Mágico mundo de placeres

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La polla comenzó un mete saca salvaje, follándome el punto g sin pasión, y de nuevo mi clítoris se vio atacado por el vibrador del sádico aquel. Mis gemidos de placer debían resonar por toda la ciudad. Me corrí cuatro veces siendo taladrada por aquella polla, mi cuerpo estaba transpirado de sudor, y de mi coño manaban tantos jugos que debería haber un charco debajo de mis caderas.

“¿Sexualmente insatisfecha? Puedo llevarte a cotas de placer que jamás has soñado que existieran. Puedo hacer realidad tus sueños más salvajes, todos y cada uno de ellos, no importa cuales sean. Sólo llámame”

El anuncio del periódico llamó mi atención unos instantes, pero después lo doblé y continué con mi desayuno. Había conocido ya a bastantes tipos que me aseguraron que “harían todos mis sueños realidad” y nunca había sido así. A mí me encanta el sexo, me encanta correrme y encadenar orgasmos unos con otros. Me vuelvo loca, salvaje, mi mente se nubla y sólo disfruto del placer de esos momentos. Mmmm, mi coño se moja pensando en las folladas de anoche…mmmmm, aquellos dos enormes tipos sobre mí, follándome con esas pollas descomunales… Instintivamente cierro los muslos al sentir los jugos manar de mi coño. Mis pezones se endurecen y atraviesan mi camisa blanca. Uffff, pero no, ahora tengo que trabajar, así que mi coño tendrá que esperar… Mmmmmm, pensándolo bien no hay mucha gente a esta hora en la cafetería.

Dejo el periódico sobre la mesa, pago la cuenta y entro en el servicio. Cierro la puerta, me subo la minifalda dejando al descubierto mi tanga y me subo la camiseta para sobar mis tetas. Mis pezones siguen duros y un gemido de placer se me escapa cuando me los pellizco con ambas manos. Mmmm, lo que daría por tener ahora una buena polla… abro las piernas y las apoyo contra la puerta del baño. Aparto mi tanga con la mano y suavemente comienzo a masajearme el clítoris con movimientos circulares. Mmmmm, siiiiiii, está duro e hinchado mmmmm, uffffff me pellizco el pezón de nuevo y me froto el clítoris más fuerza. Aprieto los labios para no gritar de gusto mientras meto dos dedos en mi vagina, follándome con ellos rápida y profundamente mientras continuo acariciándome el clítoris. Ohhhhh.

Me estremezco, y exploto en un orgasmo silencioso, haciendo fuerza con las piernas contra la puerta para no gritar, de forma que parece  que la puerta va a salir disparada en cualquier momento. Uffff, espero unos instantes, me recompongo la ropa y salgo del baño. Me arreglo un poco ante el espejo, salgo al local y le pido a la dueña el periódico. Ya en el trabajo llamo al número que aparece en el anuncio. Me contesta una voz suave y grave de hombre. Me pide que le hable un poco de mí y le cuento lo que me gusta. Se ríe suavemente al otro lado del teléfono. -Yo haré que supliques que no te deje correrte más. Ahora soy yo la que se ríe. -Ojala. Me da unas señas y me cita a las ocho. Le pregunto si necesito llevar algo y se ríe de nuevo. Cuelgo y me quedo pensativa. La verdad, el tipo es más misterioso que aquellos con los que suelo quedar. Me entra la duda de si será un psicópata, pero deshecho la idea, por la voz no lo parecía en absoluto. Además, su promesa me ha puesto cachonda, tanto que tengo las bragas absolutamente empapadas. Cuando camino por la oficina me da la impresión de que mis compañeros pueden oler el aroma de mi coño y esa idea me pone más cachonda aún.

Finalmente salgo del trabajo. Me dirijo a la dirección que me ha dado el hombre, en una esquina de una céntrica plaza. Allí, tal como me ha dicho, hay estacionado un coche negro conducido por un tipo vestido de blanco. Entro en el coche y, algo nerviosa, le saludo. El tipo se vuelve y me pregunta si estoy dispuesta. La voz susurrante que he oído antes al teléfono me tranquiliza. Asiento y el coche arranca. El coche avanza hacia las afueras de la ciudad, y se detiene cuando ya estoy dispuesta a saltar del auto en marcha. Se baja y amablemente me abre la puerta. Le sigo y entramos en un chalet de dos pisos. Me acompaña al primer piso y abre una puerta.

Es un baño enorme y en el centro hay una enorme ducha. Le pregunto si puedo usarla y asiente. Me dice donde están las toallas y cierra la puerta. Me meto en la ducha y cierro las mamparas para no mojarlo todo. Abro el agua, que sale a una temperatura perfecta, y dejo que recorra mi cansado cuerpo. Doy un respingo cuando noto algo en una pierna.

Miro hacia abajo y me doy cuenta que la mampara tiene un agujero por el que alguien ha metido la mano y me acaricia [Ver foto] suavemente la pantorrilla. Como por arte de magia van apareciendo más agujeros y más manos que, suavemente acarician mi cuerpo. Me pego más a la mampara y al rato una veintena de manos recorre todo mi cuerpo, me acarician, me pellizcan, me hacen suaves cosquillas…, cada una de mis tetas es suavemente magreada por una mano y pronto mis pezones son pellizcados por otras dos. Otra mano acaricia suavemente la entrada de mi culo mientras otra pellizca suavemente mi clítoris… siiiiiiiiiiiiiiiii, ohhhhhhhhh, que sensación, no hay milímetro de mi cuerpo que no esté siendo acariciado. Ronroneo de gusto mientras mi coño chorrea con las atenciones de dos manos y mis pezones se ponen duros como piedras.

Una de las manos pellizca la punta de mi clítoris y siento casi una corriente eléctrica de placer recorrer todo mi cuerpo. Intento que una de esas manos me penetre en la vagina, pero al acercar mi coño a ella la mano, como por encanto, desaparece. Vuelvo a intentarlo y vuelve a ocurrir. Gruño desesperada. Estoy a mil y necesito que me follen. Abro más las piernas para permitir a las dos manos que juegan con mi clítoris que jueguen con el a placer, mientras mis tetas y mis pezones son dulcemente torturados por otras varias manos. Gimo sin control. Ohhhh, siiiiiii. Estallo en un orgasmo y justo en ese momento las manos desaparecen. Gruño de gusto y de frustración. Justo cuando me pregunto si la alcachofa de la ducha me cabrá en el coño, el hombre entra en el baño y me pide que le siga. Lo hago casi a regañadientes, mi clítoris late insatisfecho y mi coño grita desesperado por una buena polla. Estoy tan desesperada por follar que ni siquiera me he dado cuenta de que camino desnuda detrás de él.  Bajamos un par de plantas y abre la puerta de una estancia en semipenumbra. Apenas vislumbro lo que hay dentro. El hombre me coge de la mano y me guía hacia un lugar que calculo que será el centro de la estancia.

-¿Preparada? pregunta mientras con una mano me coge un pezón y me lo retuerce suavemente. Después se saca la polla de los pantalones, una polla enorme y ancha. Mi coño se encharca al verla. Me empuja de los hombros hasta que me arrodillo y pone la polla frente a mi cara. -En este juego sólo hay una regla, continúa. Intento acercar mi boca a la polla pero no me lo permite -Una vez que comienza hay que llegar hasta el final. No es posible dejarlo a medias.

Le miro. Esa afirmación me inquieta un poco, pero realmente estoy tan cachonda que no me importa mucho lo que dice. Yo sólo quiero comerme esa polla y después follármelo hasta dejarle seco.  -¿De acuerdo? -¿Dispuesta a todo? Asiento. La verdad, el tío se está poniendo pesado con tanta cháchara. Yo quiero follar y dejarme de rollos, pero se ve que a este tío le va el temita charla para entrar en ambiente. -Pues adelante.

Puso las manos sobre mis hombros y me empujó hacia atrás, de forma que caí de espaldas. Noté como ataba una cinta ancha alrededor de mi cintura y enganchó la cinta a un gancho que pendía de una polea. Se dirigió a la polea y tiró de la cuerda, de forma que, mientras mis hombros quedaban pegados al suelo, mis caderas se levantaban, dejando mi coño totalmente expuesto. La situación me pareció excitante y aún más cuando me esposó las manos a la espalda. Mi coño chorreaba. La posición no era muy cómoda, pero era realmente morbosa, y el morbo era acentuado por el hecho de que yo apenas veía al tipo. Lo escuchaba manipular, pero no tenía ni la más remota idea de lo que estaba haciendo. Oí un zumbido y ¡por fin! Sentí una polla penetrando en mi coño. Lo hacía despacio, suave y lentamente, aunque yo hubiera querido que me follara como a una yegua salvaje.

La follada era muy profunda, tanto que la punta de la polla, cada vez que entraba me llegaba al punto g, lo cual me hacía mover mis caderas adelante y atrás, intentado acelerar la follada. En aquel momento, sin embargo, me di cuenta de que la polla no tenía dueño. Parecía como si la polla me follara sola, con un metisaca torturantemente lento. Poco a poco la polla comenzó a follarme más rápido y más profundamente, mientras yo gemía y me retorcía de gusto. Mis pezones iban a reventar, mi coño chorreaba litros de jugos y grité con todas mis fuerzas cuando sentí que el tipo me ponía un vibrador [Ver foto] sobre el clítoris.

-Ahhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiiiiiiii, qué gustoooo, siiiiiiiiiiiii, gritaba mientras la polla aumentaba su follada a una velocidad endiablada y el tipo continuaba jugando con mi clítoris, abriéndome con una mano los labios para que el roce fuera mayor y la sensación de placer fuera casi insoportable.

La polla comenzó un metisaca más lento y el tipo quitó el vibrador de mi clítoris, mientras yo me recuperaba. De nuevo la polla comenzó un mete saca salvaje, follándome el punto g sin pasión, y de nuevo mi clítoris se vio atacado por el vibrador del sádico aquel.

-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhh.

Mis gemidos de placer debían resonar por toda la ciudad. Me corrí cuatro veces siendo taladrada por aquella polla, mientras el hombre ponía y quitaba el vibrador de mi clítoris. Mi cuerpo estaba transpirado de sudor, y de mi coño manaban tantos jugos que debería haber un charco debajo de mis caderas. Finalmente la polla se detuvo. El hombre se acercó a mí y sonrió.

-¿Qué tal? -Ha sido impresionante, jadeé, jamás en mi vida había sentido una cosa así. Ha sido genial.

El hombre rió, burlón. -Pues si el calentamiento te ha gustado tanto, ya verás lo que sigue. Le miré, con una mezcla de incredulidad y excitación. Me quitó las esposas y me ayudó a levantarme.

Continuará

Autora: Snavidka

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Escrito por Marqueze

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