SONIA LA LIBANESA

Esta historia que os contaré hoy, me pasó durante una temporada que pasé en un país, africano, mantuve una gran amistad con una mujer encantadora, me la presentaron durante una fiesta en la embajada, advirtiéndome que era lesbiana y que no tenía nada que hacer con ella.

Sonia, así se llama, es una mujer de una belleza extraordinaria, de madre Libanesa y padre griego.

En esa época ejercía de jefa de personal en una fábrica de prendas interiores femeninas, y tenía a su cargo más de 350 chicas. Durante unos dos años mantuvimos una amistad, sin llegar a más, me invitaba a su casa algunos fines de semana y siempre tenía empleadas a su disposición y alguna a la mía

Un día me comunicó que se cambiaba de empresa marchándose a Barcelona, era su gran ilusión, vivir en España, dándome su teléfono, para que la llamase en la primera ocasión que pasase por la ciudad.

En el primero de mis viajes, hice todo lo posible por pasar por Barcelona, en el hotel que habitualmente, me hospedaba, no tenían habitaciones y no podía quedarme. Decidí continuar viaje, desde la terminal, llamé a Sonia, para saludarla y explicarle el problema ella insistió en que me quedase en la Ciudad por lo menos un día, que en su casa tenía habitaciones de sobra, que para ella sería un placer. Encantado acepté, allí me quedé, vino por mí al aeropuerto y me llevó a su casa

Por la noche salimos a tomar unas copas y cenar, Sonia, se vistió muy sexy y elegante tiene muy buen gusto, estábamos cerca del verano, se puso un vestido de una sola pieza y pegado a su piel. Y como siempre se le apreciaban todas sus curvas, que no eran pocas, me encantó pasear con ella y que los hombres la admirasen. Después de una bien regada cena con rioja, y las copas anteriores, nos sentíamos muy alegres, pues hacia 3 ó 4 meses, que no nos veíamos, Mientras cenábamos comentamos los tiempos pasados, paseando volvimos a su casa, nos acomodamos en el sofá, ella me ofreció una copa, se cambió de ropa se puso una ligera camiseta larga hasta medio muslo, le encantaba un buen Brandy después de la cena, lo mismo que a mí, la conversación continuó sobre temas de lo bien que lo pasábamos en Túnez con sus amigas, Y que en su ausencia, yo había estado con algunas de ellas, las cuales le habían contado algunas de nuestras cenas.

-Ya he sido informada por ellas de que eres muy buen amante, que pasáis unas buenas y agradables veladas, no sabes cuanto echo de menos a las chicas.

– Mujer aquí tendrás, también amigas ¡Desde tu marcha soy yo quien se encarga de que las reuniones semanales no decaigan, las celebramos en mi casa, no vienen algunas de las chicas, sabes que muchas iban por ti, pero otras vienen y lo pasamos muy bien, sobre todo tu secretaria y Fátima.

– Aquí tengo dos o tres amigas, pero aquellas eran más agradables, más jóvenes muy cariñosas, como mis paisanas las árabes, no hay ninguna mujer para hacer el amor con otra, tenían unos chochitos muy tiernos, además como mujer árabe, aquí tengo demasiados problemas, para salir sola por la noche, en la empresa se me han insinuado ya todos los hombres, pero es imposible salir con alguno, al día siguiente estaría toda la empresa informada.

– Haces muy bien, a ti no te interesa que haya comentarios de este tipo. En Túnez lo pasamos muy bien, tus amigas son extraordinarias, sabes a Fátima, cada día le gusta más hacer el amor, tú sabes que a mí no me importa el no penetrarlas, pues sé muy bien que con las manos y la boca se puede dar más y mejor placer a una mujer, pero ella es incansable, como su marido no le hace nada, está siempre dispuesta, lo mismo que tu ex-secretaria, hay noches que termino medio embriagado de tanto licor que se pone en su coño.

– Ellas son las que me dicen lo bien que lo pasáis juntos, están encantadas. Sobre todo Fátima me cuenta de como le haces el amor, me dice que está loca con tu polla, por

lo que me dice la tienes muy buena, ¡Lástima sabes, yo jamás la he probado!

– Sonia y yo, siempre habíamos hablado y comentado todos los temas de sexo de ella y sus amigas muy libremente.

Al llegar al salón había conectado la televisión, emitían la película nueve semanas y media, yo estaba bastante empalmado y más viendo el par de pechos y piernas que la escueta camiseta que Sonia llevaba, y lo poco que le ocultaba las partes de su cuerpo. Ella siempre, se mostraba sin recato, tal era nuestra amistad y confianza, que nunca se privaba de ir desnuda o ligera de ropa en mi presencia, yo siempre hacía como que no le daba importancia, pero siempre estaba pendiente de ver sus pechos o entrepierna, que los mostraban muy libremente, esta noche viendo como se presentaba la situación, no quise perder la ocasión y me lancé como un torpedo.

– Querida mía, en tu mano esta él hacerlo, mejor momento que este, no creo que se presente en algún tiempo. Yo siempre te he deseado, cuando te miraba con otras y observaba como te comían el coño, les tenía celos y las envidiaba, el que ellas gustasen de tu cuerpo, y yo no participar, ver como te comían el coño y las tetas, no se si te dabas cuenta, pero era el momento en el cual me masturbaba y lo hacía pensando en tu cuerpo.

– Pues cariño mío, lo disimulabas muy bien, y te entretenías muy a gusto con mis amigas, además jamás hicisteis algo para darme a entender que te gustaba como mujer, la verdad que yo pensaba y deseaba lo mismo que tú me estás diciendo.

– Te tenía mucho respeto, y no quería intentar nada que rompiera nuestra amistad, no pensaba que a ti te gustase, que te acariciara un hombre, además te acuerdas de nuestro primer encuentro, es lo primero que me aclaraste.

-Si cariño, eso fueron otros tiempos, mis amigas me ponen unos dientes muy largos cuando me cuenta las cosas que hacéis y lo bien que lo pasáis.

Estábamos sentados en un cómodo sofá, uno al lado del otro, yo me acerqué más a su lado, le pasé el brazo cariñosamente por los hombros, para ver su reacción, pero al notar que ella también se acercó a mí, me acerqué a su rostro, le besé su húmeda y entreabierta boca, estuvimos un tiempo largo besándonos. Su boca lujuriosa y muy sensual, unos labios gruesos y calientes. Nos gustó a los dos, continuamos sentados en el sofá, nuestros cuerpos estaban tan juntos que era imposible unirnos más, descansé mi mano sobre su rodilla, adentrándome en su entrepierna, acariciando sus prietos y bien torneados muslos, mientras realizaba esta agradable tarea, Sonia, estaba cada momento que pasaba más caliente, no cesaba de retorcer su espléndido cuerpo, gimiendo del placer que le proporcionaba con mis caricias, deslicé mi mano sobre sus bragas, apartándolas le acaricié su vulva, ella suspiraba de gusto, abrió sus piernas facilitándome mi exploración, la tiene casi totalmente depilada, se la cuida mimosamente pues se siente muy satisfecha de la misma, es un coño como sus pechos blanco y su interior rojo, mórbido muy delicado con un pequeño clítoris en el centro.

Le quité la camiseta, besé y acaricié sus pechos, son blancos de una suavidad y finura como jamás imaginé, nunca llevaba sujetadores, pero las tiene duras y redondas, altas y desafiantes, sus pezones son grandes y tersos, los chupé hasta que sentí su dureza, ella desabrochó mis pantalones, sacó mi verga, que en esos momentos era un duro ariete dispuesto a penetrar el delicioso coño de Sonia y no se podía aguantar más.

– ¡Querido, que polla más enorme ¡es gorda y preciosa! A veces las personas somos estúpidas, durante todo el tiempo de Túnez, he deseado tener en mis manos tu miembro, me preguntaba que sabor haría al besarla y chuparla, me encantaba verte follar a mis amigas, porque durante los años y noches, que pasamos juntos, jamás tuvimos un contacto íntimo. Me he masturbado muchas veces pensando que me harías, que sentiría mi cuerpo al tener esta polla dentro del coño. Mientras hablaba no dejaba de manosear y acariciar mis partes.

– A mí me pasaba lo mismo, me masturbaba pensando en tu cuerpo. Las noches mientras, tus amigas, Fátima y otras, te lamían el coño y besaban tus pechos, me imaginaba que era yo el que te lo hacía, miraba tu tierno coño, caliente, suave, fantaseaba, con

la idea de que estaba, deseoso de una buena polla, imaginaba que te la metía. ¿De verdad es la primera vez que tienes una verga en tus manos?.

– De hombre si, es la primera vez.

Mientras se desarrollaba esta conversación, Sonia, meneaba y acariciaba mi polla, sin mucho arte y conocimiento, se marchó un momento a la cocina regresando con un tarro de miel, untándome mi tiesa polla, me la comió con enardecidas y fuertes chupadas. Me confesó que era el primer pene de hombre, que tenía en sus manos, a mí me daba un placer tremendo por ello, al ver su inexperiencia me puso si era posible aún mas caliente, no pudiendo aguantar más el deseo de entregarnos, terminé de desnudarla, quitándole las bragas, su sexo estaba húmedo y exuberante de placer, sus fluidos resbalaban por sus muslos.

Me rogó que fuese con cuidado que no le hiciese daño al follarla, se lo prometí, allí en el mismo sofá, poniendo sus piernas sobre mis hombros, le introduje mi verga, suavemente, haciéndole sentir toda la fuerza y grosor de mi polla en su sexo, (tengo que decir que mide unos 20 cms y bastante gruesa) moviéndome muy lentamente, ella empezó a jadear y pedirme más, que la apretase más, en su idioma nativo, acelere mis movimientos hasta que sentí como se corría, haciendo lo mismo descargué todo mi esperma sobre su vientre, esta fue la primera vez que hicimos el amor. Sonia a partir de esa noche supo, lo que era hacerlo con un hombre, disfrutaba cuando la besaba y acariciaba, conseguía relajarla a base de caricias y besos en sus partes más intimas, tiene un coño dulce y delicado, nunca humillado, (eso decía ella) por un hombre. Esa noche hicimos el amor varias veces, como si fuésemos dos seres, insaciables que lo hacían por vez primera. Penetrarla y hacerla gozar, era una sensación placentera y maravillosa, a partir de ese dichoso día siempre estamos deseando unir nuestros cuerpos. Sonia, ya no desea consoladores de plástico, esta deseando meterse mi polla.

Su coño, no estaba, acostumbrado a que le metieran, pollas, era la primera vez, y la mía es bastante gorda y larga, por lo que a la mañana siguiente lo tenía muy dolorido, entre risas yo le decía que cuando le diese un centenar de polvos, dejaría de dolerle. Solo en los juegos con sus amigas se metían pequeños consoladores, por lo que no lo tenía muy dilatado.

Estábamos en la ducha los dos, nos enjabonábamos mutuamente los cuerpos, esta era una ocasión para acariciar y tocar todo su cuerpo, mirando mis partes, me comentó que no le gustaba ver mi pene con tanto pelo, cogiendo una maquinilla de afeitar me lo depiló casi en su totalidad. En el juego de depilarme y ponerle un poco de crema en su dolorido coño, volvimos a ponernos cachondos, volvimos hacer el amor, no le importó tenerlo dolorido, al contrario le dio más placer.

Me quedé asombrado esa primera noche, que estuve en la cama con Sonia, siempre la había visto, en plan de jefa, tratando a sus empleadas muy correcta, pero autoritaria y rígida. En la cama es la persona más cariñosa y complaciente, conmigo y sus chicas. Su inexperiencia con los hombres a dejado de existir, cada día hace el amor mejor, le gusta introducirme un pequeño vibrador en mi ano, mientras la follo, o se lo mete en el suyo, ponerla en la posición del perro, y no metérsela por detrás es una tentación tremenda para mí además le encanta, su nalgas son redondas y opulentas siempre dispuestas.

Ella fue la primera mujer con quien hice el amor por la parte trasera, le gusta que la folle por detrás, la verdad es muy buena amante.

Autor: Tilenus 2007

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Escrito por Marqueze

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