Una experiencia enriquecedora

Estuvieron ausentes como una hora, desde la barra se escuchaban los alaridos de mi mujer, ya que al parecer el moreno estaba practicando con ella su “deporte” preferido, esto es, romperle el culo a cuanta puta se le pusiera delante, y mi señora no iba a ser menos, hasta que por fin regresaron.

Tengo que decir que a mis 45 años he tenido, afortunadamente un vida sexual muy intensa y satisfactoria. Prácticamente he experimentado todo, pero debo reconocer que mi adicción favorita es ver a mi bella esposa gozando con otros hombres.

Tal es mi placer que en todo momento he incentivado su natural morbosidad para que me ponga todos los cuernos que quiera. Es más, me encanta ver como la gente, al notar que mi esposa se entrega con toda facilidad a otros, me mira entre apenada y sonriente.

En realidad mi exposición a ser cornudo público me excita enormemente y – por suerte – también a mi amada esposa. Lo que les voy a relatar ocurrió en un viaje al Caribe, más precisamente a la isla de Saint Croix que entre nosotros es bastante aburrida.

Por la noche salíamos a tomar unos tragos y a buscar aventura, también es justo que lo diga yo era el principal motivador para que mi mujer (que es muy bella) se vistiera sexy y provocativa. Fue así como fuimos a dar con un bar bastante normal, atendida por dos dominicanas y con la barra repleta de gente, solo quedaban dos asientos libres, uno en la punta de la barra y el otro en el medio, yo me senté en la de la punta y mi mujercita en el medio justo al lado de un moreno que resultó ser el dueño del lugar.

El tipo al ver las piernas de mi mujer y su belleza general se entusiasmó y nos invitó a un trago. Mi esposa tomó una naranja con vodka y yo preferí una cerveza. La situación era bastante atípica ya que mientras yo tomaba, solo en la punta de la barra, mi mujer hablaba animadamente con el moreno, situación que no pasó desapercibida por el resto de los asistentes que a partir de ese momento no paraban de mirarnos, tal vez esperando una reacción mía.

Al rato de la conversación mi esposa comenzó a acariciar la pierna del moreno, obviamente delante de todos, lo que incrementó notablemente la curiosidad y excitación de hombres y mujeres que poblaban el lugar, incluyendo a las dos barman.

Al rato mi esposa, muy respetuosamente se me acercó, y me preguntó si me molestaba la situación, a lo que yo respondí que muy por el contrario me encantaría que siguiera adelante. A esta altura prácticamente todos estaban pendientes no solo de la seducción que mi mujer desplegaba sino de mi posible violenta reacción.

Al rato mi mujer vuelve hacia donde yo estaba y me preguntó en alta voz, que fue escuchada por la mayoría de los parroquianos que José (así se llamaba el moreno) la había invitado a conocer su oficina en la planta alta.

Yo le respondí en el mismo tono que de ninguna manera me molestaba, que fuera tranquilo mientras yo me apuraba la tercera botella de cerveza. No les quiero contar la reacción de todos cuando vieron a mi esposa, que lucía una linda minifalda de cuero negro, tomada de la mano del moreno subieron la escalera.

Estuvieron ausentes como una hora, desde la barra se escuchaban los alaridos de mi mujer, ya que al parecer el moreno estaba practicando con ella su “deporte” preferido, esto es, romperle el culo a cuanta puta se le pusiera delante, y mi señora no iba a ser menos, hasta que por fin regresaron.

José, con cara muy sonriente, le dio una palmada en el culo a mi mujer y me guiñaba un ojo, se lo aseguro, me dijo, un culo de primera, se lo digo yo que algo se de culos…

Mi esposa caminaba algo dificultoso, abierta de piernas como si acabara de montar un toro bravío, entonces me dijo que estaba algo agotada y que prefería que volviéramos al hotel a descansar. Yo asentí obedientemente y nos encaminamos al auto, no sin notar que varios parroquianos muy divertidos a esta altura se acercaban a la puerta para vernos marchar.

Pero mi esposa no había concluido, apenas subió a nuestro carro me dijo que no prendiera todavía el motor, que quería que yo le besara su conchita y el culito, y que le mamara toda la leche que generosamente el moreno había depositado entre sus piernas. Como soy un cornudo obediente y feliz, me agaché colocando mi cabeza entre sus piernas y gozando de una delicia incomparable.

Cuando terminé de limpiarla bien, me incorporé y noté para mi alegría y sorpresa que varios parroquianos se habían agolpado en las ventanillas del carro y gozaban de la situación.

Puse en marcha el auto y mi esposa bajó el vidrio de su ventanilla para decirles: Hasta pronto chicos, cualquier noche de esta regresamos…

Autor: pwpw

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Escrito por Marqueze

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