SOFIA, PUTA DE MALAGA

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Mi nombre es Sofía y tengo 32 años. Trabajo desde hace tres meses en un piso de relax de Málaga, donde atiendo, por horas, a los clientes que recaban mis servicios o los de mis compañeras. Aunque tengo otro trabajo, convencional, mi situación familiar (mi marido no sabe nada) necesita de un empujón extra de ingresos que obtengo por este medio. No obstante este trabajo, mi vida sexual es muy activa, tanto con mi marido como en mi imaginación, y acudo a estas páginas de relatos con frecuencia, para excitarme. Las que más me gustan son los lésbicos y he imaginado con esa idea la historia que paso a comentaros, y que ojalá algún día se haga realidad.

Cuando llamé a mis compañeras de piso, como siempre hago antes de ir para confirmar mi asistencia, me dijeron que aquel día había una petición especial. Y que querían que fuera yo quien atendiera esa petición. No me adelantaron nada más, pero llegué al coqueto piso donde trabajamos con un poco más de nervios que de costumbre. Cuando llegué me arreglé y aseé un poco, como siempre, y le pregunté a mi compañera por la petición especial. Me sonrió y me dijo que era una sorpresa. Que ella ya había hecho trabajos similares, pero que esta vez, quería que me estrenara yo. Sentí esa mezcla de miedo y excitación cuando sonó el timbre del portero automático y mi compañera, después de abrir, me miró y me dijo: "ya está aquí. Abre tu la puerta principal".

Sonó el timbre de la puerta principal mientras caminaba por el pasillo. Aproveché para darme un último repaso en el espejo de la entrada, y comprobar que todo estaba en su sitio antes de abrir la puerta.Cuando abrí, la sorpresa y la excitación se mezclaron en mi cara. Una mujer, de unos 40 años, estaba al otro lado. "tú debes ser Sofía", me preguntó. Era muy elegante. Llevaba una blusa blanca sobre una estrecha falda por la rodilla por la que asomaban dos piernas cuidadas, enfundadas en medias lisas negras, rematadas por unos zapatos de salón con un alto tacón. Un bolso de marca, discreto pero elegante era el resto de su atuendo. Sólo pude susurrarle. "sí, yo soy Sofía", y me aparté de la puerta para dejarla pasar. "El salón está al fondo", le dije, y caminó con paso seguro hasta donde estaba mi compañera esperándonos.

La miré mientras caminaba por el pasillo y no pude dejar de observar cómo movía las caderas al caminar, y cómo la estrecha falda se ceñía a sus glúteos. Me gustaba. Siempre imaginé tener un encuentro con una mujer, pero jamás pensé que podría ser así, en mi "otro" trabajo. Al entrar en el salón saludó a mi compañera y aceptó el asiento que le ofrecieron. Mi compañera, que es mucho más experta que yo, le preguntó si deseaba tomar un café u otra cosa. La cliente aceptó el café y se lo sirvieron en pocos minutos los cuales transcurrieron en silencio mientras ella me observaba, descarada. Yo me había sentado en el sofá, de medio lado, enseñando intencionadamente mis piernas y la blonda de las medias. "¿llevas liguero?" me preguntó mientras removía el azúcar en su tacita. "hoy no", le respondí, "pero si quieres puedo ponerme uno". Sus ojos me miraban fijamente y noté el deseo en ellos. Me agradó y comencé a sentir cierta excitación en mi entrepierna. "No es necesario" respondió sin dejar de observarme.

Nos habló del ajetreo que había tenido esa tarde, haciendo unas compras y lo que le había costado aparcar "menos mal que al final he encontrado sitio en este centro comercial nuevo que han abierto, que si no, casi tengo que cancelar la cita". "Hubiera sido una pena", pensé."Bueno, " dijo mi compañera cuando la clienta acabó el café, "creo que es hora de que vayas pre

parando la habitación, Sofía". Me levanté del sofá asintiendo, y tras cruzar el pasillo entré en la habitación donde encendí la lamparita de la mesilla de noche con su tenue luz, las velas, que dan un ambiente relajado y sensual, y puse las sábanas limpias en la cama. Mientras hacía esto, oí que ella había pasado al baño, sin duda a asearse, de modo que decidí esperarla de pie en la habitación.

Tardó poco en entrar cerrando la puerta tras ella. Estábamos solas, yo para complacerla y ella para hacer uso de aquello por lo que ya habría pagado a mi compañera. Se sentó en la cama y me miró."¿Sofía has estado antes con alguna mujer?", me preguntó."no", le susurré. Instintivamente bajé la mirada."¿te desagrada la idea?""no, no me desagrada." Me puse roja, como un tomate, por la excitación y la vergüenza de confesar que me gustaba. Que no lo haría por que era mi trabajo y mi obligación, sino por satisfacer mi deseo, y sobre todo el suyo.

"Muy bien, Sofía, así me lo pasaré mejor, he pagado por una hora contigo". ¿Cómo empiezas con tus clientes masculinos?La miré a los ojos mientras le respondía. "Les pregunto qué quieren que les haga"."Pregúntamelo Sofía". Su voz se tersaba por minutos, insinuante. "¿Qué quieres que te haga?" "Primero ayúdame a desnudarme, Sofía, luego te desnudarás para mi, después quiero que me acaricies, masajeándome, y después ya te iré diciendo, pero te adelanto que estoy deseando ver esos labios rosados lamiéndome ahí, dándome placer…"

Me acerqué a ella mientras se ponía de pié, y coincidimos a la vez al borde de la cama, cara a cara, apenas separadas por unos centímetros. El beso surgió espontáneo, no empezó ninguna y empezamos ambas. Primero labio contra labio, después las lenguas. Nos recorrimos enteras, lamiendo el sabor de nuestros respectivos carmines, yo el suyo, rojo pasión, ella el mío, rosa pálido, mojando nuestros labios, recorriendo nuestros rostros. Nos abrazamos y empezamos a acariciarnos a la vez. Me encendía sentir por primera vez los labios de otra mujer sobre los míos, y notar sus pechos apretando mi cuerpo mientras mis manos recorrían su espalda. Era bonito y sensual, aunque ella hubiera pagado por mí. Separé mi cara de la suya, y me miró. En el brillo de sus ojos, y en sus labios entreabiertos por los que se escapaba una respiración agitada vi que estaba excitada, que yo le gustaba.

Mis manos tomaron primero su cara, suave, que acaricié con mis dedos en sus mejillas. Luego bajé hacia su cuello, las entremetí por las solapas de su blusa, buscando su escote, y alcancé, por fin, el primer botón de su blusa que desabroché lentamente. Luego otro botón, y otro más. Tras la blusa, asomaba un sujetador blanco, con encaje, elegante y delicado. Sus pechos eran firmes para su edad, naturales, redondos y de tallaje perfecto. Saqué el faldón de su blusa de entre su falda. Su mano derecha fue hacia su manga izquierda, buscando el botón que allí se encontraba. "No, déjame a mi", le dije. Y tendió sus dos manos hacia mí. Primero una manga desabrochada, luego la otra. Me situé a su espalda, y deslicé la blusa de sus hombros. La doblé con cuidado y la dejé sobre una silla. Ella no se volvió, esperando probablemente el abrazo que le dí, con mi cara en su cuello y su nuca, mis manos sobre su vientre, pegando mis pechos, aún cubiertos por el sweater contra su espalda, y subiendo con mis dedos poco a poco hacia los suyos, tomándolos finalmente y cubriéndolos completamente con las palmas de mis manos, apretándolos mientras giraba su cuello buscando mi boca que le correspondió sin esfuerzo.

Me dirigí frente a ella y me senté al borde de la cama buscando la cremallera de su falda a su espalda. Mientras la desabrochaba, besé su vientre. Era muy suave. La falda se deslizó, no sin esfuerzo debido a la estrechez con que se ceñía a su cuerpo, cayendo a sus tobillos. La recogí mientras ella la retiraba de sus pies, y levantándome de nuevo la llevé a la silla donde la dejé cuidadosamente extendida al lado de la blusa. De nuevo a sus espaldas, metí mis manos entre sus bragas, que deslicé de nuevo piernas abajo, por su cuerpo, sus muslos y finalmente sus medias ha

sta alcanzar de nuevos los tobillos. Esta vez, cuando las recogí del suelo las lancé sobre la silla de la ropa, descuidadamente. Sus manos, a los lados de su cuerpo, invitaban a quitarle el sujetador, desabrochando los dos corchetes. Cuando el sujetador cayó inerte deslizándose por sus hombros y brazos, fue ella la que lo tomó con las manos y lo tiró descuidadamente a la silla dándose la vuelta. Sus pezones estaban duros, erectos, señalándome…

Me abrazó, besándome de nuevo antes de dar dos pasos atrás para sentarse en la cama. Sólo llevaba sus medias y sus zapatos. Su pubis estaba depilado, y sólo tenía una pequeña muestra de pelo que dejaba su clítoris y vulva libre de impedimentos, libre acceso. Cuando se sentó, se quedó mirándome.

"¿Cómo te llamas?" me atreví a preguntarle."Silvia", me dijo. "mi cliente de hoy se llama Silvia", pensé y me excitó ese pensamiento. "Desnúdate para mi, Sofía", me pidió. Y empecé el ritual. Primero me quité sweater color pistacho, después el sujetador negro adornado con encajes y flores, como a mi me gustan. Después, mi falda tableada color morado. " ¿No llevas bragas?" me preguntó. En ese momento me fijé en que mientras me desnudaba, ella estaba sentada al borde de la cama, con una mano apoyada sobre el colchón, y la otra en su entrepierna, apretándose con fruición. Me gustó ver a una mujer masturbándose por mí.

"No, así estoy más accesible si los clientes no quieren que me desnude". Recorrí los dos pasos que separaban mi cuerpo de su boca, y ella, sin dejar de tocarse, comenzó a lamer el tatuaje, con su lengua muy fuera de su boca, dando largos lametones de izquierda a derecha, sobre mi vientre. "¿Quieres que me quite las medias y las botas?" pregunté. "Quédate así. Me gustas mucho Sofía". Dijo entre lametón y lametón a mi cuerpo.

Y así permanecí, de pié, sin saber muy bien qué hacer hasta que recordé lo que había pedido al principio y comencé a darle un suave masaje en el cuello, mientras seguía lamiéndome… Estuve así un buen rato, deleitándome con su cuello suave y recorriendo mis dedos por su espalda, observándola como me iba lamiendo, disfrutando de ese momento único para mí, preguntándome quien de las dos estaría disfrutando más, hasta que ella paró y entendí que debía parar. Se tumbó sobre la cama, "¿Qué quieres que te haga" pregunté, " sigue masajeándome todo el cuerpo Sofía".

Así que me puse de rodillas sobre la cama, a un lado de ella, tocándola desde los hombros, hacia abajo, observando como su pecho respondía a mis caricias, sin tocárselos, bajaba mis dedos hacia su vientre y volvía a subir, dejando ese momento, disfrutando de esa espera sin querer que se terminase pero pendiente que el tiempo corría, bajé una mano hacia sus muslos, sin tocarla demasiado pero deseando meter mis dedos allí donde la excitación asomaba. Seguí por todas sus piernas suaves y firmes, ella disfrutaba y me miraba, yo empecé a olvidar mi timidez y empecé a dejarme llevar por lo que el cuerpo me pedía, así que le toqué los pechos, los tomé en mis manos y acerqué mi boca que pedía lamerlos y jugar con sus pezones, mi lengua daba círculos sin parar y me atreví a mordisqueárselos temiendo que quizás no le gustara, pero me equivoqué le gustó, me senté en su vientre, con mi sexo justo encima del suyo, tocándose, sintiendo su calor mezclado con el mío, temiendo que Silvia, la cliente, se diera cuenta de lo mojada que estaba, así empecé a moverme suavemente, rozándome y lamiéndola sin cesar, tenía hambre de esos pechos de esa mujer que había pagado por mí, la deseaba.

Fui besándola entera, recorriendo su piel, besándola y mordisqueándola a la vez, las costillas, el vientre, acariciándola sin parar sus pechos húmedos de mi saliva, bajando mi cabeza hacia allí donde me invitaba gustosa y con mi corazón acelerado, me encontré con mi cabeza justo en su sexo, me paré."Lámelo Sofía" me dijo, la miré, ví su brillo y ella tuvo que ver el mío, mi deseo de complacerla y mi excitación, no tardé ni dos segundos

en inclinarme para poder besarla allí. Despacio, con tiento, le empecé a lamer, sin saber cómo hacerlo y sin saber si le gustaría, me dejé llevar por mi instinto. La lamí más rápido, le abrí los labios para meter mejor mi lengua, de vez en cuando me incorporaba para tocarle el pecho, me gustaba tanto que no sabía qué hacer para darle placer. Le metí un dedo, dos mientras a la vez le lamía como podía, mordisqueando sus muslos, hundiendo mi boca y mi lengua allí, poco me importaba el sabor de su sexo, me gustaba lamérselo, verla como se arqueaba y gemía, eso me encendía más.

Estuve un buen rato cuando ella me dijo que parase que quería verme cómo me tocaba, me toqué mientras lo hacía, temiendo correrme antes que ella porque mi grado de excitación estaba en su punto máximo, yo no podía parar de gemir, y seguí lamiéndola hasta que se corrió en mi boca, yo seguía tocándome, ella me pidió que no parase, quería verme cómo me corría yo, de rodillas con la boca aún en su sexo, me corrí frotándome sin parar, era mi primer orgasmo con una mujer. Ella se quedó relajada tumbada, yo me acerqué a ella y la besé, fue un beso de agradecimiento, ella me respondió, me dijo que le había gustado, yo seguí besándola, no podía parar, besos suaves mientras la acariciaba despacito.

Al rato de estar así, se incorporó, yo tomé las toallitas y la limpié, no dejé que ella misma lo hiciera, saqué una toallita y comencé a quitarle cualquier rastro mío en su cuerpo, le limpié el cuello, los hombros, el pecho, vientre, pubis, muslos, una vez limpia, tomé su ropa y la ayudé a vestirla. Cuando estaba vestida, me encontraba desnuda ante una mujer de unos 40 años, me sentía muy puta y muy agradecida, había sido una gran experiencia gracias a ella que había pagado por mí. Me dijo "vístete Sofía y acompáñame a la puerta", asentí, no podía hablar, sin saber por qué me sentía algo cortada e intimidada una vez que ella estaba vestida. Mientras me vestía, la miraba de reojo como se iba maquillando y arreglando el pelo, me gustaba observarla.

Me vestí y antes de salir de la habitación, me tomó de las manos, y me dijo "volveré otra vez por ti, me has hecho disfrutar" miré al suelo estaba emocionada y excitada por sus palabras, me tomó de la barbilla y me besó en los labios. La acompañé a la salida, no sin antes despedirse de mis compañeras, éstas nos miraron con sonrisas que querían decir algo más, en la puerta nos despedimos una vez más, con un beso en la boca, y deseando volver a verla una vez más.

Autor: asm asm

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Escrito por Marqueze

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