. Te esperaba mas tarde y me has pillado cambiándome que acabo de llegar de jugar al paddle.

Sus oídos dijeron. ¡Paddle, vaya pija!, pero la visión que le llegaba a través de sus ojos hizo que en su cerebro no le importase nada. Sujetando la puerta se encontraba Analía, la hija del jefe, con sus 20 añitos tapados por un escueto bikini rosa que resaltaba el moreno de su piel y el verde de sus ojos, que le miraban con una mezcla de superioridad y curiosidad que le dejó obnubilado por momentos.

Durante esos momentos se quedó inmóvil, hipnotizado por su visión. Ella se dio cuenta y Luis notó cómo aprovechaba esos momentos para mirar a su vez el cuerpo del muchacho. Le dio la impresión de que le evaluaba de arriba abajo. Esperaba que al menos la nota hubiera sido buena. Por fin reaccionó.

-Sí, hola. He salido pronto por si no encontraba la casa, pero he tenido suerte.

Le costaba hablar. Mientras sujetaba la puerta ella movía su cuerpo balanceándose, meciendo su pelo y emitiendo unas vibraciones sexuales que le estaban erizando el pelo de la nuca, y otras cosas. Pero era la hija del jefe, y no era cuestión de meterse en líos. Además, él la odiaba, ¿no?

-Bueno, tu padre me dijo que me indicarías dónde lo tenía que poner.

-Sí, es para mí. Sígueme, lo quiero en mi habitación.

Así que cogió los trastos y la siguió hacia arriba. Por las escaleras el monitor de 17 pulgadas le estaba matando, pero ver el culito semi tapado por el bikini subiendo delante de él le daba fuerzas mas que de sobra. Además, tener las manos ocupadas le ayudaba en su propósito de no meterse en líos. Por fin llegaron a su habitación.

-Perdona el desorden, pero ya te digo que acabo de llegar.

¡Desorden, ja! Salvo por un poco de ropa encima de la cama y que debía ser la que se acababa de quitar, la habitación era como un puzzle recién terminado. No había nada fuera de su sitio.

Le indicó una mesa que se veía recién montada y Luis se dispuso a iniciar la tarea. Dejó el monitor en el suelo y al levantarse no pudo evitar mirar a la cama y al montoncito de ropa coronado por un tanga. Ella se apresuró a disculparse y deprisa cogió la ropa y la guardó en el cesto de la ropa sucia sonrojándose por la situación y poniendo cara vergonzosa. Si antes estaba seductora, así mas. No sa

bía si abalanzarse sobre ella y comérsela u optar por lo más prudente.

-No pasa nada. -dijo Luis sonriendo e intentando disimular sus ganas de tirarse sobre ella.

Sonrió también y se sonrojó un poco más. Luis prefería apartar su vista de ella y se puso a abrir cajas y a prepararse a acabar cuanto antes.

-Bueno, si no te hago falta me bajo a darme un baño.

-De acuerdo, no creo que necesite nada -respondió. Prefirió guardarse para sí lo que le hubiera gustado decirle acerca de sus necesidades en ese momento.

Luis se puso por fin a la faena intentando concentrarse en el trabajo. Era difícil porque la oía chapotear y él ahí pasando calor pinchando cables. Por fin tuvo todo conectado y le dio al botón de encendido. Parecía que Windows empezaba a arrancar, menos mal que por una vez parecía que iba a ir a la primera. Mientras se terminaba de configurar se levantó y la pudo ver a través de la ventana. Recorría la piscina de lado a lado. Ahora comprendía de dónde le venía ese estupendo cuerpo. Llevaba un rato tremendo nadando, su cuerpo se deslizaba por el agua como si de una sirena se tratara. Se quedó extasiado y sólo el sonido del Windows al arrancar le sacó de la hipnosis en la que su cuerpo se había sumido.

-¿Por qué no me pasará esto con los clientes normales y no con la hija del jefe? Volvió la vista al ordenador y terminó la configuración de lo que faltaba. Aprovechó que el ordenador se reiniciaba de nuevo para poder contemplar a la sirena en la piscina. En ese momento justamente se dirigía hacia la escalera para salir del agua, se agarró a la barandilla dejando atrás el agua y con restos de la misma cayendo en forma de gotas por sus curvas. Su bikini pequeño se había metido entre sus nalgas y al salir del todo se puso de pie y lo sacó de su culito con ese movimiento tan sexy que hacen las chicas y se giró mirando hacia la ventana. Luis casi se cae al intentar ocultarse bajo la ventana para que no le viera babeando por su cuerpo. No estaba dispuesto a darle esa satisfacción, pero lo cierto es que ese cuerpo, esa sonrisa y esa cara le estaban volviendo loco. Al echarse hacia atrás había tropezado con el cesto de la ropa, volcándolo, y desparramando la ropa sucia de ella por el suelo. Se apresuró a recogerlo, pero en el proceso apareció el tanga que había visto coronando el montoncito de ropa que ella se acababa de quitar. Estaba ahí, ante sus ojos. No pudo evitar cogerlo, todavía guardaba parte de su calor, le recordaba por entero a ella. Cerrando sus ojos se lo llevó hasta su nariz, impregnándose de su olor. Todo su cuerpo reflejó su apreciación por semejante aroma, dando un respingo y consiguiendo que su ya abultada entrepierna alcanzara ya dimensiones preocupantes. Estaba planteándose ya el dilema de dónde se podría esconder para bajar un poco semejante temperatura cuando le sacaron de un golpe de sus ensoñaciones calenturientas.

-Luis, ¿puedes bajar a la piscina y traerme una coca-cola? La cocina está de camino, justo antes del jardín.

-Habráse visto, la niña mandona esta -masculló. ¡Voy! Le fastidiaban sus aires de superioridad, pero lo cierto era que esa Coca-cola le iba a acercar a ella. Ya se vería lo que podría pasar. Bajando por la cocina recogió el solicitado refresco y se aproximó hacia la ninfa semidesnuda sin saber muy bien qué hacer y todavía con la duda de si le había visto espiarla por la ventana. Ella sonreía mientras se tumbaba en la toalla y se quitaba el top del bikini para provocarle. Le gustaba enfadarle para ver el brillo que se le ponía en la mirada. Le maravillaba la capacidad que luego ella con una sonrisa tenía para que ese brillo de rabia desapareciera de un plumazo.

Al llegar a ella la encontró boca abajo, con su bikini metido entre sus nalgas. Su sujetador desabrochado para evitar las marcas. La primera idea fue de abalanzarse sobre ella y olvidar quienes eran ambos. La desechó, el jefe era muy protector con su niña y aún tenía muchas deudas pendientes todavía y necesitaba el trabajo. La segunda fue pasarle el bote de coca por la espalda. También la desechó. Si podría haber algo con ella se esfumaría inmediatamente. Así que hizo lo que se esperaba de él, se acuclilló al lado de ella y le tendió el bote servicialmente.

Analía se abrochó la par

te de arriba antes de levantarse aunque en el proceso se dejó entrever el nacimiento de sus pechos desde el lateral. Visión maravillosa, pero cruel a la vez por estar tan cerca, y a la vez tan lejos. Tiempo al tiempo. Le miró con ojos tiernos pero interrogadores. Por un momento le pareció que le escudriñaba, algo se le removió en el interior. El antiguo demonio de la chica parecía que volvía. De repente todo cambió, la mirada fría se convirtió en calidez suficiente para que Luis se relajara.

-¿Pero cómo no te has puesto otra coca para tí? ¿terminaste ya el ordenador?

-Sí, ya se ha acabado, todo ha ido muy bien.

-¿y no te apetece un baño?

-No tengo bañador.

-Espera, voy a por un bañador de mi hermano.

Al instante volvió con unas bermudas y una coca-cola y una sonrisa inocente en su cara brillante.

-Anda, cámbiate, me doy la vuelta para que no te dé vergüenza.

Dicho y hecho, Luis no tardó ni diez segundos en estar completamente desnudo y mucho menos en volverse a vestir. Aunque se dio cuenta de que en la casa, a su lado, había una cristalera enorme que reflejaba el jardín y que ella precisamente le estaba mirando en todo su proceso de desvestido y de vuelta a vestir, para nada le importó. Mas bien al contrario.

Luis se sentó al lado de Analía disfrutando del solecito y de la coca-cola, y por supuesto, de la visión de la mujer que tenía justo al lado.

-Me voy a quemar con este sol, ¿te importa darme un poquito de aceite? Las miradas se unieron, saltaron chispas en el momento en que la palabra aceite surcó el aire. Casi no había terminado de decirla cuando ya estaba tumbada boca abajo y Luis con el bote en su mano preparándose para poner en práctica una de sus habilidades mas apreciadas.

Se arrodilló a su lado, echándose un poco de aceite sobre su mano y frotando ambas para calentarla y evitar así ese impacto de frío que siempre implica el primer contacto de un buen masaje. El primer roce fue sobre los hombros. Notó calor, se notaba el sol de todo el rato que llevaba ella allí tumbada. Poco a poco fue expandiendo el aceite por sus hombros y por el principio de su espalda pero se encontraba con el obstáculo del cierre del sujetador.

-¿te importa que te desabroche el sujetador?

-Claro, no quiero que me quede marca. Hazlo, por favor.

Le pareció percibir un pequeño tono de excitación en ese por favor. Llevaba deseando hacer eso desde que le abrió la puerta. Sus manos empezaron a recorrer la espalda, utilizando mas aceite. Yendo desde el cuello hasta la cintura, bajando por la columna, recorriendo el borde del bikini y llegando hasta los costados. Dedicándose mas tiempo a los costados cada vez. Atreviéndose a llegar casi hasta delante rozando el borde de sus pechos con la punta de sus dedos. Suavemente percibiendo el nacimiento de sus curvas y haciendo que Analía encorvara un poco su espalda irguiéndose ligeramente. Esta inclinación de la espalda era como una invitación para seguir adelantando las manos, pero Luis quería disfrutar todavía mas de su espalda, si de verdad era una invitación, esa sugerencia no se iba a retirar tan pronto. Continuó disfrutando de la espalda, recorriendo toda su longitud, subiendo y bajando por cada una de las curvas que la columna de Analía le ofrecía.

-Dame también por las piernas, por favor.

Un poco mas de aceite, esos muslos se lo merecen. Nuevo frotamiento de las manos, ya no sabía muy bien si el frotamiento era para evitar que el aceite estuviera frío o para disfrutar mas del masaje que estaba teniendo la oportunidad de dar sobre aquél cuerpo. Comenzó por los muslos, estaban prietos, el deporte se notaba en ella. Al instante se relajaron y comenzó el viaje de descenso hacia los tobillos. No se iba a quedar ni un centímetro de piel sin su parte de bronceador y el correspondiente masaje de las expertas manos de Luis. El estaba disfrutando de lo lindo. Afortunadamente ella estaba tumbada boca abajo porque si no quizás se hubiera escandalizado con el bulto que se había formado en el bañador del muchacho.

Seguro que no le hubiera importado ver ese bulto. Su respiración se estaba acelerando y las manos calientes de él la estaban volviendo loca al recorrer su espalda y sus piernas. Cuando regresó del recorrido por sus piernas y empezó a atreverse a llegar algo mas arriba de sus muslos, ella se cogió el bañador y lo juntó en su culo dejando a la vista sus

dos globos y metiendo la tela en su raja haciendo que se quedara solo con lo que parecía un pequeño hilo de tela. Luis se quedó atónito. No sabía qué le gustaba mas, si ver el precioso trasero con apenas tela cubriéndolo, o ver la tela metiéndose entre las nalgas de la chica y deseando él mismo ser un trozo de esa tela. Los deseos de la chica eran órdenes que se cumplían con satisfacción y las manos de Luis empezaron a expandir el aceite por esas curvas de perdición que tenían debajo. Las apretaba, las retorcía, y viendo cómo ella abría ligeramente las piernas empezó a atreverse a llegar mas lejos hasta que ya con descaro abría las cachas mucho y luego las apretaba haciendo que el bikini todavía se introdujera mas en la raja del culo de la chica. Ninguno de los dos decía nada. Analía se limitaba a respirar profundamente. Tenía que reconocer que el masaje del hombre y la braga metiéndose en su culo y en su sexo estaba haciendo que la excitación la invadiese completamente. Notaba cómo se empezaba a mojar y sintió una cierta vergüenza de que él pudiera oler esa excitación.

Efectivamente, él pudo oler esa excitación, pero no le dio vergüenza ninguna, mas bien al contrario le animó para seguir apretando y estrujando las nalgas. Metiendo las manos entre los muslos de la chica poco a poco iba subiendo mas entre las piernas, hasta que sentía cómo su mano se rozaba con el bikini y que incluso llegaba a notar la humedad del mismo y cómo el calor se iba haciendo cada vez mas intenso. Ella lo estaba deseando. Sentía que quería que esas manos le arrancaran el incómodo bikini y que fueran sus dedos los que se metieran entre sus nalgas, pero él parecía estar tan concentrado en el masaje que parecía ser de piedra y no se decidía a llegar mas lejos. Giró la cabeza y se quedó mirando a la cristalera donde antes había podido ver reflejado a Luis mientras se cambiaba. Esta vez la visión era realmente impresionante. Entre sus piernas parecía que el bañador iba a estallar. Se apreciaba claramente una erección inmensa. Y estaba prácticamente al lado de su brazo. Se movió haciendo un ruido de ronroneo para demostrar que el masaje le estaba encantando. Echó las manos hacia atrás, rozándole suavemente por la punta de su erección y aprovechó para dejar su mano atrás, casi tocando la erección del muchacho que la estaba volviendo loca con sus manos. Para él no pasó desapercibido el movimiento ni tampoco el contacto, contacto que le produjo un sobresalto y casi dolor debido a lo sensible que se encontraba su miembro ya por esas alturas. Analía se había quedado con las piernas más abiertas que antes y Luis ya no pudo aguantar mas, sabía que debía acercar sus manos a lugares mas atrevidos. Se acomodó quedando mas cerca de ella y con su miembro muy cercano a la mano que ella había dejado atrás como por accidente. Estaba deseando sentir como ella la cogía y la apretaba entre sus manos. Se inclinó hacia delante y siguió acariciando el interior de los muslos de la chica. Pero esta vez llegando sin ningún problema hasta el borde del bikini e incluso empujándolo hacia arriba. En ese momento sintió como la mano de la chica también intentaba meterse por entre una de las piernas del bañador que llevaba puesto y ya nada le contuvo. Metió uno de sus dedos por debajo del bikini hasta sentir perfectamente el calor y la humedad de la entrepierna de la chica, que literalmente se estaba derritiendo con sus caricias. Pudo percibir su sexo mojado, que se abrió completamente al primer contacto de sus manos. Sentía los labios palpitando al ritmo de su respiración. De repente sintió como su propio sexo también palpitaba al mismo ritmo bajo la presión de la mano de ella. La ropa sobraba, demasiada presión sobre unos cuerpos que necesitaban liberarse. Cogió el bikini de la chica a la altura de las caderas y empezó a tirar de él hacia abajo. Tanta insolencia no le gustó al principio a Analía, pero le excitó sobremanera la rudeza con la que la estaban desnudando, y además, era lo que llevaba deseando desde que vió como la miraba por la ventana el hombre del que tenía su miembro erecto en las manos. Levantó sus caderas para facilitarle la tarea. Ya nada importaba y lo único que quería es que le dieran placer por todas las partes de su cuerpo.

Luis pudo ver cómo ante él se mostraba un culito y un coñito preciosos, anhelantes de ser lamidos, comidos. No tardó mucho en empezar a hacerlo. Abrió bien los cachetes duros por el ejercicio y sacando su lengua empezó a lamerle bien todos sus agujeritos. Ella sentía como la saliva del muchacho la recorría entera, desde el comienzo de su culo hasta su clítoris, donde se mezclaba con sus propios flujos y donde él los recogía con sus manos y los repartía por todo su sexo. Aquel hombre la estaba volviendo loca utilizando su lengua para abrirle el culito. Sentía como la penetraba con ella y como sus dedos entraban en su sexo follándola con ellos y haciéndola temblar. Pero ella no se estaba quieta, sus manos tenían bien agarrado el pene del hombre y no estaba dispuesto a soltarlo. Podía notar el liquido preseminal mojando sus dedos y eso la excitaba. Estaba completamente desnuda, delante de un desconocido, son su sexo palpitante y deseando sentir mas placer todavía. La lengua y las caricias en su sexo la habían dejado al borde del orgasmo, pero en el proceso de desnudarla las caricias habían cesado durante un momento y su mano había perdido el contacto con su precioso juguete. Giró la cabeza para saber qué había pasado y vio la cara de lujuria de Luis mirando su cuerpo desnudo mientras se quitaba el bañador y dejaba a la vista lo que había estado tocando. Un perfecto instrumento de placer, duro y deseoso de ocupar el lugar donde poco antes habían estado los dedos del hombre. Hizo ademán de girarse, pero él la sujeto por los hombros y se colocó entre sus piernas abriéndolas aún mas. Sintió como sus pechos se apretaban contra la toalla y como el peso del hombre la oprimía a la altura de las caderas. Se la iba a follar así, apretada contra el suelo y él desde arriba. Pudo sentir como su sexo se comenzaba a abrir para recibir la polla que sus manos habían estado acariciando poco antes. El apuntó su pene hacia el interior y cuando apenas había entrado la punta, descargó todo su peso ahogando la respiración de ambos debida al placer de la penetración. Sentía como el culo de la chica se ponía duro bajo su cuerpo, como las nalagas se rozaban con sus propios muslos y como su pene se veía apretado por los músculos vaginales de la chica. Ella estaba empapada y gracias a eso la penetración fue suave y caliente. El colocó sus manos a los costados de ella y levantándola ligeramente comenzó a sobar sus pechos excitados. Las palmas de sus manos jugaban con los pezones, apretándolos, estirándolos. Sentía cómo crecían entre sus dedos mientras su pene entraba y salía una y otra vez arrancando cada vez unos gemidos mas profundos de ambos. El sudor recorría sus cuerpos. Reflejados en las cristaleras, Analía podía ver cómo se contraían las nalgas del hombre que la estaba follando cada vez que la penetraba hasta lo mas profundo de su sexo. Sentía que la quedaba poco, no podía para de gemir y de gritar. El orgasmo invadió su cuerpo desde su sexo hasta la punta de sus dedos crispados por el placer. El seguía bombeando en su sexo, impregnando su pene en los flujos procedentes del caliente sexo que estaba disfrutando. Oír los gritos de placer de la chica hizo que perdiera el control y sintió como los espasmos de placer le recorrían todo el cuerpo. Sacó su pene y ordenó a la chica que se diera la vuelta y se sentara. Ella obediente lo hizo rápidamente, quedándose debajo de él mirándole a los ojos con cara de satisfacción y de lujuria y abriendo la boca para excitarle, ansiosa por probar lo que estaba por venir. El sujetando firmemente su miembro encima de ella, se dejó ir llenándola de su esperma. Le escurría por la barbilla, el cuello y los pechos, donde ella lo extendía acariciándose los pezones con él para acabar llevándoselo a la boca mezclado con su sudor. Oliendo el aroma de ambos sexos que impregnaba el ambiente, poco a poco fueron recuperando la respiración tras la intensa sesión de sexo que acababan de tener y se quedaron tumbados acariciándose y besándose suavemente.

–Mmmm, creo que ahora tendré que comprar ordenadores muy a menudo, o al menos hacer que se estropeen -susurró ella con tono meloso.

-Bueno, ya sabes que Windows falla bastante a menudo, no será necesario que des martillazos al ordenador para que un técnico venga a verte.

FIN

Para cualquier comentario o sugerencia podeis hacerlo a mi e-mail

Autor: ll__72

ll__72 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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