Su pareja se llamaba Julio

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Mañana calurosa, estábamos solos en casa, suena el timbre del depto, lo que significa que es algún vecino dado que no se avisó por citofono.

Me levanto a abrir, estaba con un pijama corto, bastante ajustado, miré por el “ojo de buey” y efectivamente era un vecino, por su apariencia colombiano. Fui a cerrar la puerta del dormitorio y volví a abrir la puerta.

Al momento de ver a la persona que estaba tras de de lapuerta, me encontré con un joven de unos 25 años, efectivamente con acento colombiano, pero esta vez, con modales finos, su vestimenta era unos jeans pescadores, chalas y una polera ajustada.

– “adelante..” le dije, “en que puedo ayudarlo?.

Me respondió con una pregunta—!aquí vive la señora de las costuras?”.

Si, fue mi respuesta, pero no traía nada por lo que le pregunte..

– qué se le ofrece?,

– es que tuve un problema con estos pantalones, mire…

y se dió vuelta para mostrame que estaban descosidos.

De paso pude ver en primera fila ese tremendo trasero, se notaba trabajado, durito y paradito. Como ya era mi costumbre, lo hice pasar hacia el dormitorio opuesto al nuestro y le dije que se sacara los pantalones y me avisara cuando estuviese listo.

Mientras hacia eso, le avisé a Margarita que tendría que hacer un trabajo urgente. En verdad no le gustó mucho, pero la pega es la pega. Volví donde el colombiano y ya estaba listo, me pasó el pantalón y se lo llevé a Margarita.

Hasta acá todo un caballero, pero, pero, volví a atender a nuestro cliente, que estaba encerrado en la pieza, parado al lado de la cama, entré,  y a esa altura mi pija ya estaba inflada y casi se salía del pijama,

–  vamos a tener que esperar unos 10 minutos, así es que póngase cómodo,

todo ello sin dejar de mirar su paquete que estaba tomando forma, tras su diminuto calzoncito, porque lo que tenía puesto no era un calzoncillo.

Dado el escaso tiempo, fui casi directo al grano,

– “que hermoso luce tu cuerpo”, le dije.

– “gracias, el tuyo no está mal”, respondió.

– “nunca te había visto, vives acá, sólo o con alguien?, le volví a preguntar.

y su respuesta fue

– “si, llegué hace unos días acá, estoy con mi pareja, Julio es su nombre”.

– “Qué suerte tiene Julio”, fui mi último cumplido.

Con ello se me acercó, con una mano tomó mi paquete y con la otra mi cabeza para darme un beso, de esos que solo ellos saben dar.

Yo lo apreté contra mi, le tomé su trasero con ambas manos y rápidamente le quité sus calzoncitos.

Ya van tres minutos…Lo acomodé boca abajo y le comencé a dar un beso negro, su orificio sabroso, con mis manos amasaba su paquete, gordito, color mate, y poniéndose durito. Lo puse a lo perrito y le enterré mi pija, lo primero fue su gemido luego los míos ya que en un mete y saca durante algunos minutos solté mi chorro dentro de su potito.

Apenas sucedió aquello, me dio vuelta y me comía mi potito, su lengua en mi ano lo dejaba mojado entero, me tiró de espalda, me puso un cojín bajo mi cadera y me enterró esa pija, hermosa, rica, caliente y mojada. Mis gemidos y los suyos hacían coro, unos segundos y mi potito sintió ese jugo calientito, señal inequivoca de haber dado placer.

Ya pasaron siete minutos. Rápido aseo y fui a preguntar a Margarita como iba el arreglo, “está casi listo”, bueno lo espero.

Lo terminó y me lo pasó para entregarlo, nunca supo que el goce había sido supremo. Le entregué el pantalón y se fué…nunca supe como se llamaba, sólo que su pareja era Julio.

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