PEQUEÑA HISTORIA

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Hola, mi nombre es Rosa, tengo 36 años y después de darle muchas vueltas quiero contaros una pequeña historia que comparada con las que he leído quizás no os guste demasiado, pero que a mí me pareció muy excitante y morbosa.

Estoy casada desde hace 12 años y tengo una hija de 7 y la vida con mi marido es buena en todos los sentidos. Hay un amigo de mis suegros de nombre Víctor que actualmente tiene 60 años y que más que un amigo es prácticamente de la familia.

Víctor tiene como hobby la pintura, hace unos paisajes estupendos que incluso ha llegado a vender, y tanto a José (mi marido) como a mí nos encanta su obra. El caso es que una tarde después de comer mientras hacíamos la sobremesa con mis suegros y Víctor, éste nos comentó que por primera vez se había decidido a hacer un retrato tomando como modelo una lámina que le habían facilitado en una academia especializada, pero que tenía muchos problemas con las proporciones de la modelo ya que no acababa de cogerle la medida.

Yo estaba prestando atención a sus palabras, pero no demasiado ya que estaba en otra conversación con mi suegra, pero en un momento oí que José le decía: – Si te parece se lo puedo comentar a Rosa para que te pase las medidas de su cuerpo y así puedes hacerte una idea más precisa del volumen.

Se me heló la sangre ¿Qué estaba diciendo mi marido? ¿Qué hiciera de modelo? Supongo que se dieron cuenta de mi cara porque el propio Víctor salió rápido diciendo que hombre si no era demasiado pedir, no era necesario que hiciera de modelo porque esta ya la tenía (en lámina), pero que lo de las medidas le iría muy bien.

Aquello me tranquilizó un poco y cuando mi marido se dirigió a mi para "oficializar" la propuesta le dije que de acuerdo pero que no sabía como hacerlo. Fue el propio Víctor el que nos dio la solución y esta consistía en que el haría un boceto y mi marido iría tomándome las medidas que él le fuera pidiendo y que iría anotando y luego las pasaría al dibujo.

No nos pareció mala idea y le dijimos que de acuerdo que cuando quisiera ya que estábamos de vacaciones. Así quedamos para la mañana siguiente. A partir de ese momento mi mente no paró un momento.

He de reconocer que Víctor nunca me había parecido guapo ni tan siquiera cuidado, pero el hecho de pensar que iba a estar mirándome, vestida pensaba yo, me producía un cierto grado de excitación, y para colmo mi marido parecía estar encantado con la idea.

A la mañana siguiente se presentó en casa y después de un café pasamos a la acción. Yo llevaba una falda por la rodilla y una camiseta y así me planté en mitad del comedor delante del sofá donde se encontraban ellos dos. Víctor había traído una cinta métrica y le dijo a mi marido: – Tómale la medida desde el tobillo hasta la rodilla.

Así lo hizo y pensad que soy tonta, pero la cosa me estaba gustando.

Una vez tomada esta Víctor le dijo a mi marido que debería tomar la medida desde la rodilla hasta la cintura…..en fin, imaginadme de pie en mitad del comedor y mi marido tratando de tomar medida por debajo de mi falda….

La situación era complicada por lo que fue el propio José el que me dijo: – Cielo, porque no te estiras en el suelo y así será más fácil tomar medidas y podré ver exactamente donde empiezo a tomar medidas porque así de pie es muy difícil.

En ese momento me pareció ver un brillo especial en los ojos de los dos hombres, la situación era embarazosa, pero bueno, pensé que sería como estar en la playa que habíamos ido juntos infinidad de veces. Me estiré en el suelo y Víctor le pidió a mi marido que tomara exactamente la medida desde la rodilla hasta la ingle, que luego ya seguiría.

José me cogió la falda y me la subió hasta la cintura dejando ver mis bragas que sin ser tanga eran bastante pequeñas y desgastadas ya que yo pensaba que no las tendría que ense&

ntilde;ar. Fue el propio José el que dijo: – Cielo, abre un poco las piernas que pueda tomar bien la medida, Víctor mientras tanto no quitaba ojo de la escenita.

En ese momento notar las manos de mi marido en el borde de mi braga y ante los ojos de Víctor hizo que me mojara un poco, pero estaba muy nerviosa. Víctor, consciente de la situación para romper el hielo dijo que: – Rosa, estás guapísima y no sabes como te agradezco lo que estás haciendo por mi obra, sin ti esto no hubiera funcionado.

Mi marido le dio la medida, pero Víctor le dijo que tenía que subir un poco más la cinta, que había visto que no lo hacía hasta arriba. José repitió la operación y Víctor le dijo que le dejara hacer a él. Dios, esto ya era demasiado… ¡y José no decía nada!

Se puso de rodillas delante de mí y tomando la cinta la apoyó desde la rodilla hasta mis ingles justo al lado de mi coñito. Como os he dicho mis bragas eran bastante pequeñas y se me escapaba por los lados algún vello que Víctor acarició sin que mi marido se diera cuenta. Fue el propio José el que riendo se acercó y dijo: Rosa cielo, ¡que se escapan los "pelillos"!

Yo estaba roja como un tomate, y fue Víctor el que dijo, calla José es lo más bonito que puede enseñar una mujer, natural, natural y diciendo esto aprovechando que mi marido se había girado puso su mano sobre mis bragas…

Autor: A Leonius

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Escrito por Marqueze

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