SEXO EN GRANADA V. El bus de Malaga

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Corría la primera semana de diciembre y se presentaba un finde realmente largo. Para empezarlo bien decidí junto con unos compañeros de clase ir a Málaga, a un encuentro social juvenil rollo progre& Llegamos el viernes por la tarde/noche después de un par de horitas en el bus, que resultaron bastante interesantes. El grupo lo formábamos dos chicos, Jesse y yo, y tres chicas; íbamos sentados en la parte de atrás, los dos chicos en la esquina derecha, pero no pasó nada entre nosotros ya que las chicas estaban demasiado cerca, no por falta de ganas. Jesse es el típico chico que me gusta: con pelo largo, barbita, siempre sonriendo, delgadito, bohemio, un poco loco& Es estadounidense de origen mejicano y el mestizaje de sus rasgos lo hace muy deseable.

Nada más llegar dejamos las mochilas en un piso del centro y fuimos al campus para el acto de apertura. Al salir la lluvia se había hecho más que intensa y volvimos a casa completamente calados. Era impensable salir esa noche, el agua no permitía ver a más de medio metro, así que nos quedamos en casa. Ahora ya éramos seis, otro chico, y la cosa pintaba muy bien, nada más llegar nos despelotamos todos en el salón para ponernos ropa seca. Nos tomamos unos cuantos litros de cerveza, algún sándwich, y unas horitas después llegó el momento de repartir las camas, había dos y un sofá cama. El otro chico y una de mis amigas fueron al dormitorio principal, las chicas al cuarto de invitados y Jesse y yo nos quedamos en la sala. Desplegamos la cama; seguimos compartiendo un porro bajo las sábanas y haciendo zapping por los canales locales, que a esas horas tienen una programación bastante homogénea ─jeje─: porno y contactos por móvil.

Empecé a leer los mensajitos en voz alta, eran más excitantes que las escenas. Jesse sólo sonreía, me pasó el porro, pero no lo quise,

-Tengo las manos ocupadas

Una mano sujetaba el mando de la tele y la otra mi polla, que estaba empezando a ponerse muy dura. Me pajeaba despacito, no se apreciaba desde arriba.

-Empieza a hacer calor, ¿te parece si bajamos la calefacción? -No quiero levantarme, ¿y si quitamos la manta? -¿Tú crees?

Mi compi de cama descorrió las tapijas y ahora sí se notaba que me estaba pajeando, él sonrió y metió la mano en su bóxer mientras me miraba de soslayo. Mi calentura, como la espuma en una copa de cava, subía ve del baño y regresaba a su habitación. Cuando se cerró la puerta de nuevo, retomé la masturbación; no había dejado de tocarme, mi polla seguía dura y Jesse la tomó entre sus dedos otra vez, me pajeó súper rápido y me corrí en sus manos tras apenas unos movimientos, eso sí, deliciosos. Qué caliente estaba, él acabó conmigo y nos dormimos pronto. A la mañana siguiente cuando me desperté Jesse ya no estaba en la cama. Nos levantamos todos y fuimos a Teatinos para asistir a algunas conferencias, comimos allí en un puesto de comida uruguaya, había un chiquito, ¡ummm!, para comérselo, pero claro no pasó nada. Por la tarde volvimos al centro, una duchita y llegamos tarde al concierto. Cantante masculino, toda la orquesta chicos: el escenario lleno de mulatos de torso desnudo y sudoroso y yo& yo acabé en primera fila y babeando.

Pero esta no es la historia de esta historia. Al día siguiente, y con la calentura acumulada, a las dos de la tarde tomé el bus para irme a mi ciudad los días que quedaban antes de volver a Granada y a las clases.

Ahora viajaba solo, bastante aburrido y resacoso. Hacia la mitad del trayecto o poco más, el bus para unos 20 minutos en un bar de carretera de un pueblo pequeñito, no recuerdo el nombre. Había comido unos donuts en el viaje, entré al servicio un momento y bajé a la playa para llamar por teléfono a mi niño, que no es mi novio, para avisarle de mi llegada. Arriba junto al autobús había un joven japonés con una cámara fotográfica. Hasta ahí nada raro, es un topicazo. Lo que me llamó la atención es que parecía como

si me estuviera fotografiando a mí, ¡qué fuerte! Lo comenté con mi amigo por el móvil, no se escuchaba muy bien, así que acabé pronto y volví al bus. Al pasar al lado del japonés sonreí y subió detrás de mí.

-Me llamó Ken ─me dijo en inglés─ ¿viajas solo?, ¿adónde vas? -Yo soy Oskar. Sí, viajo solo, ¿y tú? -Con un compañero de trabajo, se baja en la próxima parada.

Los viajeros comenzaron a volver a sus plazas y también Ken se fue a su sitio, cerca de los primeros asientos, en el lado derecho del pasillo. Yo estaba en el otro, así que podía verle perfectamente, de hecho ya le había estado observando antes. El otro japonés era un tío de unos 40 ó 45 años, calvo, con gafas de montura negra, bigote y traje gris. Ken se viró varias veces para mirarme y yo, la verdad, me estaba calentando. Ya habrás notado que no es difícil calentarme. El bus se detuvo de nuevo y Ken se quedó solo. Dejó su asiento para venir a mi lado. Hablamos algo y nos sonreímos mucho, él no dejaba de humedecer sus labios con la lengua, era muy sensual. En algo más de media hora llegamos a nuestro destino. Cuando se levantó para coger su abrigo del portaequipajes le agarré el paquete sonriéndole insinuante, Ken bajó la vista hasta encontrarse con mis ojos, miró mi bulto y de nuevo mi cara, me hizo un guiño y nos despedimos.

Salí de la estación, respiré profundamente el aire de mi tierra, tan añorada a veces. Cada vez que llego después de mucho tiempo fuera me hace sonreír encontrarme con las calles conocidas, el sol tan propio de aquí, con la certeza de saber el camino& Busqué a mi amiga que venía a recogerme, empezó a lloviznar. Parece mentira que estemos en el sur de España. No estaba, por lo menos no veía su coche. Me refugié en el vestíbulo de la estación y telefoneé a mi amiga. Llega erección de caballo. No podía más que agacharme y tragármela. El precioso falo nipón empezó a deshacerse entre mis labios, rezumaba líquidos preseminales en cantidades ingentes, sabía a ambrosía. Fue una mamada breve e intensa, para apagar la calentura acumulada del finde, pronto mi amiga vendría a buscarme. La presión del tiempo me desconcentraba de mi labor, pero la presión de su mano en mi nuca me hizo retomar el sube y bajo con renovada viveza. Ken comenzaba a respirar agitadamente y yo me excito sobremanera con esos sonidos propios del sexo apasionado. Así, yo chupaba con más ganas e irremediablemente, él gemía con más fuerza, mordiéndose el índice de su izquierda para ahogar los amagos de orgasmo que escapaban de su garganta, era un círculo vicioso cuyo predecible final se aventuraba próximo.

Aunque mi erección dolía tanto dentro del pequeño tanga negro que llevaba, me resistí a liberarla; estaba concentrado en el masaje labial que le regalaba a Ken, sus gemidos ahora entrecortados no me avisaron que se acercaba el culmen de la rica comida. El jovencito moreno de ojos rasgados regó mi lengua, cual aspersor, con la sublimidad de sus entrañas: su semen blanquísimo y de sabor exótico, lógicamente me lo comí todo. Saqué su pija de mi boca y la refregué por mi cuello y mi cara, olía riquísimo: a macho joven, a sexo, a polla hambrienta de mi hambrienta boquita.

Fuera en los lavabos se escuchaban voces, había gente y Ken no quería salir. La verdad, no importa demasiado, todos los tíos que había allí sabían de sobra lo que estaba pasando dentro. Me incorporé, le besé los labios y salí de la cabina tranquilamente, al llegar de nuevo al vestíbulo, mi teléfono sonaba, ya me estaban esperando fuera.

Ese no sería el final del finde ni de la noche, aunque el resto forma parte de otro historia.

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Autor: Oskarnomellamo oskarnomellamo ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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