MI MEJOR POLVO

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Soy una chica de 20 años y lo que me pasó fue a los 18, soy una chica morena de pelo muy rizado, con un buen culo y un par de tetas que no pasan desapercibidas…Era una noche de fiesta con unos amigos y mi novio.

Primero nos fuimos a cenar a un restaurante italiano porque había venido en primo de mi novio (llamémosle Mario) a pasar la semana santa a su casa. Como era familia suya me quise poner muy guapa para dar buena impresión pero a la vez provocativa pues me habían dicho que era atractivo.

En la cena se sentó enfrente mío y mi novio (David) a mi lado, Mario me comentó que era fotógrafo porque sabía que a mi me gustaba mucho la fotografía, no paró de mirar el escote cada vez que hablaba conmigo y yo, como buena anfitriona le dejaba ver mis insinuaciones.

Cuando nos fuimos a bailar empezamos a beber chupitos de tequila, y a mi se me sube mucho a la cabeza por lo que empecé a encontrarme mal (o eso parecía) entonces Mario se ofreció a llevarme en coche a casa porque decía que también estaba algo revuelto de la cena y mi novio, que es demasiado confiado dijo que estaba de acuerdo que él se quedaba con el resto.

De camino no dejaba de mirarme con un brillo en los ojos que hacia que mi minúsculo tanga se empapara cada vez más.

Cuando llegamos a mi casa, la cual estaba vacía porque mis padres se habían ido al pueblo, le dije que si me acompañaba porque con lo que había bebido no sabía si iba a poder abrir yo sola la puerta… ¡En ese momento supo que era mío!

Cuando me abrió la puerta hice que me caía encima de él y apoyé mis pechos en sus manos y me agarré a su enorme pene, nunca había palpado uno así y eso que era por fuera de la ropa… Entonces me dijo que no hacia falta que hiciera todo ese teatro que me iba a follar durante toda la noche como un loco, en ese momento supe que iba a ser una noche inolvidable.

Cuando entramos en casa fui a la cocina para coger dos vasos para tomar algo, y como no soy muy alta la falda se me subió demasiado cuando me incliné para cogerlos de una estantería dejando ver mi culo respingon.

En ese momento llegó Mario por detrás y amarrándome de las muñecas empezó a morderme el cuello y a decirme lo cachondo que llevaba poniéndole toda la noche, me dijo que si me había portado como una putita ahora debía ser su putita.

Me arrancó la falda de un tirón y me quitó el tanga con una sola mano mientras con la otra me seguía agarrando, intenté darme la vuelta pero me dijo que no que debía de hacer lo que él me decía.

Empezó a jugar con mi clítoris, lo acariciaba, lo pellizcaba, lo lamía… yo estaba súper cachonda y le pedí por favor que nos fuéramos a mi habitación para estar más a gusto.

Cuando llegamos a mi habitación no le dejé tiempo para que me agarrara, le desabroché le pantalón y los calzoncillos y le tiré contra la cama, empecé a hacerle una mamada como nunca.

Lo único que me pedía el cuerpo era que se la comiera, me la metía en la boca entera, mamaba el capullo y lo llenaba de saliva para luego embestírmela hasta el fondo de mi garganta, así una y otra vez hasta que se corrió en mi cara y en mi boca, cosa que, al contrario que con mi novio, no me desagradó, le limpié todita esa polla que me había dado tanto placer, la deje impecable.

Me dijo que era mi turno, me tumbó en la cama, quitándome el resto de ropa que me quedaba, empezó a lamerme las tetas con mucha dulzura, bajó hacia mi ombligo, se detuvo en los muslos y cuando mi respiración empezaba a agitarse demasiado me metió la lengua en el fondo de mi coñito al mismo tiempo que me masajeaba el clítoris.

Jugaba con mi coño como si de un caramelo se tratase, y cuando estaba a punto de correrme, su pene de una estocada entró hasta el fondo dándome el placer del mayor orgasmo que he tenido nunca.

Gritaba y jadeaba como una autentica perra en celo, cuando me calmé un poco me puso a cuatro patas y volvió a clavármela, pero esta vez también jugab

a con un dedito en mi culo.

Me estaba follando como a una puta, por los dos lados, y lo único que quería es que siguiera y no parara en toda la noche, me decía que le encantaba cuando me portaba como una putita y le decía que no parar de follarme, que quería su leche en mi coño y que si lo hubiera sabido antes habría venido más a menudo porque coños como el mío había pocos.

Eso me hacía sentir cada vez más excitada hasta el punto que, en cuanto me dio un azotazo en el culo me volví a correr, de nuevo grité como si fuera la primera vez que me hacían el amor.

Pocos segundos después descargó su leche en mi coño, llenándome entera. Me dijo que había sido el mejor polvo que había echado y que mi primo tenía mucha suerte de tener a una chica como yo, su beso en los labios fue de lo más dulce.

Nos dimos una ducha juntos, donde volvimos a follar otra vez y cuando se hizo de día se fue, acordando que no diríamos nada a su primo pero que cada vez que viniera a hacernos una visita una noche para los dos estaba asegurada.

Cada vez que me visitaba era un encuentro nuevo… Pero eso para otro relato…

Autor: María

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Escrito por Marqueze

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