Mi cita con Nora

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Y ahora sentado en un sillón, mientras mi sexo se adentra en su boca, mientras me complace alzando la mirada para comprobar mis reacciones a sus caricias, recuerdo aquella niña extrañada porque pudiéramos acariciarnos tres horas, asombrada de que la hiciera caricias que no eran habituales para ella, temerosa de mirar en el espejo la imagen de su propio cuerpo enlazado con el mío.

 

Permitid que, primero, me describa. No soy nada especial. O tal vez sí, pero no soy consciente de serlo. Tengo más de 50 años, en toda mi vida no he ido más de tres veces a un gimnasio, pese a lo cual mantengo un tono muscular aceptable pero tengo al menos 10 kilos más de los que debería pesar, conservo todavía todo mi pelo aunque de un gris más claro cada día. Para completar mi descripción diré que el tamaño de mi sexo es corriente, tirando a pequeño, en la parte baja de las estadísticas.
 
Nora es una hembra apetecible, capaz de excitar a un hombre mientras la contempla…
Tiene esa edad indefinida de las mujeres maduras atractivas, entre 35 y 45 años… ni pequeña ni grande, en una medida exacta y bien proporcionada, su cuerpo se sostiene en dos piernas muy bien torneadas, muy bien definidas aunque no musculosas, sólidas, de tobillos fuertes… Me gusta contemplarla por detrás cuando lleva zapatos de tacón alto, medias y falda… son piernas de hembra poderosa, que proclaman su fuerza de mujer en su plenitud…

Cuando las medias acaban a medio muslo y se levanta la falda para que pueda contemplarlas en toda su longitud, destaca la tersura de la piel… muslos blancos y suaves… Sí… tiene la piel suave y delicada, tersa, en todo el cuerpo, pero especialmente en los muslos… los he disfrutado en algunas épocas en que se apretaban, rebosantes, juntándose uno al otro y cerrando los espacios… los he disfrutado en otras, como ahora en que está más delgada, haciendo un breve hueco entre ambos, apenas una pequeña rendija en la parte del centro… pero siempre blancos, de piel delicada, suave y tersa…

Vista de frente o desde atrás, sus caderas se abren en una curva muy bien dibujada, de guitarra bien construida, de mujer consistente, sin exageraciones… como es ella… para cerrarse de inmediato en una cintura estrecha… En la suave y muy breve curva de su vientre no puede descubrirse el rastro de sus maternidades… Ese vientre resulta juvenil y tan terso como antes destacaba en sus muslos… En la breve protuberancia de su pubis, apenas un mullidito cojín bajo su vello, se anuncia la promesa de un sexo húmedo, jugoso y sabio, capaz de acariciar el sexo de un hombre como si tuviera vida y placeres propios…

Tiene los pechos pequeñitos, infantiles, y tal vez por ello capaces de desafiar la fuerza de la gravedad y mantenerse erguidos, mirando hacia arriba con descaro, con sus aureolas rosadas y no muy grandes, los pezones de respuesta fácil a las caricias, dispuestos a endurecerse y sobresalir con el contacto de una mano o de una lengua…

Sus brazos son finos, rematados por unas manos rotundas, fuertes, acostumbradas al trabajo y a los esfuerzos tal vez, o tal vez fruto de la herencia de siglos de mujeres trabajadoras en su estirpe, pero cuando las usa conmigo son delicadas, suaves, un poco torpes e inexpertas al principio, un poco inseguras siempre, pero al final eficaces, capaces por sí solas de extraer cuanto placer pueda guardar el cuerpo de un hombre…

De hombros rectos, casi siempre acariciados por su propio pelo, cortado en media melena morena, el cuello exacto, la expresión de la cara de mujer feliz, a veces pícara, otras serena, las más inquieta e interesada en todo lo que la rodea… Recientemente he descubierto la expresión que puede tener cuando contempla una película pornográfica en la que una mujer vestida al estilo de las matronas romanas devora un inmenso falo imposible de meter en una boca humana…

La mejor combinación, claro, sus ojos y su boca… pueden volver loco a un hombre… pero eso no es para describirlo… eso es para vivirlo… no hay palabras… ¿Cómo pueden tantos hombres vivir sin saber lo que esa boca es capaz de provocar?

Y ahora, tranquilamente sentado en un sillón, mientras mi sexo se adentra en su boca, mientras me complace alzando de tanto en tanto la mirada para comprobar mis reacciones a sus caricias, recuerdo su larga evolución… desde aquella niña tímida extrañada porque pudiéramos acariciarnos tres horas, asombrada de que la hiciera caricias que no eran habituales para ella, temerosa de mirar en el espejo la imagen de su propio cuerpo enlazado con el mío.

Desde aquella mujer muerta de vergüenza al entrar en la habitación de una casa de citas, hasta esta mujer que se escribe en el cuerpo mi nombre cuando vamos a vernos, que desnuda su sexo bajo la falda, durante horas, mientras lleva a cabo las tareas cotidianas solo porque sabe que me gusta que lo haga, que se hace pajas a escondidas pensando en mi o me dice en voz alta que quiere ser mi mejor puta y follarme como nadie me haya follado jamás…

Sigue así, mi niña… sigue con esa boca llena de saliva matándome de placer… mientras, recuerdo aquel momento tan especial, muy especial por lo que podías sentir en ese instante, por lo que significaba de entrega a mi capricho… el día que traspasaste la puerta de la habitación sin saber si había otras personas dentro, sin saber si te entregaría a la lujuria de otros hombres y mujeres, si te acabarían acariciando, una vez atada, otras manos, otras lenguas, otros sexos…

No lo sabías… te había convencido de que vinieras, de que entraras y te dejaras vendar los ojos, que otras manos y otros sexos te asaltarían… podrás decirme que imaginabas que no habría nadie o que si había alguien más no volverías a verme… podrás decirme muchas cosas, pero atravesaste la puerta, te sometiste a mi capricho, te dejaste atar y vendar y, con los ojos vendados, me hiciste una mamada en medio de la habitación, arrodillada frente a mi, sin saber si estabas exhibiéndote frente a ojos desconocidos… Nunca te entregaste, ni te entregarás a nadie ya, como lo estabas haciendo en ese instante. Sí, un largo recorrido…
 
Entre aquella mujer algo infantil, inquieta y generosa, muy inocente y bastante insegura que conocí al principio y esta otra que me espera algunas veces al finalizar la jornada en el despacho vacío para desnudarse, dejar volar su recién descubierta lujuria y hacerme lo que me está haciendo ahora mismo, hay mucha distancia…
 
Entre aquella mujer que un día cargada de tensión y temblándole las rodillas se dejó besar en los labios un instante y la hembra que se abre el sexo con sus dedos para que mi lengua recorra mejor sus pliegues, parece haber pasado un mundo…

Entre aquella mujer aniñada que me confesaba no haber tenido nunca el sexo de un hombre en su boca y esta otra que abre mis cachetes para jugar con la punta de la lengua en los lugares más prohibidos, no hay apenas comparación…
 
Sin embargo eres la misma… me gusta de ti que pese a todo el recorrido que hemos hecho, pese a que sin duda has ganado muchísima seguridad y autoestima, sigues teniendo el aire de frescura inocente que siempre has tenido…  Hummm, Nora…
 
Me voy… derramaré una vez más mi semen en tu boca mientras te contemplo de rodillas frente a mi…Y aunque es imposible verlo, aunque con mi sexo en tu boca no podría jamás nadie asegurarlo, yo sé que mientras me agitan los espasmos de placer, sonríes complacida al comprobar que, una vez más, me has elevado hasta tu cielo…
 
Sí… Lo sé… Lo veo en tus ojos…  Ven… recuéstate en mi regazo, mi niña… descansa de tus esfuerzos de hembra complaciente… te quiero…

Autor: Allceus

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Escrito por Marqueze

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