Sexo en Tarrassa

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Una cita con un chico del chat, que resultó ser un amigo de siempre…

Bueno, para empezar les diré que esta es una historia que me ocurrió de verdad, no es algo que yo me haya inventado para pasar el rato por el simple hecho de calentarles a ustedes y de paso ponerles a cien.

Me llamo Albert y vivo en un pueblecito cerca de Barcelona, y está mal que yo lo diga, pero la verdad es que soy bastante atractivo, más que nada por que me machaco en el gimnasio unas dos horas todos los días, es una afición que tengo, y después de todo, hay cosas peores, ¿no? También hay a quien le da por leer, ver películas en blanco y negro y ese tipo de cosas.

Esta historia que les voy a contar me ocurrió no hace mucho, cuando abrieron un pequeño cybercentro cerca del instituto donde estudio FP (no lo había dicho, pero cumplí veintiún años el once de mayo del 2003), y entré por pura curiosidad, porque un amigo me había hablado de la página de Marqueze, pero en realidad aún no la había visto; ni qué decirles tiene que acabé con tal erección que le entró la risita floja a dos niñas de poco más de dieciseis años que estaban en el ordenador de al lado, pero lo cierto es que a mi no me interesaban porque eran demasiado pequeñas y porque –sinceramente- prefiero los chicos fuertes y depilados, como yo, que con la excusa de la natación aprovecho para depilarme todo el cuerpo, porque es una sensación que me encanta, poder frotarme una pierna contra la otra cuando duermo (con unos calzoncillos minúsculos, dicho sea de paso) y no sentir ni un solo pelo, es algo que me encanta, pero no hay nada que me ponga tan cachondo como hacerme la cera por todo el cuerpo, excepto en las axilas y la zona del pubis, donde prefiero utilizar la cuchilla de afeitar.

El caso es que al rato de entrar en Marqueze, decidí entrar en un chat de chicos de Barcelona: no se pueden imaginar cómo me puse, porque los muchachos que se conectaron decían cosas capaces de poner colorados a los camioneros más brutos (de nuevo las niñas del otro ordenador comenzaron a cuchichear entre ellas y a darse codazos mientras me señalan el paquete y se reían).

Las ignoré y comencé a hablar con un chaval de aquí, de Terrassa, mi pueblo, que me resultó muy simpático, además, parecía conocer todos mis gustos, porque a él también le gustaban Off Spring, que a mi me encantan, e incluso fue al último concierto de Chojín (lo mismo hasta nos cruzamos, porque yo también fui a ese concierto, pero no lo sé ni creo que lo sepa nunca.)Además, resultaba que era un año menor que yo y vivía cerca de mí, aunque no mucho, porque hacía poco que me había mudado un poco más lejos de donde estaba mi antigua casa, pero como creo que lo que a ustedes les interesa es saber de lo que hablé con badboy (porque ése era su nick), así que voy a ir al grano y dejaré los detalles que seguramente no les importen tanto.

Sin darme cuenta estuve hablando con él la mayor parte de las dos horas que me conecté. Claro que al principio no hablamos así de nada muy salido de tono, pero badboy se fue calentando, y yo también y me empezó a decir cosas increíbles, como que él también se depilaba el cuerpo, excepto una pequeña tira debajo del ombligo. Una cosa así no me la podía perder y como dejándole caer, le propuse quedar una tarde como amigos para tomar algo en un bar de ambiente de la zona centro de Barcelona. Para mi sorpresa, aceptó y nos citamos para aquel mismo fin de semana (luego caí en la cuenta de que ya había quedado con mis amigos para jugar al rol en cuanto plegase el viernes, pero los convencí para que creyeran que había quedado con una rubia espectacular y no me pusieron ninguna pega).

No sé si podrán imaginar los nervios que pasé toda aquella semana (pues lo del chat fue un martes), pero por fin llegó el viernes y allí estaba yo, a la entrada del bar, con mi camisa verde caqui (pues habíamos quedado en que para reconocernos yo llevaría una camisa verde y él unos pantalones negros con una camiseta amarilla de manga larga). Un poco después de la hora de nuestra cita – tal vez un par de minutos- lo vi aparecer de lejos, pero casi me muero cuando se acercó y le vi la cara. Resultaba que badboy no era realmente badboy, sino A, uno de mis mejores amigos (lo siento, pero ya les dije que esta historia era re

al y no quiero decir quién es A, porque luego las noticias vuelan, además, no tengo la obligación de contar mi historia con pelos y señales, porque es mi historia, ¿no?).

Cuando A se dio cuenta de que yo era el chico del chat al que había prometido lamerle los pezones también se puso un poco nervioso y casi no se atrevía a mirarme a la cara, y la verdad es que tiene unos ojos preciosos, enormes, que parecen casi de animal, como un gato o algo así; es más, todo él daba la impresión de ser un gato porque es bastante alto, y delgado, aunque más bien que delgado fibroso y con unas manos preciosas, aunque algo grandes y con unos dedos tan finos que parecían que fueran a partirse de un momento a otro, pero lo que más me gusta de A es su pelo, que es negro, pero según le de la luz, tiene reflejos rojizos y a veces dorados, si hace mucho sol, es como acariciar terciopelo, porque tiene un pelo muy suave, como el de los gatos.

Al final entramos, pero (por qué no decirlo), estaba tan nervioso que tropecé y no supe si dejarlo pasar a él primero o pasar yo, así que me quedé parado a la entrada sin saber muy bien qué hacer, hasta que A me tomó de la mano y entramos al bar. De primeras estábamos los dos bastante cortados, porque nos conocíamos de toda la vida y nunca jamás habíamos sospechado ninguno de los dos que el otro pudiera ser gay (es más, incluso más de una vez nos habíamos visto totalmente desnudos en las duchas del gimnasio sin que ninguno notase que el otro lo miraba de manera distinta a como lo hacía el resto de la gente). Fue A el que rompió el hielo y retomó la conversación por donde la habíamos retomado en el chat y me dijo que a él no le importaba en absoluto besar a otro hombre en público si lo quería de verdad (es más, me contó entre risas como una vez tuvieron que salir corriendo él y otro chico cuando se estaban besando en un parque y apareció la novia del otro chaval). A aquellas alturas, yo ya no sabía si levantarme, irme y no volver a mirarle a la cara hasta el día del juicio final por la tarde a última hora o tirarme a su cuello y comerle la boca como nunca se la había comido a nadie ( y lo cierto es que nunca se la había comido a ningún chico, ni siquiera a ninguna chica, porque nunca he tenido novia, sòlo he tonteado sin llegar a nada más con un par de chavalas del instituto, porque la gente enseguida empezaba a murmurar y corrían rumores de que era muy raro que nunca hubiese tenido novia). Creo que A se dio cuenta, porque me dijo que me veía incómodo, que si prefería que fuésemos a otro sitio donde hubiera menos gente, y sin decir nada, me levanté y vi como también él se levantaba y echaba a andar hacia la puerta sin soltarme la mano. El tío que había en la barra me miró como diciendo "qué morro tienes, que entras con tu novio y no tomáis nada", pero A se acercó a la barra y le dijo algo así como "Jordi, perdona, nos tenemos que ir ya… es que se ha empezado a sentir mal… ya sabes… en fin, otro día vendremos…" El tal Jordi ése puso entonces cara de decir, "no te preocupes, lo entiendo" y fue cuando me di cuenta que no era la primera vez que A entraba en un bar de ambiente.

Parecía mentira que se hubiese hecho de noche tan temprano, y eso que era verano, porque ya había oscurecido cuando salimos, apenas veinte minutos después de haber entrado. Hacía un calor horrible y me entraron las ganas de tomar algo frío. A me invitó a ir a su casa a tomar una cerveza, aunque como sabía que yo no bebo, me dijo que ya buscaría algo para mi. A mi me dio un vértigo enorme cuando dijo de ir a su casa, porque ya me imaginaba cómo podía acabar mi primera aventura con otro chico, que aunque fuera uno de mis amigos de toda la vida, no dejaba de ser un tío. En aquel momento lo vi como un extraño, pero entonces A hizo algo tan simple como besarme con lengua, pero a mi me pareció que se me paraba el corazón y el mundo entero con el universo empezaba a dar vueltas a mi alrededor, más rápido a cada vuelta que daba.

Después de subir al metro volvimos a Terrassa en poco rato y llegamos a su casa. Me hizo gracia que nada más entrar A se descalzase y dejase las bambas tiradas ahí en mitad de la entrada, así que yo hice lo mismo.

A me hizo una señal para que me acercase, y fui hacia él; al pasar junto al interruptor iba a encenderlo, pero me agarró la m

ano y con la que le quedaba libre me agarró por la cabeza y me besó, metiéndome la lengua hasta el fondo de la garganta. Por un momento creí que me ahogaba, pero me gustó y yo también le acaricié su lengua con la mía y le pasaba las manos por el pelo. Se apartó y se puso de espaldas a mi; empezó a desabrocharme la camisa mientras me mordisqueaba el lóbulo de la oreja y yo le dejaba hacer, porque aquella situación me excitaba y ya no dudé que quería, que deseaba, que necesitaba que A me hiciese suyo. Cuando volvió a estar frente a mi ya se había quitado la camiseta y estaba empezando a desabrocharse la cremallera. De repente me arrodillé y puse mis manos sobre las suyas para ayudarle. Cuando acabé de desabrocharle la cremallera me di cuenta de que no llevaba nada debajo, y metí mi mano por dentro de sus pantalones. La verdad es que no podría explicar muy bien lo que palpé porque estaba tan nervioso que no supe hacer otra cosa que frotar mi mano arriba y abajo por el espacio tan pequeño que dejaba la bragueta, pero A estaba disfrutando y yo me derretía por hacer lo que tantas veces había imaginado en mis fantasías: estaba de rodillas delante de un hombre, metiéndole la mano por la bragueta, tocando su rabo. Me apartó suavemente y acabó de quitarse los pantalones: era la primera vez que lo podía ver desnudo, entregándose totalmente a mi (lo del gimnasio no eran más que miradas furtivas a un cuerpo lacio para el que yo no significaba nada); pude ver que temblaba mientras fue al cuarto de baño con la excusa de limpiarse porque decía que estaba sudando. Vi que tenía un culo perfecto, que era un escándalo.

Mientras llegaba me fui desnudando, y al quitarme la camisa que A ya me había desabrochado noté que mis pezones habían crecido hasta tener casi el doble de su tamaño natural. Me quité los calcetines, pero el suelo estaba frío y lo sentí bajo mis pies desnudos. Me levanté para quitarme los pantalones, y mientras estaba dudando si quitarme o no los gayumbos (unos elásticos negros que me llegaban hasta la mitad del muslo) A salió del cuarto de baño. Parecía un dios, y me di cuenta de que no estaba tan delgado como aparentaba, sino que tenía todos los músculos dibujados con un relieve tan fino como el de las monedas. No me había mentido, no tenía ni un solo pelo de las patillas hacia abajo, salvo la fina línea de pelo negro, rizado y suave desde la base del pene hasta un poco más abajo del ombligo, al comienzo de la cintura. Tenía unas caderas preciosas, con un pequeño hueso muy marcado en la parte más ancha.

Sin darme cuenta, me había tumbado en el sofá (un sofá de skay horrible, de color azul añil imitando piel, pero en aquel momento ni siquiera me fije en el sofá)y le sonreía.

A también sonreía y caminó despacio hasta llegar a mi altura, se acercó, y sin decir nada, comenzó a acariciarme el cuerpo y a lamerme. Se tumbó encima mía totalmente desnudo y llegó con su lengua hasta mi pezón izquierdo; a mi me pareció que aquella lengua era de fuego, porque me abrasó y me encendió por dentro. Empecé a sentir cosas que nunca había sentido, me olvidé del tiempo y del espacio, y dejé de ser yo mismo para convertirme en un solo ser con A: una animal con cuatro piernas, cuatro brazos y dos bocas que buscaba el placer a cualquier precio, sin importarle para nada lo que pensase o dijese el resto del mundo.

Lentamente trepó por mi cuerpo hasta que se sentó sobre mi cuello y me puso su verga a la altura de los ojos y la boca. Era más de lo que nunca había podido imaginar en mis sueños más locos; una polla magníficamente formada, con un glande redondeado y apetitoso de color casi morado. Nunca le había visto su pollón en erección, y menos tan cerca, pero creo que mediría unos 20cm más o menos. Con un pequeño empujón me la acercó a los labios y yo abrí la boca para recibirla. Lo primero que pensé era que me iba a asfixiar, pero comenzó a jugar a meterla y sacarla cada vez más rápido, bailando sobre mi cuello, mientras me pasaba las piernas por todo el cuerpo. Sabía dulce y la exploré con mi lengua, lo que hizo que A gimiese y acelerase el ritmo. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero noté que cada vez gritaba más fuerte, y que se movía más y más rápido, empujando m&

aacute;s fuerte a cada acometida, hundiéndome el cielo de la boca, hasta que rompió en una erupción que me llenó toda la boca de semen dulce y caliente que se me escapaba labios abajo. A desmontó de mi cuello y me lamió los labios con su lengua para recoger el néctar que salía de mi boca, y me volvió a besar tan fuertemente, tan largamente como antes.

Le vi separarse de mi y bajar hasta abrazarse a mis rodillas para besarme por encima de los calzoncillos, lamerme y acariciarme. Muy despacio A los fue bajando hasta que sacó toda mi polla, y , qué quieren que les diga, las comparaciones son odiosas: después de ver el monstruo que guardaba mi amigo, me daba hasta vergüenza que A me viera la trompa, porque así –entre ustedes y yo- yo no es que sea un fenómeno de la naturaleza, ya entienden qué quiero decir. Pero a A no parecía importarle, porque se la metió en la boca sin pensárselo dos veces, chupándola, sacándola, mordiéndola, jugando con ella. Sospecho que no era la primera vez que lo hacía. A mi se me estaba empezando a secar la boca, e incluso llegué a marearme porque estaba de pie, pero no mucho, porque la verdad era que estaba disfrutando, sobre todo cuando volvía la cara y me miraba como para que le confirmase que lo estaba haciendo bien, pero yo no sabía que decirle, y lo único que hacía era acariciarle el pelo y decirle cosas del estilo "sigue así, no pares, sigue, me gusta, qué bien lo haces,…" y otras gilipolleces por el estilo, así que seguro que pensó que yo era subnormal o me faltaba muy poquito para serlo. (como decía aquella: "a Dios pongo por testigo de que jamás, jamás, volveré a reírme de los diálogos de las películas porno") No supe aguantarle, ni pude decirle que me iba a correr, así que le di de lleno en mitad de la cara un manguerazo de leche caliente, pero creo que le gustó, porque empezó a recogerlo con los dedos y a pasárselo por la cara y la boca. Entonces me dijo que me diese la vuelta.

Cuando me di la vuelta acabó de bajarme los gayumbos, dándome un cachetito en el culo. De repente noté algo húmedo en el ano ¡me estaba metiendo un dedo pringado de mi propio semen! Aquello me encendió y me puse como una auténtica puta a cuatro patas, pidiéndole que me metiera las dos manos enteras si hacía falta (creo que en ese momento fue cuando se convenció de que, efectivamente, yo era subnormal, pero no sé qué me pasó, en aquel momento no era yo, estaba como poseído y lo único que quería era que A me reventase el culo, y cuantas más veces, mejor).

Pero en vez de reventarme el culo, me propuso un juego: me tapó los ojos con mis gayumbos, que estaba aún tirados por el suelo, y me llevó hasta el cuarto de baño, donde me pidió que me pusiera en pompa, con el culo hacia donde él estaba. Al principio estuvo genial, porque me metía y me sacaba dos dedos (supongo que untados con vaselina, porque entraban y salían sin que apenas me doliese) pero de pronto me dijo que aguantase un poquito la respiración. Antes de que pudiera preguntarle qué pensaba hacer, ni que me diera tiempo de girarme, A ya me había metido por el culo el mango de la ducha (menos mal que antes le había quitado la alcachofa) y me estaba entrando un chorro de agua a presión por mi ojete, ya de por sí dilatado.

La parte que viene ahora es un poco desagradable, porque lo que A trataba de hacer era limpiarme todo el recto (o por lo menos asegurarse de que quedaba limpia la parte donde él llegase con la lengua o con su polla), lo que no es muy agradable, pero que también tiene cierto morbillo.

Cuando salimos del baño, me pidió que me recostase en el sofá y fue cuando empezó lo bueno. Primero me metió muy suavemente, y muy poquito a poco esa lengua que tenía (por lo que yo notaba, llegué a pensar que debía tener kilómetros y kilómetros de lengua), y que me quemaba por dentro, hasta que por fin sentí dentro de mi su herramienta. Al principio era sólo la punta, con aquella cabeza enorme y burdeos que tanto me había gustado chupar, pero en cuanto notó que yo había dilatado bastante y que ya no sentía ningún dolor, me pidió que me levantara del sofá para que se tumbase él y que me fuera sentando poquito a poco encima de su enorme polla. Pero no pude resistirme y me senté de golpe, hasta que creí que me reventaban las tripas, y seguí su

biendo y bajando, gritando que era su puta, suya y de nadie más hasta que A no aguantó más y me inundó de semen, tanto, que creí que iba a explotar y sólo iba a quedar de mí un enorme charco espeso de dulcísimo semen. Apenas le dejé tiempo para fumarse un cigarro, porque cuando vi que otra vez se le ponía duro nuestro juguete (no sé cuál de los dos disfrutaba más con su gran rabo),y me lancé pidiendo guerra, esta vez ofreciéndome como una auténtica puta, a cuatro patas y abriéndome el ano todo lo que pude con las dos manos, pidiéndome que me culeara hasta que me deshoyase la piel, y fue lo que hizo. Me puso una mano en cada pectoral y él se colocó detrás mía. “¿está lista mi putita?” me gritó A, y cuando asentí con un gemido de perra en celo me contestó “pues prepárate porque voy a destrozarte por dentro” y empezó a follarme como un taladro, hasta que me hizo sangre, pero a mí no me importaba, lo único que quería era que me siguiera follando, cada vez más rápido hasta que uno de los dos nos desmayáramos, y en el fondo encontré cierto placer en el dolor tan agudo y tan dulce de algunas venas rompiéndose y dejando escapar la sangre, como si para que A disfrutase yo tuviera que sufrir un poco, pero me compensa. Desde aquella tarde me he convertido en su perra fiel, no le he dejado ni de noche ni de día, ni en lo bueno ni en lo malo. Sé que no soy el único amante que tiene, pero no me importa compartirlo, porque sé que aunque no me lo diga me quiere.

Autor: tengo_alma

tengo_alma ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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