Entré con mi rostro muy serio y esta vez sin voltear ni un poco hacia donde estaba aquel sujeto, y esperé mi turno.
• Hola, me das un helado de plátano para llevar. – Dije alzando un poco la voz para asegurarme de llamar la atención.
Sabía que él seguía allí con su familia y seguramente comiéndome la cola con la mirada.
Comencé a caminar hacia la salida y lo mire y él a mí, esta vez no le sonreí pero agaché el rostro y volví a mirarle antes de salir y seguí caminando hasta una de las bancas de en frente. Me quedé de pie dándole la espalda y seguramente el señor me miraba a través de los enormes ventanales. Yo sacaba el culo, cruzaba las piernas y hacía como que miraba a cualquier lado muy distraída. Era hora de actuar bien así que tiré unos pañuelos; el pretexto perfecto para poder agacharme y dejarle ver mis caderas ensancharse dentro del pantalón; sabía que él desearía que mi pantalón no aguantara y reventara, se volvería loco pero oh sorpresa, un tipo joven del que ni me había percatado se acercó rápidamente y me recogió los pañuelos, evitó que me empinara para aquel viejo.
En vista de mi seducción fallida con el viejo, me pasó por la cabeza convertir al joven en mi nueva victima; pero no solo era tener una verga dentro de mí, quería humillar a alguien con ello; quiero que mi debut sea con un hombre casado, para hacer cornuda a su esposa.
Me retiré del centro comercial un poco molesta por la estupidez de aquel viejo, pero también un poco aliviada; “no quedó en mi” – me dije. Y tras caminar un par de metros rumbo a la salida:
• Disculpa, ¿quieres que te lleve? – oí decir a alguien de tras de mí.
Y mi sorpresa fue que al voltear vi que era precisamente la victima que yo había creído perdida; el señor de la heladería, “¿no que no?” – pensé.
• Hola! – exclamé con una sonrisa y dando pie a que él me dijera algo más.
• Está oscureciendo y la atracción de las fiestas no debería andar sola.
• De las fiestas? ¿Cuáles fiestas? – yo seguía muy simpática.
• Pues las que hacen todos a donde quiera que te paras; eres un carnaval de sensualidad y yo quiero disfrutar de él.
No me gustaba para nada lo que me decía ese imbécil, pero tenía que hacerlo de una vez por todas; para mí era más un reto que un simple desliz.
El tipo iba decidido y eso me atemorizaba pero a la vez me excitaba, además yo quería que esto fuera lo más rápido posible y decidí no hacerme más del rogar.
• Jajaja! – Yo reía como una idiota para animarlo a continuar, pero debía terminar con eso pronto. Yo aun no estaba lista para salir de aquella plaza con un desconocido, así que tomé la iniciativa.
• Qué te parece si nos vemos en 5min en el descanso que está bajando las escaleras, ok? – le dije, pues necesitaba un aliento antes de atreverme a algo.
• Que? – dijo él sorprendido, yo solo le sonreí y me dirigí al baño que está junto a las escaleras. Yo sacaba bastante el culo y meneaba mi cola para que al viejo no le quedara de otra más que obedecer.
Tras mirarme al espejo por un tiempo, tomé aire y salí. Bajé por las escaleras de emergencia y esperé en el descanso. Cuando él llegó empezó a bajar muy despacio, la lujuria se notaba en su mirada, yo empezaba a tener miedo; creí que me arrepentiría en el último momento.
• Wao! Que será esto, una probadita? – dijo desconcertado, yo sonreí.
• Que te parece si mejor nos vamos a un lugar más íntimo? – sugirió él.
• No se, no estoy segura – yo estaba asustada, no sabía que hacer y eso él lo sintió como una invitación, me tomó de la cintura y me plantó tremendo beso que casi me deja sin aire.
Aquel beso bató para quitarme cualquier duda que hubiera tenido. Comenzó a manosearme el culo como si quisiera arrancármelo, y yo lo disfrutaba.
Sentía sus manos estrujar con fuerza mis nalgas y mi chocho, su boca pretendía dejarme casi sin sabor en los labios de las succiones que me daba. El tipo sabía bien lo que hacía y yo no pensaba en interrumpirlo, mi coño escurría por sentir su verga. Estaba a punto de dejarme llevar cuando pensé “¿y los condones? “, puta madre la mía!, había estado tan decidida en buscar una verga que jamás pensé en que la encontraría.
“Algo se me ocurrirá” me dije en ese momento para no dejar de disfrutar de la manoseada que me estaba metiendo ese desconocido.
Para sentir la humillación de su mujer le pregunte por ella:
• Y tu esposa? – susurraba yo jadeante.
• Eso te preocupa? – dijo con mucha extrañeza pero sin dejar de manosearme.
• Sí, un poco.
• Les está comprando zapatos a los niños, y yo regresé a casa por la tarjeta de crédito. – y echó una carcajada.
• Y te gusta lo que encontraste? – decía yo mientras le abría la cremallera del pantalón.
• Wao, creo que me va a fascinar – dijo, y entonces le saqué la verga del pantalón.
Comencé a masturbarlo mientras él cuidaba de que nadie nos fuera a descubrir. Para entonces ya había una mezcla de miedo, placer y culpa en mis entrañas, no sabía si podría continuar, pero seguro me iba a atascar la boca con esa verga que crecía entre mis manos y no pude más, me agaché y comencé a mamarle la verga con tal entrega que él trataba de calmar mi ritmo tomándome de la cabeza.
• Ahh, ahhh, ahhh, sííí – Gemía él con disimulo.
Yo no decía nada y seguía mamando, perdí la noción del tiempo y solo me importaba guardar en mi memoria cada detalle de esa verga; su sabor, su olor, su calor y su textura, me la tragaba de golpe hasta la garganta y a penas la sacaba y ya arremetía de nuevo hasta el fondo. Hacía tiempo que soñaba con tener algo así para disfrutarlo y estaba dispuesta a disfrutar cada segundo:
• Oh, lo haces de maravilla! Estás buenísima. – repetía el viejo mientras yo se la mamaba.
El sonido de mis mamadas era espectacular y recordé aquella frase que vi en la carta de mi alumno “se bien lo puta que eres y que te encanta comer verga”, yo estaba calientísima y pensé en ese momento que mi púber alumno tenía mucha razón sobre mí y comencé a magrearme el coño, “sí, me encanta comer verga” pensaba. No se cuanto tiempo se la estuve mamando pero debió ser bastante, pues ya empezaban a dolerme los pies y el cuello, sentía como una mezcla de mis lágrimas y mi saliva, empezaba a escurrirme mojándome toda la blusa.
Y justo cuando perdí la cabeza y estaba a punto de llevarme al viejo para que me cogiera, él me indicó que se venía.
• Me vengo hija. – dijo el viejo con voz entrecortada.
Me causo gracia pero me gustó el que me llamara “hija” porque me hizo sentir una mujer joven otra vez, y en recompensa yo apunté su verga a mi boca abierta, deseaba saborear su semen, sentirlo caliente en mi boca y en toda la cara.
• Ahhhhhhh – Gimió, y el primer chorro y el segundo me rociaron la cara, mientras los demás se depositaron en mi boca.
Tras su venida, me tragué su leche y me encantó, me sentía la esposa más puta de todas y eso me gustaba. Nunca le había hecho una mamada a nadie, y mucho menos había probado el semen hasta ese día pero parecía que lo había hecho bien. Me puse de pie y empecé a recapacitar sobre querer follarme al viejo, recobre el sentido del tiempo y parecía que nadie había notado nada.
Mientras yo limpiaba mi blusa y mis tetas con unos pañuelos él finalmente se guardó la verga y se quedó mirándome en silencio, esperando a que yo dijera algo.
Al darse cuenta que yo me disponía a retirarme, él llevó una de sus manos a mi coño:
• Estuviste fabulosa pero me muero por cogerte.
• Y crees que eso va a pasar? – dije yo sonriéndole.
• No lo se, cuanto me va a costar? – se veía que nunca tuvo gratis a una mujer de mi talla.
• Nada porque ya me voy – Le volví a sonreír y baje por las escaleras.
• Cómo que te vas?!
• Sí; no te ofendas, es solo que olvidé algo y ya se me hizo tarde – y me marché.
• Cuando te volveré a ver? – gritó el muy estúpido cuando yo ya iba en plena plaza; más de un indiscreto volteó a verme y tuve que fingir.
Le soplé un beso y seguí caminando hasta la avenida principal sin voltear. Lo último que quería era que el viejo identificara mi auto así que tomé un taxi.
Me dirigí a una tienda de ropa cerca de ahí para comprarme una blusa, y también para hacer tiempo y regresar a recoger mi auto sin el temor de encontrarme de nuevo al tipo del cual aun tenía su semen reseco en mis mejillas, así que saqué mi espejo y comencé a quitarme los rastros de su leche en mi cara.
El taxista enseguida se percató de lo sucedido: mi prisa por limpiarme la cara con mi saliva, mi boca reseca, pero sobre todo, el olor a semen que traía encima; era obvio, venía de comer verga, pero poco me importó lo que pensará el taxista.
Ya de regreso y tras comprarme una blusa, regresé por mi auto, y una vez dentro encendí mi teléfono, tenía un mensaje de Javier: “Vamos a ir al cine de “Las Palmas” (donde estaba yo) a ver una película, nos vemos allá. Besos!” Me puse nerviosa por tener que regresar al centro comercial y salí del auto para tomar aire, increíblemente no quería hacerle saber a mi esposo que había estado con otro hombre; y mucho menos que mamándole la verga, aunque ganas no me faltaban; fantaseaba con restregárselo. Pero mejor me puse un poco de perfume y salí del auto a esperar.
A los pocos minutos me llamó mi marido y me dijo que ya iban llegando en un taxi a la plaza y que nos veíamos en el cine, así que me dirigí hacía allá. Como siempre, al llegar a donde estaba mi familia fui nuevamente la sensación y robaba las miradas de todos, pero esta vez había una soberbia en mí que nunca había experimentado. Fuimos a comprar los boletos de la película. Mi esposo como siempre, estaba tan fascinado con saber que era la envidia por el viejorron que se cargaba, que no notó nada en mí.
Nos formamos en la fila y al empezar a salir la gente de la función anterior vi a muchos señores acompañados de su familia, y en cada uno de esos hombres me veía de rodillas frente a ellos mamándoles la verga como lo había hecho horas antes con un completo desconocido. De pronto me empecé a excitar con cada hombre que pasaba frente a mí, mis ojos se clavaban directamente en sus pantalones e imaginaba como serían sus vergas, las ganas de mirarles el bulto se me empezaba a hacer una obsesión, y lo peor es que lo hacía delante de mi esposo y mis hijos. Quería tranquilizarme para no hacer notar mi extraño comportamiento y lo primero que se me ocurrió fue salirme de la fila con el pretexto de ir al baño.
Al llegar al baño me baje el pantalón y noté que estaba completamente mojada, no me resistí y le mandé un mensaje a Javier diciéndole que tardaría un poco en el baño pues no me sentía muy bien. Me bajé completamente el pantalón y la tanga, y me senté encima de la tapa; sin más sólo comencé a sobarme el coño.
Introducía mis dedos despacio y con un suculento vaivén. Ahogaba mis gemidos con un agitado pero silencioso respirar. Imaginaba que aquella verga entraba en mi coño, sentía como la recibía mi conchita húmeda, y como la apretaba sintiendo su grosor rozando mis paredes, estaba disfrutando de mi primera paja en años.
Tuve un orgasmo tras otro, de veces se me escapaban pequeños gemidos que parecían chillidos y resonaban en el silencioso y solitario baño.
Luego quise ponerme más a tono y saqué aquella carta que llevaba en mi bolso y comencé a leerla al tiempo que seguía machacándome el coño.
Cada palabra en esa carta era como una arremetida de verga y la disfrutaba al máximo, se detuvo nuevamente el tiempo y mi coño no paraba de chorrear hasta que de pronto escuché como la gente iba entrando al baño. Vi la hora y reaccioné!. Había estado masturbándome en el baño toda la película.
Me vestí rápidamente y salí al encuentro de mi familia, fingiendo una cara de malestar para no levantar sospechas pero con una gran sonrisa por dentro, de esas sonrisas de satisfacción que solo te las dan los orgasmos.
• Como estuvo la película? – les pregunté.
• Buena, a los niños les encantó! Tu ya estás mejor? – preguntó mi esposo.
• Pero porque no entraste al cine con nosotros mami?
• Su mamá está cansada niños – interrumpió Javier.
• Mejor vayámonos a casa porque mañana me toca trabajar – dijo Javier nuevamente.
• Sí, creo que solo necesito dormir y estaré como nueva – mentí.
De regreso en el auto con mi familia yo me sentía satisfecha, contenta y casi realizada; hasta me acurruqué a mi esposo y le tomé de la mano. Sólo me faltaba una cosa para ser completamente feliz, y era darle de comer verga a mi concha hasta morir de placer.
Esa noche llegando a casa me di un buen baño y me fui a la cama a descansar. Increíblemente caí como tronco, hasta la fecha no puedo comprender como es que pude dormir tan tranquila esa noche después de lo que había hecho. A veces creo que fue porque tuve el valor de darle libertad de expresarse a la puta que llevo dentro, y fue como quitarme un gran peso de encima.
…CONTINUA EN EL SIGUIENTE RELATO.
Gracias por sus comentarios.
No me escriban para intentar algún tipo de relación personal, ok? Besos!
4 Comentarios
Dejar un comentario