LOS LINDOS ESTAN CASADOS O SON

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En 1999 pasé de ser un heterosexual completo a rogar que Luis, mi electricista de emergencia, me rompiera el culo. Luis, desde niño era odiador de putos y pasó a compartir la cama conmigo. Ambos estábamos en el placard. Luis casado y esperando un hijo. Yo buscando más chicas…dejé hasta mi novia.

Cuento mi relato desde el comienzo cuando me instalaba en mi primer departamento alquilado. Esa tarde de invierno, apagué la computadora y para desconectarla tiré del cable. Lo inevitable: desajusté el enchufe de electricidad y se produjo el cortocircuito. Ya que no había cumplido con las normas de seguridad, no quise seguir haciéndolo manipulando y reparando con mis manos la instalación eléctrica. Había quedado sin luz y tampoco había energía. Vi al ferretero del barrio quien me mandaría a Luis (31) que es electricista matriculado. Eso me costaría y no lo tenía previsto en los gastos del mes.

Por otro lado, no quise llamar a Remigio (50), quien es el encargado del edificio ya que porque todo el mundo se hubiera enterado que yo, el ingeniero recién graduado, jalaba los cables en vez de desenchufarlos como se debe hacer. Tengo 29 años y un buen empleo. Alquilé un departamento cerca del centro de la ciudad y un poco a trasmano de donde viven mis padres y hermanos. Realmente, quería estar sólo para tener algo de experiencia de vida y traer a mi novia con más comodidad.

Luis llegó a la hora de la siesta cuando yo estaba durmiendo en calzoncillos sobre la cama ya que hacía calor y el aire acondicionado no funcionaba por falta de energía. Luis hizo unos arreglos rápidos y restableció el fluido eléctrico, mientras me miraba de reojo ya que yo estaba descalzo y con la ropa interior. Luis estaba vestido con ropa de trabajo y tenía el portador de herramientas ajustado a la cintura lo que hacía resaltar el "paquete" entre sus piernas o por lo menos eso me pareció.

-¿Cuánto es el arreglo? -pregunté, mientras me dirigía a la cama donde estaban tirados mis pantalones que tenían el dinero en el bolsillo.

-Nada -respondió Luis que había entrado detrás de mí. Solamente que hay que revisar toda la instalación…y puedo pasar este sábado ya que no trabajo en la ferretería.

-De acuerdo. Te anoto mi teléfono para que me confirmes a qué hora venís -dije, mientras me sentaba frente a la computadora que había encendido para probar que todo funcionaba bien antes que Luis se fuera.

Luis se arrimó a la tabla donde estaba el teclado y olí el sudor masculino y las feromonas de macho ansioso… El olor era rico y por primera vez me tentó a seguir la conversación. Sin darme cuenta, mi calzoncillo, estilo pantaloncito, se había abierto como para dejar expuesto el vello del pubis y parte de mi pene. Sorprendí a Luis que miraba, desde arriba, mi entrepierna y sin sonrojarse me dijo: "¿parece que el "pajarito" quiere volar?" -Si, y ¿por casa cómo andamos? -respondí mientras con el lápiz golpeaba suavemente un sólido "paquete" de pene y testículos ocultos dentro del pantalón de Luis. Mi gesto tenía una agresiva intimidad.

-¡Touché! -comentó. Sucede que mi señora es una embarazada primeriza y hace tiempo que no la pongo. Nos vemos el sábado y traigo lo necesario para controlar toda la instalación, mientras tomaba el papel y salía por la puerta. Yo puse el aire acondicionado y lentamente, comencé a masturbarme.

Luis no me llamó lo que me generó inquietud. Yo tampoco lo hice para no poner nada en evidencia, a más de que los artefactos funcionaban bien después de la reparación. Yo no era gay y no quería tener fama en el barrio al que recién llegaba. Decidí olvidarme del tema y programar solo mi fin de semana comenzando con un buen almuerzo, un buen vino y después una buena siesta. Estaba en esto cuando escucho unos golpes en la puerta del departamento y la siguiente pregunta: Creo que no funciona el portero eléctrico, por lo que subí directamente.

Era

Luis con sus herramientas a la cintura.

-No tuve tiempo de avisar y veo que llego en hora de almuerzo -ya me voy -dijo Luis.

-¿Ya comiste? ¿Querés comer? -atiné a preguntar.

-No. Mi señora se fue a la casa de la madre. Yo reviso la instalación y me voy enseguida -respondió Luis.

-Lavate las manos y comé conmigo; dónde come uno, comen dos -y lo llevé hacia la pileta de la cocina sin esperar respuesta. Luis estaba fuerte, pero yo no podía correr riesgos de un malentendido.

Cuando le acerqué la toalla para que se secara las manos, volví a oler ese sudor que me confundía. No tuve tiempo y Luis me besó con desesperación mientras me retenía entre sus brazos. Los labios estaban como sellados y su lengua entraba en mi boca sin pedir permiso y sin que yo se lo negara. Así de juntos llegamos al dormitorio mientras la ropa caía por la propia ley de gravedad. Me gustaba lo que experimentaba por primera vez: los besos en el cuello y las tetillas, los dedos apretando los testículos o buscando el sudor de mis nalgas para entrar por mi agujero; la destreza de sus brazos manipulándome en todas las formas…hasta que sentí que llegaba la hora de la verdad cuanto Luis tomó aire, se puso un profiláctico muy ajustado a su pene y de costado, comenzó a forzar mi ano.

Yo no tenía respuesta, solo dejaba hacer. Estaba entregado. Sentí dolor a pesar de las caricias. Sin darme tiempo, se montó sobre mi cuerpo boca abajo y su pene entró, sin pausa, pero sin prisa. Escuchaba su jadeo en mis orejas mientras yo hundía mi cara en la almohada para ocultar mis lágrimas. Ya lo tenía todo dentro de mí y comencé a sentir gusto, gozo y necesidad de que se moviera suavemente, adentro y afuera. Le susurré que lo hiciera y Luis me complació. Toda la tarde nos quedamos en la cama hasta que resolvimos asearnos y comer algo. Lo preparado para el almuerzo sirvió para cena. Yo seguía en la ensoñación cuando Luis se vistió para irse.

-No sé que me pasó -dijo Luis. Me enloqueciste desde que vine la primera vez y no pensaba en otra cosa más que tener sexo con vos. Sabes que tengo familia y que no tengo dudas sobre mis deseos, pero vos me llegaste, me calentaste y no me pude enfriar en todos estos días.

-Yo tampoco tenía esto en la cabeza, pero tu olor a sudor y a semen, tu cuerpo…me inquietaron como para conocer lo que no sabía -No creo que volvamos a hacer esto, pero me hizo estallar sensaciones contenidas.

-Me tranquiliza que lo tomes así. Yo tampoco creo que volvamos a hacerlo -comentó Luis.

Mi familia es importante para mí. En el trabajo y en el barrio me conocen de toda la vida por lo que no puedo destaparme con ser homosexual. Aún así, te dijo que te cogí mejor que a mi mujer ya que nunca se lo hice por el trasero. Disculpame si te hice llorar de dolor. Si te parece bien, voy a pasar dentro de dos días para ver si estas bien y ya que mi mujer va a control de embarazo.

-No es necesario, pero si tenés tiempo y ganas date una vuelta. Mirá que Remigio es muy chusma -dije con toda la complicidad de que me interesaba volver a verlo, pero no quería que nadie se enterara.

-Inventá algo normal que facilite conversar un rato -dijo Luis, mientras abría la puerta del departamento y regresaba a su casa.

Yo pensé que inventaría algo. Me resonó, en alguna parte de la cabeza, algo que decía mi hermana solterona…los muchachos lindos que hay, ya están casados o son putos…

Autor: PATRICIO ALONSO patricioalonso2003 (arroba) yahoo.com.ar

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Escrito por Marqueze

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