Tiempo de lluvia

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Además me preguntaba si valdría la pena un viaje tan largo para encontrarme con unos perfectos desconocidos

El tiempo era lluvioso y tenia ciertos temores por el tiempo adicional que significaba esta marcha lenta del autobús. Además me preguntaba si valdría la pena un viaje tan largo atravesando dos ciudades: (Guanajuato y Querétaro, dos ciudades tradicionales de México con su carga de oscuro velo de “mochas” o sea no liberales) para encontrarme con unos perfectos desconocidos, pero dicen con razón que la curiosidad mató al gato y un nuevo encuentro es algo que tiene su encanto.

Las razones de para esto son múltiples y, cada tiene su historia y sus motivos tan personales como privados. La complicación del viaje se agregó a las dificultades para ausentarme de casa en un día en el cual particularmente S, haciendo gala de su sexto sentido, me había pedido que me quedara a acompañarla por lo que para evitar suspicacias, empecé por darle un masaje en el cuello que terminó cuando le realicé el amor en forma violenta y prolongada, evitando venirme.

Pude disfrutar el sabor particular de su sexo y tomar sus jugos, retozar, frotando nuestros sexos cerrando ambos los ojos tratando de visualizar la imagen particular que nos llevaría al orgasmo, aunque en realidad yo los cerraba para evitar venirme aunque fue difícil pues no podía dejar de pensar en esos desconocidos con los cuales intercambiaría cierta información preliminar que nos llevaría finalmente a decidir si nos acostábamos o no.

La marcha lenta del camión atravesando la lluvia era un factor que podría representar el futuro de un encuentro lleno de dificultades e incertidumbres. Al fin, el autobús llegó a su destino y atravesando las salas, estaba en el lugar acordado con un retrazo de 20 minutos.

Empezaba a inquietarme la espera y casi estaba a punto de comprar mi boleto de regreso, cuando una voz masculina me llamo a mis espaldas y ahí estaban los nuevos amigos. Lo saludé efusivamente y acto seguido busque a su esposa con curiosidad. Ahí estaba la chica un tanto fría y distante saludando con cierto aspecto de lejanía.

Supuse que nada bueno deparaba esa sonrisa como forzada y como dije, fría, guardando la distancia como constante y pensé en cual sería la actitud más adecuada a tomar. Camino a su coche, intercambiamos algunas impresiones del tiempo y al llegar, me abrieron la puerta de atrás y aunque la invitó el esposo a que me acompañara, ella insistió en ir junto a él. Me dije que no era una buena señal y me dispuse a tomar el viaje como un paseo y no como lo que estaba previsto: sexo, calentura y frenesí. Lamenté estar fuera de casa, pero la búsqueda de lo nuevo nos lleva por caminos que ni el explorador más experto predeciría. Me sugirieron tomar un trago y acepte.

Fuimos a un lugar pequeño, donde la música viva era la atracción y ordenamos. Me dijo el esposo que ella era un poco tímida y su primera vez y que tal vez no lo haría si ella no quería y que a lo mejor solo tomarían la copa y se marcharían.

Como yo no sé bailar, no tuve ocasión de sacarla y me entretuve con la charla y los tragos. Afortunadamente, Tampoco era adicta al baile y poco a poco empezamos a intercambiar comentarios. Cuando nos dejo solos A, le dije que era muy atractiva y trate de tomar su mano y la apartó rápidamente diciendo que su esposo era el interesado y no tanto ella por lo que me enfrié momentáneamente. Pasó el tiempo y era hora de retirarse pero T insistía en quedarse lo que interpreté como un nuevo motivo de rechazo y les dije que no importaba si sucedía o no nuestro encuentro y que lo importante ya había pasado y que al menos ya nos conocíamos. El auto se detuvo poco después de salir y el esposo me dijo que habían platicado y que si estaba de acuerdo en estar con ellos observando como le mamaba la verga y si ella accedía tal vez me dejaría acariciarla suavemente pero sin llegar a mayores.

Les dije que no había problema y mi pene saltó de entusiasmo. Llegamos a las orillas de la ciudad y vimos un anuncio de motel. Las luces se prendían y apagaban como un enjambre de luciérnagas a la mitad de un océano de oscuridad y representaban lo que decía su nombre: oasis, pensé en odaliscas y recordé cómo se movía esa hermosa señora al bailar con su amante espos

o solo hacia un poco de tiempo atrás y pensé en la inaccesibilidad de esas hermosas piernas. Pensé en que como al final de la danza de los siete velos tal vez podría admirar su hermosa mata de vellos púbicos y tener mi verga entiesta lista para arribar al volumen de sus nalgas hermosas y de ser el caso, emprender un vuelo para llegar al triangulo de encaje. Me sugirieron entrar a la cajuela y la duda me asaltó y pensé que tendríamos que posponer la entrada, dado el peligro que representa meterse en la cajuela de unos desconocidos a mitad de la noche en una ciudad extraña y hasta perder mi más valioso tesoro: la vida.

No obstante, aunque que las dudas eran muchas, también pensé que las oportunidades eran pocas y accedí. Poco después, el carro empezó a rodar conmigo dentro de cajuela, sentí que tomamos por un empedrado y un vado, una cuneta una vuelta un enfrenón y escuche a fín la caída de una cortina, una breve conversación y por fin alguien me sacaba del encierro.

Salté y entramos a nuestra habitación, tan igual como otras tantas donde el centro lo ocupa una cama y el mobiliario se restringe a un tocador, una silla, un pequeño sillón y con la indispensable televisión prendida en un canal pornográfico. Pasamos y al entrar, me senté a la orilla de la cama esperando que empezara la función esperada, ver por fin su cuerpo desnudo y sus habilidades de amante. Su esposo sacó una pequeña cámara y la tomó y me dijo que sacara para las cámaras mi credencial, miré el rostro de ella y como jugando, le tomé una mano que llevé a mi bragueta. Esta vez ya no había resistencia y me baje el cierre y me saque el cuervo ante sus ojos que lo miraba con cierta curiosidad y sin mayores comentarios. El también se sacó el suyo y ella lo tomó y llevó a su boca mientras yo recorría sus piernas y le desabotonaba la falda mientras metía mis manos debajo. Empecé a tomar más confianza y le quité las pequeñas pantaletas y me metí dentro a acariciar su monte y meter mis dedos y mi lengua en su sexo.

Pude apreciar las diferencias con el sexo de mi esposa, la cual tiene un sabor mas fuerte y excitante mientras que este sabía a limpio y aromatizado, metí mis dedos y entraron con facilidad, varios de ellos y saqué algo de sus jugos, mientras la recostaba y me ponía el condón. Asalté sus senos y los liberé de su prisión la cual saltó volando, a una esquina de la habitación y al fin pude mamar y recorrer sus erectos pezones mientras ella permanecía firmemente atendiendo a su esposo con una experta mamada.

Supose que no abría inconveniente en dirigir mi verga a su entrada y penetrarla a pesar de que supuestamente yo solo la vería desempeñar su trabajo, levanté sus piernas blancas, suaves y gordas y metí de un solo golpe mi cuervo mientras ella empezó con la danza de los siete velos aunque ya no tenía ninguno y sus caderas al igual que las mías se empezaron a mover rápidamente, ajustando su ritmo en un cressendo semejante al mío mientras al fin su esposo dijo que rico te la coges, así, así, me estoy viniendo. Ella aceleró su trabajo y empezó a comerse los mocos mientras yo seguía bombeándomela. Ahora ella abandonó por un momento su trabajo mientras recorría mi espalda con sus manos y tomaba mis nalgas al tiempo que gemía cosas que solo ella y su esposo entendían y por fin los estremecimientos del orgasmo se presentaron en tanto que yo viajaba lejos y me mantenía aislado de la escena…. ese fue el principio… espero contarles el final mientras hacemos un rico sandwich

Autor: perronegro

ener71 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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