UN GRAN AMOR

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Lulú, una mujer de 44 años, casada, con dos hijos adolescentes, matrimonio de más de veinte años. Boby, casado de 47 años, dos hijos, ambos tienen una gran familia en sus hogares (hoy).

Al llegar una mañana a mi oficina, se encontraba uno de los directivos de nuestra institución de cual soy el gerente (me llamo Boby), junto a una pareja de un promedio de 37 años, de muy buena presencia él delgado, blanco, ella muy dama, de modales superfinos muy atractiva donde su femineidad le afloraba por todos sus poros, de hecho me llamó poderosamente mi atención esta pareja, me tendió la mano de manera muy cálida y amable, en su presentación, pude darme cuenta del tono sugestivo de su voz y una mirada demasiada expresiva. Finalmente me quedé conversando con ellos pues solicitaban unas vacantes en nuestra institución de formación técnica, a la cual les di su posibilidad inmediata.

En mi interior sin que ellos pudieran darse cuenta me fui fijando en la dama en cuestión, mientras los escuchaba yo la admiraba y la observaba pues su femineidad me encantó, sin ser una mujer bonita era muy atractiva, me di cuenta también que les caí bastante bien lo que nos llevaba a tener un buen diálogo en la conversación. Cuando ellos se retiraron pensé en el atractivo de aquella mujer y por varios días me dio vuelta en mi cabeza.

Los días fueron pasando y cada vez que ella (se llama Lulú) asistía a la institución por cualquier circunstancia y si yo la divisaba la invitaba a conversar conmigo, lo que hacía en muchas ocasiones, ello no era problema pues en ese entonces no trabajaba, al comienzo nuestras conversaciones eran muy formales, para pasar ya a mayor confianza en que en determinadas ocasiones le fui tomando la mano para mayor confianza, pero a la vez insinuando de esa forma que ella me gustaba, hasta que un día llegó ella a mi oficina para conversar conmigo, ese día para mí era especial porque, al verla radiante, femenina, hermosa, delicada, me hice el propósito de ver si existía la oportunidad de poder tener algo con ella, pues ya era un gran deseo mío, al sentarnos en el living de mi oficina lo hicimos como casi siempre en sillones que están juntos por lo que quedamos tomados de la mano y en ese transmitir nuestras energía con ellas me di cuenta que era el día que podía decirle lo tanto que ella me gustaba, la pedí que se parara para trasladarnos al sillón más grande y poder sentarnos juntos, pero en ese pequeño trayecto la pegué a mi cuerpo, dándole mis primeras caricias y un pequeño beso lo cual ella aceptó.

De ahí en adelante se formalizó nuestra relación, sentados en el sillón, le comencé a besar su deliciosa boquita, su cara, la abracé con tantas ganas y ella me demostraba lo mismo, yo en ese momento quería tenerla entera, seguí acariciándole su espalda, su cintura para luego acariciar sus senos primero por encima de su blusa para luego hacerlo abriendo y pasando mis manos por debajo de su blusa así poder acariciar esos hermosos pechos que tiene. Lulú al verme como la acariciaba entera me indicó Boby, eres muy rápido… es que te deseaba desde hace mucho y no me atrevía, porque en cierta forma por lo que representaba ella la veía como una mujer incansable para mí. Ella me respondió, Boby, hoy venía a decirte que desde que te conocí llegaste a mi corazón, cuando tú llegaste a la oficina, le dije a mi marido, me encantó el Gerente, realmente me encantó. Nuestro encuentro de ese día duró como unos diez minutos.

Nos pusimos de acuerdo para el día siguiente de encontrarnos en un centro comercial de la ciudad a las 11:00 horas, llegué a nuestro encuentro muy motivado pues tendría a mi lado una doña mujer, que la deseaba y me gustaba demasiado, la invité a dar una vuelta por la afuera de la ciudad, en un sector costero un poco a discreción de miradas, donde conversamos de lo tanto que nos gustábamos y nos deseábamos, ella tenía una expresión de amor en sus ojos que por

siempre me han cautivado, dentro del vehículo nos acariciábamos bastante. Me lancé sobre sus labios besándolos con pasión, me respondía cada beso que le daba con la misma pasión que yo le entregaba.

Cuando reaccionó un poco, ya le había metido las manos dentro de la blusa y acariciaba sus senos. El jaloneo era tan fuerte que en pocos momentos tenía los senos fuera y los succionaba como un loco. Yo sentía una pasión abrasadora que nunca había sentido, ni siquiera en los encuentros más apasionados con otra dama. Me respondía metiéndome la lengua dentro de mi boca y acariciándome el pecho, desabotonándole la camisa. Quedó acostada de espaldas al asiento del vehículo, por lo que pude meter las manos bajo mi falda para bajarle las pantaletas. Una vez que lo hice, me agaché para mamarle el clítoris. Lo chupaba y lo besaba de tal forma que tuvo variadas sensaciones creo también en orgasmos en ese momento. Mis dedos recorrían a la vez su chochito dándole más sensaciones ricas, pensaba, para que no me olvidase y viera que nuestra relación tendría como base hacerla siempre feliz a ella, a mi gran dama, a mi maravillosa dama Lulú.

Mi boca y mis dedos quedaron mojados de sus líquidos vaginales que en ese momento manaban como de una fuente. Me bajé los pantalones y los slips quedando a la vista un pene que creo dentro de lo normal, se quedó sorprendida mirándome con deseos y luego comenzó a acariciarlo. No pudo evitar las ganas de mamármelo, de besarlo con una gran pasión. Pudo hacer algo que me agrada sentir que llega a metérselo hasta el fondo de su garganta. En ese momento tenía ganas de meterlo hasta el fondo del estómago. Sentía mi pene como un gran caramelo que lo quería tener dentro de sí.

Ella lograba con sus caricias hacia arriba hacia abajo que realizaba con su boquita, las más lindas sensaciones, los más grandes gustos que pronto me llevó a lo más alto de mi excitación, que sentí que iba a eyacular, iba por primera vez entregarle mi lechecita a mi dama linda. Finalmente en ese día pudo ella saborear mi leche sin perder ninguna gota. Eso si quedé con muchas ganas de hacerle el amor, la habría cogido ahí mismo, pero era un poco peligroso, ya habría ocasión para hacerla entera mía, ella creo, que ya sentía algo muy especial por mí, se palpaba, lo transmitía.

Mi Lulú, iba a visitarme más seguido a mi oficina, nos besábamos, nos acariciábamos como dos adolescentes, tenerla en mis brazos ya era lo máximo, sentía que mi gran dama ya era mía, así nos pusimos de acuerdo en juntarnos un día x, en la tarde tipo 16:00 horas para ir a un motel y poder entregarnos como hombre y mujer deseosos de pertenecerse. Ambos habíamos tenido parejas amantes que llegaron a durar hasta varios años, pero que ahora no influían en nada pues a ella, su ex pareja le solicitó volver, pero ella ya sentía que me quería mucho y desestimó volver con él.

Cuando llegamos al motel de las afuera de la ciudad, luego de traspasar y cerrar la puerta, la besé y la abracé, este gesto fue el inicio. Lulú me miraba ya con amor y acercó sus labios a los míos. Fue un beso suave, apenas un roce, pero que sirvió para que ella me interrogara con su mirada acerca de mis deseos. Mi respuesta fue devolverle el beso. Esta vez nuestras bocas se abrieron y dejaron que las lenguas se acariciaran durante unos segundos. Notaba en la conversación cierta vergüenza mostrarse desnuda. Pero la curiosidad y el deseo sexual, era mayor que todos estos temores.

Ya en la habitación, se volvió a mí y cogiendo mi cabeza suavemente, me besó. Fue un beso largo, húmedo mientras acariciaba mi pelo y me apretaba contra ella. Podía notar la dureza de mi polla contra su vientre. Su deseo me gustaba, por lo que me apreté contra ella mientras le acariciaba sus nalgas. Lentamente, sin quitarnos la ropa nos tendimos en la cama. Los besos eran cada vez más ardientes. Las lenguas no se conformaban con encontrarse en el interior de las bocas sino que lamían los labios, las caras. Yo acariciaba los senos por encima de la ropa y sus piernas y ella me palpaba el pene erecto.

Sin dejar de besarnos y acariciarnos empezó a quitarme la camisa y el pantalón mientras yo le despojaba a ella su vestido. En ese momento ella se metió al baño para luego aparecer con un pequeño camisón de seda

sin calzón ni sostén, ella se subió a la cama de rodilla y sus manos encima de la cama, me acerqué desde atrás y comencé a besar su cuerpecito, sus piernas sus nalgas, la acariciaba toda, estábamos muy excitados. Se tendió en la cama y me acabé de desnudar. Estaba ansiosa por ver mi polla. No era descomunal como las que describen en los relatos de las revistas. Era una polla normal. Me acosté junto a ella. Bajé sus tiras del camisón, sus pezones estaban duros, ansiosos de caricias y besos y entendí lo que deseaba ya que apreté y acaricié sus tetas y chupé sus pezones con una ternura que le arranqué suspiros de placer.

Ella se encontraba ardiente de deseo de sentir mi polla dentro de sí, por lo que la cogí y acaricié, le acariciaba las piernas, le acariciaba los labios mayores, como excitado estaba me puse un condón, porque necesitaba penetrarla, hacerla mía, a mi gran dama. Entonces me acomodé y se lo fui metiendo poco a poco. Yo sentía cómo ese trozo de carne le iba horadando poco a poco su vagina, de su chochito. Sentía cómo iba abriéndole hasta más no poder y mi pene tocaba el fondo. Nunca me había sentido tan bien, al penetrarla, sentir su chochito como un guante de seda. Lulú abría lo más que podía sus piernas para que pudiera penetrarla hasta el fondo. Cuando llegué a él, comencé a bombear.

Mis movimientos eran lentos al principio. Sentía el roce de mi pene contra las paredes de su vagina. Entrando y saliendo, entrando y saliendo. El bombeo se hizo cada vez más rápido. Esto me excitaba cada vez más y cada vez más. Sentía a la perfección los espasmos de su vagina alrededor de mi pene, exprimiéndolo. Llegó el momento en que eyaculé con un gran ruido de mi parte y un gran gemido de ella. Nos quedamos quietos. Yo quería tener el máximo tiempo posible mi pene dentro de ella. Sentía como palpitaba aún. Le veía a los ojos con una sonrisa cómplice. Me respondió momentáneamente a la risa. Plenamente satisfechos de poder alcanzar el orgasmo en forma simultánea. Le pregunté si mi peso la molestaba indicándome ella que no, pues soy de contextura maciza y con barriguita.

Tras descansar unos minutos, reanudamos las caricias. Pero se había pasado las horas volando y tras ducharme y ella también, nos despedimos con un beso en los labios. Le di las gracias por poder compartir tan gratos momentos y la fui a dejar a su auto y me marché recordando nuestra primera vez.

Autor: nortino22

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Escrito por Marqueze

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