Mi secreto

Lo que les voy a relatar, ni mi madre, ni mis mejores amigas, es más ni hasta mi peluquero lo sabe. Por lo que no les ha de extrañar, que no use ningún nombre.

Lo que me ha sucedido, ha dejado una huella profunda en mi persona, para que se den un idea de todo lo que me ha pasado, les diré que soy, una mujer madre de dos hijos, uno de dieciséis y el menor de once. Tengo unos treinta y ocho años de edad, y hasta donde yo pensaba era una mujer felizmente casada. Mi cuerpo lo cuido como un templo, por lo que siempre había estado pendiente de mi peso, y de todo lo relacionado con mi salud física y mental.

Debido a eso, hace unos cuantos meses, cinco para ser más exacta, comencé a ir a un gimnasio, por aquello de mantenerme en forma. A mi esposo le pareció una buena idea, que yo me cuidase de esa manera, ya que aunque tenemos dieciocho años de casados, me cuida como el primer día, y le gusta que yo luzca bien. Desde el principio, comencé a ir en las mañanas luego de llevar a mis dos hijos al colegio, más o menos desde las ocho y media hasta las diez, asistía al gim tres veces por semana. Luego el resto del día lo dedicaba al cuido de la casa, pero entre el segundo y tercer mes, llegó un nuevo entrenador, un joven estudiante de pedagogía, que se preparaba para ser maestro de educación física y deportes. Alto fornido, aunque de rostro duró, su sonrisa y mirada son algo especial, además de otras cosas.

Desde su llegada tuvimos una buena química, las primeras semanas yo no me percaté de su manera de tratarme y sobre todo de mirarme, alguna de las chicas del gin me lo habían comentado, pero no les había puesto mucha atención, hasta que un día haciendo un sencillo ejercicio de pesas, al ver su rostro reflejado en el espejo me di cuenta, que era verdad lo que todas ellas me decían, Jorge con sus ojos me estaba comiendo todo mi cuerpo en particular mis nalgas. La verdad que me puse algo nerviosa, pero al mismo tiempo me hizo sentir de lo mejor, al ver que un joven de unos casi diecisiete años menor que yo se fijaba en mi de esa manera, y sobre todo cuando en el mismo gimnasio había tanta competencia desleal, por parte de un gran numero de jovencitas que se desvivían por él.

A partir de ese momento, le puse mucha más atención a sus miradas, y al sin numero de atenciones que me prodigaba. Yo por mi parte, a la semana siguiente, compré un conjunto para hacer ejercicios algo más revelador, se trataba de un pantaloncito bien corto en lycra, acompañado de un bustier en ese mismo material, las dos piezas me quedaba bien pegadas a mi cuerpo. El primer día que me lo puse, sus ojos parecieron salirse de sus orbitas, y cuando comenzamos a ejercitar con las pesas, cuando sentí el calor de sus manos sobre mi piel, me estremecí toda, de la punta de mis pies a la coronilla de mi cabeza.

En cierto momento, cuando me ayudaba a levantarme realizando un ejercicio, su cuerpo se pegó bastante al mío, sentí su respiración sobre mi nuca, y de pensar un montón de loqueras, hasta mojé la ropa intima que estaba usando en esos momentos, pero gracias a Dios que me pude controlar. Ya en la ducha, aproveché y discretamente mientras me enjabonaba, para acariciar mi coño, imaginándome que él me tenía entre sus fuertes brazos, eso hizo que alcanzase un sabroso orgasmo, como cuando era novia de mi esposo, luego al salir de la ducha me parecía que se notaba en mi rostro lo que había hecho. De camino a casa, no hice otra cosa que reprenderme a mi misma, por dichos pensamientos, pero luego me puse a soñar despierta como seria el estar con Jorge.

A la siguiente semana, el día lunes para ser más exacta, al llegar al gim encontré una nota que indicaba que estaban haciendo reparaciones, ya me pensaba retirar, cuando Jorge mi entrenador salió. De inmediato me hizo saber que los obreros ya habían terminado, y tras el salieron dos tipos con unas dos cajas llenas de herramientas, los cuales mientras que yo estuve frente a ellos me devoraban con sus ojos, lo que me puso algo incomoda desde luego. Por suerte demoraron poco tiempo, se despidieron de Jorge, y continuaron su camino.

En ese momento, él me dijo que ya podía pasar, lo que me alegró mucho, y se lo expresé dándole un ligero beso en su mejilla. Cuando entré, realmente no me di cuenta sí él retiró el letrero de cerrado o no, pero sí estaba bien segura de que él había pasado la llave n

uevamente dejando el local cerrado, ya que a medida que me dirigía a mi casillero, para dejar mis pertenencias, lo escuche hacerlo.

A medida que caminaba al área de ejercicios, comencé a hacerlo de la manera más sensual y seductora que pude, movía mis caderas de lado a lado, quizás de manera algo exagerada, mi idea sencillamente era llamarle más la atención, realmente no se en que pensaba yo en esos momentos, era como una especie de travesura de mi parte. En uno de los espejos vi esa mirada de Jorge, que me ponía tan nerviosa como una adolescente de quince años que espera a su novio. Ya en el área de las pesas, agarré un tubo para comenzar el calentamiento, cuando él se me aproximó por la espalda, y tomándome por las caderas comenzó a corregir, mi movimiento. Su cuerpo estaba bastante pegado al mío, y en ese momento debí haberme separado de él, pero realmente no fue que no pude hacerlo, la verdad es que no quise hacerlo, deseaba sentir el calor de su cuerpo junto al mío. En ese momento Jorge, retiró el tubo de mis manos, nuevamente me tomó por la cadera, y giró mi cuerpo hasta que estuve frente a frente a él.

En cosa de segundos su boca se posó sobre la mía, y yo sencillamente respondí de igual manera, ambos nos abrazábamos y besábamos como unos salvajes. En cosa de segundos, sin decirnos una sola palabra, yo misma me comencé a quitar todo lo que tenía encima, mientras que él continuaba besándome sabrosamente. Desde la vez que moje mis pantis, decidí no llevarlas puestas mientras que estuviera entrenando, no pensé seriamente que eso fuese a pasar. Por lo que cuando me deslicé el pantalón de Lycra, quede completamente desnuda, mientras que él acariciaba mis muslos, y chupaba como un loco mis tetas.

Yo estaba más que deseosa que me hiciera suya, en esos momentos no pensé ni en mis hijos ni en mi adorado esposo, lo que realmente quería era sentir a Jorge dentro de mí. Rápidamente me colocó sobre uno de los bancos de ejercicios y a medida que me besaba, dejó que su pantalón llegase a la alfombra del gim, por unos instantes vi su cosa entre sus dedos, realmente era imponente, no pude evitar el mentalmente compararla con la de mi esposo, y el pobre salía perdiendo por y mucho.

Ya recostada sobre el banco de ejercicios, lentamente me lo ha comenzado a meter, dentro de mi mojada vulva, el sentir como fue penetrando su caliente y dura cosa dentro de mi, me produjo tal alegría que casi hasta me orino encima en ese momento. Para mi fue impresionante el ver como me lo había metido casi todo, yo por mi parte comencé a mover mis caderas, como una loca desenfrenada. Mi esposo y yo tenemos buenas relaciones pero en ese momento me sentía en las nubes, Jorge además tiene la habilidad de ir diciendo gran cantidad de palabras y frases agradables a medida que le hace el amor a una, contrario al pobre marido mío, que lo único que hace es gruñir como un cerdo. Por un buen rato Jorge me hizo la mujer más feliz del mundo, apenas habíamos comenzado cuando alcance mi primer orgasmo, cosa extremadamente rara en mi, por lo general tardo algo en alcanzarlo, y últimamente con mi marido él ya había terminado cuando yo apenas había comenzado, por lo que tenía mucho tiempo que no disfrutaba de una cantidad tal de orgasmos, como lo hice en ese momento tan feliz estando con Jorge. Por un largo rato, los dos estuvimos haciendo el amor desenfrenadamente.

Cuando me apretó con fuerza contra su cuerpo pensé que me desmayaría, en esos momentos lo sentí eyacular dentro de mi vulva, ese chorro me volvió loca y me moví con mayor fuerza, al punto que hasta le produje un ataque de risa, según luego me explicó. Al levantarnos, me di cuenta de lo que había hecho, como había traicionado a mi buen marido, con un chico que de haberme descuidado cuando joven hasta podía ser mi hijo. De inmediato me sentí muy mal hasta que él me abrazó con sus brazos y me dio un sabroso beso.

Nuevamente me olvidé de todo, lo continué besando y hasta me atreví a agarrar su grueso y largo pene con mi mano, se encontraba algo flácido, y él me miró como diciendo confórmate con lo que ya tuvimos. Pero la verdad era que yo quería más y más. Por lo que sin pensarlo mucho me he agachado frente a Jorge, y de inmediato me lo he metido dentro de la boca, se lo he comenzado a mamar como una desesperada, a medida que lo hacía baj&e

acute; un poco la velocidad, y levanté mi mirada para ver el rostro de mi amante, su cara era una de total satisfacción, lo que me impulsó a seguir chapándoselo, pude sentir el sabor de mis propios líquidos vaginales, algo de su semen, y nuevamente como se comenzaba a tonificar su miembro gracias a las sabrosas chupadas que le estaba dando en esos momentos, que de paso fue la primera pero no la última vez que le mamé su miembro a Jorge, hasta ese día ni a mi esposo se lo había mamado.

Cuando nuevamente había recuperado su tamaño y fuerza adecuada, me volví acostar sobre el banco de las pesas, y Jorge me volvió a penetrar, pero a medida que me lo metía y sacaba sus dedos comenzaron a toquetearme el hueco de mi fondillo, eso me excitaba más y más, y en cierto momento le pedí que los dejase dentro. Jorge me continuó cogiendo, como si él fuera un semental de pura sangre, seguía diciéndome cosas dulces sobre mi cuerpo, pero de cuando en cuando me decía que sabrosa tenía la concha, si así se la chupaba con la boca como sería con el culo, y a medida que me cogía sabrosamente, y me decía todas esas cosas extremadamente morbosas, sus dedos continuaban entrando y saliendo de mi esfínter. Luego me indicó cambiar de posición poniéndome yo de espaldas a él, cuando me lo volvió a meter dentro del coño vi las estrellas pero de gusto, no de dolor. Por un largo rato siguió metiendo y sacando su verga de mi mojada vulva, y sus dedos de mi fondillo, pero de manera tal que hasta le encontré placer cuando él me los metía. En una de esas me preguntó si lo dejaba metérmelo por el culo, y yo sin pensarlo le respondí que si. Jorge, sacaba casi totalmente su verga de mi coño y luego volvía a enterrármela por completo nuevamente, pero de repente sentí algo más caliente y grande que sus dedos entrándome por el fondillo, aunque su verga estaba empapada, el dolor que sentí fue tremendo a tal grado que el grito que di se debió escuchar a kilómetros a la redonda.

Por un rato él no se movió el dolor era intenso, luego me preguntó si quería que lo sacase, y casi llorando le pedí que lo hiciera, pero a medida que lo comenzaba a retirar, fui sintiendo algo muy diferente, una de sus manos me la había enterrado dentro de mi coño y me la apretaba sabrosamente, aparte de eso su boca mordisqueaba mi cuello, y mi culo como que se había dilatado lo suficiente como para continuar disfrutando de Jorge. Por otro buen rato mi amante me lo ha metido y sacado de mis nalgas como le dio gusto y gana, cuando finalmente terminamos, yo estaba exhausta, pero sumamente complacida.

Desde luego apenas me levanté me asee y me vestí. Pero ese sentimiento de culpa me volvió a embargar, y en la ducha me he puesto a llorar como una niña pequeña, pero Jorge colmándome nuevamente de calurosos besos y caricias me hizo prometerle que regresaría, y así lo hice un sin numero de veces, al punto que ya había comenzado a ir al gin cinco veces por semana, les mentiría asquerosamente, sí les dijese que todas y cada una de esas veces manteníamos una relación, la verdad es que no, además debíamos estar seguros de encontrarnos a solas, cosa muy difícil en dicho negocio. Nuestras relaciones, desde un principio quedamos por mutuo acuerdo, entre Jorge y yo que eran solamente de tipo físico, sin envolvernos sentimentalmente, y auque yo fui la que propuse eso, en el fondo siempre albergué la esperanza de que fuera algo más intimo.

Mi esposo, desde luego ni tan siquiera sospecha nada de mi nueva relación, ocasionalmente le hago algo que ya he realizado bastante con Jorge, y cuando lleno de curiosidad me pregunta como fue que se me ocurrió hacer eso, sencillamente le saco alguna revista de Cosmopolita y le digo que lea determinado artículo, y con eso le basta para no preguntar más. Un día me agarró depilándome el coño dentro del baño, y se ha quedado extasiado mirando mientras yo me pasaba la maquinilla de afeitar entre mis piernas, cuando me di cuenta de que me observaba, lo llamé y le pedí que continuase Lo que hizo de inmediato, pero entre una cosa y otra de momento tenía su rostro enterrado entre mi vulva, pasándome su lengua sobre mi clítoris, lo que me hizo alcanzar un tremendo orgasmo en esos momentos. Luego el se ha quitado sus pantalones y dentro del cuarto de baño, me ha introducido su pene dentro de mi rec

ién depilada vulva, ese día me cogió como hacía mucho tiempo que no lo hacía. El pobre si supiera.

Un día, Jorge me preguntó si yo me atrevería hacerle un gran favor, al preguntarle que deseaba, me preguntó que pensaba de hacerlo con otro hombre que no fuera él, esa pregunta realmente me ofendió, y cuando molesta pensaba marcharme, Jorge me detuvo contra mi voluntad agarrándome fuertemente por uno de mis brazos.

De inmediato comenzó a explicarme, que tenía un hermano menor, que era algo afeminado, sumamente delicado, pero que estaba bien seguro que todavía no había mantenido ningún tipo de relación sexual con persona alguna. Su intención era el que yo le sirviese a su hermano como su primera experiencia sexual, antes de que lo fuera hacer con un hombre. Realmente cuando comenzó a pedirme que lo ayudase, me conmovió. Según me explicó el chico era de unos dieciséis años más o menos, el menor de seis hermanos, pero criado sumamente protegido por su madre y su abuela. Me comentó otros detalles más íntimos, sobre Efraín su hermano menor, y del por que Jorge se preocupaba tanto por su futuro. Detalles como que lo había encontrado recientemente, midiéndose en el espejo un traje de su madre, pero sin llegar a ponérselo, y de la conversación que los dos tuvieron al respecto.

Una vez que Jorge me explicó con lujo de detalles la tremenda preocupación que tenía por su hermano menor, en ese momento me puse a pensar en mis hijos y que me agradaría que alguien se tomase esa seria preocupación por ellos, por lo que no me quedó otra cosa que colaborar con él.

El plan era bien sencillo, su hermano se quedaría unos cuantos de días con él, para ser más exacta una semana, en su apartamento, yo haría el papel de la señora encargada de la limpieza, que diariamente va limpiar y hacer otros quehaceres del hogar. Una vez que Jorge se marchase, aprovecharía para seducir al jovencito, en si como les dije el plan era bien sencillo.

Como Jorge me advirtió que su hermano Efraín era algo bastante tímido con las mujeres, fui preparada para causarle una muy buena impresión. Por su parte Jorge le había comentado a su hermano, que yo era algo especial, un poco loca, que cuado menos lo pensaba me quitaba toda la ropa con la sola excusa de que tenía calor, además le comentó que él pensaba que yo era una ninfómana insaciable y que en más de una vez se había acostado conmigo, pero que realmente no había ningún tipo de relación sentimental entre nosotros dos, eso último no me agradó, pero bueno, era parte del plan.

Al yo llegar al apartamento de Jorge me presentó a su “hermanito”, luego de que había dejado a mis hijos en sus respectivos colegios, yo esperaba encontrarme un chico delgado, con cara de niña, de manierismo fino y delicado, y con voz aflautada. Pero la verdad que no era así, casi era una replica de Jorge, pero desde luego que más joven, bien callado, su voz si era algo más suave que la de su hermano, pero a mi realmente no parecía nada afeminado. Una vez que Jorge se marchó, le comenté que me pondría ha realizar la limpieza, pero Efraín al parecer no me puso nada de atención, se encontraba jugando con el video juego frente al televisor. Yo me había puesto una faldita extremadamente corta, de esas que nada más de respirar mostraba gran parte de mis nalgas, además de una blusa en algodón un par de tallas más pequeñas, que las que realmente usaba, por lo que mis senos se marcaban mucho más que de costumbre. Únicamente me había puesto un diminuto tanga como toda ropa intima.

De inmediato comencé a limpiar, casi frente a sus narices, me agachaba despreocupadamente, sin ponerle la menor atención al joven, en cierto momento sentí su mirada clavada en mi cuerpo, pero podía ser únicamente ideas mías, por lo que apenas tuve la oportunidad trate de asegurarme de que así fuera. Quité todo el polvo, me inclinaba mostrando mis nalgas, dejé que uno de los botones de la blusita de algodón se desabrochase, permitiendo que mis senos prácticamente se salieran del todo. En fin más que una mucama, parecía una desnudista dando un espectáculo. Pero el joven aparentemente mantenía su mirada fija, en la pantalla del aparato del televisor, hasta que me di cuenta del gran bulto que trataba de oculta

r con sus manos y los controles del juego.

En ese momento, se me ocurrió el pedirle que me ayudase, sosteniendo una escalera, mientras que yo le pasaba un trapo a la única lámpara de techo que había en la sala del apartamento, Efraín sencillamente se levantó y agarró la escalera con su mirada fija en el piso, mientras que yo subía la endeble escalera, pero gracias a uno de los vitrales del balcón pude observar como él miraba fijamente mis nalgas, y se acomodaba su cosa dentro del pantalón disimuladamente. Con todo el propósito me demoré en quitarle el polvo a las pocas piezas de la lámpara, y coloqué mis nalgas a pocos centímetros de su cara. En ese momento con el fin de romper más el hielo, le comenté que hacía un calor bárbaro, y él tan solo me respondió que era cierto, luego continué hablando como una loca sobre el clima, y de lo cómoda que me sentiría si no tuviera toda esa ropa encima, a lo que él me respondió, tímidamente, si quiere se la puede quitar, y hay mismo sobre la escalera dejé caer la corta falda, y tras ella la blusa. El joven se ha quedado perplejo, como que si fuera la primera vez que miraba a una mujer casi desnuda a tan corta distancia de él. En ese momento hice como que había perdido el equilibrio y me le tiré encima, los dos terminamos sobre el sofá de la sala.

De inmediato me disculpé con Efraín, pero cuando trataba de levantarme posé mi mano sobre su miembro, y el rostro de él se había puesto sumamente colorado, además de que su cosa se sentía dura y caliente al tacto aun a través de la tela de su pantalón. Comencé a preguntarle, como si estuviera verdaderamente asustada, si le había dado un mal golpe, al tiempo que comencé a tocarlo por todo su cuerpo con mi otra mano, a lo que él sumamente confuso no supo que decir, hasta que le solté su cosa. La expresión de su rostro, con mis tetas a pocos centímetros de su cara, era algo de película. Sin más ni más Efraín me abrazó con fuerza, y de inmediato, ha comenzado a chuparme las tetas como si se tratase de un crió hambriento.

Tras esa escena, lo demás corrió como dicen miel sobre hojuelas, yo le comencé a bajar tanto el pantalón corto que estaba usando en esos momentos, como su interior. Menuda sorpresa me he llevado al ver su cosa algo más grande y gruesa que la de su hermano mayor. Tras lo cual la tomé entre mis dedos y echando a un lado la tela de mis pantaletas, introduje su duro miembro dentro de mi vulva. En cosa de segundos, los dos nos hemos puesto a fornicar como un par de animales, a diferencia de su hermano, él permanecía en silenció, pero sin quitarme los ojos de encima, poco a poco fue ganando confianza, sus manos me acariciaban completamente, su boca no dejaba de chuparme o lamerme las tetas, y su verga la sentía más y más dura dentro de mi coño. Hasta que finalmente lo sentí como me apretaba contra su cuerpo con gran fuerza, para quedarse quieto luego.

A partir de ese momento, la relación entre Efraín y yo mejoró mucho, mantuvimos durante todo el resto de la semana incontables encuentros, en los que además lo enseñe a como acariciar a una mujer, que cosas decir, a mamar coños, y hasta a que me diera por el culo. El último día de Efraín en el apartamento de Jorge, los dos me hicieron una encerrona. Ese día yo estaba colocada sobre Efraín cuando apareció Jorge en la habitación, sin nada de ropa encima, y con su miembro completamente erecto entre sus dedos, sin perder nada de tiempo me ha enculado, en los mismos instantes en que yo cabalgaba sobre la verga de su hermanito, me vi entre ese par de hombres jóvenes, y con sus vergas metidas por completo dentro de mi coño y mi ano, durante un buen rato los dos me hicieron sentir en la gloria, luego me han puesto a mamar, hasta que ya no les quedó nada. Cuando finalmente Efraín regresó a su hogar, Jorge estaba de lo más contento con mi labor, ya que su hermano todas las noches le contaba lo que él y yo habíamos realizado durante el día.

Hoy en día mantengo mis relaciones con Jorge, su hermano espero que regrese pronto, en cuanto a mi esposo, el pobre si supiera, de seguro se lavaría la boca con lejía, con lo machista que es el pobre. En ciertas ocasiones me siento algo mal por lo que hecho, pero cuando me pongo a pensar las muchas veces que mi marido me ha dejado mirando el techo comp

letamente insatisfecha, cambio de manera de pensar. Además Jorge me ha presentado una nueva empleada, una chica bien joven y bella, a la que me asignó como mi nueva entrenadora personal, y creo que vamos a ser muy buenas amigas, ya que me mira de una forma tan especial, que me pone nerviosa.

Atentamente Narrador.

Autor: Narrador

narrador ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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