Atado y amordazado por mis primos en pantalon de cuero

atado amordazado

Desde que tengo memoria, he sentido fascinación por las prendas de cuero y no fue hasta los 25 años( me mude solo a un apartamento), que compre mi primer pantalón. Recuerdo la excitación cortando mi respiración al momento de probar y adquirir uno. Hoy en día, mi colección llega a 3 pantalones de cuero ( dos negros y uno rojo ) y dos leggings engomados.

Mi primer apartamento era pequeño pero con las facilidades de estar  ubicado en la zona centrica de Buenos Aires, cerca de la plaza Italia. Eso fue hace cinco años y casi en simultaneo, di cobijo a mi primo Ernesto que llegaba desde el interior a estudiar a Capital Federal. Aquellos meses los recuerdo como mi primera experiencia en el mundo del bondage.

Mido un metro ochenta y cuatro, de complexión delgada, caucásico, por aquellos años mi cabello era rubio y lacio. Gustaba de usar bandanas anudadas en el cuello y por supuesto, cuando adquirí mi primer pantalón de cuero lo usaba casi a diario;  las ciudades grandes dan esa impunidad y desparpajo de lo anónimo de ser parte de una gran multitud.

Me encantaba viajar en subterráneo y ver las luces reflejadas en mis muslos encuerados, siempre había practicado el self bondage pero la llegada de Ernesto expandió mis horizontes.

No entrare en detalles pero mi primo era el tipo gringo tosco de la pampa, de esos que no preguntan y menos reflexionan sobre cualquier cosa. Una tarde, mientras el miraba televisión, me acerque y le pregunte si no podía ser su rehén, como en las películas, que tenia ganas de que me atara y amordazara, que una vez en situación el era dueño de hacer lo que deseara. No hubo mucha sorpresa, Ernesto no era del tipo expresivo.

Yo vestía mis pantalones de cuero, bien ajustados y una remera oscura, le dije que me improvisara, que en mi dormitorio sobre la cama había una bandana roja y unos pañuelos, que me espere allí y me sorprenda. Cuando abrí la puerta, Ernesto me tomo por la cintura, con la otra mano tapo con firmeza mi boca-mmfff- solo pude gemir. Con su mano apresando mis labios ( yo gimiendo, un escalofrío dulce en mi estomago) me tiro boca abajo sobre la cama, el encima mio. Junto mis muñecas por detrás de la espalda y en un movimiento rápido hizo un nudo fuerte.  Otro nudo en los tobillos y estaba yo totalmente inmovilizado,  me hizo girar, quedando de frente el techo. Ernesto, con firmeza apretó mis labios-mmmmmhh- gemí. Cuando el se levanto-por favor amordázame – le pedí. El coloco la bandana entre mis comisuras y anudo tirante sobre la nuca. Mi pene estaba erecto y así también el suyo. Con sus brazos me acomodo boca abajo y se lanzo sobre mi, comenzó a rozar su miembro sobre mi cola encuerada, brillante. Con la yema de mis dedos, azuzaba el tacto mientras gemía, en actuada resistencia. Por fin, sentí el chorro caliente, mi primo se levanto y fue al baño, antes había aflojado mis nudos. Me incorpore con la mordaza en la boca, mis comisuras estaban húmedas, el trapo rojo era presa de la saliva.

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