Mi mamá, la Tere, mi tío y yo

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Yo ya estaba tan caliente que estaba en pelotas agarrándome el sexo mojado y separaba las piernas para sentir latir mis interiores. Mi tío había dado vuelta a la Tere en la cama y le estaba separando los muslos para montársela y yo me di cuenta que ya no era juego ni nos estábamos riendo de mi tío y que a la Tere le estaba gustando la cosa y que seguramente habría de estar tan caliente como yo.

Mi madre se había dado cuenta de ello pero solamente sonreía levemente sin tomar ninguna actitud definida. Estábamos los cuatro en la cocina y terminábamos de tomar el desayuno. Cuando terminó su café, el tío Julio se puso de pie y antes de marcharse hasta su automóvil que lo esperaba a la puerta nos dio a la Tere y a mi una palmadas en las nalgas y dijo mirando a mi madre.

– A estas… me las comería a las dos.

El tío Julio siempre decía cosas parecidas que nosotros tomábamos como bromas, pero ahora que ya éramos mujeres, nos sentíamos un poco incómodas, sobre todo la Tere que era más callada que yo y casi nunca se reía, yo en cambio era más risueña y a veces le seguía las bromas. Mi madre nunca hacía ningún comentario al respecto.

El tío Julio era el único pariente que nosotras conocíamos Era hermano de mi mamá y siempre la había ayudado en asuntos de trámites y económicos, en la cancelación de nuestro colegio y en la administración de los bienes que mi mamá tenia ya que nosotros nunca habíamos conocido a nuestro padre y la verdad es que nunca nos había hecho falta. El tío Julio era casado con la tía Carmen que de vez en cuando también nos visitaba.

Pero desde hacía tiempo yo encontraba que el tío se estaba comportando de forma extraña con nosotras y también me había dado cuenta que nos miraba a la Tere y a mí con ojos brillantes, nos daba algunas palmadas cariñosas en la cabeza y a veces en la espalda y ahora nos había dado esas palmadas en las nalgas y yo me había dado cuenta de la forma como miraba a la Tere, sobre todo le miraba las tetas que la Tere las tenía grandes y duras y a mi me miraba el culo porque yo se que lo tengo redondo y siempre en el colegio los compañeros me hacían bromas al respecto. Jamás nos habríamos atrevido a contarle a mi mamá la forma como el tío Julio nos miraba, además que no era necesario ya que él siempre hablaba directamente con ella y así fue como un día yo escuché que le decía a mi mamá.

– La Carmen y la Tere se están poniendo calentadoras.

Mi madre le hizo señas que se callara, pero el no le hizo caso e insistió.

– No sacas nada con hacerte la tonta. Las dos tienen vueltos locos a los de la vecindad y hasta a mí me traiciona el pensamiento cuando las veo, Como te dije el otro día… me las comería a las dos… y se marchó riendo. Yo vi como mi madre se lo quedaba mirando con una cara bien seria cuando le respondió:

– Esas son cosas que tienes tú en tu mente podrida. Déjate de molestarlas que son grandes de cuerpo, pero aun son bien inocentes. – Eso está por verse, dijo mi tío- riéndose a carcajadas, mientras a su vez le daba una palmada en las nalgas a mi madre.

La verdad era que nosotras no éramos nada de inocentes, pues sabíamos perfectamente lo que mi tío tenía en mente y habíamos conversado varias veces de eso con la Tere y nos reíamos mucho. Así, un día, terminamos por ponernos de acuerdo para reírnos del viejo, como le decíamos al tío, al que en el fondo queríamos mucho y que apenas pasaba de los cuarenta años. Fue así como una tarde que mi madre se había ausentado para ir a ver a una amiga al pueblo cercano y sabedoras que ella no volvería hasta el día siguiente, montamos una escena para reírnos de mi tío.

Eran como las diez de la noche del viernes, cuando llamé por teléfono a mi tío para decirle que por favor viniera a la casa porque la Tere estaba enferma y yo no sabía que hacer, que mi mamá había salido así que estábamos solas. A los pocos momentos escuché el auto de tío que se detenía en la puerta de la casa.

Cuando el tío entró al cuarto, la Tere se había acostado y parecía delirar, se agitaba en la cama y con el movimiento se destapaba mostrando las tremendas tetas que ella se rozaba como sin darse cuenta, luego caía en un sopor, así como dormida. Yo me di cuenta de inmediato que el tío se estaba calentado con la situación porque se paseaba por la pieza con las manos en los bolsillos agarrándose el miembro que seguramente tenía erecto y casi se le notaba. De pronto me dijo.

– Oye Carmen. Déjame solo con la Tere, yo la cuido…acuéstate que tú tienes que dormir.

Yo me fui a mi cuarto pero con el cuidado de poder mirar hacia donde quedaban ellos. Mi tío se sentó en el borde de la cama y comenzó a levantar las sábanas. Las tetas de la Tere estaban más paradas que nunca y él comenzó primero a tocárselas suavemente para ver si la Tere despertaba, pero como no lo hiciera, le agarraba los pezones y se los besaba suavemente, la Tere emitía unos murmullos como hablando dormida.

Mi tío entonces tiró la sábana y apareció el cuerpo de la Tere en todo su esplendor, con sus muslos preciosos y su mata de vellos negros en medio de las piernas. El tío no pudo resistir y se acercó a su sexo y comenzó como a olerlo y luego se lo acariciaba. Se había sacado el pene fuera del pantalón y yo me asusté porque tenía tremendo fierro terminado en una cabeza cuyo forro se había ido para atrás, y era grande y roja. La tenía en su mano y la movía como para hacerla crecer más aún.

Yo, desde mi escondite me estaba calentando tanto que me había sacado los calzones y me acariciaba el chocho que me latía como loco. Pero estaba atenta para entrar al cuarto por si al viejo se entusiasmaba mucho y quería tirarse a la Tere. Ese era el acuerdo que teníamos con ella. El tío le estaba acariciando los pelos a la Tere cuando esta se movió como dormida y se dio vuelta en la cama quedando expuesto su culo maravilloso.

El tío que sé había asustado con el movimiento se había puesto de pie con el tremendo fierro ardiendo fuera del pantalón y quedó impactado con la belleza del culo de la Tere que se había vuelto a quedar quieta. En realidad la Tere se veía tan calentadora que a mí me dieron ganas de sacarme los calzones y me los saqué para poder manosearme bien mi peludo chocho que estaba completamente mojado.

Mi tío no pudo aguantar la calentura que le producía la Tere y caminando unos pasos para cerciorarse que ningún ruido venía de mi cuarto, se sacó los pantalones y la chaqueta y también sus calzones quedándose únicamente con la camisa y se arrodilló con las piernas abiertas en la cama dejando a la Tere entre sus piernas. Luego se inclinó levemente y le pasaba a la Tere su instrumento entre las nalgas con lo cual ahora se había puesto tan parado y grueso que parecía un animal. Él lo movía y le pegaba unos golpes más calientes a la Tere en su culo.

Yo ya estaba tan caliente que me había sacado el sujetador y ahora estaba en pelotas agarrándome el sexo mojado y me apretaba contra la pared para sentir la dureza contra mis tetas y separaba las piernas para sentir latir mis interiores. Mientras tanto mi tío había dado vuelta a la Tere en la cama y le estaba separando los muslos para montársela y yo me di cuenta que ya no era juego ni nos estábamos riendo de mi tío y que a la Tere le estaba gustando la cosa y que seguramente habría de estar tan caliente como yo.

Mi tío se había montado a la Tere y algo le separaba con la mano entre los pelos del pubis y entonces se la montó suavemente, pero de pronto así como que empujaba y se lo mandó a la Tere, porque ella emitió como un quejido pero luego los dos se quedaron tranquilitos con mi tío completamente montado en la Tere agarrado de sus tetas.

Ahora mi tío agarraba a la Tere desde las nalgas y como que la apretaba y levantaba el culo y luego se dejaba caer con todo su peso sobre la Tere y esta ya no hacía nada de teatro y se movía junto con mi tío para que le entrara mejor y lo que estaban haciendo era más calentador que todo lo que yo había visto en libros y en revistas y en el cine y entonces se me olvidó que estaba en pelotas y me metí en la pieza de la Tere donde estaba tirando para poder mirar mejor. Pero ellos no se dieron ni cuenta tan entusiasmados estaban tirando y entonces mi tío quiso agarrar un trapo que había en el velador de la Tere, seguramente para recoger el semen cuando acabara para no embarazar a la Tere y en ese momento me vio parada en pelotas a un metro de la cama agarrándome las propias tetas y con dos dedos metidos entre los labios de mi coño.

Yo no hice nada, simplemente seguí corriéndome la paja y mi tío estaba tan entusiasmado tirando que tampoco dijo nada al comienzo, entonces a mi se me pasó todo el susto que podría haber tenido y ahora solamente estaba llena de calentura, de modo que me acerqué a la cama, los empujé a un lado, me acosté en pelotas al lado de la Tere y le dije a mi tío.

– Yo también quiero… Viejo caliente, si no, le cuento todo a mi mamá.

A mi tío, que al comienzo se había asustado al verme, le bajó una calentura de los mil demonios y me metió un dedo en la cueva mientras se tiraba a la Tere, siguiendo el mismo ritmo con la mano y su cuerpo. Pero esto fue solamente un momento porque luego se puso de rodillas, y le sacó la verga a la Tere y yo se la vi más grande que nunca chorreando de jugos y enseguida me la metió a mí y sentí un gusto brutal y mi tío me montó a mi mientras le metía la mano a la Tere que seguía quejándose del puto gusto y ahí me di cuenta que las dos estábamos más calientes que diez putas juntas.

Así era que el tío Julio se metía en una y luego se salía para meterse en la otra y eso nos calentaba más a los tres de modo que era una calentura terrible y tan fuerte que cuando el tío me lo tenía metido a mi, la Tere que ya no aguantaba la calentura, se tiraba encima de mi tío y le ponía su concha en el culo y se lo mojaba con su jugos que el viejo se llegaba a quejar del puro gusto de modo que de pronto empezó a emitir como unos ronquidos y se tiró de espaldas en medio de las dos, con el tremendo pene para arriba y le latía y ahí nos dimos cuenta que iba a correrse y él nos acercó las caras a su palo y ahí se lo mamamos, cuando de pronto comenzó la explosión y le salía semen como a un caballo y nosotros se lo recibíamos en nuestras bocas y luego nos besábamos con la Tere en medio de esa pasta caliente y los últimos chorros ya eran más suaves y mi tío se había quedado cansado y nosotras estábamos más calientes que antes.

El viejo no podía más de cansado y nosotras non reíamos fuerte seguras que nadie había en la casa y nos reíamos del viejo que por puto le pasa de tirarse a mujeres jóvenes como nostras y de pronto nos dio miedo que le fuera a pasar algo y nos abrazamos con la Tere como para protegernos y ahí fue que le sentí a la Tere como le salían jugos de su concha y comencé a hacerle cariño y me mojaba la mano con su jugos y se los pasaba por la cara y ella comenzó a hacer los mismo conmigo y yo luego le metí dos dedos y se la encontré caliente y deliciosa y ella hacía lo mismo conmigo y nos dimos cuenta que ese juego era maravilloso y que habíamos perdido tanto tiempo que podríamos haber jugado a eso todas las noches en lugar de estar hablando puras tonteras.

Y ella comenzó a acariciarme las tetas con su jugo y yo las de ella con el mío y las calenturas más grandes nos fueron agarrando y los deseos de hacer cosas que nunca habíamos hecho y me fui montando a la Tere como si yo fuera un macho y me daba gusto estar encima de ella porque encontraba que el cuerpo de la Tere era calentador y ella hacía lo mismo conmigo…

Cuando el tío Julio nos vio que estábamos tirando le volvió la calentura y quiso comenzar de nuevo con nosotras.

Pero estábamos tan abstraídas en nuestras maniobras que no hicimos caso y tampoco nos dimos cuenta que en ese momento había entrada al cuarto nuestra mamá que había adelantado su regreso y que se enteraba del tremendo numerito en que estaban sus hijas y su querido hermano.

Mi madre se quedó como paralizada, pero habría de ser tan erótico el cuadro que vio sobre la cama que fue incapaz de enojarse y todo lo contrario pues cuando mi tío, que no se había inmutado, le dijo que se metiera en la cama ella ya se había sacado la falda y la blusa y ya casi estaba en pelotas…

Ahí vimos con la Tere que nuestra madre tenía un culo sensacional y una concha muy peluda que era lo más calentador.

Entonces mi tío se bajó de la cama y agarró a mi madre por la cintura, le separó los muslos, así mismo de pie y se lo metió por atrás, desde abajo hacia arriba, y le separaba las nalgas para poder metérselo mejor y nosotras veíamos como las tetas de mamá, que eran grandes y como uvas, se balanceaban al ritmo de las metidas del tío que nos dimos cuenta que seguramente desde tiempo se estaba tirando a mi mamá.

El darnos cuenta de eso nos puso más ardientes con la Tere porque entonces no era casi nada que el tío nos hubiera tirado a nosotras si se tiraba a su propia hermana y nos dimos cuenta también que lo de putas debería venirnos por herencia y nos alegramos mucho de eso y yo comencé a sentir como el jugo de la cueva de la Tere salía para caer sobre mi propio sexo y los quejidos de mi mamá llenaron el espacio de la pieza mientras el viejo de mi tío volvía a correrse al parecer feliz de haberse tirado a toda la familia.

Autora: Carmen

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Escrito por Marqueze

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5 Comentarios

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  1. que rico incesto, me encanto me pusiste al palo ehhh, espero me contactes para saber q mas hacen como familia, rogeor23……

  2. carmen me fasino tu relato te dejo mi correo [correos NO permitidos en comentarios – eliminado por la administración R.M.]espero k me agregues muchos besos ati y a tu madre

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