Mi propuesta de sexo

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Que una mujer joven tenga interés en un tipo como yo, que no sea el dinero, es prácticamente un halago. Si Helena, probemos pues tengo ganas de hacerte el amor, no sólo una noche, si no varias más” Esperaba mi respuesta, pero yo estaba en otra galaxia, ¡mi sueño hecho realidad! Javier, el hombre correcto, metódico, de su familia, estaba ante mí, aceptando mi propuesta de sexo.

Hola a todos, yo soy Helena y la historia que contaré en estas líneas ocurrió hace más de un año, cuando yo tenía 20. A esa edad un hombre muy especial me hizo ver las ilimitadas posibilidades de placer y gozo que brinda el sexo, el cual para mí había sido tan plano, tan corriente, vivido con niños en cuerpos de hombre, específicamente dos en mi vida, cual más mediocre que el otro.

Gracias a estos ineptos el sexo para mí representó sólo insatisfacciones y frustraciones, hasta que me enamoré de Javier. Antes de hablar de él, debo aclararles a ustedes en el círculo el cual se mueve mi familia, muy cercanos a mi hombre, para que tengan una idea general de su forma de ser y actuar.

Mis padres, en especial mi padre, fueron formados en familias con una vasta tradición militar, varios miembros de mi familia han pertenecido o pertenecen a las Fuerzas Armadas de mi país, la cual esta ligada a ideologías conservadoras y derechistas.

Yo soy la cuarta de cinco hermanos, con dos hermanos mayores, una hermana mayor y una hermana menor; mi padre es un hombre de personalidad autoritaria y fuerte, al igual que mi madre, sólo que ella, a pesar de la herencia militar, se refugió en las ideas progresistas, haciéndolas concretas en su actuar y en la forma de criarnos, esta mezcla de agua y aceite nos han moldeado a mí y a mis hermanos, claro que con tendencias hacia un lado u otro, yo en mi caso, me empapé de la ideología de mi madre, en un 90%. Fui a un colegio católico, eso si, nunca me involucré en el Opu. Ahora les hablaré de Javier.

Él es gran amigo de mi padre, en ese entonces tenía 55 años, oh, ustedes creerán que era un viejo a mal traer, no señoras y señores, Javier era y es un hombre con todas sus letras. De formación netamente militar, sólo que mucha más apertura y tolerancia en el pensar, de personalidad fuerte, magnánima, sin llegar a ser despótico, incluso en intimidad, con sus amigos y familia es algo tímido.

En los ámbitos profesional e intelectual, lo ha logrado todo; su cargo en el ejército es uno de los más altos, no puedo detallar, ya que alguien que leyese esta historia podría saber de quien se trata, posee tanto Magisters como Doctorados en su especialidad, todo un maestro, claro que este último adjetivo se puede aplicar en otros aspectos más elementales de su vida.

Físicamente inspira respeto, paradójicamente no es alto, 1,75, sin embargo él luce alto, es su personalidad que irradia autoridad y seguridad que le otorgan presencia. Su estilo de vida metódica, ordenada y sana, han rendido frutos, los 55 años han pasado por encima de él, sin dejar huella alguna de vejez o decadencia.

Muchos hombres a su edad, ya han echado panza, además de cargar con el peso de enfermedades y malestares típicos. Javier en cambio, se da el lujo de poseer un cuerpo sano, tonificado y firme, gracias a los deportes, como el trote, el esquí, las sesiones diarias de gimnasia y yoga. Su cuello se ve sin ninguna carne suelta, con la mandíbula inferior marcada, puesto a que no tiene papada, posee hombros anchos, un torso plano, sin atisbos de grasa, brazos ligeramente musculosos, al igual que las extremidades inferiores. Su piel muestra un poco el paso de los años, aunque no se ve ajada, si no que presenta un bonito color mate “maduro”. Su rostro, que puedo decir, es muy atractivo.

Yo por mi parte, soy una chica introvertida, aunque de buenos amigos y sociable. Me encanta leer, escuchar música, informarme de lo que pasa a mí alrededor y también me encanta soñar, crear poemas, en general soy romántica, pero con Javier hice una excepción, en realidad no es amor lo que siento. Tengo un cuello de cisne, en general yo soy de huesos delgados y de contextura pequeña.

Abajo, soy como cualquiera chica delgada, caderas normales, no abultadas, de trasero firme, pero no espectacular, normal, mis piernas son largas. Retomando, les contaré ahora como nació el deseo irrefrenable hacia Javier, las ganas irreprimibles de acostarme con él. Este deseo hizo que me importara un bledo su matrimonio por más de 25 años con su distinguida y guapa mujer, su amistad con mi familia y las convicciones.

Claro que mi interés no era destruir su matrimonio, yo solamente deseaba disfrutar de su entrega, de los momentos íntimos, siendo su amante y él siendo mi hombre. Javier conocía a mi familia por tiempos ancestrales, y yo lo recuerdo cuando era niña, que venía con su señora e hijos a almorzar o a cenar, en ese entonces él sólo era el amigo de mi padre, nada especial, al llegar a la adolescencia nada de eso cambió, pero poco a poco el mundo se abrió a mis pies, a los 18 tuve mi primera experiencia sexual, nefasta, con un tipo idiota y egocéntrico, la segunda y última con otro novio, que fue insufrible.

Ambos tenían en común su inmadurez y su corta edad, uno de ellos incluso era tres años menor que yo. Como consecuencia de Sin embargo, no recuerdo precisamente cuando, me vi pensando en este hombre con mayor frecuencia de la debida y la connotación de estos pensamientos no era nada inocente.

Ahora lo rememoro con risa, pero aquellos momentos en que su familia y la mía compartían la cena o el almuerzo, yo no dejaba de mirarlo y de fantasear con él, y por supuesto que mi cuerpo reaccionaba a los estímulos de mis pensamientos, haciéndome transpirar, ponerme roja y humedecerme.

Una de mis evocaciones favoritas era imaginar estas mismas instancias de reunión, alrededor de la mesa, sólo que yo en algún momento me agachaba “a recoger algo”, en realidad a gatear hasta donde estaban sus piernas separadas, colocar mi cabeza entre ellas, abrir el cierre del pantalón y comer de su delicioso paquete, sentir los espasmos involuntarios de sus contracciones, sentir el látigo de la tensión y el placer reinante al mismo tiempo, disfrutar ambos de un instante único y sólo de los dos.

Esta imagen me obsesionaba, y no descansaría. La misión no sería fácil, ya que él no sentía atracción por mí, yo era la que estaba loca por él, pero debía hallar el modo de acercarlo a mí, y claro que lo logré… Empecé con gestos algo infantiles, pero coquetos. Las cenas, que antes eran un tedio para mí, se convirtieron en instancias de gozo garantizado. A veces, cuando me tocaba sentarme al frente de él, y su señora al lado, disimuladamente le guiñaba un ojo, o le tiraba besos, muy tenues, Javier me miraba atónito, aunque creo que en el fondo le gustaba ser coqueteado por una joven en erupción hormonal como yo.

Un día me armé de valor para acercarme y manifestarle parte de lo que me hacía sentir, no quería parecer ansiosa, por lo que iría dándole pequeñas pistas. Mi familia y yo habíamos ido a su casa, a cenar. Terminada esta yo busqué el momento idóneo para mi ataque:

– “Sabe tío Javier, (por respeto lo llamaba así) tengo que decirle algo que me atraganta la garganta, de verdad que es totalmente sincero. – “¿De qué se trata Helena?”  – Conociéndolo y viéndolo por tanto tiempo, tengo la absoluta convicción de lo atractivo que es usted, le juro que envidio a su señora por tener el privilegio de tener a un hombre como usted día y noche a su lado. De verdad si usted no estuviese casado… eso era. Ahora me siento mejor por haberle dicho mi opinión sobre usted”.

Se quedó de una pieza, sin articular palabra alguna. Jamás se hubiese esperado tal confesión, menos de mí, la hija de su mejor amigo, una “chiquilla” de 20 años. Ya había preparado el terreno para lo que se vendría después, algo más directo y definitivo. No resistí, y a la semana siguiente, cuando su familia fue a mi casa, le dije todo, absolutamente todo. Mi discurso, fue precedido de descarados coqueteos en la mesa, e incluso de toques, porque tuve la fortuna de sentarme a su izquierda. Después del almuerzo, arremetí:

– “¿Se acuerda de lo que le dije poco tiempo atrás?” – “Ah, como olvidarlo, fuiste muy directa” – “Ahora lo seré más. Lo de la otra vez era sólo la punta del iceberg” – “¿si, y cual es el resto?” – “Siento unas ganas locas de acostarme contigo. Tú no te das cuenta de lo que provocas, ahora debo controlarme, está tu señora, tus hijos, mi viejo, y lo que deseo es lanzarme a tus brazos, besarte y dejarme llevar, y no puedo. Piénsalo, esto no lo digo sin un fin. ¿Qué te parecería pasar una noche juntos? No me respondas ahora, hay tiempo.

“Discretamente acerqué una de mis manos a su trasero y lo apreté con ganas. No lo dejé que me respondiese, ya vería después. Apenas había terminado, tiritaba, sudaba y mi clítoris inflamado no me dejaba en paz. Algunas semanas después ocurrió lo que me temía. Como siempre mis padres habían invitado a él y a su familia a casa, sólo que esta vez Javier no llegó.

Según nos contó su señora, se encontraba resfriado y débil para ir, pero yo sabía que esa no era la causa principal de su ausencia. Pocas semanas después se celebraba a todo color el matrimonio de su segundo hijo, la fiesta fue en grande, y por supuesto que mi familia y yo estuvimos presentes. Por lo acontecido los días anteriores, tenía miedo de que estuviese reticente conmigo, no obstante recibí una grata y profunda sorpresa.

La ocasión ameritaba que fuese sumamente producida: Un peto de raso delgado, rojo italiano, que dejaba al descubierto mi atributo más preciado, mi deliciosa espalda, totalmente expuesta, este peto se mantenía firme sólo por dos tiras, una amarrada a mi cintura y la otra a mi cuello, pantalones de la misma tela y color, a la cadera, adornados por un finísimo cinturón color plata vieja, tenían una caída elegante, los zapatos eran unas sandalias rojas, taco alto, con tiritas.

Mi pelo lo llevaba amarrado con un peinado no muy elaborado, más bien casual, pero igual chic, mi cuello estaba desnudo y se veía más altivo y grácil. Llevaba poco maquillaje, sólo lo necesario, había decidido destacar mis labios, usando un labial color rojo italiano intenso, mis ojos los maquillé con muy poca sombra y sólo encrespé mis pestañas y las pinté con máscara transparente. Me sentía muy sensual y dispuesta, aunque también nerviosa, no sabía como reaccionaría al verlo y viceversa.

En medio de la distracción, algunas copas de más, la música y todo lo demás nuestras miradas se encontraron a lo lejos; creí morir y palidecer al principio, pero pude notar algo diferente, ahora su mirada era intensa, sexualmente hablando, sentía que me desnudaba con la mirada.

– Te juro que me tomó de sorpresa esa confesión tan…sincera de tu parte, jamás se me hubiese pasado por la cabeza que tú, una chica joven, tendría ganas de hacerlo con un tipo como yo, digo por la diferencia de edad…

Sin embargo tuve el tiempo suficiente para digerir esto, y me dije, por qué no, Helena me encuentra atractivo, le gusto y ella es joven, hermosa, y que una mujer joven tenga interés en un tipo como yo, que no sea el dinero, es prácticamente un halago… Si Helena, probemos pues, tengo ganas de hacerte el amor, no sólo una noche, si no varias más y de día también por supuesto”…

Esperaba mi respuesta, pero yo estaba en otra galaxia, ¡mi sueño hecho realidad! Javier, el hombre correcto, metódico, de su familia, estaba ante mí, aceptando mi propuesta de sexo.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

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