UN DIA CUALQUIERA

Aunque no la conocía en persona, sabía más intimidades de Miriam que sus amigos más cercanos. La conocí por Internet y nos encontrábamos todos los días en el chat. Vivíamos en diferentes ciudades, pero gracias a Internet nos veíamos casi a diario. Todas las mañanas nos saludábamos con un "buenos días, ¿cómo amaneciste hoy? y nuestras conversaciones iban del trabajo, al clima o a las cosas del día etc., pero por la noche, terminábamos casi siempre charlando de sexo.

Algunas veces nos habíamos enviado cartas o paquetes con pequeños obsequios.

En una ocasión, Miriam me envió su bra y panties que vistió una tarde que me provocó un orgasmo muy especial. Su olor ahora era algo real para mí. Otras veces mientras nos veíamos por cámara comenzábamos a tocarnos como si nos tocara el otro. Nuestras manos recorrían nuestros cuerpos en lugar del otro. Y algunas otras terminábamos masturbándonos. Teníamos una relación sexual casi perfecta.

Pasó el tiempo, y más que una rutina, se convirtió en una necesidad. No solo quería saber que había hecho en su día. Quería saber que vestía en ese momento, el bra que llevaba, el color de sus panties, a que olía, como respiraba… Un día cualquiera, después del "buenos días Miriam, como amaneciste hoy?" mientras charlábamos con la cámara encendida, comenzó a juguetear como muchas veces lo había hecho. Muy lentamente comenzó a meter su mano izquierda por su blusa y sus dedos pasaron una y otra vez por su seno derecho. Ella sabía lo que iba a provocar.

La línea entre sus senos era visible ahora y mi pene comenzó a reaccionar, como cada vez que ella hacía lo mismo. Ella controlaba mis impulsos, mi respiración, mis movimientos, mis erecciones y lo sabía. Al apretar su seno, este apareció sobre su blusa y mi respiración se elevó al máximo. Ella bajó sus dedos hacia su sexo y yo instintivamente hice lo mismo. Mientras ella desabrochaba su blusa yo abría mi pantalón. Sus senos, ahora expuestos ante mi me excitaron al máximo. Vestía un bra de media copa que era mi favorito. Se lo había puesto esa mañana para mí.

Comencé a masturbarme lentamente sin quitar la vista del monitor y de como ella tomaba con sus dedos humedad de su vagina y la pasaba en círculos por sus pezones. Estaba a punto de correrme cuando ella, sin aviso, apagó su cámara y solo alcancé a leer "que tengas bonito día" en el monitor. Me quedé perplejo mirando el monitor por minutos mientras mi erección comenzaba a bajar, no así mi excitación. Minutos despu&e encontraba. Me detuve unos segundos, como rectificando lo que estaba haciendo, pero otra vez, con el pulso de nuevo al máximo, llegué hasta la puerta y la vi.

Estaba ella frente a una de las copiadoras, de espaldas a mí, de pie, concentrada totalmente en las pilas de documentos que copiaba. Di un paso más y en ese momento giró hacia mí. Sus ojos se abrieron con impacto aparente sin ocultar la confusión y sorpresa que la invadía. Nos miramos casi un minuto sin decir palabra. Su mirada aún denotaba sorpresa, abrió la boca, pero no pudo pronunciar nada. Cerré la puerta, puse el seguro, caminé hasta ella y le tomé suavemente de la barbilla.

¿Víctor? Pero… ¿qué haces aquí…? Alcanzó a decir antes de que mi mano bajara de su barbilla a su blusa.

En un solo movimiento la rasgué de arriba a abajo, y sus senos, imponentes, aparecieron ante mi, cubiertos parcialmente por un bra negro. Un segundo después, la tomé por los hombros, le di vuelta y la incliné con fuerza sobre la copiadora, que seguía encendida. Me acerqué a su oído y le susurré: – Ayer no terminamos, ¿recuerdas?M mano derecha fue rápidamente hasta la parte baja de su falda que subí con fuerza hasta su cintura. La vista de sus panties negros hizo que una gota de sudor apareciera en mi frente.

Mi pene luchaba por salir de mi pantalón, así que en un solo movimiento desabroché este, bajé mi pantalón hasta mis rodillas y pegué mi pene contra sus nalgas

.

– ¿Creíste que me ibas a dejar así? le dije mientras la tomaba por el pelo y le bajaba sus panties para meter mi pene entre sus nalgas.

Sin poder decir palabra por la sorpresa, comenzó a jadear Me detuve, di un paso atrás, me quité toda la ropa rápidamente al tiempo que ella se daba media vuelta, queriendo aún decir algo.

– ¡Nadie te ha dado permiso de moverte! Le dije con voz seca…

Tomé el broche frontal de su bra y liberé sus senos, que brincaron al caer el sostén que los cubría un segundo antes. El movimiento de estos aceleraron mi pulso y una gota humedeció la punta de mi pene.

La tomé nuevamente por el pelo he hice que se hincara ante mi. Instintivamente tomó mi pene, lo acercó a su cara y lamió la punta lentamente. Un segundo después lo introdujo en su boca hasta el fondo. Su aliento, tantas veces imaginado era ahora una realidad. Un fuerte jadeo salió de mis pulmones. ¡El placer era totalmente indescriptible! – ¡Así es como lo sentía! Dijo ella entre jadeos y en un momento que mi pene salió de su boca por un segundo que me pareció eterno.

Comenzó a apretar mis testículos con fuerza, que pedían ser descargados desde hace horas y un nuevo dolor se apoderó de ellos. Sentía que iba a correrme, así que la detuve, la puse de pie y con fuerza la incliné de nuevo sobre la copiadora.

Volví a subir su falda y la vista de sus nalgas que se abrían ante mí y para mí, así como la entrada de su sexo, hinchado y húmedo que quería ser penetrado con violencia pusieron mi pene como una roca. Sin perder un segundo mi pene tocó sus labios un pequeño instante y después entró hasta el fondo, con fuerza. Miriam gimió al momento que la penetraba una y otra vez. Mis movimientos eran cada vez más fuertes, ella apoyada sobre la copiadora, cerraba sus puños sobre los documentos en los que minutos antes había estado trabajando. Sus senos se movían de atrás a adelante con cada embestida que le daba.

– Sigue, sigue, ¡no te detengas por favor!. Suplicaba.

Mis manos apretaron fuertemente sus senos y Miriam, entre el dolor que le prov apretaban con fuerza sus caderas y nalgas, dejaban marcas rojas y el temblor de sus nalgas ¡con cada embate me prendía más y más! Sus senos continuaban con ese movimiento de adelante a atrás que me volvía loco de lujuria. Una exclamación de placer salió de mi garganta. Estaba a punto de venirme y un segundo orgasmo, más fuerte que el primero, recorrió todo el cuerpo de Miriam al tiempo que me descargaba dentro de ella con fuerza. Nuestros orgasmos liberaron nuestros cuerpos al mismo tiempo. Caímos al suelo, totalmente exhaustos. Yo seguía arriba de Miriam y aún dentro de ella.

Un minuto después, nos pusimos de pie lentamente y comencé a vestirme. Nos miramos fijamente y comenzó a decir algo, pero puse mi dedo índice sobre su boca impidiéndole hablar. Me acerqué a ella y nos dimos un largo beso. Di media vuelta, caminé lentamente por el mismo pasillo que 30 minutos antes había recorrido con velocidad, dejándola sola, desnuda y totalmente confundida en aquel cuarto. Salí a la calle, tomé el primer taxi al aeropuerto, entré a la misma terminal y una hora después estaba ya de regreso a casa.

A la mañana siguiente, encendí como siempre mi computadora y como todos los días, vi a Miriam en la pantalla.

– Buenos días Miriam, ¿cómo amaneciste hoy? Una sonrisa iluminó su hermoso rostro.

Autor: Víctor jgarza11 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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