Los Encantos de Papi (Parte 6)

padre hija 3

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“¿Aló?” escuchó Anne decir a su padre, sin dejar que el teléfono sonara por tercera vez.

Amodorrada, Anne tomó su reloj de pulsera y vio la hora. Eran pasadas las 6 se la mañana. Se estiró y se giró hacia él.

“Si hija”, le oyó a su padre decir, tras unos momentos de escucharla. “No, está súpita…creo”, siguió don Tomás contestando. “No, no la voy a despertar, Estelita”

“Mmmm…, ajá…no…no”, solo escuchó a su padre decir varias veces. Finalmente lo escuchó decir “bye” y colgó.

“Tu hermana quiere que bajemos a desayunar con ellos”, dijo don Tomás, volteándose hacia Anne.

“¡Ya ni la amuelan, novio!”, contestó ella. “¡Yo creo que ni abierto está el restaurante!”.

“Creo que notó que me molestó con su imprudencia”, dijo Tomás. “Su pretexto era que están acostumbrados a levantarse a esa hora para ir a misa de 7, y que se habían puesto a buscar una iglesia pero que es hasta las doce y quien sabe que tanto más, y con el pretexto de que es boda mormona y más cosas, etcétera, etcétera, etcétera”, contó Tomás. “Y luego esa maña de soltarse hablando en cuanto contestas…. ¡qué desagradable!”.

“No la culpo. Sabe que me despierto temprano y no tiene porqué saber lo de anoche, ¿verdad amorcito?”, agregó Tomás, volteándose para besar a su hija.

“¿A poco tienes hambre, hija?”, preguntó.

Anne se estiró de nuevo bostezando y sintiéndose muy molesta por lo que le dijo su padre de su hermana Estela.

“Mmmmh…”, gimió sensualmente. “Tengo hambre de esta cosita”, contestó Anne, metiendo su mano bajo la sábana y descubriendo el semi-erecto pene de su padre. “¡Hey!”, exclamó ella, “¡si funciona la pastilla del fin de semana, novio!”, continuó al sentir que la gorda macana de Tomás comenzaba de nuevo a llenarse, preparándose para servirla.

“¿Sabes que ni me limpié tus mecos de las nalgas, novio? Tampoco fui al baño. Estoy llena de ti todavía, ahora que me acuerdo. ¡Hasta siento como que se me mueve!”, le dijo Anne sonriendo a su padre al tiempo que acercó su boca a darle otro beso. “¡Ha de ser una barbaridad lo que traigo dentro!”, dijo sonriendo sensualmente.

Era aparente que ni cuenta se había dado del conato de la madrugada.

“Ya vi”, contestó don Tomás. “Ahorita que estabas de lado se te estaba saliendo un algo cremosito de tu delicioso hoyito, ¿que sería? También ayer que te estabas bajando de la ventana se te salió un chorrito parecido”, agregó, riéndose. Anne lo miró y le sonrió.

“¡Eres un toro novio, que forma de llenarme!”, contestó, con erótica expresión, “no me vuelvas a coger sin condón, cabroncito”, advirtió, besando su boca, “me puedes embarazar”.

Tomás comenzó a acariciar suavemente su pelo, mientras Anne masturbaba delicadamente su ya acrecentado y duro pene, recostada de nuevo en su pecho.

“No, porque llegaría el momento en que no te pudiera coger”, contestó Tomás, al pensar en el problemón que sería embarazar a su propia hija.

Conforme se fueron despabilando, Anne subió de intensidad sus besos. Tomás respondió en consecuencia. Anne se trepó completamente en la enorme humanidad de Tomás, como si fuera un colchón.

Don Tomás estiró su mano y tomó un condón del buró, junto al teléfono. “Hoy si pudiera ponerse peligroso esto”, dijo, al tiempo que su bella hija bajaba besando su pecho y jugando con su lengua y dientes entre el tupido pelo abdominal de Tomás, tirando de él suavemente, pero arrancándole leves suspiros.

Con sus suaves tetas, acorraló el pene de su padre, masturbándolo, haciendo un suave movimiento circular en el glande con sus encendidos pezones.

Se deslizó rápidamente instantes después, y lo tomó en su boca, lamiéndolo y disfrutando el leve olor dejado por ella misma, mezclado con restos de semen seco. Anne levantó sus hermosas nalgas cuando Tomás se incorporó para quedar recargado en la cabecera y verla con su cabeza metida entre sus muslos, chupando ávidamente el pedazón de carne que tanto placer le daba.

“¡Ay, ay…siento como se me mueve tu carga adentro amor!”, dijo sensualmente Anne el instante que sacó el pene de su boca. ¡Uh, uh…, ahhh… estoy llenísima! ¡Siento que me voy a hacer popó! ¡Si me la metieras me vas a reventar como globo!”.

“Me imagino”, dijo Tomás,” Debo de haberte depositado unos dos litros, novia. Yo también me estoy orinando”, confesó.

“¿Qué tal si nos bañamos antes de coger?”, propuso Anne a su padre.

“¡Buena idea!” dijo Tomás con entusiasmo.

Anne se levantó y corrió al baño. Papi alcanzó a ver otra pequeña fuga de su ano caer sobre la cama cuando saltó de ésta, excitándose más con el detalle. “¡Se te salió otro poquito!”, alcanzó a decirle.

“¡Te gané, novio!”, dijo en pícaro tono, cerrando tras de sí la puerta. Casi llegando al excusado no pudo contener la evacuación y soltó de nuevo un chorro más prolongado, que cayó en el piso, temiendo defecarse.

Tomás alcanzó a escuchar claramente la ruidosa evacuación de su hija, que al principio trató de acallarla, seguramente apretando las nalgas, pero le fue imposible contenerse. “¡Ay, oh, oh, aaay… Ooohhh!”, la escuchó tras unos segundos, mientras el torrente de semen, flatulencia y excremento acumulados salían ruidosamente de su cuerpo.

Tomás abrió poco a poco la puerta y contempló a su bella hija sentada en el excusado con cara de ardor y alivio.

“¡Eres un animal”, dijo Anne al mirarlo con los ojos llorosos, “¡Ve nomas lo que me has hecho!”, dijo, respirando agitadamente por la boca, sin poder parar de defecarse. “¡Me causaste diarrea seminal, novio! ¡Eres un barbaján!”

Mientras ella seguía sentada en el excusado. Tomás abrió la regadera y dejo correr el agua, llenando el baño de denso vapor en escasos instantes.

“¡Quítate o te mearé tu hermosa carita novia!”, dijo don Tomás!”, bromeando, poniéndole el pene en la boca.

“Tengo una idea mejor”, replico Anne, ya liberada de su molestia, pero Tomás la hizo callar, metiéndoselo la boca, casi sin poder aguantar ya las ganas de orinar. Tomás jaló el excusado mientras retacaba su miembro en la boca de su novia.

“¡Mmmmgh, mgh, mgh, Mmmmgh…!”, hizo ella, al ocuparle toda la boca con su gruesa macana.

“¿No querrás que me orine en tu cara, noviecita mía?”, preguntó Tomas, sacándolo finalmente.

Anne tomó aire. “¡Me estabas asfixiando con tu vergota, novio!”

“¿Quieres orinarte en mi? ¿eh? ¿quieres marcarme como perro? ¿Te gustaría mearte en mí, papacito?”, preguntó Anne, levantándose de la tasa, sin siquiera limpiarse el culo, abriendo la puerta de la regadera. Dio por hecho que a papi le encantó la idea, mientras éste contemplaba su contaminado ojete, sentándose de nuevo en la taza.

“Veo como que te tienes ganas de hacerlo, cochino”, dijo riéndose.

Tomás sonrió; “¡guau, guau!”, dijo, soltando una sonora carcajada, separándose un poco.

Anne cerró sus ojos y abrió su boca, aguardando en chorro de su padre, pero su erección era tan fuerte que, a pesar de sus ganas, no pudo sino echarle un pequeño chorro en la cara. Tras hacer un par de veces que lo intentó, decidieron que sería mejor dentro de la regadera.

Anne entró en la regadera y ajustó la temperatura. Tomás aguardó unos segundos. El agua estaba demasiado caliente y el chorro fuerte. Dejó correr el agua entre sus nalgas, frotándose y enjabonándose, limpiándola de todo rastro del semen y excremento.

Cuando los dos estuvieron dentro, Anne se arrodilló frente a él. Tuvo que esperar unos momentos a que su erección cediera y pudiera orinar.

“Haces pipí como caballo papi”, dijo Anne, arrodillada, al comenzar a recibir en su cara la caliente orina de Tomás, cuya huella era inmediatamente borrada por el chorro de la regadera. “Oríname toda…, márcame, ¡márcame como tuya…, me encanta ser tuya!”, decía al sentir en su cuerpo el incesante flujo de su padre, mientras el la impregnaba con el pene en la mano, abriendo su boca y recibiendo en su lengua el caliente corro.

Cuando finalmente terminó, Anne se paró y dejó correr un buen rato el agua por su cuerpo, escupiendo repetidamente, y luego lo besó en la boca, pero él la arrinconó contra la esquina de la regadera, se le fue encima y le metió el tronco en la vagina, haciéndola gemir y gritar de deseo.

“¿Ves? ¿Ves la ventaja de tener una buena verga, noviecita mía?”, dijo Tomás al penetrarla de frente y de pie. “¡Te apuesto que Raúl no te hace esto!”.

“¡Ahhh…, ohh…, ahhh…, ohh!” gemía Anne, tras cada embate del gigantesco hombre.

“¡Novio, novio, espera…, espera…!, ¡me puedes embarazar!”, imploró Anne, haciendo que papi se detuviera.

“Métemela por el culo o ve por el condón, papi”, pidió Anne.

“¿Qué tal las dos cosas, princesa?”, respondió Tomás, al voltearla con facilidad y hasta algo de violencia, sin darle mucho tiempo que Anne objetara. Ella simplemente subió sus brazos por la pared en señal de rendición ante su fogoso amante.

Las gigantescas manos de papi abarcaban casi por completo las blancas nalgas de Anne. Le metió ambos pulgares en el ano al tiempo que acercó su glande y se lo comenzó a meter retirando poco a poco sus gruesos dedos.

“Por aquello de que no estés bien lubricada, novia”, le susurró al oído sin importarle si su hija sentía dolor o molestia por el intempestivo cambio. Sus manos subían de sus caderas a sus senos, mientras con gran energía la bombeaba por el culo, haciéndola gritar, mientras él ronroneaba como gato en celo.

“¡Ay papi, novio…, ay…! ¡me vas a dejar el culo todo abierto! ¡Raúl se va a dar cuenta!”, dijo Anne agitadamente, entre pasión y sonrisa.

“¡Vamos a la cama! ¡Cógeme como lo estábamos planeando!”, suplicó.

Tomás se detuvo, y comenzó lentamente a retirar el pene de su bella y exhausta novia. Volteó y lo miró con cara de cansancio y lujuria.

Anne no dejó que su padre siquiera se enjabonara. Ella se encargó de hacerlo, sentado en la repisa. Mientras enjabonaba sus enormes y colgantes testículos y masturbaba levemente su pene, sus bocas se unieron de nuevo.

Mientras le lavaba el pelo, Tomás se deleitaba lamiendo los erectos pezones de Anne.

Cuando se secaron, Tomás levantó en sus brazos a su hija y la condujo a la cama, sin separar sus bocas.

“¿Me vas a coger novio? ¿Te vas a tirar a tu novia otra vez?”, dijo Anne con melosa voz a su padre, mientras depositaba su blanca desnudez en la cama. “¡Eres un semental insaciable, amorcito!”

Tomás se dejó caer, y Anne se trepó de nuevo en él, besando su boca con la ya familiar pasión que caracterizaba su ardiente romance.

Anne bajó de nuevo a mamársela, pero esta vez, le colocó el condón con la boca, montándose en el de inmediato, gozándolo como un niño en un caballito de la feria, al compás de los empujes de su energético padre.

La erección de Tomás era impresionante. Su vigor y fogosidad superaban cualquier expectativa de su hija. Mientras gozaba, Anne pensaba en que quizá papi debiera de tirarse también a Estela, pero como terapia a ella. Estaba segura que lo de su hermana era puro morbo. No podía creer que la estuviera haciendo de cuento por su padre en su versión renovada. Siempre buscaba el lado pecaminoso de las cosas.

El teléfono sonó de nuevo cuando estaban a medio coito y tuvieron que detenerse. Esta vez, fue Anne la que contestó mientras permanecía montada sobre papi, quien le pasó el auricular antes del segundo timbrazo. Siempre alertas para no despertar sospechas.

CONTINUARÁ

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