La Verdad Une – VIII

Continuo platicándoles con nuestro séptimo relato. Somos Liz y Pablo. Hemos estado casados por 20 años, yo tengo 52 años, ella 48. Radicamos en Estados Unidos.

Regresamos a Houston después de pasar el Año Nuevo en Las Vegas en donde después de ver a Liz desenvolverse como prostituta con ocho hombres en una despedida de soltero, decidí que necesitaba que nos casáramos para así hacer mas completo mi morbo de tener una mujer tan puta a mi lado.
Afortunadamente, toda la familia de Liz recibió con agrado la noticia de nuestra boda, incluyendo sus hijos. Todos nuestros amigos también nos dieron sus parabienes y cariño.

Ayleen y Billy nos invitaron a celebrar nuestro matrimonio con una cena en su casa. Ayleen se encargo de invitar a nuestros amigos más íntimos, incluyendo a María, David y Steve. Liz me presentó a Harry y Sandy, con quienes había cogido durante la fiesta de disfraces, cuando conocimos a Billy y Ayleen por primera vez en La Verdad Une VI. También, Art, el que se la cogió en la cochera, Scott, el que se la cogió en el baño y Jack, quien no había logrado que mi esposa le diera nada desde aquella ocasión. David vino acompañado de Jackie, la chica que conoció en aquella fiesta y que resultó ser muy cooperadora, Jackie tenía 22 años, recién regresada del colegio y tratando de subir la escalera corporativa un palo a la vez, pelirroja y ojos verdes, alta, quizá 1.75, con unas ricas tetas, de cadera angosta pero de buena nalga y unas piernas hermosas.

Jack y yo habíamos hecho una buena amistad y seguido me pedía que intercediera por el con Liz, pero ella, no más no le quería dar el si. En esta ocasión de nuevo vino conmigo y me confrontó con la realidad de que todos los hombres presentes se habían cogido a mi esposa excepto él, y se quejaba amargamente. Realmente era divertido el ver su frustración.

En una oportunidad, me lleve a Liz a la cocina y le pregunté cuando le levantaría el castigo a Jack. Liz me sonrió cruelmente y dijo que si Jack quería cogérsela, tendría que pagarle mil dólares para que se le quitara lo fatuo y presumido. La tomé de la cintura y le di un rico beso, sentí con agrado como se me fue parando la verga al sentir su lengua jugando con la mía y aislar el contacto de sus pechos, vientre y piernas contra mi cuerpo. Simplemente mi hembra me calienta en toda dimensión.
Divertido, le pregunté si realmente lo repudiaba tanto así, o al contrario era que le gustaba de más, y por eso la distancia.
Dejando a un lado toda pretensión, mi esposa me sonrió con franqueza, se acomodó para sentir mejor mi erección y confesó: “Si, me gusta mucho; desde que fijé mis ojos en el aquella noche de la fiesta, me gustó, y al saludarlo de mano, me punzó la vagina y me mojé inmediatamente. Y tengo cierto recelo de dejarlo entrar a mi espacio”.
Con otro beso, le dije que si tenía miedo de enamorarse de él, debió habérselo cogido entonces, y si ese era el caso, pues simplemente seguir ese rumbo. Me corrigió, diciendo que no tenía miedo de enamorarse, pero si de engancharse sexualmente, como lo hizo con Brian, y lastimarme si ese era el caso.
Le pregunté: “Cuantas vergas ajenas te metes cada semana?”.
Puso su carita de niña buena sorprendida con la mano en el jarrón de las galletas…”¿Una o dos?”, me contestó.
Le moví el panty a un lado y le metí dos dedos en la cuca y le dije: ”Vamos haciendo cuentas: Desde que decidimos que te mudabas de casa has estado cogiendo prácticamente a diario. Empezando lunes o martes con Tim, el vecino, o Jake el que te entregaba el periódico; pasas cerca de la escuela de uno u otro alrededor de la hora de salida y casualmente ofreces llevarlo a su casa, con una parada obligatoria por mi departamento donde te coge como conejo dos o tres horas sin parar. El miércoles o jueves, casualmente llegas a la gasolinera de Chad casi a la hora de cerrar, para que te llene el tanque del carro y el coño de mecos. Cada viernes llegas con varias botellas de licor y champagne y el culo cremoso con las venidas de Brad. El jardín de tu casa está perfectamente cortado ya que cada sábado alguno de los muchachos de la mudanza se encargaba de cortarlo, o a veces dos o los tres. Dos de cada tres veces que sales con Ayleen, terminas con la tranca de Mitch adentro mientras le comes la cuca a ella. A mi me parece que mas bien son entre cinco a siete por semana,¿no?”.

Liz abrió más las piernas y me tomó la mano metiéndose más los dedos a la vez que me lamia los labios.
Continué: “Además, de ser la puta de ocho cabrones en un cuarto de hotel en Las Vegas, me casé contigo precisamente porque me enloquece y calienta saber que putón tengo. Así que no debes preocuparte si te enculas de Jack y te lo quieres coger a diario, siempre y cundo, estés conmigo y o me digas, o lo traigas para cogerte entre los dos”.

Con eso, me sacó la verga del pantalón, y así parados se la ensartó, metiéndome su lengua en la boca y abrazándome con las piernas. Sentí como se vino tan pronto mi verga llego al tope.
Me sentí algo raro el ser el padrote de mi esposa, pero le dicté los términos a Jack. El accedió de inmediato y se ausentó unos minutos regresando con el dinero. Llame a Liz para que se nos uniera.
Mi esposa se acercó, andaba vestida con una blusa de seda blanca y una falda de piel. La seda apenas cubría sus tetas y dejaba entrever sus pezones. Traía unas sandalias de tacón lo cual la hacía ver aun más esbelta y lucia mucho más sus piernas. La abracé recordando la cogida que le acababa de dar hacia unos minutos, y bajé mis manos para propiciar que levantara las nalgas. Le dije: “Aquí Jack me ha pagado un buen dinero para cogerse a la puta que traje de Las Vegas”; la entregué en los brazos de Jack, y la acomodé para que sintiera su verga contra su vagina, y le metí mis dedos medios entre sus nalgas empujándola contra el; continúe diciéndole: “quiero que subas a la segunda recamara (la que tiene el espejo falso) y te lo cojas hasta que no pueda parar la verga”.
Liz esbozó una sonrisa mirándome sobre su hombro, y sin decir palabra se giró y camino hacia la escalera. Jack, con la verga a todo lo que daba, tardé unos segundos en coordinar su primer paso para seguirla.

Al parecer no todos los invitados sabían de la susodicha recamara; solo Harry y Sandy se apresuraron a subir; les hice señas a Steve y David, y dejamos ahí a María que ya había entablado amistad con Art sentado en una silla alta del bar y ella estaba recargando su panocha en su pierna. Scott estaba a la expectativa, rozándole la espalda casi llegando hasta sus redondas nalgas.

Al entrar al cuarto adyacente a la recamara, Billy ya estaba sentado viendo por el espejo falso, mientras Ayleen y Sandy se daban lengua una a la otra. Harry alternaba a ver el espejo y a su esposa morreándose con Ayleen.

Escogí un sillón y después de servirme un whisky me senté a ver como mi esposa se ganaba el dinero que le había pagado Jack. David entro después de mí con Jackie siguiéndolo. Sin decir palabra, la dirigió a sentarse sobre mí, lo que ella hizo con gran lentitud, acomodando cuidadosamente sus ricas nalgas sobre mis piernas y apoyo su brazo en el respaldo del sillón. El vestido sin espalda y con escote que en “V” me dejaba ver la redondez su teta por la axila.

Liz estaba sentada al borde de la cama mamándole la verga a Jack. Solo que esta mamada era distinta a la que le diera aquella noche del día de brujas. Esta mamada era lenta y tenía la obvia intención de excitarlo y prepararlo para una rica cogida. Recapacité en el hecho de que ésta era la primera vez que ella estaba dejándose coger – estrictamente hablando – por dinero. Si, el dinero no era un factor de necesidad y ella lo hacía a forma de humillar a Jack, pero a fin de cuentas eso daba cabida a interpretar que mi esposa se dejaría coger por quien fuera a cambio de dinero.

Mi mujer tenía las tetas ya fuera del brassiere, y Jack se las acariciaba con lo que me pareció cierta incredulidad de su peso y su firmeza. Liz se paró y aprisionando la verga de Jack entre sus piernas, le dio un largo beso dejando que Jack la acariciara a sus anchas, y aprovechara para quitarle la blusa, y dejar caer la falda al piso. Por fin Liz tumbó a Jack sobre la cama y le fue lamiendo desde las rodillas hacia arriba de su cuerpo, deteniéndose para estirarle los vellos de las piernas con los dientes. Jackie estaba viendo la escena con atención mientras me apretaba la verga sobre el pantalón; sentí como se estremeció cuando mi esposa tomó un testículo de Jack succionándolo y lamiéndolo. Jack tenía la verga que dolía de verla como cada vena estaba hinchada de sangre, y la cabeza estaba brillante con una gota pre-seminal en la punta que mi esposa lamió con la punta de la lengua.

Cuando por fin estuvieron cara a cara, Jack le devoró la boca a mi esposa y trató de hacerle a un lado el panty y meterle la verga, pero Liz no lo dejó, sino que lo empujó contra el colchón y subió hacia el respaldo del acama hasta que estaba montada sobre su cara y se hizo el panty a un lado, dándole su chocho a lamer. Jack la agarró de las nalgas y se empujó la vulva de mi mujer para comérsela. Liz gritó, viniéndose en la boca de Jack, ¡como estaba gozando!. Mientras tanto Jackie se estaba meneando contra mi verga; yo le mordía la teta hurgándola por la abertura de la axila del vestido, y le metí dos dedos en la vagina. Cuando le toqué el clítoris con el pulgar, Jackie se vino y me besó gimiendo en mi boca.

Durante todo esto, Ayleen le estuvo mamando la concha a Sandy mientras David y Steve le daban sus vergas a mamar; Harry estaba hincado atrás de Ayleen lengüeteándole el culo y mordiéndole los labios de la vagina.

Liz se desmontó de Jack y se acostó de espaldas. Jack la besó nuevamente dándole a probar sus propios jugos y se acomodó entre las piernas de mi mujer y le dejó ir la verga de un solo empujón, Liz volteó a ver el espejo a sabiendas de que yo la estaba viendo. Después me confirmó que tuvo un orgasmo en cuanto tuvo la verga de Jack adentro.

Billy veía como Harry se preparaba a cogerse a su esposa, volteaba a ver a Liz, a Sandy y a Jackie. Levanté a Jackie, y le quité el vestido, la voltee a darle la espalda a Billy y le bajé el panty; la empujé para que subiera una pierna sobre el respaldo del sillón en que estaba Billy y la doblé para que su panocha le quedara en la cara a él. Nada tonta, Jackie le ofreció el chocho al Jefe del jefe del jefe de su jefe.
Antes de comerse la concha de Jackie, Billy me dijo a manera de sugerencia que entrara yo a la recamara con Liz y Jack. Le pregunté si no creía que Jack se molestaría, después de todo él había deseado cogerse a mi mujer por un par de meses ya, y ahora estaba pagando un buen dinero. Billy, se sonrió diciéndome, que Jack le había pedido prestado el dinero, y hasta que no se lo pagara, el que realmente estaba pagando por esa puta era él, así que podía decidir quién se la cogía. El oírlo hablar así de mi esposa me dio una combinación de morbo, y vicio. Billy, burlonamente se estaba refiriendo a mi esposa como una puta ¡y me gustó!

Volteé a ver como ahora Jack tenía empinada a mi esposa cogiéndosela de perrito. Se veía rico como le metía y sacaba la verga casi completamente con cada estocada, y la muy puta lo estaba disfrutando; me calentó muchísimo ver cómo le goteaba un hilillo de saliva mientras el le ponía una cogida de época.
Salí al pasillo y me quedé pensando que me daría más placer en ese momento; si cogerme a mi esposa, o seguir viendo como se la cogían. Finalmente podía yo cogerme a Jackie y Sandy y Ayleen mientras seguía viendo. En ese momento oí a María gimiendo en la sala; y vi mi solución. Fui y los encontré a María dándole una mamada a Scott, mientras Art se la metía empinada.
Me acerqué, María dejo de mamársela a Scott, y volteó a verme con los ojos vidriosos y baba goteando sobre los huevos de Scott. Se recargó en las piernas de el sosteniéndose obviamente teniendo un orgasmo. Art seguía cogiéndosela con bombeadas fuertes y rápidas. Me llamó la atención el grosor de su verga, parecía un bote de cerveza; estaba brillante con los jugos de María, que por la fricción se hacían espuma.
Me acerqué y le ofrecí mi verga. María alternó entre chupármela a mí y a Scott, hasta que por fin terminó su orgasmo. Volteé a ver a Art, que continuaba bombeándole, arrancándole gemidos y temblores, asegurándose de dejarla bien cogida. Le sonreí, y me imaginé que así se había cogido a Liz sobre la polvera de algún auto en la cochera el día de la fiesta.

Abracé a María, acariciándole el coño y haciéndola estremecerse cada vez que le tocaba el clítoris. Art la había dejado muy sensible. Les dije a ellos que Billy quería que subieran a la recamara para ayudarle a Jack.
Subimos los tres al mismo tiempo, María iba abrazada de mí, titubeando al caminar. Los dirigí a la puerta de la recamara y me apresuré a entrar al cuarto adyacente con María. Billy estaba abrazando a Jackie, Harry estaba ahora cogiéndose a Ayleen, ambos estaban viendo atentamente como Sandy, balanceada sobre un otomán recibía la cogida de David mientras con la cabeza colgando se tragaba la verga de Steve hasta los huevos.

Le ofrecí María a Billy, a cambio de Jackie. Me senté de nuevo a ver como ahora Liz, incorporada en un codo, le acariciaba la verga a Jack, ya flácida después de haberse venido dentro de su coño, mientras con una amplia sonrisa les daba la bienvenida a Scott y Art.

Art le acercó la verga a la boca a mi esposa. Liz la tomó sin poder cerrar la mano alrededor; antes de mamársela, olio los jugos de hembra, se sonrió y le pasó la lengua por todo el tronco limpiándosela y después se metió la cabeza abriendo la boca en grande.

Miré a María y le dije que el siguiente paso era quitar el intermediario; refiriéndome a la reticencia de María a tener relaciones lésbicas. Noté como se le pusieron duros los pezones y le subió el color de las mejillas. Billy le chupó un pezón, y observé cómo se abrieron los labios de la vagina.

Jalé a Jackie a montarse sobre mí y la empalé de una sola estocada. La putita estaba caliente de la mamada que le había dado Billy y se dejó caer y restregó su pelvis contra el mío haciéndome una versión de perrito que se sentía muy sabroso.

Se ha de haber visto riquísima con su larga espalda arqueada, rematando en sus ricas nalgas paraditas y sus piernas largas y fuertes. Me imagino esto, porque Steve sacó su verga de la boca de Sandy y sin decir palabra vino directamente a metérsela en el culo, que yo me encargué de colocar para facilitar que se la metiera. Jackie arqueó la espalda aún mas, empujando sus sabrosas tetas en mi cara. Me prendí de ellas, mamándole los sabrosos pezones color rosado.

Liz, mientras tanto, le chupaba la verga a Scott, luego a Art y después a Jack. Art estaba a punto de reventar después de haberse cogido a María, y Scott también estaba pidiendo lo suyo después de que María se la había estado mamando. Jack, recién cogido, no se veía con tanta necesidad. Art se acostó de espaldas y jaló a mi mujer a que se le montara. Vi atentamente como ella se sentaba tragándose esa verga gruesa como una lata de cerveza aunque de no más de 18 centímetros. Tan pronto como la tuvo toda adentro, Liz le dio unas pistoneadas y volteó y le tomó la verga a Scott y se la acomodó a la entrada de su ano.

Scott tenía una verga menos fuera de lo común; quizá unos 18-19 centímetros y unos 3-4 de diámetro, arqueada hacia arriba como un plátano. En cuanto mi mujer sintió la cabeza abriéndole el esfínter, ella arqueó la espalda dejándose encular.

Viendo eso, empujé toda mi verga dentro de Jackie y la abracé para que se quedara quieta mientras Steve le chingaba el culo y yo me concentré en ver a mi esposa dejándose coger por dos cabrones y buscándole mamar la verga de un tercero y en sentir la verga de Steve contra la mía dentro del vientre de Jackie.
Steve no tardo en venirse. Seguramente después de haber estado recibiendo la mamada de Sandy, el ya estaba listo, y estoy seguro que el culito de Jackie se ha de haber sentido muy rico. Jackie al sentirse inundada por la venida de Steve, me abrazó del cuello aun más fuerte, mordiéndome la verga con su coñito.
Apenas Steve le sacó la verga del culo a Jackie, Harry se acomodó para reemplazarlo. Me pareció muy interesante que Jackie, solo soltó un poco su abrazo de mi cuello para besarme furiosamente, metiendo la lengua a mi boca vorazmente al sentir otra verga entrándole. Fue entonces que recapacité que ella no había volteado a ver quién fue el primero que se la cogió, ni ahora estaba volteando a ver. Obviamente ella había venido dispuesta a comerse tanta verga de ejecutivo como le complaciera a Billy. Yo continué sin moverme, disfrutando el sentir la verga de Harry contra la mía dentro de su vientre.

Durante esto, Scott se había venido, le había llenado el recto con su leche a mi mujer, y le había sacado la verga del culo. Jack se había repuesto y se preparaba a remplazarlo, con la diferencia de que la verga de Jack estaba notablemente más gruesa que la de Scott, y sin miramiento alguno se la ensartó a mi esposa, que arqueó la espalda, mientras Art la apretaba metiéndole la suya hasta el fondo también.

Inconscientemente jalé a Jackie y le metí más mi verga. Ver cómo estaban tratando a mi hembra como una puta y se la estaban cogiendo duro me hizo temblar de morbo y empecé a chingarle el coño a Jackie mientras Harry le daba duro por el culo también.

Por un rato me concentré en cogerme a Jackie y ya casi a punto de venirme sentí la verga de Harry chocar contra la mía y me quede ahí quieto sintiendo su verga chocar contra la cabeza de la mía y me concentré en ver a Art y Jack chingarse a mi esposa hasta que Art se arqueó levantándose y levantándola a ella de la cama contra la verga de Jack llenándole el coño con sus mecos. Una y otra vez hizo esto y sus mecos salían de la vagina de mi esposa. Jack con cada embestida más empujaba contrayendo sus nalgas, metiéndole más la verga en el culo a mi mujer. Liz boqueaba con estos apretones. Su hermosa cara contorsionada no sé si por la presión, o porque se estaba viniendo también, pero era obvio que de una forma u otra le causaba placer, si no físico, seguramente mental el sentirse tratada como una puta y estar siendo chingada de esa forma.

Con una última embestida, Harry se vino dentro de Jackie, haciéndola arquearse y apretar mi verga. La empujé hacia arriba, metiéndole el último centímetro y sentí sus convulsiones. Me imagine que así estaba sintiendo Art la panocha de mi esposa y con ese pensamiento le escupí mis mecos a Jackie, probablemente dentro de su útero. Que rico palo.

Mal acababa de recuperar la respiración Jackie, cuando Billy le dijo que porque no iba a limpiarle los mecos del coño a Liz. Sin inmutarse, se levantó y camino hacia la puerta con mis mecos y los de Steve y Harry chorreándole por las piernas. Inmediatamente la vimos en la recamara. Se hincó entre las piernas de Liz y sin dudar le pasó la lengua desde el ano hasta hundírsela en el coño y chupársela. Liz le tomó la cabeza, recibiendo la caricia; a la vez que se movía para quedar en un 69 y también chuparle el coño a Jackie. Al ver a Jackie así, entendí porque Steve y Harry fueron tan solícitos en darle por el culo; se veía riquísima. Me levanté y fui a la recamara y sin titubeos me paré atrás de ella sonriéndole a Liz y le dejé ir la verga por el culo haciéndola gemir y arquearse, pues Jack, Art y Scott estaban sobre la cama y ella obviamente no esperaba la metida.

Después de eso, todos nos reunimos en la sala, comimos un poco, bebimos un poco, y bromeamos. Me dio gusto ver que mi esposa había bajado su antagonismo hacia Jack y lo trataba con más amabilidad. Poco más tarde, Liz y yo nos estábamos besando y fajando, yo estaba sentado en un banquillo del bar. Jack nos vio y sonriéndome camino hacia nosotros, y se posiciono atrás de ella, y mientras yo la abracé, el le metió la verga de una embestida. Mi esposa gimió en mi boca dándome su aliento que me supo a semen y jugo de vagina. Así Jack se la cogió hasta que ella se incorporó y lo empujó hacia un sillón, montándolo y levantando las nalgas, ofreciendo su culo para que me la cogiera. Estaba yo a punto de penetrarla cuando vi a Harry con una dolorosa erección con la mirada fija en las nalgas de mi mujer. Atrás de él estaba Jackie, acariciándose el coño, así que invité a Harry al culo de mi hembra, y yo me dirigí a Jackie, que me dio la espalda apoyándose en un banquillo, ofreciéndome su ano una vez mas.

La noche terminó exactamente como ustedes se lo imaginan. Nos reunimos todos en la parte cubierta de la alberca, Liz recibió las demás vergas que no había tenido, así como Jackie también pasó por todos los hombres ahí. Me cogí a Sandy, compartiéndola con Scott.

Ya tarde, nos quedamos solo Liz, María y yo como invitados. Billy había estado monopolizando a María, primordialmente conversando amenamente. Para mí era claro que con toda su belleza y sensualidad, Ayleen realmente no le ofrecía a Billy mucho estimulo en el campo intelectual, y dada la gran diferencia de edades, había poco de correlación.

Mientras Liz y Ayleen se chupaban las respectivas conchas, Billy le pidió a María si lo complacería en dejar verla gozando. María, a quién ya le habíamos explicado la impotencia de Billy, accedió de inmediato, quizá suponiendo que hablaba de mí. Como me lo imagine, Billy llamo a Mitch; un negro de 1.90 m, muscular y bien parecido, quien servía a Billy como su chofer, guardaespaldas, y macho para Ayleen, y por medio de quien Billy gozaba de manera vicaria a las hembras.

Al ver a Mitch, se le endurecieron los pezones a María, y cuando este se bajo el pantalón, revelando un vergón de 27-28 cm., ella dejo escapar un suspiro de apreciación y volteo a ver a Billy y a mi con una sonrisa, y comentó: “Creí que Liz me había exagerado”. Se hincó en el sofá y tomó la verga de Mitch con una mano, mientras con la otra tomo la mano de Billy y se la llevó a que le metiera dos dedos en el coño y el pulgar en el ojete, y se tragó la verga hasta la mitad, demostrando claramente que sabia mamar y no era la primera verga de este tamaño que veía en su vida.

Una vez que Billy vio que estaba completamente erecto, dirigió a Mitch a sentarse en el sofá, acomodo a María sobre él, la tomó de la cadera y la bajo lentamente, ensartándola en la vergota, con la cara suficientemente cerca para oír el sonido de humedad y aspirar el olor a hembra de los jugos de María, que pujido a pujido se metió ese tronco de carne de macho. Una vez que la tuvo toda adentro, Billy la inclinó sobre el pecho de Mitch, y le lamió el ojete, disfrutándola y acariciándole las tetonas y sus firmes muslos y nalgas.

Con los ojos vidriosos, Billy se separó y movió a María hacia arriba y abajo, a lo largo del tronco. Pronto se vieron los jugos de María haciendo una fina espuma cubriendo la verga de Mitch hasta la base. Con cada metida, María se apretaba empujándose ese vergón unos milímetros mas dentro de su vientre haciendo un leve ruido de humedad.

Después de algunos momentos, Billy volteó a verme. Sin decir palabra, entendí lo que quería. Le ofrecí mi verga a María para que la mojara, y me acomode atrás de ella, frotando la cabeza contra su ano y empecé a metérsela. María se quedó quieta sobre Mitch, parando las nalgas para facilitar mi entrada. Una vez que estuve completamente adentro, ella se levantó un poco dejando salir media verga de Mitch. Sentí cuando la cabeza de su miembro empujo toda la longitud de mi verga dentro del vientre de María. Yo en realidad ya estaba algo cansado así que lo dejé a él que hiciera todo el trabajo; y vaya que a trabajar se dedicó!. Al poco rato, María estaba gimiendo, casi gritando con la cogida de Mitch que le pistoneaba hacia arriba. Yo solo me abracé de la cintura manteniendo mi verga tan metida como podía; sentí varias veces como me apretaba y echaba la cabeza hacia atrás con varios orgasmos que tuvo, dejándome soportar su peso.

Por fin Mitch le dio unas estocadas fuertes, levantándola en vilo, viniéndose dentro de ella lo que ha de haber sido un torrente, pues chorreó abundantemente por sus muslos. En comparación yo no llegué a venirme, pues de tanto ajetreo nunca me concentré en sentir más allá de lo que ellos dos estaban gozando. María parecía una muñeca de trapo, gimiendo incontrolablemente, apretándome la verga con su ano con cada contracción. Sentí claramente como tuvo varios orgasmos mientras Mitch le llenó el coño.

Poco a poco se rodó al lado de Mitch, ofreciéndole un beso profundo a Billy, quien con un ademan, llamo a Liz y la llevó a chuparle el coño a María, que se dejo, sin siquiera ver quien era, pero por su pasión y hambre, era evidente que sabia que no era ni Mitch ni yo mamándole. Por mi parte, me dio mucho morbo el ver a mi esposa lamer y comerse los mecos de Mitch directamente del coño de su amiga.

La mañana siguiente, fuimos todos al club de Billy a desayunar. Mientras Liz Ayleen y María descansaban en el sauna, Billy me preguntaba respecto a mis prospositos de trabajo. Le comenté que lo que se presentaba como mi mejor opción era una empresa en Colorado; que aparentaba ser un provechoso contrato a mediano plazo, quizá de 18 meses a dos años. Sin pausar, Billy me declaró que no me podía ir, que simplemente Liz y yo nos habíamos convertido en una parte muy importante de su felicidad. Me dijo que había anticipado esto ya desde un tiempo atrás, y por ende había tomado medidas para tener algo substancial para ofrecerme, tanto económica, como profesionalmente. También me dijo que tenía planes para Liz, y que si yo no me oponía, se lo prepondría conjuntamente. Su plan me pareció muy interesante y Liz también aceptó con entusiasmo.

Así fue que empezamos una nueva etapa de nuestras vidas; recién casados, yo como Vicepresidente de Fusiones y Adquisiciones de una compañía petrolera, y Liz como Vice Presidenta de Relaciones Públicas, o más específicamente la puta oficial del corporativo.

Lamento haber demorado tanto en publicar este relato. Infelizmente he estado ocupado con problemas propios de la presente economía. Espero les haya gustado, y prometo publicar el siguiente relato pronto. En ese relato verán como fue que mi esposa empezó a desempeñarse como una puta cara sirviendo los intereses corporativos. Apreciamos sus comentarios.

Liz y Pablo

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Escrito por Marqueze

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