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El sexo BDSM demuestra que existen muchas formas posibles de acceder al placer y el apartado de dominación femenina y lésbica facilita el poner al alcance de todos, aquellos relatos eróticos que al darse entre mujeres y bajo los parámetros de una temática rodeada tanto de curiosidad como de tabú se consolidan como una fórmula exitosa para desprenderse, aunque sea solo en la imaginación de las prácticas sexuales tradicionales que a muchos poco a poco han dejado de motivar.

Aunque no siempre estos encuentros se dan de la misma manera como lo proponen cintas de tanto alcance entre el público como la del Señor Grey y Anastasia, se trata de un universo alternativo en el que se crean los espacios para la conjugación del Bondage y Disciplina, la Dominación y Sumisión, el Sadismo y el Masoquismo; todo obviamente desde lo consensuado, pues para que existe un disfrute de por medio, las participantes deben estar dispuestas y obviamente desearlo.

La adrenalina sexual del BDSM lésbico

Zapatillas, paletas de madera, fustas, ataduras y en general toda clase de accesorios forman parte de lo que algunos asumen como juego de roles altamente adictivos a causa de las emociones que provocan y el despliegue de sensaciones provenientes muchas veces de la humillación o del afán de simplemente complacer.

Con diversos blogs y sitios porno dedicados a esta categoría, la verdad es que la opción de emplear estas narraciones eróticas para construir fantasías lésbicas BDSM puede ser algo sumamente tentador que fácilmente consigue marcar la pauta para atreverse a ir un poco más allá y llevar todo esto al plano de la realidad. La adrenalina que suele acompañar el sumergirse en lo desconocido y en lo que históricamente ha sigo juzgado como impropio, adiciona ese aire llamativo y lujurioso que se hace tan imposible de ignorar.

La delgada línea entre el placer y el dolor

Este es uno de los aspectos que precisamente impulsa al BDSM en cualquiera de sus formas a generar una gran prevención, pues en apariencia, la contundencia de los movimientos que se ejecutan tendría que producir más dolor e incomodidad que placer, sin embargo, las cosas no son así ya que tras de una negociación previa el sometimiento que de alguna forma pudiese llegar se consolida como una abrumadora mezcla de sensaciones con las características necesarias para llevar a la cúspide.

Un lenguaje propio y ciertos códigos de seguridad son indispensables para que experimentar estos juegos no sea algo negativo. Asumiendo el BDSM como una cultura opcional bastante excitante, sumar lo erótico que resulta el encuentro sexual entre dos mujeres definitivamente es mas que suficiente para desencadenar aquellas bajas pasiones que suelen mantenerse adormecidas por los afanes propios de la vida diaria y que tal y como lo revelan estas historias pueden vivirse en el momento menos pensado.