Tras el baño

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Ella por un instante se apoderó de su boca y lo besó enérgicamente como pocas veces lo había hecho. Ahora sus manos y brazos tomaron su cuello sujetándolo contra ella convirtiendo su lengua en una especie de látigo que acechaba su boca. Mordiscos, gemidos, gritos, balbuceos poblaban aquella casa mientras un orgasmo envolvía sus cuerpos.

La situación que les he de relatar ocurrió hace algunos días en la cuidad la cual habito. La protagonista soy yo pero el relato será narrado en tercera persona. Mi nombre es Lucía y el de él continúa siendo un misterio.

El día había sido arduo y lleno de trabajo. Al llegar a la casa realizó algunas breves tareas, alimentó a sus mascotas y encendió la música. Decidió tomar un baño para refrescar su cuerpo cansado y lo hizo parsimoniosamente, sin ningún tipo de apuro lo cual incrementaba el placer aún más. Mientras la bañera se llenaba pensaba en algunos hechos de ese día y mentalmente planeaba otras tareas para el día que vendría. En ese momento estaba sola. Él no llegaría hasta dentro de unas horas. Acondicionó la bañera con sales de baño y se introdujo en ella lentamente como si quisiera ser bautizada por aquellas aguas.

Al salir de baño de inmersión cubrió su cuerpo con crema, lo perfumó, cepilló su largo cabello negro y se hizo una pequeña cola. Encendió unos inciensos y colocó algo de música. Se sentó en la mecedora con los brazos extendidos hacia atrás y se entregó al placer del aroma y la música que llenaban su casa.

Sin notarlo el sueño la atrapó y cuando despertó no pudo determinar cuánto había dormido ni que él había llegado a su casa. Sólo se dio cuenta cuando pudo sentir unos labios húmedos que se posaban sobre sus pies, brindándole unos suaves besos. Estos se fueron haciendo más intensos y prolongándose por las piernas, escalando lentamente por ellas. Las manos grandes y suaves trazaban líneas ascendentes imaginarias, como rieles por los cuales corrían. El cuerpo de Lucía mostraba signos de excitación. Su respiración había cambiado, su abdomen se movía más rápidamente, sus gemidos eran más fuertes y audibles, sus manos se sujetaban a los brazos de la mecedora.

Los besos de él se fueron prolongando y llegaron a los blancos y grandes senos de Lucía. Esos senos con los pezones más excitantes que él jamás había visto. Como dos botones abultados llamados a ser besados. El se apoderó de ellos como si fueran el destino final de su boca. Ella por un instante se apoderó de su boca y lo besó enérgicamente como pocas veces lo había hecho. Ahora sus manos y brazos tomaron su cuello sujetándolo contra ella convirtiendo su lengua en una especie de látigo que acechaba su boca.

Las manos de él intentaban escaparse hacia su cola, buscando algún lugar donde no la hubiese acariciado. Se arrodilló y ajustó su cabeza al pubis de Lucía. Allí comenzó un maravilloso viaje hacia su vulva. Le recorrió el Monte de Venus con unos besos breves y húmedos y sin usar sus manos intentó develar el misterio que escondían sus labios mayores. El regalo para su emprendimiento fue una secreción dulce y deliciosa evidencia de la enorme excitación que tenía Lucía. La boca de él parecía narcotizada frente a los efectos de las secreciones de Lucía y le repetía.

–  Me encanta el sabor de tu vulva. Es riquísima. Y la degustación continuó mientras las manos de él recorrían también las piernas y rodillas de Lucía. Ella no podía contenerse y acariciaba su cuello y espalda y simultáneamente apretaba sus senos pellizcaba sus pezones.

Y de repente los cuerpos sufrieron un cambio de lugar. Él tomó el lugar en la mecedora y ella se colocó encima de él…Al principio sólo se colocó apoyando su vulva sobre su pubis. Luego de sentir su pene tibio y erecto. Comenzó a moverse lentamente intentando que la penetrara. Cuando con los rítmicos movimientos lo logró el pene de José encontró una vagina húmeda, tibia que permitía que él entrara y saliera, empapándose a cada centímetro. Ella recibió a su amante, con una excitación y una voracidad innegable. La pasión que ambos sentían cuando hacían el amor los llevaba a danzar con un ritmo frenético en el cual los cuerpos se balanceaban y las bocas emitían palabras sin sentido. Los senos de Lucía se agitaban arriba y abajo, las manos de ambos recorrían las manos sin un patrón fijo, abandonando aquellos rieles del principio. Mordiscos, gemidos, gritos, balbuceos poblaban aquella casa mientras un orgasmo envolvía sus cuerpos.

Por unos segundos parecía que la calma se había instalado en aquel lugar. Lucía respiraba con más tranquilidad, de apoco recobraba la respiración habitual. Pero de golpe todo volvió a empezar. José abandonó la silla y se colocó boca arriba en la alfombra. Ahora ella subió a su cuerpo pero le dio la espalda. Y lo penetró y se dejó penetrar con su pene, de espalda e él como si no quisiera mirarlo, brindándole el magnífico espectáculo de su cola, de sus cabellos que ahora estaban sueltos cubriendo toda su espalda.

La cola se movía frenéticamente y él veía que su pene se perdía entre aquellas maravillosas caderas y más hermosa cola. Sentía como el interior de Lucía lo atrapaba, lo capturaba, lo mojaba. Sentía como su pene llegaba casi al máximo permitido, y volvía a salir de ella, de su calor. Y quiso que aquel momento se prolongara para siempre. Y necio de él porque sabía que no podría prolongar su placer para siempre.

Lucía era azotada por un segundo orgasmo. Y decidió que deseaba llenarla de sus jugos, que deseaba ver su semen en su blanca piel, en sus senos, en su boca, y comenzó a penetrarla mucho más fuerte, la sujetó por la cadera y hundió con más fuerza cada vez su pene en su vagina húmeda y tibia. Y cuando supo que el orgasmo y su semen eran inevitable le pidió que colocara su cara cerca y entonces un chorro tibio se semen salió de él y cubrió la cara de Lucia y sus labios saborearon su tibio postre.

Autora: Uruguayita_mimosa

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Escrito por Marqueze

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