Otra historia del siglo XXIII (III)

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También hay mujeres robots iguales (y en algunas cosas mejores) que las reales

Lo que ninguno de nosotros sabía es que en ese momento había sonado el timbre del departamento. El otro robot, Dora, atendió a Ximena, que llegaba imprevistamente a visitarme. Mi novia le preguntó por mí y Dora, que no tenía una programación para comprender la situación que había en ese momento, le indicó mecánicamente que yo estaba en mi dormitorio, y hacia allí se dirigió Ximena.

Abrió la puerta y entró, diciendo –Mi amor, vine a… – y se interrumpió al ver a Jorge, acostado, con Valeria en cuatro patas entre sus piernas haciéndole una chupada impresionante y a mí, de rodillas detrás de ella, penetrándola lentamente.

Todos miramos hacia ella, que quedó petrificada en la puerta, sin saber que decir. Hubo unos segundos de un tenso silencio.

Mi relación con Ximena era muy convencional. Nos amamos y nuestra vida sexual es placentera y sin locuras. Hacemos el amor y lo disfrutamos y nunca dijimos nada de querer experiencias nuevas ni nada de eso, por lo que la visión de encontrarme en medio de una orgía le debe de haber resultado tan extraña que no pudo reaccionar de inmediato.

Valeria saco de su boca la verga de Jorge y retirándose un poco de mí, hizo que yo me saliera de su interior.

Se sentó al borde de la cama y con las piernas juntas y tapándose levemente los pechos con una mano, dijo: – Ximena, no es lo que parece. Néstor no te está siendo infiel. Yo soy un robot.

– S…si – dijo mi novia con un susurro.

– Soy una máquina. – insistió Valeria – No soy una mujer real.

Ximena no salía de su asombro. La escena realmente la había golpeado brutalmente.

– Es como si Néstor se masturbara – insistió ella Ximena asintió mecánicamente con la cabeza.

– Ahora que estás tu – prosiguió Valeria – él puede seguir contigo porque ya no me necesita.

Valeria se puso de pie y se acercó a ella, tomándola de la mano y acercándola a la cama. Jorge se acomodó sobre el otro lado, con la verga levemente caída, mientras que la mía estaba definitivamente desinflada.

Valeria la comenzó a desvestir a Ximena, quitándole la chaqueta que traía, desabotonando la blusa y dejándola con los senos sólo cubiertos por el sostén.

Luego desabrochó su falda y la bajó hasta sus pies. Ximena se dejaba hacer sin reaccionar, pero a través del sostén yo podía percibir los pezones y me daba cuenta que estaban paraditos. La idea se me abrió paso en la mente: mi novia estaba excitada, lo que me dejó más tranquilo ya que mi primer pensamiento al verla fue que me abandonaría sin más trámite.

Sólo con la ropa interior, se sentó en la cama a impulsos de Valeria, la que le desabrochó el sostén dejando sus pechos desnudos a la vista de todos. Estiró su mano hacia mí y me acercó a ella. Acerqué mi cara a la suya y la besé en los labios. Al principio no reaccionó, pero luego de unos segundos sus labios también colaboraron en el beso, hasta que su lengua y la mía se acariciaban profundamente.

Valeria y Jorge nos miraban desde el costado y en un momento en que miré hacia ellos, vi que Jorge estaba nuevamente excitado. Valeria le empezó a acariciar la verga y a besarlo, mientras que él no perdía detalle de lo que Ximena y yo hacíamos.

Empecé a chuparle los pezones y ella se abrazaba con fuerza a mí, cerrando los ojos y dejándose ir en la excitación.

Con una mano empecé a bajarle la bikini que tenía y a acariciarle la concha, que poco a poco se fue humedeciendo más y más. Ximena me acariciaba la cabeza con una mano mientras que la otra se dirigió a mi virilidad, ahora también totalmente recuperada y empezaba a masturbarme lentamente, acariciándome con delicadeza.

De a poco se fue recostando en la cama, y yo fui acostándome sobre ella, hasta que ella misma guió mi verga a su concha, para que la penetrara, cosa que yo hice con lentitud, ayudado por la humedad que salía de su interior y la propia humedad que tenía yo, producto de los jugos vaginales de Valeria.

Comencé a metérsela con lentitud al principio para ir cada vez más rápido. Ximena alcanzó un orgasmo casi de inmediato. Sus dedos me arañ

aban la espalda y sus piernas se enroscaron en mis nalgas, como para no permitirme que me saliera, cosa que ni se me pasaba por la cabeza hacer.

Mientras, a nuestro lado, a apenas veinte centímetros, Jorge estaba de espaldas en la cama, con Valeria cabalgándolo, entrando su verga profundamente en el interior de la robot, que suspiraba con evidentes signos de excitación, si es que podía sentir eso. De pronto ella aceleró sus movimientos arqueando su cuerpo hacia atrás, con los que sus pechos, acariciados por Jorge, se levantaron, y gimió largamente, a la vez que movía sus caderas con mayor fuerza. Esto hizo que Jorge también gimiera y llegara al orgasmo junto con ella.

Por su parte, Ximena estaba descontrolada, en pocos minutos alcanzó un segundo orgasmo, gimiendo sin control.

– Clavame, clavame más, por favor – decía una Ximena desconocida para mí, ya que siempre había sido muy tranquila y no hablaba mucho cuando hacíamos el amor.

Acabó por tercera vez gritando de placer, yo, mientras tanto, seguía entrando y saliendo de su concha, absolutamente empapada por su excitación.

Paré mis movimientos un momento, y ella, mirándome a los ojos me preguntó.

– ¿Me querés? – Muchísimo – respondí, moviéndome lentamente dentro de ella – No quise… No sé que me pasó…

– No importa – me cortó – ¿Te excitó? – Si. No me pude contener.

Ximena miró al costado a Jorge y Valeria que seguían abrazados, mientras nos miraban a nosotros. Realmente es muy excitante ver a otras dos personas cogiendo a tu lado. – Tu novio es muy buen amante – dijo Valeria.

Mi novia sonrió con algo de orgullo y asintió con la cabeza.

– ¿Me dejas seguir con él? Ximena me miró y preguntó -¿querés seguir con ella? Yo estaba algo avergonzado, pero no pude mentirle y moví la cabeza diciendo que si.

Se movió debajo de mí, haciendo que se saliera mi verga de su concha y le dijo a Valeria.

–Veni.

Valeria salió de encima de Jorge y se acostó a su lado, abriéndose de piernas e invitándome a acercarme. La besé en los labios y ella fue empujando mi cabeza hacia abajo, Pasé mis labios por sus pechos, chupando sus pezones y me siguió empujando. Lamí su ombligo y fui llegando, ya por mi propia voluntad a su entrepierna. Su pubis tenia apenas un vello como pelusa. Era de una suavidad extrema. Le pasé la lengua con delicadeza hasta llegar a sus labios. Los separé con los dedos y comencé chuparle la concha, acariciando con la lengua su clítoris. De a poco ella comenzó a suspirar, hasta que arqueó sus caderas hacia arriba, haciendo que mi cara se enterrara en su concha, gimiendo en otro orgasmo.

Después de esto comencé a subir con mis labios por su cuerpo.

A su izquierda, Jorge nos miraba, acariciándose la verga que empezaba a dar muestras de recuperación luego de la acabada con Valeria. A su derecha, Ximena nos observaba con una expresión de excitación en el rostro y una sonrisa en los labios.

Volví a chupar las tetas de la robot y luego me incorporé, poniendo mis rodillas a cada lado de ella, apuntando mi verga durísima hacia su cara.

Valeria la tomó con los labios y la empezó a chupar, tan magistralmente como antes. Sus labios me apretaban, su lengua me acariciaba y yo me movía entrando y saliendo de su boca.

Jorge seguía acariciándose la verga, aun sin que se le parara del todo y Ximena… No podía creer lo que veía. Ximena se estaba acariciando la concha con dos dedos, masturbándose lentamente mientras miraba a Valeria como me la chupaba.

La robot se sacó la verga de la boca y me dijo – Tu novia está excitada de nuevo.

Yo sonreí y asentí con la cabeza.

– ¿La dejás ir con Jorge? Esto me sorprendió y rápidamente respondí que no, pero me traicionó la verga, que pegó un salto de excitación.

Nunca me había pasado por la mente que mi novia se encamara con otro, mucho menos con mi amigo y muchísimo menos delante mío, pero esa idea ahora parecía hasta lógica, dada la situación.

– Te excita la idea – continuó Valeria, mientras me la acariciaba y le daba besitos en el glande, morado de calentura.

Yo al miré a Ximena y vi en ella un brillo de excitación y temor, pero no dijo nada.

– Jorge – dijo la robot – ¿querés clavarte a la novia de Néstor? – Me encantaría – dijo él.

– ¿La dejás ir, Néstor? Miré a

Ximena que se seguía masturbando despacito y le pregunté: – ¿Vos querés ir? – Sólo si vos querés – me dijo ella mordiéndose el labio inferior, sin retirar sus dedos de la concha.

– ¿Querés? – me preguntó Valeria.

Sin poderme contener moví la cabeza afirmativamente, pero Ximena no se movió.

– ¡Pedíselo! – me ordenó suavemente la robot.

Yo no sabía que hacer, hasta que sentí los labios de Valeria apretar mi verga y me decidió.

– Ximena, ¿estás caliente?.

– Si – me dijo con la respiración agitada.

– Acostate con él, entonces – le pedí, derribando las pocas barreras que me quedaban.

Ximena se levantó, me besó en los labios, lentamente, escarbando con su lengua en mi boca, y pasando por detrás de mí y sobre las piernas de Valeria, se acercó a Jorge, que seguía con la verga en la mano, pero ahora ya definitivamente parada. Ella alargó su mano hacia allí y la tomó suavemente, comenzando a acariciarlo.

Poco a poco, fue bajando su cabeza, hasta que cerrando los ojos se la metió en la boca y empezó a chuparla.

Por mi parte, no podía creer lo que veía. Mi novia se la estaba chupando a mi amigo y encima yo lo estaba disfrutando, en tanto Valeria comenzó a chuparme con más ganas.

La cabeza de Ximena subía y bajaba, tragándose toda la verga de Jorge, mientras que la boca de Valeria me enloquecía de placer a mí, que no podía despegar la vista de mi novia.

Debemos haber estado unos quince minutos así, hasta que los labios de Ximena soltaron el miembro de mi amigo y se montó sobre él, dejándose caer de un golpe sobre su verga y clavándola totalmente en su concha, comenzando a subir y bajar, con un sonido escandaloso de chapoteo. Evidentemente estaba mojadísima de excitación.

Cuando comenzó este polvo entre mi amigo y mi novia, Valeria dejó de chuparme, pero me daba pequeños besitos en la cabeza de la verga y me acariciaba con suavidad, evitando que yo llegara al orgasmo.

De pronto se movió y me hizo bajar de su pecho, arrodillándose al lado de ellos. Tomó mi mano y la llevó hasta las nalgas de Ximena, por lo que comencé a acariciarlas. Ella se volteó a verme y estiró su cara hacia mí, fundiéndonos en un beso de lengua impresionante, mientras seguía cabalgando sobre la verga de Jorge.

Cuando nos soltamos, Valeria le puso una mano sobre la espalda, acariciándola y empujándola para que se acostara sobre Jorge. Fue evidente para todos el estremecimiento de ella al sentir el contacto de la mano de la robot, y se dejó hacer, recostándose sobre mi amigo y dejando su culo al aire.

– ¡Que linda cola que tiene! – me dijo Valeria.

Yo asentí mientras se la seguía acariciando, pasando mis dedos por entre sus nalgas y acariciando su culito.

– ¿Te la dio alguna vez? – preguntó.

– No- respondí – nunca.

– ¿Te gustaría clavársela por el culito?.

– Si – dije en un susurro – mucho.

– Ximena, ¿lo dejás a Néstor que te la ponga por atrás? Ximena la miró con expresión de susto que desapareció casi de inmediato para reflejar excitación.

– ¿Le vas a dar la colita a tu novio? – insistió Valeria.

Ella me miró y murmuró – si.

Unas pocas veces yo se lo había pedido, pero ella nunca había aceptado y ahora, de pronto, me lo estaba entregando. Me puse de rodillas detrás de ella y ayudado por Valeria, que me la mojó con su saliva y luego dejó caer un poco en el agujerito de Ximena, empecé a empujar con suavidad.

Al principio me costó, pero de pronto entró un poquito, arrancándole un gemido a Ximena. Empujé otro poco, mientras ella se movía lentamente con la verga de Jorge en su concha.

Poco a poco, con quejidos de su parte y pidiéndome que fuera despacito, que le dolía un poco, mi verga fue entrando, hasta que quedé totalmente dentro de su culo, que me apretaba tremendamente, al tiempo que sentía el movimiento de la verga de Jorge del otro lado.

Así nos fuimos moviendo, haciendo una doble penetración impresionante mientras Valeria se masturbaba a nuestro lado, recibiendo las caricias de Jorge en una teta y las mías en la otra, en tanto que mi otra mano acariciaba los pechos de Ximena, que rozaba con sus pezones el pecho de Jorge.

Ximena no podía ocultar la excitación que tenía y a los pocos segundos de estar penetrada por ambos, se fue en un orgasmo impres

ionante. Seguimos cogiéndola entre los dos hasta hacerla acabar otra vez y ese segundo orgasmo precipitó el de Jorge, que levantó las caderas para llegar más profundamente al tiempo que descargaba su leche dentro de mi novia. El orgasmo combinado de ellos me llevó a mí a acabar también dentro del culo de Ximena, quedando los tres desfallecidos, ella sobre Jorge y yo sobre ella.

Así quedamos uno o dos minutos, agitados, hasta que yo me salí de su culito recién desvirgado y ella se dejó caer al lado de Jorge, respirando agitada.

Mientras, Valeria estaba aun acariciándose la vagina, con cara de viciosa, mirándonos.

Después de esto, yo me senté a los pies de mi novia, mirando su cuerpo desnudo al lado del de mi amigo y a Valera de costado a su lado, con la cabeza apoyada en una mano, semiincorporada en la cama.

– ¿Le gustó, Señor Néstor? – me preguntó sonriendo con picardía.

– Fue sensacional – dije yo.

– ¿Y a usted, Señor Jorge? – También – dijo mi amigo con una sonrisa satisfecha.

– ¿Y usted, Señorita Ximena? – le preguntó apoyando su mano en el brazo de mi novia, que tuvo un estremecimiento – ¿Lo disfrutó también?.

– Si, nunca pensé hacer algo así.

– ¿Estás satisfecha? – Si, supongo que si – dijo ella – acabé un montón de veces… – y se interrumpió.

– ¿Pero? – No, nada… Está bien.

La mano de Valeria recorrió el brazo de Ximena, que se volvió a estremecer.

– ¿Te molesta que te toque? – N… no, claro que… no – respondió con nerviosismo Ximena.

– ¿Te gusta?

Continuará…

Autor: Mikaela Fuell

mikaelafuell ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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