UN VIAJE DE NEGOCIOS VI

Todavía no había salido el sol. Por la ventana veía la luz de las farolas que daban un aspecto triste a la habitación. Era yo la que estaba triste, no era por la luz; era por mi ánimo.

Recordaba la noche anterior como algo irreal; como algo que no me había pasado a mí, sino a otra persona. Comenzó a entrar tímidamente un rayo de luz por la ventana y las sombras fueron dando paso poco a poco a la claridad de un día que parecía iba a ser espléndido.

Me levanté y fui hacia el baño con la intención de darme un relajante baño. Llené el jacuzzi y mientras entraba en él oí como llamaban a la puerta. Oí voces de mujer y a Pascual hablando en rumano. Entró en el baño y me preguntó si me importaba que "nuestras amigas" desayunasen con nosotros. Le dije que no me importaba en absoluto, que pidiesen y empezasen que yo tardaría un rato.

Me embadurné de crema corporal muy despacio; fuera oía gemidos de placer y palabras en rumano que no entendía. Quería alargar la salida del baño lo más posible. Después de 15 minutos de intensos gemidos salí al dormitorio. El desayuno no había llegado, pero algunas se estaban poniendo las botas a comer…

Pascual estaba tumbado en la cama y nuestras amiguitas le estaban comiendo la polla con un entusiasmo que yo no había visto nunca. Él las cogía por la cabeza y gemía de placer ante aquellas dos bocas hambrientas que, sin duda alguna, debían de estar dando un goce incomparable.

Una de las chicas (no recordaba el nombre de ninguna de las dos), levantó la cabeza de la polla de mi novio y me invitó con la mano a unirme al grupo. Pascual seguía con los ojos cerrados. Con la mano le hice un gesto que le indicaba que prefería mirar sentada desde el sillón.

Me senté y fui observando como la polla de mi novio estaba a punto de reventar en la boca de aquellas guarras. En el momento en que mi novio estaba a punto de correrse llamaron a la puerta. Era el desayuno. Me levanté y abrí mientras los otros tres seguían a lo suyo. Era la camarera del día anterior con su trajecito ridículo. Entró con el carrito y se quedó muda cuando vio lo que estaba pasando en la cama.

Se volvió, me miró y en un español más que aceptable me preguntó: -¿Por qué la señora no juega? -Porque a la señora no le gusta jugar cuando la partida está empezada, le contesté con una sonrisa.

Sin decir nada más salió de la habitación mientras mi novio lanzaba un grito de placer que debió oírse hasta en las cocinas del hotel. Llenó la cara del par de zorras con su leche caliente y se quedó tumbado mirando al techo. Las rumanas entre risas se fueron al baño. Pascual me dio los buenos días con un beso y se sentó a mi lado para desayunar. Alargué la mano y cogí mi móvil. Marqué el número de Pierre, que me contestó con una voz bastante dormida aún y quedé con la parejita de franceses para comer en su hotel.

Cuando terminamos de desayunar Pascual fue a darse una ducha. Las rumanas no habían salido del baño, por lo que supuse que tardaría bastante en salir y que iba a estar ocupado, pero las chicas habían salido por la otra habitación. Pascual me llamó y entré. Estaba en el jacuzzi y me pidió que le lavara la espalda. Cogí una esponja y comencé a enjabonarlo sentada en el borde de la bañera con las piernas abiertas. Mi diminuta bata dejaba ver mi coñito bien depilado. Cuando terminé, Pascual se dio la vuelta y abriéndome las piernas comenzó a lamerme el coño muy despacio. Jugaba con mi clítoris y metía su dedo mojado en mi coño que ante la fricción de su lengua estaba empapado. Se puso de rodillas y me tumbó en el borde de la bañera. Su lengua entraba y salía de mi coño y sus hábiles dedos masajeaban mi clítoris. Sin decir nada salió de la ducha y cogió una de sus maquinillas de afeitar y la espuma.

Quiero ver tu coñito depilado y suave, me dijo.

Abrí las piernas y le dejé que me embadurnara el coño con espuma. No era la primera vez que lo hacía, y no puedo evitar ponerme como una moto cuando lo veo aplicadito poniendo la espuma y pasando la maquinilla por mi coñito. Cuando terminó me metió en agua para enjuagarlo bien y me pidió que volviera a sentarme en el borde. Pasó su lengua por mis labios mayores una y otra vez; bajó hasta el perineo; hasta el ano y volvió a subir jugando con sus dedos dentro de mi coño. Iba a correrme y lo sabía.

Lo que más me gusta es sentir como te corres en mi boca. Es uno de los mayores placeres que puede sentir un tío, ¿lo sabías? Decía mientras sus dedos entraban y salían de mi raja. Yo no dejaba de gemir de placer y estaba esperando el momento de correrme. Dos nuevos lametones y lo consiguió. Tuve un orgasmo increíble. A pesar de que me acababa de correr, Pascual no dejaba de chupar; mis convulsiones lo animaban, con lo que consiguió que el orgasmo se prolongara hasta empalmar con uno nuevo que me dejó exhausta. Sin levantarme de la bañera me besó en la boca y me dijo que de todas las tías con las que había follado en su vida yo era la mejor. Aún sabiendo que no es cierto esas cosas consiguen halagarme.

Decidimos salir a dar otro paseo y hacer cosas de turistas hasta la hora de comer en que habíamos quedado con los fransuas y nos acercamos al casco antiguo de la ciudad. Quería visitar un par de museos antes de marcharnos. Pasamos lo que quedaba de mañana en un museo arqueológico viendo réplicas de yacimientos de la Edad del Bronce y comparando sus cerámicas con las que conocíamos de nuestra zona. El tiempo se pasó volando y a las tres de la tarde fuimos al hotel para cambiarnos de ropa e ir a visitar a nuestros amigos.

Pascual se puso unos vaqueros negros bastante ajustados para remarcar su culito y yo opté por una mini negra y una camiseta en el mismo color con mucho escote, botas negras de tacón y medias con blonda. Con las prisas (o solo por ver la cara de mi novio cuando se lo dijera) me dejé la ropa interior sobre el lavabo del baño. De camino al hotel le dije a mi novio que me había olvidado la ropa interior en el baño y éste me sonrío y me dijo: – ¡Qué casualidad!, nunca sales sin ropa interior y hoy que vamos de visita se te olvida.

En el vestíbulo del hotel nos esperaban los franceses con cara de aburrimientos. Pasamos al comedor y nos sentamos por parejas de manera que yo tenía enfrente a Pierre y Pascual estaba sentado enfrente de Denisse.

Con los primeros platos pude observar que la francesita no dejaba de sonreír y mirar a mi novio. Estaba un pelín mosca, por lo que dejé que se me cayera la servilleta y me agaché a cogerla. Ahora estaba la cosa clara: la francesa estaba acariciando el paquete de mi novio con su pie y a la bragueta de él crecía a ojos vista. Me hice la tonta hasta la hora de las copas; Pascual y Denisse habían pasado toda la cena hablando sobre las cosas que tenemos en común españoles y franceses, y Pierre y yo sobre los lugares a los que nos gustaría viajar. Con el vino de la cena y los cubatas de después, Denisse estaba cada vez más cariñosa, y al final Pierre nos invitó a tomar la última copa en su habitación.

Subimos en el ascensor y Denisse no dejaba de sobarle el paquete a su marido que se notaba que estaba cada vez más caliente. Me miraba y me sonreía. Parecía decirme con los ojos que todavía se acordaba de la noche anterior, y yo le devolvía la sonrisa. Cuando llegamos a la habitación pasé al baño. Quería lavarme un poco la cara para despejarme del alcohol que llevaba dentro. Cuando salí del baño me encontré a Pascual tumbado boca arriba en el sofá, completamente desnudo y con su polla dentro de la boca de la francesita; Pierre estaba situado detrás de ella metiéndole su enorme aparato por el coño. Ante la visión mis pezones se pusieron duros como piedras, y al no llevar ropa interior, los tres se dieron cuenta de que estaba empezando a excitarme.

– Vamos cariño, acércate y juega un poco con nosotros. Se te nota en la mirada que estás deseando. Me dijo mi novio.

Alargó su mano como invitándome a unirme al grupo. Di dos pasos al frente y Pascual metió su mano bajo mi falda. Mi coño estaba húmedo, y la falta de vello hac&iacu

te;a que las caricias de mi novio aumentaran mi excitación haciendo que empezara a gemir y a mover mi cintura acompasando los movimientos de la mano de Pascual con los que la excitación me iba provocando. Metió sus dedos en mi coño y tirando de mi falda hizo que me acercara a él. Me arrodillé sobre su cara y comenzó a lamerme el coño. Desde esa postura podía ver como la francesa era capaz de meterse toda la polla de mi novio en su boca; subía y bajaba por el tronco mientras le acariciaba los huevos. Con las embestidas de su marido por detrás, las tetas se le bamboleaban rozando los muslos de Pascual que de vez en cuando la cogía y le pellizcaba los pezones.

De pronto, Denisse decidió cambiar de posición y se puso de rodillas para empezar a cabalgar sobre la polla de mi novio. Empezó a subir y bajar lentamente y alargando sus manos, sacó mis tetas por el escote de la camiseta mientras me acariciaba los pezones. Pierre estaba a su lado haciéndose una paja y disfrutando del espectáculo que su mujer le ofrecía. Cuando estaba a punto de estallar paró, hizo que su mujer se agachara un poco y le metió la polla por el culo. Denisse aullaba de placer y dolor, y su marido empezó a embestirla de una forma casi brutal. Pascual disfrutaba con la cabalgada y para dejarle poder ver como se estaban follando a aquella tía entre los dos, me retiré y me senté en un sillón, enfrente de ellos. Me gustaba aquel espectáculo: una tía follada por dos tíos a la vez.

La respiración de los tres empezó a hacerse cada vez más rápida y los dos se corrieron dentro de ella que no paraba de gritar y gemir. Pierre se fue al baño; Pascual y la francesa se sentaron en el sofá hasta que Denisse, aún chorreando semen, se acercó a mí. Separó mis piernas poniendo una en cada uno de los brazos del sofá y comenzó a comerme el coño para que no me sintiera sola según me decía en francés. Con el espectáculo de una tía con la falda subida por la cintura, espatarrada en un sillón y con las tetas por encima del escote, mientras otra le comía el coño, la polla de mi novio creció en unos segundos ("de cero a cien en tres segundos. Nuevo record, pensé"). Se levantó del sofá con la polla como un toro; se acercó a mi y comenzó a comerme las tetas; me mordía los pezones, me los pellizcaba y me los chupaba hasta que acercó su polla a mi boca. Me la metí entera (yo no iba a ser menos que la francesita) y le chupé los huevos. Mis manos recorrían su culo y sus huevos. Cuando consideré que estaba lo suficientemente dura lo miré y le dije: – Vamos cariño, no defraudes a nuestra amiga que está deseando sentir tu polla en su culito.

– Tú mandas, me contestó Pascual con una sonrisa.

La francesita estaba tan ensimismada comiéndome el coño que no se dio cuenta de que Pascual estaba ya de rodillas detrás de ella. Agarrando su polla con las dos manos se la metió por el culo con una enorme embestida. Denisse levantó la cabeza de mi coño lanzando un grito de sorpresa y dolor, pero pronto se relajó y comenzó a balancearse para que la polla de mi novio le entrase hasta los huevos. Con cada balanceo su lengua entraba y salía de mi coño lo que hizo que yo explotase en un orgasmo mientras que veía como mi novio estaba a punto de hacer lo que yo. Denisse gemía de placer y Pierre que acababa de volver del baño aplaudía viendo como se follaban a su mujer.

Mi novio y la francesa se corrieron al tiempo quedando tumbados en el suelo de aquella habitación llena de un dulce olor a semen y sexo. Pascual y yo volvimos andando a nuestro hotel. Era ya de noche. Estábamos cansados y no sabíamos si íbamos a tener fuerzas para un último polvo de buenas noches.

Autor: Nuria y Pascual nyprelatos (arroba) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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