MI PUTA

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Hola soy Ricardo, el marido de Helena; mi mujer ya les ha contado algo de nuestras aventuras, la verdad estoy sorprendido, a pesar de haberla conocido a ella virgen, casta y pura, es muy cachonda, al punto que a veces no sé si aguantaré su ritmo, pero eso me gusta, me excita, Helena es salvaje, caliente y bella, me siento orgulloso de ella, cuando voy por la calle y veo que los hombres la observan, a pesar de que siento celos, la abrazo fuerte o la beso como diciendo, miren pero no toquen ella es mía, me eligió a mi, ninguno de ustedes tiene el privilegio que yo tengo; creo que ella se da cuenta de eso y responde a mis caricias y a mis besos con ternura y coquetería. Jamás hubiese querido verla en brazos de otro, sé que alguna vez fantaseamos con eso, pero mis celos impidieron que eso se realizara, también sé que de no haber sido por mi aprobación ella jamás lo habría hecho; pero sucedieron cosas que hicieron que pasara lo que les voy a relatar.

Helena vino a vivir conmigo, llevábamos ya bastante tiempo y experiencias que nos daban a entender que éramos muy compatibles, así que decidimos casarnos, después de nuestro matrimonio, la empresa donde trabajaba ella hizo una reducción de personal y ella, fue de las afectadas, estaba sin trabajo, habíamos hecho un no muy buen negocio para comprar nuestra casa y aunque, en dos años más podríamos verla por fin y vivir en ella, en ese momento estábamos cortos de presupuesto para pagar renta, gastos básicos y una que otra deuda que teníamos, Helena se sentía mal y cada mañana se empeñaba en buscar un nuevo empleo que por lo menos nos ayudara a solventar lo más urgente. He de decir con orgullo que ella cocina delicioso y conseguía pequeños contratos para preparar cenas, pasteles, postres, en algo nos ayudaba, pero no era suficiente. Un amigo mío, Alejandro, vivía en un apartamento bastante amplio de su propiedad y al ver nuestros problemas me ofreció su apoyo, nos iríamos a vivir con él, pagando una renta "simbólica" por así llamarla, compartiríamos gastos y de esa manera saldríamos un poco del apuro por el que pasábamos.

Cuando le comenté a mi esposa la idea, no se mostró muy convencida, pues a pesar de todo ella quería seguir conservando la intimidad que siempre nos había acompañado, sin embargo ante la situación que enfrentábamos casi a diario, accedió al cambio de vida, así llegamos a vivir con Alejandro, Helena y yo teníamos nuestro propio espacio en el que compartíamos nuestra intimidad sexual sin problemas; Alejandro que siempre ha sido un encantador de serpientes llevaba frecuentemente distintas amantes, también tenía su espacio y nunca tuvimos ningún problema. Una noche, en la que él estaba de juerga fuera de casa Helena y yo estábamos en nuestra habitación, como ya se imaginaran, hacíamos el amor como siempre, como salvajes, me encantaba saber que mi mujer era toda una puta en la cama, pero una dama respetable fuera de ella, era mi puta y cada que me la cogía era una nueva aventura, al terminar nuestra faena Helena sintió sed y se puso una batita diminuta, ceñida a su cuerpo, se veía la mitad de sus ricas nalgas al aire y sus pezones duros, por encima de la prenda, debido a toda la actividad sexual.

Salió a tomar algo de agua estaba fuera cuando llegó Alejandro, la verdad nunca, ni ella ni yo, notamos que él se percatara de la belleza de mi hembra, si bien, como ella lo dice, no es ninguna modelo, ni estrella porno, pues tiene lo suyo, un cuerpo cuidado, algo rellenita la cintura, pero está bien de nalgas, sus tetitas son preciosas, sin ser exageradamente grandes, son de un tamaño que a mi me enloquece y que cada vez que las veo son como una golosina para un niño, tengo la necesidad de lanzarme a esos monumentos, mis monumentos, a morderlos y sé que eso le encanta a ella… pero volvamos a nuestra historia, Alejandro entró a casa y se encontró con ese manjar delante de él, la desnudó con su mirada, Helena se sintió mal, solo dio la vuelta mostr&aa

cute;ndole lo que él no había visto, regresó a la habitación sonrojada, perturbada, pero muy excitada, la vi extraña, me dijo simplemente que Alejandro había entrado y se dio la vuelta y durmió, al otro día me contó lo que había pasado, me sentí celoso y con ira por ese incidente pero, me di cuenta que lo que la excitó fue sentirse expuesta ante un hombre que no era yo, era el segundo hombre que la veía así, tan sensual como la yo la veía, otra en su lugar habría aprovechado esa oportunidad, pero me confesó que por amor y respeto a mi no lo haría con él ni con nadie, si ese era mi deseo… mi deseo.

A esas alturas no sabía lo que deseaba, a pesar de la ira que me dio lo que me contó, me excité pensándola en brazos de otro, gimiendo como gemía conmigo cuando otro la penetrara, viéndola desnuda y en cuatro y otro dándole por detrás… pero repito soy demasiado celoso para acceder a eso, no quería ver a mi mujer con otro hombre que no fuera yo y punto; eso no tenía discusión. A pesar de todo, ese pensamiento me acompañó todo el día, en el trabajo, al almuerzo, al regresar a casa en mi auto, y a ese pensamiento lo acompañaron erecciones que debía disimular delante de mis compañeros de trabajo y llegando a casa con Helena, entré a la ducha y me masturbé pensándola con otro, salí y mi calor no se calmaba, me lancé sobre ella, le arranqué la poca ropa que traía encima y me la cogí más salvaje que nunca, parecía un caníbal devorando su presa, ella estaba sorprendida pero muy excitada y respondió con el mismo salvajismo.

Terminamos cansados, pero yo seguía con esas ideas perturbadoras en mi mente, nuevamente se puso su batita, sentí que Alejandro abría la puerta y le pedí que me trajera agua, que estaba exhausto, la idea no le gustó, tendría que enfrentarse nuevamente a la mirada lasciva de mi amigo, así que me ofrecí a acompañarla, salimos juntos y nos encontramos con Alejandro, nuevamente sus ojos querían salirse al ver a mi mujer, tan bella, tan sexy, yo sentía ira, pero estaba muy excitado, ella se fue hacia la cocina, yo la seguí, pero le hice una seña a Alejandro para que nos siguiera, en la cocina, mi esposa se encontraba de espaldas sirviendo el agua, yo me acerqué a ella y comencé a besarla, a subirle esa diminuta prenda tan sexy dejando todas sus nalgas al aire, la tocaba, mordía sus orejas, chupaba su cuello, mi amigo veía el espectáculo de espaldas a nosotros, me di la vuelta con ella tenía mi mano en su vagina, le dejé ver a Alejandro su pubis perfectamente depilado y yo jugueteando con ella, él ya tenia una erección muy pronunciada, Helena al ver a Alejandro trató de detenerme, pero no se lo permití, le susurré al oído, le pregunté si no lo deseaba y ella, no respondió nada, solo miraba el paquete que le ofrecía mi amigo.

¿Lo quieres en tu boca?, le pregunté, seguía sin responder, se estaba enfrentando en su interior a sus deseos y a sus deberes, no sabía que hacer, Alejandro se nos acercó, comenzó a besar también a Helena, en la lucha interior de mi mujer ganó el deseo y como podía respondía a mis caricias y besos y a los de Alejandro, la escena parecía un sándwich y en medio estaba el manjar más apetecible, mi mujer, yo me encargaba de ella por la espalda y mi amigo de frente, luego, prácticamente la obligué a ponerse de rodillas y darle una buena mamada a Alejandro, yo solo la miraba y me masturbaba ambos terminamos casi al tiempo, yo me derramé sobre su espalda y mi amigo sobre sus ricas tetas, Helena pensó que todo había terminado ahí, se puso de pie y se dirigió a la habitación sin cruzar palabra, detrás de ella ibamos los dos, iniciados y con ganas de seguir con este juego. Helena no tenía intenciones de continuar, llegó a la habitación y se desnudó, estaba buscando una toalla para darse un duchazo cuando entramos, Alejandro se abalanzó sobre su cuerpo desnudo, la besaba y tocaba sin parar, en ese momento me pregunté si lo que estaba haciendo era lo correcto, le estaba sirviendo en bandeja de plata mi mujer a mi mejor amigo y eso no era normal en mí, pero al verla como fiera salvaje, desnuda, tratando de defenderse de las asechanzas de mi amigo, tan sexy, tan sensual, tan hembra… tan puta, de nuevo me olvidé de mis principios, me puse a su espal

da y con caricias le susurraba, ¿lo deseas verdad?

Sigue haciéndolo, te quiero ver con él, mis palabras la calmaron y las cosas siguieron su curso, ella dejó llevarse por la situación, Alejandro la tendió en la cama y comenzó a comerle el coño, ella gemía y me miraba, yo con una sonrisa de cómplice me masturbaba para ella, estábamos más tranquilos, me llamó hacia ella y me ayudó con mi polla, me masturbaba y la mamaba, era delicioso, en ese momento me di cuenta que a pesar de la situación Helena me amaba a mi y estaba haciendo todo porque yo la había llevado a eso, ambos estábamos gozando el momento y a pesar de verla con otro ella era mía, solo mía; seguimos un rato más así; luego Alejandro paró, me imagino que ella se había venido varias veces, él se tendió en la cama y puso a mi esposa sobre él, la tenía hincada hacia delante y su hermoso culo, que hasta ahora permanecía virgen, expuesto para mi, siempre había querido cogérmela por detrás, pero ella no me lo había permitido, la verdad le daba miedo que le doliera, pero en ese momento se me olvidaron las mil veces que estando juntos ella me había suplicado que no lo hiciera. Mientras cabalgaba sobre Alejandro, como pude metí un dedo dentro de su culo, ella hizo como si quisiera detenerme, pero estaba tan ocupada que me dejó seguir, rato después vino el segundo y el tercer dedo, cuando vi su hoyito dilatado me acomode sobre ella y fui metiéndole mi polla despacito, Helena se detuvo me miró con furia y me gritó "por ahí no que me duele", pero yo seguí, Alejandro también se detuvo para esperar la reacción de Helena, creo que después del dolor momentáneo le gustó porque retomó su cabalgata, los tres nos movíamos acompasados y Helena al sentir que iba a terminar comenzó a gritar como loca, giró su cara hacia mí y con una mirada de gata salvaje me gritó, "así me querías ver, como una puta, querías ver como otro hombre me cogía, mírame y disfruta", mi excitación subió. Fue salvaje la forma como terminó, gritaba, se convulsionaba, gemía, besaba a Alejandro, se levantaba hacia mí y me pasaba las manos por todas partes, era otra mujer, luego terminó Alejandro y finalmente yo, caímos los tres en la cama.

Helena se olvidó de Alejandro y me besaba y me llenaba de caricias, él tomó sus cosas y salió de la habitación, nos quedamos los dos solos, le pregunté si lo había disfrutado y ella me dijo que sí. Nunca más, ni ella, ni yo ni mucho menos Alejandro, volvimos a tocar el tema, pocos días después, mi esposa encontró un nuevo trabajo, regresamos a nuestro antiguo apartamento, Alejandro y yo seguimos siendo amigos, la vida de Helena y la mía sigue siendo igual que antes, bueno no, nuestra sexualidad es cada vez mejor; para el resto del mundo ella es la dama más respetable, pero seguimos siendo cómplices en la cama, aunque en esa cama ahora solo hay espacio para los dos. Cada que le hago el amor a mi mujer me lleno de orgullo cuando me dice "soy tu puta, una puta hecha solo para ti".

Autor: Luna Lunera lunalunera79 (arroba) gmail.com

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Escrito por Marqueze

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