Los Encantos de Papi – Parte 13

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Disfruta aquí de la parte 12 de «Los Encantos de Papi»

“Me podría más si estuvieras haciéndolo con algún ex, pero de cualquier manera te perdonaría porque te amo demasiado. Me encantas”, confesó Raúl.

“¿Y con papi?”, insistió Anne, “¿te importaría?”

“Mm…”, contestó Raúl. “Hiciste un gran trabajo con tu papá, hay que reconocerlo. ¿Lo curaste con las nalgas? ¿Tiene razón Estela en sus sospechas?”.

Había llegado para Raúl el momento de una respuesta definitiva. Según él, no tenía escapatoria.

Anne vaciló y pensó un momento. Sentía que su esposo resistiría la verdad en ese momento, pero temía por la estabilidad de su matrimonio y que le diera paso a que le fuera infiel. Se sintió como aquella vez que le mostró a papi las nalgas en su casa.

“¿Y bien, amorcito?”, preguntó Raúl. “¿estás cogiendo con tu papá?”

Se voltearon y se miraron a los ojos. Ella recapacitó sobre lo que estaba en juego, pero decidió continuar con la morbosa duda de su esposo. Era experta.

“¿Te gusta fantasear con eso, querido? ¿Te gustaría verme o saberme con otro o con papi?”, preguntó sensualmente, como solo ella sabía hacerlo.

Raúl acarició su mejilla y la besó en la boca de nuevo, contemplando su madura y sensual belleza.

“Sé que te excita. ¿Cuántas veces hemos fantaseado los dos de hacerlo con alguien más?”, continuó Anne, mientras Raúl concedía con su silencio.

Sabía que estaba matando de calentura a su esposo. Esos temas los trataban en la cama frecuentemente, desde recién casados, cuando contaban sus intimidades mutuas con sus ex parejas. Raúl sabía más del pasado de su esposa que ella del de él. También sabía que no había sido el primer hombre en su vida y de su fama cuando eran novios ya para casarse, pero no le incomodaba estar donde algún conocido ex novio de Anne estuviera, quien muy posiblemente se había propasado con ella. Él se quedó con el trofeo, después de todo. Raúl sabía de tres ex novios, y al menos,  Anne le confesó haber perdido la virginidad a los 17 años con un amigo mutuo que incluso fue empleado de Raúl, años atrás.

Gozaban y se encendían platicando detalles de aquellas despreocupadas épocas cuando tomaban unas copas y hacían el amor, pero Raúl comenzó a sentir más intensidad en sus fantasías pensando que Anne era amante de su suegro, y conociéndola como era de desbocada y febril, estaba seguro que hacía todas y cada una de las locuras y juegos que hacía con él… quizá hasta más.

Su calentura aumentó más aún con lo que Anne le confesó de su hermana menor, quien estaba segura que papi y su esposa eran amantes.

Tras un prolongado silencio, Anne dijo “te dejaré con la duda para que te excites más pensando en papi y yo. Sé que lo disfrutas. Piensa lo que gustes querido, dale vuelo a tu imaginación de lo que pudo haber pasado en Nueva York y aquí, y lo que pudiera pasar en Toronto, ahora que me vaya con él sin ti”.

Raúl sintió una deliciosa sensación de explotar de deseo, aun habiéndose venido dos veces en minutos.

“¡Anda, dime!”, demandó Raúl. “¿Te está culeando tu papá?”, con algo de quemante desesperación en su voz.

Anne se paró y le modeló desnuda.

“¿Crees que papi resistiría eso?”, preguntó provocativamente, “¿aun de su propia hija?”.

Raúl saltó de la cama, la tomó por la espalda, y le introdujo la verga por el ano de pie, quedando prendido de ella en una especie de descarga de electrizante pasión.

Los gritos de ambos pudieran despertar a los hijos, pero no se detuvieron. Con inigualable pasión, como jamás la había sentido, sorprendiendo incluso a Anne por la erótica violencia y energía de su esposo, Raúl le dijo, “¡a ver si papi te puede dar, así como yo, a ver…. tres veces seguidas!”, con cierta arrogancia por la diferencia de edades.

Anne se decidió a hablar.

“¡Te sorprendería querido de lo que un hombre como papi es capaz de hacer, así de viejo! ¡Si supieras…! ¡Ooohhhh!. ¡enorme, guapísimo y con una rica vergota más grande que la tuya…! ¡Ooohhhh!”, respondió Anne con jadeante voz. “¡Es un torbellino de energía, me rompe, me desgarra…! ¡me vuelve loca!”, continuó, sintiendo los furiosos embates de Raúl.

Pasada la repentina locura, se tiraron de nuevo en la cama.

“Sabía que no te quedarías callada, amor”, dijo Raúl, cuando su respiración volvió al ritmo normal.

“Dime que sientes”, dijo Raúl. “Yo sé que siento”.

Esa noche fue el parteaguas de su matrimonio, al saber con certeza de la incestuosa relación de Anne con su propio padre.

“¿Me vas a pedir el divorcio?”, preguntó Anne. “Papi está dispuesto a casarse conmigo, si lo haces”, agregó, amenazante.

Pasó cerca de un minuto.

“Jamás, salvo que tú lo desees”, contestó Raúl. “No me importa que me pongas los cuernos con él. Secretos de familia”.

“Cuéntame de Nueva York”, pidió Raúl. “¿Cuántas veces los has hecho con tu papá?”.

“Decenas…quizá cientos de veces”, contestó Anne. Pero que quede entre nosotros, amor, ¿comprendes? Quiero que sigas siendo el mismo yerno modelo con tu suegro, aunque te ponga los cuernos con él, ¿te queda claro?”.

Anne contó desde el principio, sin perder detalle. Raúl, carente ya de energía, escuchó sin interrumpir a su bella esposa resumir casi 6 meses en menos de una hora. Se excitó de nuevo al saber que les gustaban a los dos las situaciones de alto riesgo, como cogérsela en su casa con el resto dela familia alrededor, masturbarlo en juntas, coger en una ventana, en un elevador….

Se quedaron dormidos a eso de las dos de la mañana.

Anne regresó de dejar a los niños en la escuela pasadas las 8. Raúl la esperaba con ansias para desayunar, retrasando su salida a la oficina, que habitualmente era antes de esa hora.

El la esperaba ansioso. No había sido un sueño.

“¿Se van el miércoles por fin?”, preguntó

“Si mi amor, el miércoles salimos. No hagas ningún compromiso. Nos tienes que llevar al aeropuerto”, contestó Anne.

“Ya entrados, ¿se puede saber a qué van?”, preguntó Raúl. El motivo real había sido hasta ese momento un misterio.

Anne le dio un trago a su jugo, sin quitarle la vista a su esposo. “Básicamente a culear”, contestó despreocupadamente.

Raúl sintió una inmediata erección.

“¿Te importaría que no fuera a la oficina y pasáramos la mañana cogiendo?”, propuso él.

Anne se daría a desear al máximo. Tenía en sus manos a su marido y podía hacer lo que le diera la gana con él.

“No. Tú te vas a trabajar para que nos mantengas. Quiero este estilo de vida, o sea, nada de holgazanear, ¿te queda claro?”, dijo Anne, en su clásico tono de orden.

Raúl se puso de pie y la abrazó, a manera de imploración.

“Sereno, amor. Vete a trabajar”, dijo Anne.

“¡No!”, contestó Raúl. “Algo tienes que comprar o hacer y quiero andar contigo”.

Anne sonrió. “Muy bien. Vamos por lo que me hace falta”, concedió ella, cierta de que lo que tenía en mente lo haría explotar.

Subieron al auto de Raúl y se dirigieron al centro comercial que frecuentaban. Anne se portó más melosa de lo normal en el trayecto, caminando por el mall tomados de la mano, como novios, y entraron a una exclusiva tienda de lencería.

Raúl estaba embelesado con su hermosa mujer, sin poderle quitar la vista, mientras con su estilo y elegancia deambulaba por los pasillos, hasta llegar al departamento de ropa íntima. Tomó el calzón más provocativo que encontró y se lo puso por encima de la ropa frente a su esposo. Los ojos de Raúl brillaban de deseo.

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3 Comentarios

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  1. Excitante relato amigo, seria muy morboso que en el viaje a Toronto que realicen, Anne se compre un disfraz de mucama, colegiala o conejita y que finja seducir a Tomas, y el le rompa el culo.

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