VERO, MI DIOSA

Hola a todos. Éste es el primer relato de una serie que ojalá no termine nunca, porque eso significaría que mi relación con Vero sigue viva. De todos modos, creo que hasta el momento, en los más de 7 años que he pasado a su lado hay experiencias más que suficientes como para escribir toda una vida.

Así que si mis primeros relatos os gustan, si deseáis saber más de esa extraordinaria mujer que el destino me ha entregado (aunque mejor habría que decir que yo soy el que ha sido entregado a mi diosa) los relatos continuarán. Mi nombre es Nacho, y tengo en la actualidad 28 años; Vero, tiene 25. El inicio de nuestra historia se remonta al año 95 y desde entonces hemos compartido una relación que va más allá de todo lo "normal", una relación que ha trasgredido algunas de las normas más sólidas impuestas por una sociedad que no comprende los infinitos caminos del amor, del deseo, del sexo, del placer salvaje… en definitiva, del delirio.

Por aquel entonces, yo estudiaba en una prestigiosa escuela de ingeniería y como era costumbre al inicio del curso, los amigos de los cursos más avanzados nos dábamos una vuelta por las aulas de primero para intentar echar un ojo a las nuevas estudiantes. Supongo que lo normal sería que os dijera que cuando la vi me quedé fascinado por ella, que fue un flechazo… pues no. No supe de ella (al menos de forma consciente) hasta después de las navidades del 94. De hecho, a mí me quedaba aún una asignatura de primero a cuyas clases comencé a asistir después de vacaciones y fue entonces cuando la conocí.

Todo comenzó como una relación típica de compañeros, charlábamos algo en clase, nos saludábamos por los pasillos, etc. La verdad, es que poco a poco, comencé a ver en ella algo más; comencé a ver la posibilidad de que ella pudiera ser algo más en mi vida, algo que pusiera orden en una desordenada existencia cargada de pasiones y desenfreno. Os preguntareis por qué digo estas palabras… pues bien, por aquel entonces, Vero era una encantadora chica de carita angelical educada en colegio de monjas y con aspecto de no haber nunca roto un plato. Y así fue como comencé a intimar más con ella, como se fue fraguando una amistad que yo deseaba se convirtiera en algo más… y ella también.

Yo no soy un tío de los que cuando va por la calle las mujeres se volteen para mirarlo. Me considero, y me consideran, relativamente atractivo… pero mi verdadero encanto se descubre cuando se me conoce, cuando se me escucha, cuando se me observa… por eso, con el paso del tiempo nuestra atracción fue en aumento hasta el punto de que creí que había llegado el momento de dar el paso… de "atacar". He de decir, que por aquel entonces yo tonteaba también con otras compañeras de clase, y con alguna de ellas mantenía relaciones sexuales. Nunca pensé que Vero lo supiera, además…realmente estaba dispuesto a dejarlo todo por ella… pero el caso, es que cuando creía que todo iba a salir bien, Vero me dio calabazas. (Tiempo después, me dijo que fue aconsejada por una amiga que sabía lo de mis líos de faldas).

Ni que decir tiene que me sentó fatal… no por la negativa, que lógicamente no era la primera que me daban… sino porque estaba convencido de que yo le gustaba y deseaba salir conmigo. Así pasó un tiempo, en el que nuestra amistad se enfrió… casi se congeló… pero el destino nos había creado para que estuviésemos juntos, y no podríamos evitarlo. De hecho, estoy convencido de que en el fondo ambos compartimos una sola alma. Creo que cuando desde el cielo partió mi alma el día de mi nacimiento, por alguna razón una parte de ella se separó y vagó por el mundo hasta el día en que Vero nació, para introducirse en ella de forma que finalmente no podía ser de otra forma que se unieran con el paso de los años. Bueno, el caso es que más o menos un mes después, volvimos a quedar para ir al cine y allí comenzó nuestra historia de amantes.

Nada hacía suponer que aquello pudiera convertirse en una de las relaciones más fuertes, eróticas, salvaje

s y delirantes que este planeta conociera en su historia… O sí lo hacía?… La verdad es que aquel mismo día nos besamos, nos comimos y nos sobamos a conciencia… de hecho, cuando me quedé solo me sorprendió un poco a aquella reacción. No era lo que yo me esperaba, no era "normal" que una chica recatada, educada, de buena familia se dejara comer y tocar de aquella manera en la primera cita. Pasaron los días, y cada vez nuestra pasión era mayor. Nuestro desenfreno amoroso era cada vez más salvaje y nuestro deseo aumentaba peligrosamente hasta el punto de que fuimos sorprendidos en alguna ocasión, con su vestido o su falda prácticamente anudado a su cintura en los reservados de algún bar. De no ser porque el verano llegó y al terminar el curso nos distanciamos algo, los acontecimientos seguro que se habrían acelerado.

Pasó el verano, y de nuevo los exámenes de septiembre volvieron a entonar nuestra relación. Cuando comenzó el curso, yo me agencié un coche, un todo terreno medio destartalado en el que resultaba más fácil dar rienda suelta a nuestros salvajes instintos… hasta que una noche, apenas pasados unos días del inicio del curso sellamos definitivamente nuestro amor cuando ella me entregó su primera vez… su virginidad. Los días y meses siguientes fueron una locura… realmente enloquecimos y nos entregamos al delirio del sexo. Desde primera hora de la mañana nos pirábamos las clases y nos íbamos en el coche a algún campo a gozar de nuestros cuerpos, de nuestro deseo y de nuestra locura.

En aquellos meses lo hicimos de todas las formas posibles, de todas las posturas conocidas y de alguna que nosotros inventamos… conocí el placer de todos sus rincones y Vero mejoraba ostensiblemente día a día… su cuerpecito iba dando paso al hermoso cuerpo de una mujer sensual, su vestuario también cambió y poco a poco sus formas de mujer hermosa comenzaron a verse realzadas por sus ropas… sus escotes…sus braguitas fueron dejando sitio a los cada vez mas diminutos tangas, sus sujetadores fueron desapareciendo cada vez más dentro de su armario hasta el punto de no usarlos nunca… y mi Vero era cada vez más observada, mirada… Y deseada por el resto de los hombres. Durante nuestros maratones sexuales nos hablábamos mucho… nos contábamos fantasías… lugares exóticos… placeres prohibidos.

Poco a poco, nuestro delirio nos pedía más… nos exigía que aumentáramos las dosis de sexo… de pasión… y nuestras fantasías comenzaron a ser más salvajes. Comenzamos a imaginarnos otras personas, al principio sin rostro… sin nombre… luego poco a poco, en nuestras fantasías había gentes conocidas… amigos… compañeros… hombres y mujeres con los que nos imaginábamos increíbles orgías mientras nos entregábamos desesperadamente al goce de nuestros sexos; había también animales, había incesto… en fin, todo lo que fuera sexo… pasión… locura. Durante mucho tiempo, unos dos años, nunca nos planteamos nuestras fantasías más allá de los ratos de sexo… que eran muchos… pero poco a poco, en nuestro interior crecía el deseo ya incontrolable de hacer realidad todo aquello… de dar vida a nuestras oscuras pasiones y deseos; si bien, aún no nos atrevíamos a dar el paso siguiente.

La cosa no pasaba de imaginaciones y de algo de exhibicionismo por su parte. Exhibicionismo que a mí me enloquecía, y que le pedía a veces… como cuando estábamos por la noche, en el coche entregados a la lujuria en un campo muy frecuentado por parejas y mi Vero se erguía mostrando desafiante sus hermosos pechos cuando algún otro coche se acercaba enfocándonos con sus faros o cuando en verano abríamos las ventanilla por el calor y ella gritaba como una posesa haciendo que los ocupantes de los coches cercanos la oyeran en su delirio orgásmico. En fin… supongo que con esta introducción os podáis hacer una idea más o menos de lo que sigue en nuestra historia, y que decidáis si queréis seguir sabiendo más… si deseáis conocer la historia de cómo Vero se convirtió en lo que es hoy… Una diosa del placer, la reencarnación de Afrodita… la mujer más sensual, enloquecedora y viciosa que existe y a cuyo servicio estoy yo, como Sumo Sacerdote de su culto.

Hoy Vero es una profesional de éxito en su vida laboral, una preciosa joven que hace que los hombres se volteen a su paso, una mujer que ha tenido y tiene

infinidad de amantes tanto hombres como mujeres, una mujer que ha gozado y sigue gozando de todos los placeres, que ha conocido el sexo en su dimensión más profunda y salvaje, una mujer cuya experiencia sexual a sus 25 años rebasa todos los límites de lo socialmente permitido y establecido, una Diosa hecha mujer… Mi mujer. Sinceramente espero que os haya gustado mi relato, y pronto continuaré con la historia de cómo Vero se convirtió en lo que es hoy.

En ocasiones, cuando hablamos de todo esto… ella ríe maliciosamente y me dice que soy el culpable… que ella no era así… que yo la he convertido… Mi respuesta es siempre la misma: No, no tengo el poder de convertir a la gente… yo solo he sido un "catalizador" simplemente he facilitado que ella sacara lo que llevaba dentro… y lo sigo haciendo, porque estoy seguro de que aún nos queda mucho por vivir… aún nos queda mucho por experimentar…

Autor: GENESIX

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Escrito por Marqueze

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