MI MARCELA, SABE LO QUE HACE

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Hola, mi nombre es Alex, soy de Puerto Rico, pero llevo tiempo viviendo en Argentina. Estoy en pareja con una Argentina muy perra (como dicen aquí)

Ella se llama Marcela y es hermosa. He visitado esta página y se me ocurrió la idea de mandarles el relato de cómo ella y yo nos conocimos para que lo publiquen. Claro que ella está de acuerdo.

Resulta que yo tenía un problema jurídico referido a mi trabajo; soy entrenador de básquetbol y no me dejaban entrenar por ser extranjero.

No viene al caso pero era una locura. Unos amigos me recomendaron un estudio jurídico y yo allí fui. Al entrar vi sentada detrás de una computadora a una mujer despampanante, era verano, hacía calor y ella llevaba una blusa blanca muy ajustada con dos botones desprendidos. Cuando se levantó a decirle a su jefe que yo estaba allí noté que llevaba una minifalda negra no ajustada pero muy mini que dejaban ver sus exquisitas piernas.

Me presenté ante ella y le comuniqué cuál era mi problema. Me contestó que enseguida me hacía pasar. Esperé dos minutos en los que aproveché para mirarla mejor y entré. Hablé con su jefe sobre mi asunto y terminamos acordando una solución.

Entonces más en confianza le pregunté cómo se podía concentrar con tan hermosa yegua. Me contestó que no podía concentrarse sobre todo cuando le comía la polla (aquí le dicen pija o verga) debajo del escritorio. Juro que se me paró de golpe y como pocas veces pasaba.

Salimos de allí y él le pidió a ella que me tomara declaración. Contestó que estaba muy ocupada y que si podía volver después. No me podía negar a un pedido de ella. Me fui a casa y esperé la hora de volver. La cita era para las 19:00 y aproveché para echarme una buena masturbada imaginándola desnuda.

Se hizo la hora y partí para el estudio nuevamente. Al llegar allí me esperaba ella vestida igual que a la mañana. Me recibió y empezó a preguntarme cosas como que de dónde era, edad y todo eso. En una de esas aproveché para preguntar si estaba su jefe, no, sólo yo, él se va como a las 17:00 me deja las llaves y yo cierro cuando me voy, me contestó con su dulce voz.

Se hizo ya tarde y se la notaba cansada. Habíamos pasado allí más de dos horas y …. nada. Fue a tomar otra taza de café y ya no había. Me cansé, me dijo, ¿vamos a mi casa?, allí es más cómodo que aquí y hay café.

Le contesté que me parecía bien. Ya no me hacía ilusiones porque nada había pasado entre nosotros, si bien me moría por tirármele encima. Caminamos como cinco cuadras hablando de todo un poco, muy entretenidos hasta llegar a su casa. Subimos dos pisos por un ascensor y llegamos a su departamento.

Abrió, entramos, estaba un poco desarreglado, había ropa hasta interior tirada por allí. Con vergüenza me pidió disculpas por el desorden alegando que era todo de su amiga que seguro había estado con su novio.

Peor para mí, más sufrimiento, mi polla no daba más, quería salir pero no podía. Preparó algo de café y mientras se terminaba de hacer me dijo que me sentara en el sillón y fue al baño. Estuvo allí sólo un momento y al volver sirvió el café.

Se sentó enfrente de mí con su café, lo dejó sobre las piernas mientras miraba mi entrepierna. Me dijo, lindo paquete, ¿es grande? Tendrías que averiguarlo le dije.

Entonces se paró y vino hacia mí. Me empujó hacia el espaldar del sofá y se me sentó encima. Yo estaba durísimo. Me refregó la polla con su culo duro mientras me agarraba del cuello y me daba un beso que me dejó sin respiración. Sacó su lengua y jugó con la mía.

Yo sabía que no había retorno, así es que dejé correr mi mano por su espalda hasta llegar a su culo y apretarlo salvajemente. Metí mi mano debajo de su

mini y con dificultad llegué a su chochito, después busqué el cierre de mi pantalón y lo bajé. Saqué mi negro pedazo y lo hice rozar con su chocho. Ella me decía al oído que mi pedazo estaba muy caliente.

Nunca me habían dicho algo así y yo solté algo de semen. Ella se dedicaba a morder mi oído, mi cuello, mi pecho y yo tocaba su espalda. Me volvió a besar apasionadamente terminando con su lengua por mis labios. Se bajó de encima mío y se arrodilló.

Yo quería tocar sus tetas pero ella tenía una idea mejor. Agarró mi polla con ambas manos, sacó el capullo y se mordió los labios mientras me miraba. Mi verga se humedeció aún más y ella me dijo; mira este pedazo tan rico. No más palabras, se dedicó a besar el capullo, a lamerlo, a pasar su lengua por todo mi tronco. Llegó hasta mis bolas, era una sensación increíble, sabía lo que hacía. Se las metió de a una en la boca. Después se dedicó a mi polla.

La mordía, la besaba, pasaba su lengua por ella, mientras rasguñaba mis bolas. La empezó a mamar, me quería morir, la sacó de su boca y me preguntó si ya acababa, le dije que sí, entonces dejó de chupármela para sacarse la blusa y dejar sus tetas al descubierto, no llevaba corpiño.

Con una mano agarró mi pene y con la otra lo acomodó entre sus tetas. No podía creer lo que hacía. Allí estaba mi pedazo, ella apretó sus tetas y hizo subir y bajara por mi polla. Eran enormes. Mi pene llegaba a tocar su boca y ella la abría y sacaba su lengua. Así estuvo un rato hasta que le dije que me venía y así fue.

Le acabé en la cara, las tetas y ella como si nada la seguía pajeando allí. Cuando no quedó más semen por salir pasó la lengua por sus labios y se tragó el semen. Me dediqué a tocar sus tetas, eran redondas, grandes, cerca de la perfección, con mi dedo índice saqué el poco semen que tenía allí y se lo puse cerca de la boca, sacó su lengua y lo lamió con mucho morbo. Se paró y al oído me dijo que me quería dentro de ella.

Me hizo parar del sofá y ella se puso en cuatro con sus manos apoyadas en el espaldar. Le toqué el chocho para saber si estaba húmedo como para penetrarlo y así fue, estaba muy mojada. Agarré mi polla y la acerqué. Jugué un poco allí, acercándola, hasta que me dijo que se la pusiera de una vez y no la hiciera sufrir. Así lo hice, se la metí de un tirón, me impresionó cómo entró aunque ella gritó como si le hubiera clavado un cuchillo.

Le dije ahora vas a ver lo que es gozar, perra puta, y ella me contestó diciendo entre gemidos, cogéme. La arremetí con todo, mis bolas golpeaban contra su cuerpo, le chupaba las tetas mientras se la enterraba hasta sus ovarios, se vino dos veces, me mordía, me arañaba, gemía, bufaba de placer, mi verga estaba bañada por sus jugos y no aguanté más y le llené la concha de leche caliente.

Nos besamos, nuestras lenguas se trenzaron mientras mi pija se iba bajando, estuviste maravilloso, me dijo entre gemidos…

Desde aquélla noche hace como un año que no paramos de coger frenéticamente, créanme cuando les digo que ella es una experta mamadora de vergas. Espero que les guste la historia y la publiquen.

Autor: Alex

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Escrito por Marqueze

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