SEXO EN LA SALA DE ECOGRAFOS

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Esto que te voy a contar es la historia que me ocurrió, y que todavía me está ocurriendo, con una compañera de trabajo a la que, por respeto, llamaré Ultra.

Mi profesión es auxiliar de enfermería y trabajo en un hospital, digamos que, del sur de España. Soy una persona muy extrovertida, bromista y, al parecer, algo atractivo.

Mi historia comenzó un día en el que me encontraba, como otros muchos, aseando a los pacientes de la UCI con mi compañera de turno Ultra.

Ultra es un pedazo de mujer que está como un bombón: alta, castaña oscura, ojos marrones y enormes, amplia sonrisa y un par de pechos y un culo potentísimos. Lo malo es que tiene un defecto… está casada.

Habitualmente durante el trabajo me gusta bromear con mis compañeras y les digo cosas como “Si tu quisieras y yo me dejara…”, o cuando dicen alguna cifra se la rimo como cinco con “por el culo te la hinco”, o con tres “las tetas te voy a ver”, o simplemente les hago proposiciones o declaraciones delante de los pacientes para ponerlas en un compromiso y reírnos todos un rato.

Aquel día la machaqué bastante y con una mirada sostenida y una media sonrisa le hice comprender que me alejaba un poco de las bromas para hacerle llegar proposiciones reales. Ella comprendía que me estaba moviendo en el límite y prefería hacerme ver que se las tomaba a broma. Así me estuvo dando largas hasta el momento de la tarde en que baja el trabajo.

– Venga – me dijo plantándose delante de mí sonriendo.

– Venga ¿qué?- le contesté realmente despistado. No me esperaba aquello.

– Pues que adelante con lo que me estás proponiendo. ¡Cobarde!

Yo comencé a reír a carcajadas y por un instante me quedé sopesando la situación sin saber realmente si aquello se había vuelto contra mí o si realmente debería seguir para adelante con aquello. Noté que algo que ardía me subía desde los tobillos, y algo me temblaba en la boca del estómago. Pero no fui capaz de articular palabra.

– ¿Ves? Eres muy gallito, pero a la hora de la verdad eres un verdadero gallina. Si realmente tienes huevos y no solo boquilla estarás dentro de veinte minutos en “Eco”.

“Eco” es como llamamos a la zona de los ecógrafos. Esta zona está junto a la UCI. Se accede a ella desde un pasillo muy concurrido, pero a través de unas puertas cortafuegos que pasan desapercibidas. Esta zona es muy poco transitada por las mañanas, pero por las tardes no hay nadie allí y se encuentra cerrada y apagada, solamente vamos por allí algunos que sabemos que sus aseos son los más limpios y tranquilos del hospital.

La espera fue corta pero intensa. Estuve todo el rato debatiéndome entre hacer lo correcto y dejar pasar aquello y hacer lo que me pedía el cuerpo. Al final me decidí y me dirigí a la zona de ecógrafos. Al abrir la puerta me sorprendió el contraste entre la luz y el ajetreo del pasillo y la total oscuridad y el silencio de la sala de espera de “Eco”.

Estuve un instante allí parado aguzando el oído para advertir la presencia de alguien allí y para acostumbrar mis ojos a aquella oscuridad. Allí no había nadie. Me dirigí al aseo de hombres, así al menos si me encontraba con alguien podría decir que había ido a hacer mis necesidades. Estaba convencido de que Ultra se había quedado conmigo, pero justo cuando iba a encender la luz del baño el dulce aroma de su perfume delató su presencia.

– Bueno “Gallito” ¿ahora qué?- dijo mientras emergía de la oscuridad del aseo de señoras.

– Pues que ha llegado la hora de dejar de cacarear y comenzar a picotear- contesté mientras me dejaba arrastrar por ella, que me había agarrado del pecho, hacia el interior del baño.

– ¿Sí? Pues haz el favor de apagar este fuego que llevas avivando toda la tarde porque si no vas a tener que denunciarme por acoso sexual y violación en el trabajo- y cogié

ndome del cuello me acercó a ella y comenzó a darme un beso de los que no se sueñan ni en las más húmedas noches.

Todas las dudas que albergué en un principio se disiparon de pronto y di rienda suelta a mis deseos. Yo no quería pasarme de listo porque no sabía hasta donde quería llegar ella, pero con el morreo que me estaba dando me lo dijo todo. Su lengua recorría con desesperación cada rincón de mi boca y parecía que se le iba a acabar el mundo comiéndome.

Mi pene comenzó a crecer dentro de mi pantalón y se lo hice ver apretándome contra ella.

– Has venido armado ¿no?- dijo agarrándome el paquete.

Yo aproveché la coyuntura para desabrocharle la chaqueta del uniforme. A la vista quedaron un par de melones inmensos pertrechados tras un sostén de algodón blanco que no podía ocultar la contracción de sus pezones dispuestos a romper aquel trozo de tela.

Agachándome un poco le bajé es sostén de los hombros y comencé a comerme aquellas dos delicias que desprendían un aroma que me estaba volviendo loco. Le desabroché la prenda y me restregué la cara por todos sus pechos lubricados con mi saliva. Chupé sorbí y mordí aquellos pezones casi hasta llevarme un trozo de ellos en la boca, y ella parecía gustarle cuanto más mordía, porque lanzaba unos gritos contenidos y se retorcía apretándome más contra ella.

Cuando se cansó me empujó hacia atrás, se agachó y sacó mi polla, que estaba a punto de reventar, de mi pantalón. La miró durante un instante como tomándole medidas y se la metió en la boca. Te prometo que tubo que abrirla bastante. Yo jamás me la había visto tan gorda, pero también es verdad que nunca me había encontrado en una situación tan excitante.

Estaba claro que era una experta. Al mismo tiempo que chupaba me pajeaba con las manos y succionaba como si quisiera exprimirme todo el jugo. Además de vez en cuando se la sacaba de la boca haciendo rozar sus dientes sobre mi glande como si me fuese a morder. ¡Aquello era tremendo!

Se puso de pie quitándome la chaqueta del uniforme y yo le correspondí bajándole el pantalón. Llevaba un tangazo que dejaba fuera un impresionante y suavísimo culo.

Ella comenzó a lamerme y pellizcarme los pezones (esto me vuelve loco) mientras que con la otra mano no dejaba de pajear mi polla que había dejado superescurridiza después de comérsela. Yo no quería perder el tiempo y busqué su papo. Tenía el tanga empapado. Lo eché a un lado y descubrí un precioso chochito depilado. ¡Aquello era tremendo!

Ella se abrió un poco de piernas y mis dedos entraron en su cálido y suave sexo sin esfuerzo ninguno. Lubricación no le faltaba a aquello.

Tras llevar un rato masajeándole el coño y las tetas decidí que aquella postura era un tanto incómoda. Le di la vuelta y la puse mirando al lavabo. Mirándola a través del espejo le agarré las tetas con una mano y comencé a masturbarla con la otra. Le veía la cara descompuesta de placer. Como si fuera una contorsionista echó la cabeza hacia atrás para comerme el cuello y cogió mi polla para metérsela entre los cachetes del culo.

Aquello estaba realmente bueno. Entre la lubricación de ella, que chorreaba por todas sus ranuras y su saliva en mi pene aquello se escurría y daba un gustazo tremendo.

Yo ya no aguantaba más. Tenía que follármela. De un par de embestidas le hice saber que había llegado la hora. Ella se contorsionó echando el culo más atrás para ponerme más fácil la entrada a su coño y a la tercera embestida la ensarté.

Mientras me la follaba le agitaba vigorosamente el clítoris y le apretaba las tetas observándolo todo en el espejo.

A los pocos instantes ella apretó los muslos como queriendo atrapar mi pene allí dentro para siempre y con unos jadeos noté que convulsionaba. Se estaba corriendo.

Yo lo hice de seguida. Exploté en su interior con un gustazo que no había sentido jamás.

Ella mantuvo un vaivén muy suave durante un rato y mientras recuperábamos el resuello.

– ¡Joder tío! No esperaba que llegásemos a esto jamás- me dijo muy seria.

– Bueno, esto no lo he hecho yo solito ¿eh?, que tú también tienes algo de responsabilidad.

Ella se so

nrió me besó con tremenda dulzura y me dijo –”Pues habrá que repetirlo más a menudo ¿no?”.

Después nos vestimos. Yo me quedé embobado viendo cómo ella lo hacía. ¡Tenía un cuerpazo!

Salimos de allí por separado por si nos encontrábamos a algún compañero.

El resto de la tarde la pasamos con la cara encendida por el rubor lanzándonos miradas y sonrisas cómplices y… algún que otro roce y magreo disimulado.

No sé si mi historia es buena. A esta han seguido muchas más. Si crees que la calidad es aceptable dímelo en mi correo y seguiré enviando relatos.

Autor: Tupollilla tupollilla (arroba) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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