La vi acercarse al coche

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La vi acercarse al coche, traía su bolso de viaje, la chaqueta en el brazo junto a una revista y una pequeña bolsa de papel, se adentro al coche y me saludó con un beso, le pregunté como le habia ido, Ana me sonrió y volvió a besarme.

Imaginamos fantasías, y de tanto desearlo, en alguna ocasión se hacen realidad. Mi caso, es la realidad de un deseo, me he convertido en el marido cornudo y consentido que he deseado ser, siempre hemos fantaseado con situaciones en las que de una forma u otra nos hemos relacionado con otras parejas, chicas, chicos, hemos sido esclavos de nuestra pareja o hemos formado parte de un trío o cuarteto en el que mi mujer Ana era penetrada, sodomizada por varios hombres, o yo travestido por mi mujer y unas imaginarias amigas, lo mas perversas posible.

No se el día que comenzó todo, somos una pareja de 39 y 36 años, nuestro trabajo esta vinculado al mundo de la cosmética, yo como delegado de una multinacional y Ana  regenta una franquicia, la presentación de la nueva línea para el siguiente invierno le llevó a una convención, había ido algunas veces, siempre a hoteles de lujo en sitios de moda, yo normalmente no la acompaño, solo lo hice una vez, y efectivamente tanto el entorno, los productos y el personal resulta muy atractivo, a lo cual Ana no se queda atrás, siempre con la sonrisa en la boca, su negro pelo rizado y los ojos chispeantes, cuida tanto su imagen como su cuerpo, es de esas chicas que no pasan desapercibidas en cualquier reunión.

Después de mi visita con ella, siempre fantaseaba con las azafatas de la convención o con alguno de los franquiciados, la animaba a que tuviera una aventura, a la vuelta de su segunda visita, me comentó que había conocido a una pareja que se habían iniciado en la compañía, había cenado con ellos y tomado una copa, yo le pregunté si todo había terminado en una copa, ella me dijo:

  • Siempre estas pensando en lo mismo, mientras se evadía de la conversación.

Tras unos días y por mi insistencia, acabo confesando que había sentido una atracción especial por ellos desde que los conoció, Oscar y Míriam, la ultima noche, que siempre era la mas especial habían cenado en la misma mesa, junto a otra gente, el no hacia mas que agasajarla, y comentar con su mujer lo guapa que resultaba, en la despedida en el pasillo del hotel para ir a dormir, Míriam le había besado en los labios, ella entró en su habitación despidiéndose apresuradamente, allí sola en la cama se sintió algo abrumada, superada por la situación, pensando que solo tenia que marcar el teléfono y estaría ella o el, o los dos en su habitación, por lo que acabo fantaseando y tocándose, por la mañana coincidió con ellos en el desayuno y se despidieron hasta la próxima.

Los seis meses siguiente pasaron rápido, con alguna llamada esporádica por teléfono y de nuevo tocaba otra convención, Ana me dijo que no sabia si se encontraba dispuesta a asistir, ya que temía encontrarse en una situación que no pudiera controlar, que en las llamadas telefónicas, Míriam, siempre le hablaba con doble sentido, yo la animé después de lo que habíamos fantaseado durante este tiempo, aunque también lo mismo aquello fue algo esporádico, y que si le surgía, ella sabría decidir, la acompañé a la estación del alta velocidad, le dije:

-Disfruta y si tienes una aventura, mándame una foto por el móvil, ella se despidió diciendo lo tonto que era, dos horas después ya estaba en su destino, y varias horas mas tarde recibí una foto en el móvil de ella junto a una chica bastante mona, algo mayor que ella casi con cuarenta años, pero buen aspecto, las dos sonrientes tomando una copa en el jardín del hotel, y con un mensaje que decía “Solteras buscan”, la llamé para preguntarle de que se trataba, me dijo que estaban dispuestas a divertirse, desde ese momento apagaría el móvil para que no la llamara, que lo volvería a conectar después de dos días para la vuelta. Yo me encontraba de viaje cuando me llamó para decir que estaba cogiendo un taxi en la estación para volver a casa, por la noche nos veríamos. Mientras cenábamos, con sonrisa picarona, me dijo que me tenia que contar muchas cosas, que si quería que fuera allí cenando o esperaba a que estuviéramos en la cama, “Aquí y ahora”, le dije yo tajantemente.

– Me he acostado con Míriam, me lo dijo así, sin dar rodeos, yo di un respingo de la silla,

– Cuéntame todo de principio a fin, y comenzó el relato de su aventura.

Coincidimos llegando al hotel, nos saludamos, ella también ha asistido sola, mientras nos registramos en el hotel, tomamos una copa de champagne de bienvenida, y luego otra, nos dieron las habitaciones contiguas, quedamos después de darnos un retoque para bajar al jardín, en el cual que te envié la foto, por la tarde trabajamos y  la noche la teníamos libre, me di un baño y comencé con la ropa interior y las medias, sentí como manipulaban la puerta que comunicaba las habitaciones, yo la tenia bloqueada, escuche a Miriam decirme que si le podía ayudar a bajar una cremallera de su vestido, abrí y entró con el albornoz del hotel y el pelo aun mojado, se quedo mirándome, o admirándome y sin darme tiempo se aproximo y comenzó a besarme, por un momento intente resistirme , pero me di cuenta que me estaba gustando, dejo caer su albornoz y nuestros cuerpos se unieron, sentía su piel húmeda del baño y la crema corporal, nos tocábamos mutuamente, ella chupaba sus pezones, yo mordía mi cuello, me soltó y volvió con unos zapatos, allí me encontraba a merced de ella, me volteo y me hizo apoyar las manos en la cama, de un cachete me abrió las piernas arrodillándose tras de mi y metiendo su cara entre mis piernas, sentía su lengua como una serpiente vibrar entre mi sexo, buscando abrirse paso, yo colaboré abriendo y dejando el paso libre, separó mis braguitas y su lengua recorrió libremente llevándose los jugos que me provocaba aquel torbellino de placer, ahora su lengua entro por mi culo y yo tuve el primer orgasmo, me puse rígida mientras mi cuerpo se convulsionaba y ella seguía, caí sobre la cama mientras ella a mi lado se masturbaba, llegando al éxtasis entre las mas vulgares de las palabras dirigidas hacia mi, yo me sentía propiedad de ella, la besé y la acaricie, mientras aun jadeábamos el la cama. Se nos hacia tarde, nos recompusimos y bajamos a la cena.

La noche volvió a ser una clara muestra de sexo y sometimiento por su parte, me violo repetidamente con sus juguetes, me ha introducido bolas chinas y he sido su putita, he lamido sus pies y su sexo, me ha humillado de mil formas, y querido Arturo, me ha gustado, me enseñó algunas fotos de ellas dos en la cama o reflejadas en el espejo del baño medio desnudas. Mostrándome su pecho me dijo, me marcó como si le perteneciera, chupando con fuerza hizo este morado, creo que ahora no podré pasar sin ella y los encuentros, estoy pensando que venga aquí a casa, a pasar el próximo fin de semana,

-Por mi parte, le respondí, si es tu deseo, encantado, pero que has pensado sobre mi, sabe todo esto su marido, quieres que este yo presente?  Por supuesto, quiero que estés y participes, quiero darte el placer de verme mientras soy suya, y que cumplas tu fantasía, en cuanto a su marido, realmente es su pareja , y ellos ya han participado en situaciones similares, aunque en este viaje, solo vendrá ella, yo estaba descolocado, inquieto ante tal propuestas, ahora seria el voyeur de mi mujer, vería como era sometida y amada. Ana no quería ni perder un momento en decírselo a su nuevo amor, cogió el teléfono y delante de mi marcó.

– Míriam? Hola querida, nos vemos en el fin de semana?, Si, aquí en casa, te recogeremos en la estación? De acuerdo, besos, y yo a ti, y colgó.

Esa noche hicimos el amor como nunca, ella se mostraba mas ligera, se movía con soltura en la cama, como si se hubiera quitado un peso de encima, besé el morado de su cuerpo, como queriendo remarcárselo, como para que no olvidara a quien pertenecía, yo quería demostrar algo mas de lo que era, por lo que lo hicimos una vez y luego otra, después caímos rendidos, al día siguiente había que volver a la realidad. La semana pasó rápida, notaba a Ana algo mas inquieta que en otras ocasiones, hicimos el amor un par de veces, por mi parte andaba preocupado de que la casa, la comida y bebida estuvieran a punto, el jardinero repaso el césped y la piscina estaba cristalina, en el almuerzo del viernes hablamos sobre como afectaría esto a nuestras vidas, donde dormiríamos cada uno de nosotros, Ana me pidió que le dejara a ellas nuestro dormitorio, me pidió que desde que llegara Míriam, seria la que tomaría el mando en todo lo que concernía a ella, yo me iría a la habitación de invitados, cada momento que pasaba, era el cornudo que había deseado ser  en nuestras fantasías.

Sonó el timbre, desde la ventana vi bajar a Ana descalza, con sus short blancos y la camiseta anudada a la cintura, un taxi se marchaba, por fin conocí a la amante y ama de mi mujer, Míriam era según había visto en algunas fotos del teléfono, melena corta, no demasiado delgada, la piel morena y el pelo castaño, llevaba un vestido de tirantes color negro, cerraron la puerta y se besaron. Entraron en casa, ahora si conocí por fin a Míriam, nos saludamos, le recogí el equipaje y le desee la mejor de las estancias en nuestra casa, ella me lo agradeció y me beso en los labios diciendo que esperaba estar a la altura, Ana le recrimino diciendo ¡ehhh!.

Ana estaba como la chica que recibe a su novio por primera vez en casa, subieron las dos mientras yo preparaba una copa en el jardín.

Tardaron un momento en bajar, Ana ahora llevaba un mini vestido elástico color rojo y unas sandalias bastante mas altas de las que usaba ella habitualmente, eso hacia que se le vieran las piernas mas largas y la ropa mas corta , le pregunte que de donde había salido,

-Regalo de Míriam, ya sabes lo que hablamos, a lo que asentí con una sonrisa, Miniar le indicó que hiciera lo que le había dicho anteriormente, y Ana entreabrió sus piernas dejando su sexo al aire, sin bragas por orden expresa y gusto de ella, después de un tiempo Míriam mando a la cocina a Ana, diciéndole que tenia que hablar conmigo,

-Arturo, he venido para mantener sexo con tu mujer cada vez y en cada situación que nos plazca, desde ahora y hasta el lunes que salga por la puerta, me pertenece, no temas por ella, tú podrás participar cada vez que quieras, pero en ningún momento interfieras en las decisiones que yo tome. Me quede estupefacto, pero asentí dándole todo el mando a ella.

Les pregunté que preferían, salir a cenar o tomar algo aquí en el jardín, Ana propuso ir a cenar a un pequeño restaurante que conocíamos, Míriam dijo que le apetecía, que tenia bastante hambre, reservé y pronto estábamos en una mesa que tenían con vistas a la ciudad, tomamos vino y champagne, después nos retiramos a casa, en el coche se colocaron las dos en el asiento de atrás, quedé como un chófer que lleva a sus señoras, desde el espejo vi como Míriam besaba a Ana, y como le metía la mano por el escote de aquel mini vestido rojo que había sido el centro de miradas de la noche, sentí el sonido de un bofetón, miré y vi a Ana con la cara sumisa como pidiendo perdón, escuché como le recriminaba porque había ido a cenar llevando bragas, mientras Míriam se pavoneaba de ser “el chulo” de mi mujer, se las quito, abrió la ventanilla y las lanzó fuera del coche, ver a mi mujer tan sumisa me excitaba, se lo dije a Míriam, y en cuanto llegamos a casa en la misma cochera puso a Ana de rodillas e hizo que me chupara, la cogía de la cabeza y la empujaba contra mi, de repente le dijo:

-Para, después tendrás más, mientras se dirigía a mi diciendo:

-Este fin de semana sabrás el placer que te puede dar esta putita.

Nos fuimos a nuestras habitaciones, yo a la de invitados, ellas a la que hasta la noche anterior había sido mía, me dí una ducha y me tumbé sobre la cama, esperando que nos depararía la noche, se abrió la puerta y entró Ana, desnuda, llevaba los ojos muy pintados y los labios tan rojos como nunca se los vi, solo con aquellos tacones vertiginosos que le había traído su amante, y con un collar con argollas y piedras brillantes en el cuello del cual colgaba una tira de cuero, como si fuera un perro,

-Míriam te invita a la habitación, desnudo como me encontraba y comenzando a tener una erección, me instalé en una butaca para ser el perfecto voyeur, Ana se recostó junto a su ama, que estaba medio desnuda,  y esta comenzó a tocarla, sin violencia, acariciándola, amándola, besaba cada centímetro de su cuerpo, se besaban en la boca, mordía sus pezones, metía la mano entre sus piernas haciéndole el amor, ahora con un dildo dorado, penetraba con suavidad, vibrando entraba hasta el fondo de Ana, ella gemía de placer, yo comencé a tocarme, pero Míriam me dijo que no terminara, ellas seguían y yo no podía parar, Míriam se levantó de la cama, tenia el pecho bastante bonito, algo retocado por el bisturí, abrió por la cintura sus braguitas tipo culotte, y me pidió que descargara, ver su pubis casi totalmente rasurado, solo con una línea de vello, fue lo que me llevo a explotar y descargar, me apretaba el miembro con la mano para direccionar la descarga, mi semen caía desde su ombligo hasta su sexo,

-Muy bien cornudo, ahora vuelve a tu butaca mientras cogía la ultima gota con su dedo y se lo llevaba a la boca, soltó el elástico y todo quedo dentro, se hacia cada vez mas grande la mancha húmeda de su braga, caí en la butaca esperando el siguiente acto, Ana fue traída con la cadena hasta hacerla meter su cara entre las piernas de Míriam y comenzar a lamer aquel néctar que rebosaba por el tejido y los lados, me sentí confuso ya que nunca había conseguido que Ana tragara mi semen, y efectivamente fue la misma reacción, lo que ella no esperaba era el azote que recibió con la correa de cuero, y después otro, tuvo una arcada y recibió mas, yo volvía a excitarme de ver a mi mujer humillada, la pintura de los ojos y labios corrida, pero chupo y lamio hasta dejar el sexo de su ama y las braguitas totalmente limpias, volvía a masturbarme, y esta vez fue Míriam la que se encargo de ponerse de rodillas, quito mis manos y con su boca acabó lo que yo había empezado, extrajo mi nueva descarga, la contuvo en su boca y levantándose, acerco su cara a la de Ana, abrió su boca y dejo caer la bola blanca que había salido de mi un momento antes, le cerró la boca y le dijo:

-He visto que te has quedado con ganas de más, ahora traga, vi la cara de Ana ultrajada, con arcadas, hasta que abrió su boca y enseño la lengua, todo había desaparecido en su interior.

Aquella mujer nos tenia sometidos a los dos, la habíamos estando necesitando desde hacia tiempo, estaba rompiendo con todas las reglas y nosotros con ella, estábamos encantados, yo acabé la noche en mi nueva habitación, durante la noche sentí gemidos en la habitación de al lado.

Buenos días, me saludo Miriam, había preparado el desayuno en el porche junto a la cocina, al instante apareció Ana, con un camisón blanco de algodón que usaba para andar por casa, le trasparentaba el pecho, sus pezones se marcaban y al sentarse se le subía dejando algo mas que sus mulos al aire, habíamos hecho el amor muchas veces cuando ella lo usaba, me besó y después cogió a Míriam por detrás de la cintura y la besó, creo que fue la única vez que sentí celos, las vi como si hubieran sido amantes toda la vida, después del desayuno, donde nada se habló de la noche pasada, les dije que tenia la partida de pádel del fin de semana, pregunté si estarían en casa para comer, Ana propuso dar una vuelta, igual bajaban por el mercado, yo me cambié de ropa y salí en dirección al club.

A mi vuelta, las encontré en las tumbonas de la piscina, las salude y desnudándome allí mismo me di un baño, Ana se levanto para traer unas cervezas del bar de la piscina, mientras la tomábamos Míriam me dijo:

Arturo, he invitado a Ana para pasar un fin de semana en casa, si te apetece venir, seguro que te divertirá, me gustaría tenerla conmigo, tengo planes también para ti, quiero que Ana vea como me follo a su marido, Estaré encantado de darte placer, le respondí, me miró y sonrió de forma sardesca.

Tras la comida, nos retiramos a nuestras habitaciones, de nuevo volvía a escuchar movimiento en la habitación, gemidos y risas, la tarde trascurrió tranquila, ellas dos en las tumbonas, cogidas de la mano, mimándose, sintiéndose amadas, yo, en tierra de nadie, sin identidad, a un metro de mi, la que había sido la mujer de mi vida, ahora entregada a una mujer que solo había visto dos o tres veces, y por la cual daría la vida. Llegada la noche, ellas decidieron salir a dar una vuelta, sacaron el coche de Ana, las vi bajar la calle hasta desaparecer por la urbanización, me tumbe en el sofá a mirar tele, al instante entre en Internet, busque paginas de maridos cornudos, casi siempre era lo mismo, lo mismo que yo estaba haciendo, un chico o chica se enrolla con una mujer casada, mientras el marido esta junto a ellos viendo como disfruta su mujercita, o es sometida, en otros casos, el lleva algún artilugio que le hace imposible tener una erección y ella y su amante se ríen , en muchos de los casos, el marido acaba lamiendo el semen en el cuerpo de ella, era el fiel reflejo de mi película, y eso me hizo actuar, decidí poner en el dormitorio las cámaras portátil que tengo para hacer submarinismo, en un instante y tras pruebas de encuadre, todo estaba preparado, inquieto esperé, escuche llegar el coche, parece que no tuvieron demasiada suerte o tenían demasiada prisa por aprovechar el tiempo juntas, me retiré a mi nueva habitación y las oí llegar, jugueteaban por la escalera y en el baño, después como la noche anterior, movimiento de puertas y baño, ahí me quedé dormido.

Les preparé el desayuno, desde la cocina vi a Ana nadando, no era habitual que ella se metiera en la piscina tan temprano, el agua aún estaba fresca a esa hora, me fije en ella, en su cuerpo desnudo, volvía a llevar el collar con las argollas en el cuello, vi sus cachetes algo rojos, parece que no había sido todo lo buena que deseaba su amante, y le infringió un castigo, salió del agua, desnuda, dejando tras de sí una estela de agua, andando casi de puntillas, los pezones pequeños y oscuros en ese pecho perfecto, el pubis como el de su amante, depilado con una pequeña franja de vello, me pareció una Venus, la miraba ajeno a que Míriam se encontraba en la cocina, me dio los buenos días besándome en los labios, envuelta en una bata de seda, le pregunte como habia ido la noche, ella me contesto que de maravilla, se habían divertido y aunque volvieron pronto, ya no vieron luz en mi dormitorio. Hemos hecho el amor hasta casi el amanecer, seguro que cuando me marche Ana tendrá una mente mas abierta, yo me quedé como estos últimos días, sin palabras e intentando que pareciera normal esta situación, me acordé que las cámaras seguían en el dormitorio.

Le di los buenos días a Ana, admire su cuerpo aun mojado, el pelo rizado parecía aun mas negro, su cara estaba relajada, la conocía bien y sabia que había disfrutado, la veía enamorada de su amante, Míriam hizo por quitarle el collar, yo le pedí que se lo dejara, que la mantuviera desnuda, ahora su cuerpo tenia las formas mas graciosas, parecía mas joven, me recordaba el cuerpo de cuando la conocí, quería amarla.

La mañana transcurrió entre tumbonas al sol y piscina, tomamos sanwichs y champagne, al finalizar, Ana me dijo que esperaban la visita de un amigo de Míriam al que había invitado a tomar el sol en la piscina, le pregunté si era alguien conocido, si formaba parte del juego de fin de semana. Si, me respondió, lo vimos anoche tomando una copa con amigos, era un chico joven de veinte tres años aproximadamente, era el sobrino de unos amigos de ella, estaba estudiando en nuestra ciudad.

Me retire para hacer una siesta, desde mi nueva habitación escuché parar una moto y después el timbre, me asome tras el parasol y vi llegar dos chicos jóvenes, en tenis con pantalón corto y camiseta, ellas los recibieron, pensé que solo vendría uno, Míriam los saludó y  presentó a Ana, pasaron hacia el interior, observe como Míriam y los chicos andaban tras de Ana mirando los cachetes que se le salían de  las braguitas del bikini, me cambié a otra habitación para tener vista de la piscina y las tumbonas, donde se habían instalado, Ana se soltó el top que llevaba anudado al cuello, dejo su pecho al aire y se dedico a preparar unos mojitos,  Míriam se colocaba detrás, la abrazaba y le tocaba las tetas, besándola y riendo, calentando el ambiente para los chicos, cuando Ana entregaba la copa a uno de los chicos y se dieron un morreo, parecía que su preferido era uno rubio con la piel bastante dorada por el sol, eran los típicos chicos que se pasan el verano entre fiestas sol y gym, Míriam cogió de la mano al que otro, tenia el pelo bastante corto, casi rapado, su cuerpo era mas atlético, lo llevo hasta Ana y la cogió por detrás, pronto estaban los dos en la misma tumbona sobándola, mi mano bajo buscando otra nueva erección, la sorpresa fue al no percatarme de la presencia de Míriam tras de mi, mirando por encima de mi hombro,

-Te gusta ver como se follan los chicos a tu mujercita, ya te dije que no sabias lo puta que podía ser, seguro que habías deseado verla así en mas de una ocasión,

le he ordenado que los vuelva locos, pronto veras como lo cumple a la perfección, al instante estaba tragándose el enorme falo de uno, mientras el otro le sacaba las braguitas del bikini y metía mano entre las pierna, le besaba los cachetes, no tardarían mucho en estar penetrándola, ella se montó a horcajadas sobre el chico rubio, desde nuestro puesto veíamos como Ana hacia un movimiento rítmico con sus caderas de delante hacia atrás, el chico moreno, se colocó en su espalda y empujándola hacia delante, intentó penetrarla por detrás, le costaba y le dolía a ambos, lo soluciono cogiendo un bote de crema hidratante, la untó e introdujo su miembro desde atrás, desde nuestro puesto ya no acertábamos a identificar de quien eran cada uno de los gestos y gemidos, eran como animales en celo, Míriam soltó el cinturón de la bata  y me dijo:

-Chúpame, me arrodille, ella puso una pierna sobre una silla, miré hacia arriba, su pubis rasurado igual que el de Ana, sus labios vaginales eran como los de una niña, rosados y voluminosos, se veía que la cirugía también había llegado hasta allí, metí mi cara entre sus piernas, me sabia a gloria, lamí y mordí aquellos labios hinchados mientras me masturbaba, no pude aguantar y comencé a soltar mi semen en el suelo, Míriam al verme, me cogió del pelo y me abofeteo en la cara, acerco su cara a la mía me llamó cerdo cornudo, me escupió, después me llevo la cara hasta le charco que había formado en el suelo y me hizo lamer, mientras me humillaba, sentí como algo cálido caía en mi espalda, por mi cuello, ella estaba haciéndome una lluvia dorada, nunca pensé que lo practicaría, en un día estaba descubriendo todo tipo de humillación y sometimiento, cuando me levanté del suelo Míriam me dijo:

-Mira a tu mujercita, el rubio en pie descargaba en la cara, por el cuello y el pelo, después chupó succionando lo poco que le quedaba, hasta la ultima gota, el otro esperaba para imitar a su amigo, veíamos a Ana con la boca abierta delante del otro esperando que la masturbación terminara en una descomunal corrida que le desbordó la boca, ella mantenía en la boca el semen que había recibido

Míriam llamo desde la ventana a Ana para que subiera, le hizo señas de que no se limpiara, cuando llego a la habitación, la hizo que se pusiera delante de mi, y de nuevo lamí aquellos jugos que bajan como lava por el cuerpo de mi mujer, Míriam me arrodilló ante ella, levanto mi cara y abrió mi boca, Ana dejó caer lo que transportaba, sentí el sabor ácido, mi paladar era un amalgama de sabores, tragué parte y el resto cayó por mi cuerpo,  Míriam cogía con sus dedos y se los daba en la boca a Ana, ella ya no mostraba el asco que había manifestado el día anterior, besó en los labios a Ana y la mando al baño dándole un azote en el culo, mientras ella despedía a los chicos.

Yo hice lo propio, mientras caía el agua por mi cuerpo sentí el hasta ahora extraño placer de ser sumiso, ya avanzada la tarde llamó Míriam a la puerta de mi la habitación, sin decir nada, dejó sobre mi cama el vestido negro con el que llego a casa, junto a unas braguitas y un sujetador,

-Ponte esto putita, que ahora volveré para pintarte, no sabia donde colocar mi miembro dentro de aquel pequeño trozo de tela, ajuste el sujetador y me colé el vestido, me mire al espejo cuando ella llegó con gomina, un pintalabios rojo y pinturas para los ojos, en un instante me había convertido en una puta, me ordeno que bajara al salón, ahora no se quien sería quien me follaría, encontré a Ana con un traje mío, con camisa y corbata, note algo abultado su pantalón,

-Aquí te traigo la puta que te prometí, Ana se acerco a mi y me dijo, “quiero que me comas la polla, putón”, de nuevo de rodillas, y de su bragueta salió un tremendo falo de látex negro que apuntaba hacia el frente, lo cogí con la mano y comencé a chupar, era tremendo, era imposible que me entrara entero en la boca, Ana me empujaba como yo había hecho tantas veces, ahora era yo quien tenia arcadas, y ahora era yo la que recibía el castigo, la primera bofetada me la dio Míriam, las siguientes fueron de Ana, incitada por su maestra de ceremonias, no se de donde sacó fuerza, pero me volteo contra la cama, lubricó mi culo y sentí como un rayo de dolor me corrió todo el cuerpo, grite del dolor, esta vez la correa de cuero dejo la marca en mi trasero, me mordí los labios, los envites siguiente fueron violentos, mientras me arañaba la espalda, me cogía del pelo, chillaba, me mordió en el hombro, jadeaba hasta que cayó sobre mi espalda aun convulsa, el látex salió despacio de mi cuerpo, que sentí como abierto en dos, esperando una caricia o un beso, lo que recibí fue un azote en el culo, escuche la voz de Míriam ,“Ya puedes retirarte, puta”. A Ana,

-Sube y mima a tu marido, yo mientras tomaré una copa. Subimos como dos enamorados nos besamos y nos amamos, olí cada poro de su piel, pasé mi lengua por sus cachetes enrojecidos y ella por los míos, y besé de nuevo el morado de su pecho, no me costó montar sobre ella e introducirme hasta lo mas profundo, y vaciarme dentro de ella, nos quedamos quietos, abrazados, sintiendo el calor de nuestros cuerpos, llegó Míriam controlando cada minuto de nuestras vidas, le dijo a Ana que volviera a la  habitación, la odie, porque rompió el momento intimo que teníamos, sentí como cuando de niño no te querías separar de tus amigos, pero tenias que marchar a casa, solo te quedaba la esperanza de que mañana volvías a estar con ellos, así me sentí, con el deseo de que mañana llegara pronto. Me reserve la grabación para mi, la visionaria solo o con Ana, aunque no hubiera participado, seria solo para nosotros

Por la mañana cuando desperté, Míriam ya se marchaba, me dio las gracias por la hospitalidad, yo se las di por el fin de semana tan especial, prometiendo que repetiríamos, vi como Ana la besaba antes de abrir la puerta del jardín, el taxi esperaba

Ana entró en la cocina y me dijo, ¿Preparo café?

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